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Noviembre 23, 2008
Erik Satie y el inconformismo Chic - Stefano Russomanno
Originalmente en abc.es | ABCD
En 1895, Erik Satie recibió un inesperado regalo de 7.000 francos de unos amigos de la infancia. Buena parte del dinero la empleó en renovar su vestuario. Fue a los almacenes parisinos La Belle Jardinière y se compró siete trajes idénticos de pana color castaño con sombreros a juego. Para quienes conocen a Satie, la anécdota es reveladora. La indumentaria escogida por el compositor ¿no guarda acaso relación con su música, tan identificada con un ideal de uniformidad y monocromía?
El hábito no hace al monje, suele decirse. Pero Mary E. Davis cree lo contrario. Dime cómo vistes y te diré quién eres, podría ser el lema de su reciente y original monografía sobre Satie. Las páginas introductorias son toda una declaración de intenciones. En opinión de Davis, la obra y legado del músico francés adquieren una nueva perspectiva bajo el prisma de sus teatrales cambios de vestuario: «Satie tuvo aguda conciencia del poder de la imagen y se esmeró a lo largo de toda su carrera por perfilar y proyectar una serie de personajes públicos cuidadosamente perfilados. La pose irónica con la que se definía a sí mismo corrió pareja con las mudables imágenes poco convencionales que construyó de sí mismo, proceso que comenzó en su juventud y duró hasta su muerte».
Un relato entre mil posibles. La notable cantidad de estudios musicológicos dedicados al compositor en las últimas décadas permite a Davis resumir los aspectos musicales y biográficos para profundizar en otras cuestiones. Telón de fondo de su Erik Satie es la confusión consciente que el propio músico alimentó entre imagen pública y producción artística: delinear la primera viene a constituir una condición preliminar para entender la segunda. Su investigación -que ella misma define como «un relato entre los mil posibles sobre el compositor»- desentraña así aspectos poco convencionales como, por ejemplo, el estímulo crítico que el mundo de la moda y de la alta sociedad representó para la innovación del estilo del compositor.
Davis se detiene aquí en uno de los proyectos emblemáticos del músico, Sports et divertissements (1914): una colección de veintiún miniaturas pianísticas caracterizada por la integración simultánea de las dimensiones visual, literaria y sonora -la música y los textos son de Satie, las ilustraciones de Charles Martin-, y con un formato que recuerda el de las revistas de moda de la época. No en vano, esta suite había sido encargada por Lucien Vogel, director de La Gazette du Bon Ton, y en ella el compositor describía algunas de las ocupaciones más exclusivas de la alta sociedad: el golf, el tenis, la navegación a vela...
Para Davis, el inconformismo de Satie muestra una clara vocación «chic». Ya desde 1913 el músico era íntimo amigo de la diseñadora Valentine Gross, en cuyo apartamento parisino de la Île Saint-Louis conoció a Jean Cocteau. La colaboración con el poeta dio como fruto el que puede considerarse como el más importante trabajo de esta etapa: el ballet Parade (1917). Entre los medios más interesados al otro lado del Atlántico por el escandaloso estreno de Parade estuvo, curiosamente, una revista que mezclaba moda y cultura: Vanity Fair. Desde 1918, sus páginas ensalzaron a Satie como encarnación de un modernismo fashionable.
En el prefacio del Coral inapetente que abre Sports et divertissements, Satie advierte con ironía: «He puesto en esta pieza todo lo que sé del aburrimiento». No hay más que leer los cuentos de Dorothy Parker sobre la alta sociedad estadounidense para comprobar que el aburrimiento representaba, a su manera, un lujo y una exquisitez: distinguía a los pudientes de los demás. En un momento puntual de su libro, Davis parece sugerir -sin ir mas allá- una vinculación entre la música de Satie y el aburrimiento, como si el estilo uniforme y repetitivo del compositor utilizase de manera consciente este recurso como un mecanismo más de la comunicación musical.
Mística del aburrimiento. En más de una ocasión, el minimalismo de Satie da la impresión de flirtear con esta idea. En una pieza como Vexations (una melodía de trece compases que habría de repetirse ochocientas cuarenta veces), el componente «tedioso» adquiere incluso un cariz masoquista. La melancolía había sido el motor del alma romántica. Para el antirromántico Satie, el presente se abre a una especie de mística del aburrimiento. «Cuando era joven la gente solía decirme: ??Espera a los cincuenta y ya verás??. Ahora tengo cincuenta y no he visto nada», afirmaba quien tenía en su menú sonoro «preludios fofos», «piezas en forma de pera» y «embriones disecados». El aburrimiento promueve el distanciamiento y el desencanto; a su vez, distanciamiento y desencanto son los motores de la ironía.
Tal vez, con su referencia al aburrimiento, el compositor quisiera simplemente decir que no hemos de esperarnos de la música revelaciones sublimes. Su propia musique d?ameublement tenía como única aspiración la de ocupar el mismo espacio en que uno vive, ser la tapicería y el mobiliario de la vida. Cocteau lo sintetizó de forma admirable en Le Coq et l?Arlequin, cuando escribía: Satie compone «música sobre la que uno camina».
Enviado el 23 de Noviembre. << Volver a la página principal << |
