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Noviembre 26, 2008

Derrida y el animal que luego estoy si(gui)endo - Cristian Palazzi

Originalmente en books not dead

d_jaques_derrida.jpg Derrida fue un malabarista. Un prestidigitador de la palabra. No hace falta más que ojear alguno de sus libros para que un torrente de metáforas inunde nuestro cerebro. Sin embargo Derrida no es un poeta. Alguien podría caer en la tentación de definirlo como tal, pero sus obras, por muy cerca de las musas que parezcan, irradian una intención filosófica muy concreta. Nomadismo lo llamó Deleuze, deconstrucción será el nombre que finalmente prevalezca. A estas alturas no vamos a definir que significa la deconstrucción y más cuando el propio Derrida consideró en vida que ésta no era, probablemente, la idea fundamental de su pensamiento. Quizás sí la manera de conectar este “método” con las cuestiones que realmente importan fue la tarea más importante que el argelino trató de acometer.

Es conocido también que para llevar a cabo esa misión la primera de las reglas debe ser la ausencia de éstas, no por relativismo, ni por escepticismo, tales categorías no funcionan cuando hablamos de Derrida. Para él la única manera de saber si uno toca o no la esencia de aquello de lo que quiere hablar es aceptando que nunca llegará a tocarlo totalmente, que nunca podrá abarcarlo, en definitiva, que se perderá en el trasiego y que el trasegar –transitar- es lo único que importa. Es este perderse característico el que nos ha quedado de Derrida. La invitación al fracaso. La humildad del pensamiento formado.

En su caso cada vez hace falta plantearse una vereda, una senda en la que dar vueltas y vueltas, emulando la espiral metafísica que intentamos investigar de manera que el fluctuar del pensamiento encuentre algún punto donde asirse, una verdad en minúscula. Esa que puede aparecer en cualquier esquina. O en tú propia casa. O en tu propio gato.

Al comienzo del libro Derrida cuenta la anécdota de que todas las mañana su gata esperaba despierta a que él se levantará de la cama para exigir su ración de desayuno. Esa mirada. La mirada del gato agobiado por el hambre es el tema del libro que ahora Trotta nos propone. ¿Que más sugerente que la mirada de un gato para preguntarnos por la naturaleza del otro que nos mira?

Derrida nos recuerda que todas las proposiciones que conciernen al animal están atrapadas en una problemática mucho más amplia que no es la del animal. Así, atravesando una y otra vez esta cuestión el libro se adentra en la historia de la filosofía para estudiar como desde Descartes es posible trazar una línea que enhebre la teoría kantiana con la filosofía de Heidegger, la teoría del otro de Levinas y el inconsciente de Lacan en lo que a la opinión sobre el animal se refiere.

Según Derrida todos estos filósofos han pensado siempre desde el antropocentrismo entendiendo la filosofía como una suerte de autobiografía antropomórfica. Ninguno de ellos ha tenido en cuenta eso otro que nos mira y que es el animal. Ni el cogito cartesiano, ni el yo trascendental de Kant, ni el rostro y su urgencia en Levinas, ni la finitud del dasein heideggeriano son atribuibles al animal y esto dice mucho del punto de vista se esconde bajo sus páginas. Derrida quiere poner en cuestión la mismísima diferencia ontológica, esa que divide el ser en esencia y existencia, a la luz de la cuestión del animal. El animote, le llama. El fenómeno animal que hemos convertido en sacrificio. El animal que para toda la filosofía occidental no muere, no puede morir, porque no piensa, porque no posee autonomía, porque no posee rostro, porque no existe en cuanto tal. “No se comprende a un filósofo más que si se entiende bien lo que éste pretende mostrar y, en verdad, fracasa en demostrar,!
acerca del límite entre el hombre y el animal”.

Que significa eso y como es posible pensar el animal que habita dentro y fuera del hombre y así la relación entre la desnudez y el pudor, entre la naturaleza y la maquina, la diferencia entre el ser y el seguir, son algunos de los temas que van hilvanándose por las páginas de El animal que luego estoy si(gui)endo. Una conferencia de diez horas -más una conclusión improvisada que Derrida tuvo que acometer sobre Heidegger a petición de los asistentes- ideada para El Centro Cultural de Cerisu, en Normandía en 1997. Se trata, en efecto, de la cuestión nuclear en la filosofía Derrida: la pregunta por lo totalmente otro.

Enviado el 26 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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