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Septiembre 05, 2008

Algunos prefieren mancharse las manos - Héctor Antón Castillo

S6300702.JPGNueva York es un “estado mental”, no un lugar.
Madonna

En la década que transcurre ha sido escasa la actividad pictórica en los predios del Instituto Superior de Arte. Ciertas individualidades que se pueden contar con los dedos de las manos: las rejas con tufo al panoptismo foucaltiano de Ruslán Torres Leyva, las informaciones clasificadas e indescifrables de Yunior Mariño, el expresionismo salvaje de Alexander Morales o el anarquismo hermético de Odey Curbelo. Pero éste “cuarteto” se desintegró en un abrir y cerrar de ojos: Ruslán se consagró al Departamento de Intervenciones Públicas, Mariño se fue de Cuba, Alexander (habilidoso dibujante y torpe promotor cultural de su obra) se hundió en sus raíces periféricas, mientras que Odey sigue pintando extraños cuadros en la lejana Dinamarca, sin dejar de volver a la Isla para confrontar la obra con los suyos.

El resto de la historia es harto conocida: la era de los grupos (DUPP, DIP, ENEMA) se impone arrolladoramente, como los tanques del renacimiento ochentiano que no dejaron un títere setentiano con cabeza. Una buena oportunidad para que tantos medios-ocres abandonen el lienzo para “legitimarse” en nombre de los “nuevos medios” y las “ideas compartidas”. Vale agregar que algo quedó de las estrategias grupales: “Con un pensar abstraído” (2000) de Galería DUPP y “Recursos humanos (2002), del Colectivo ENEMA. Aunque dichas propuestas no son el pretexto que motivan estas líneas.

Con la disolución de los grupos y la crisis de artistas-profesores, surgieron otras individualidades supuestamente anacrónicas: se interesaban por la pintura sin refugiarse en el video, andaban juntos pero no revueltos y ninguno ansiaba pertenecer a la Cátedra Arte de Conducta, de Tania Bruguera. Durante el Proyecto “Casa Tomada” (2004-2005) acogido por la Casa de la Cultura de Plaza, Michel Pérez (“El Pollo”) y Orestes Hernández realizaron sendas intervenciones como “Acción sin ideas” y “El rabo del ojo”, donde el soporte pictórico tradicional no era un factor decisivo. También Niels Reyes ha concebido objetos e instalaciones. Solo Alejandro Campíns (quien no estuvo en “Casa Tomada”) es un devoto al espacio bidimensional. Este fabulador que se debate entre el panfleto y la nube, prefiere estar siempre contra la pared, tratando de evitar un mal golpe a causa de una excesiva lealtad al estatismo del medio.

“Bla, Bla, Bla” (2008) agrupa a cuatro artistas bajo premisas curatoriales que emanan de sus mismos intereses: la escala monumental, el trazo fresco, pop, mangas japonesas, bad painting: un repertorio de apropiaciones ilícitas que culmina en el añorado libertinaje de la creación. Niels, Campíns, “El Pollo” y Orestes se inclinan por una actitud de “mano o mente suelta” que rechaza el canon de lo pictóricamente correcto. Su infantilismo recuerda una imagen arquetípica de la falsa inocencia: un niño que atrapa una gallina por las dos patas y la divide en partes iguales, muerto de risa. Enemigos del academicismo relamido, a estos artistas les encanta vender y vender bien. Sin embargo, los distingue el hecho de que, afortunadamente, nunca han expuesto en La Acacia.

Este cuarteto improvisado está más próximo a Flavio Garciandía, Glexis Novoa o Tomas Esson que al “neohistoricismo tropical” de los noventa inflamado teóricamente por la esteta Lupe Álvarez, inspirada en las sutiles hegemonías de Michel Foucault y las deseantes mesetas rizomáticas del binomio Deleuze-Guattari. De más está recalcar que Campíns, Niels, Orestes y “El Pollo” no se reconocen en la llamada generación de la esperanza cierta (Fabelo, Nelson Domínguez, Flora Fong, Choco, Zaida del Río, entre otros). Lo curioso es que los jóvenes pintores que intervienen la galería Servando no impugnan viejas artimañas para imponer otras como estrategia promocional. Su consigna pudiera ser: “Dentro de la pintura todo; Contra la pintura nada”. Para ellos, lo cubano es un “estado de ánimo” que facilita producir arte sin la obligación de convertir la imagen de tu país en una postal turística.

¿Para qué sirve el virtuosismo entre la apatía y el egoísmo de nuestros días? ¿Me complace disfrutar el encanto de la imperfección? ¿Quisiera cortarme las manos a cambio de una fortuna para jamás tocar mi obra en lo que mi aura recorre el mundo? ¿Será posible compartir unas cuantas Heineken en un bar de Leipzig con Daniel Richter o Neo Rauch? ¿Una vaca rompiendo su propio record de litros de leche anuales puede pasar a la historia como símbolo de una época gloriosa de la economía nacional? ¿Podría igualarse la pedofilia al canibalismo en materia de enajenaciones infantiles extremas? ¿Si el mundo del arte es tan maleable y juguetón, ¿por qué pintar muñecos hechos de plastilina? ¿Podrían entrar en la categoría de “gran arte”? ¿Una invasión de grandes fresas con manitas y paticas sería capaz de neutralizar a un ejército de alacranes cansados del eterno retorno de lo idéntico?

Tantas preguntas hallarán antagónicas reflexiones en quienes contemplen los enormes lienzos de esta exhibición, curada por el también crítico y editor Píter Ortega Núñez. Quizás la esencia de semejantes escalas resida en la renuncia a llenar un pequeño espacio de anhelos, frustraciones o, simplemente, las ganas imperiosas de indagar o pintar. “Bla, Bla, Bla” es una buena ocasión para que irrumpa esa “mala pintura” suficiente para contrarrestar esa red de candonga institucionalizada (entregada al mercado fácil) dispuesta a conquistar un absurdo protagonismo.

“Bla, Bla, Bla” no se inauguró un 5 de agosto, fecha conmemorativa del “maleconazo” (1994), disturbio popular que desembocó en otro éxodo masivo de balseros rumbo a las costas de la Florida. Tampoco fue cerrada por miembros de la Policía Nacional Revolucionaria encargados de garantizar la tranquilidad ciudadana. Sus referencias territoriales se diluyen en un mar de influencias no precisamente angustiosas. Esta vez la censura como resorte de legitimación artística quedó al margen de expectativas-cliché dentro y fuera de la Isla. Semejantes propósitos de trascender al precio que sea necesario resultan propios de novatos sin convicción herética. Sin embargo, la muestra de pintura fresca que reanimó las paredes de la galería “Servando” clasifica entre los acontecimientos más connotados en el ámbito de la plástica joven cubana en el año que transcurre.

Enviado el 05 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

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