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Septiembre 14, 2008
F. Barenblit: «El jurado tuvo en cuenta mi labor en Barcelona» - Javier Díaz-Guardiola.
Originalmente en abc.es | ABCD
Desde el pasado jueves, Ferran Barenblit (Buenos Aires, 1968) es el regidor del Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), dependiente de la Comunidad de Madrid. El nuevo director, que hasta hace unos meses ejercía el mismo cargo en Barcelona, en el Centro de Arte Santa Mónica, de donde salió con polémica, fue elegido en concurso público por un comité de expertos compuesto por Rafael Doctor, Lourdes Fernández, Isabel Rosell y Carlos Urroz. Realizamos esta entrevista unos días antes de su presentación oficial, cuando el museo está cerrado a los visitantes y Barenblit aún se está aclimatando a sus espacios. «Hoy es mi primer día», reconoce. Las salas están vacias, a la espera del montaje de la siguiente exposición, una muestra de vídeo con los fondos de la colección de la CAM, que aún no lleva su firma: «Eso no sucederá hasta el próximo año», añade. Las salas se ofrecen vacías; el museo parece virgen. Barenblit nos explica qué tiene preparado para acabar con esta situación.
Hay dos preguntas de rigor: la primera es qué centro se ha encontrado a su llegada.
Me he encontrado con un centro magnífico, con muchísimas posibilidades. Este es un espacio nuevo, abierto, al que le queda por definir sus líneas de actuación con respecto a sus contenidos, su público y su contexto. Y ése es un gran reto.
La segunda es su opinión sobre su salida de Santa Mónica.
Eso daría para una entrevista entera, y, hasta ahora, tampoco me he manifestado mucho. Creo que lo que se ha hecho con el CASM es un cambio de usos, por lo que mi continuidad no tenía ningún sentido. Me vi obligado a dimitir. Y he de decir que, aunque me había presentado al concurso del CA2M, no sabía si iba a salirme o no. Una decisión no está para nada unida a la otra. Me retiré del CASM el día que se estaba presentando a un nuevo director, justo tres horas después. Barcelona necesita un centro de arte como era Santa Mónica, que trabaje en complicidad con los agentes y colectivos implicados y con una clara vocación por lo contemporáneo. Estoy seguro de que eso continuará de una manera u otra.
Ha reconocido que conocía poco o nada el contexto mostoleño. ¿Qué es entonces lo que le anima a presentarse al concurso?
Me anima que es el centro de arte contemporáneo principal de la Comunidad de Madrid, que circunstancialmente está situado en Móstoles. Me anima mucho Madrid. Yo quería venir a Madrid. El hecho de que esté en Móstoles es, a mi juicio, una muy buena decisión porque permite trabajar en un contexto de extremada realidad y discutir el tema de la centralidad de la centralidad. Yo vengo de una experiencia en un espacio eminentemente turístico: de la gente que pasa por Las Ramblas, que es un flujo muy intenso, sólo un nueve o diez por ciento es público local. Aquí el contexto es totalmente el contrario. En cualquier caso, la ambición del proyecto sobrepasa con mucho a Móstoles, con una vocación tanto local como nacional e internacional.
Apostará por las actividades paralelas, la acción local y la internacionalización del centro.
Incidiremos en la acción local. En todos los trabajos hasta ahora he intentado articular contextos locales y globales. Cuando hablo de local, no me refiero a la ciudad, sino que lo contrapongo a lo global. Lo local no significa unicamente Móstoles o Madrid. Puede ser incluso el país, es decir, ese contexto compartido articulado en lo global. Y con eso se responde también a lo de la internacionalización del centro, lo que asegura tu supervivencia en un mundo globalizado. De lo que se trata no es de lo grande que es el museo o de su presupuesto, ni siquiera del lugar donde estás, sino el acceso que tienes a los sistemas de visibilidad. De lo ultralocal se debe llegar a lo ultra-global, que es donde el trabajo se hace visible y reconocible.
Su proyecto fue elegido por sus líneas pero también por la trayectoria en Barcelona de su artífice. ¿No resulta contradictorio que el modelo deje de tener validez en una ciudad y valga para otra?
Las cosas que puedan ser trasladables y que tuvieron éxito en Barcelona se continuarán en Madrid. Y no creo que haya tal contradicción. El fin del modelo en Barcelona coincide con un interés que ya ha sido muy contestado por el contexto artístico. El CASM era un centro de arte. No sé cómo será el proyecto futuro, pero eso no lo valoro. Yo estoy absolutamente convencido, y creo que la lectura es esa, de que el jurado tuvo en cuenta el trabajo realizado allí.
¿Es lógico que el CA2M no haya tenido director hasta ahora?
Lo importante ahora es ponerse a trabajar al cien por cien e iniciar un proyecto sólido y que responda a las expectativas que se han generado, que son muchas.
El CASM era un centro sin colección. El CA2M era una colección sin centro. ¿Cómo determinará eso ahora su trabajo?
El centro deberá combinar claramente la doble vocación de albergar una colección y darle sentido y hacerla accesible. Y eso es compatible con que el CA2M sea un lugar vivo, un espacio en el que pasen muchas cosas. El centro es grande y, en este punto, las diferencias con Santa Mónica, patentes. Allí el trabajo se centró fundamentalmente en producir nuevos trabajos de artistas en la articulación de lo local con lo global. Aquí se une el factor de la colección, lo que facilita visiones más transversales. Al margen de la presentación de sus fondos, la programación la compondrán muestras colectivas e individuales. También se apostará por la nueva producción en algunos casos.
Pese a ser elegido por concurso seguirá trabajando para una administración pública local. ¿Eso significa estar siempre condenado a una serie de «cuotas»?
Trabajar en Europa con la cultura significa en la mayoría de los casos hacerlo con recursos públicos. Eso lo tienes que ver siempre como un orgullo, pues es uno de los grandes avances de la democracia española. Yo no creo en las cuotas. Los conceptos con los que yo trabajo tienen mucho más que ver con ideas como intensidad, calidad, con pensar en las necesidades que tiene aquel que entra por la puerta, que es la razón de ser del centro. Eso no significa que estés vendido al número de visitantes ni que no hagas cosas por llegara más gente. Repito: no creo en las cuotas, creo en los contextos. Lo que una administración pública tiene que hacer es pensar en qué se puede hacer para sacarle el máximo partido a esos recursos que son de todos.
Ha dado en el clavo: el «escaso rendimiento social» del CASM fue la excusa de la Generalitat para su viraje. ¿Cuál es el rendimiento social exigible a un centro como el CA2M?
No podemos ser rehenes del número de visitantes, que en muchos casos es el opio de los políticos. Para mí el rendimiento social se basa en el papel que cumples en un contexto determinado. Y tenemos que partir de que el arte contemporáneo, muchas veces, no es un producto de grandes mayorías, y es normal que así sea. Centros europeos que tienen un prestigio inmenso y con un apoyo muy grande de sus respectivas administraciones tienen muchos menos visitantes de los que tenía hasta ahora el CASM. Pero tu misión en el fondo es generar una cultura crítica. El rendimiento social debe medirse en función de qué mundo estás generando y cómo le preguntas por sus ordenamientos y sus contradicciones.
El centro no apuntala un tejido artístico sólido en la ciudad, sino que se va a encontrar solo.
Tal vez por el hecho de venir de fuera, a mi Móstoles no me parece tan lejos de Madrid. Para mí es como su prolongación. Creo que tenemos que pensar las ciudades con algo más de sofisticación. Cuando hay gente dispuesta a cruzarse media Europa para visitar un museo o ir a una bienal pensar que te diriges a los habitantes propios de una ciudad no es entender la complejidad de la urbe contemporánea. Hoy en día no se puede pensar que lo que sucede en Móstoles no sucede en Alcorcón. Se sobrevalora el centro del centro.
Resulta curioso que dos personas que hace meses trabajaban en Barcelona, usted y Borja-Villel, dirigen ahora dos instituciones en Madrid. ¿Esto es casualidad?
Tiene mucho de casualidad. Yo también me sorprendí de ver que se repetía lo que había sucedido en Barcelona. Es verdad que la ciudad ha creado un tejido artístico muy interesante y que ha mantenido una identidad global muy fuerte. Pero de ahí a decir que los modelos son exportables porque ahora estemos aquí dos personas me parece arriesgado.
Está bien que los directores de museo sean elegidos en concurso. Pero, ¿supone eso crear ahora otra casta de intocables?
Yo creo mucho en este sistema de elección. Pero los concursos no se hacen para que todos podamos presentarnos, sino para encontrar al mejor candidato posible. Hay países en los que la lista de candidatos se hace pública. Si años después despunta uno de los que te dejaste, eso deja en evidencia la labor de ese jurado. La dirección de centros de arte debería ser absolutamente permeable. No es una profesión, sino una situación. Aquí lo que vale es la materia gris, y eso es lo que tenemos que asegurarnos que el sistema no deja fuera.
Enviado el 14 de Septiembre. << Volver a la página principal << |
