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Noviembre 13, 2008
HIPOTECA BARCELÓ - :: e-norte ::
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Quieren convertir a Barceló en el Luis Roldán del arte hispánico pero no se dan cuenta de que a su cadáver viviente le debemos la hipoteca de todos las cosas artísticas que se han dado en la patria.
Ninguno de nuestra generación nos hicimos artistas por él pero, apenas entrábamos en la ceremonia de la confusión que se nos presentaba como la educación artística a más alto nivel, se nos explicaba que hasta el mismo título que obtendríamos se había elevado a grado universitario superior gracias a su efecto, el efecto Barceló.
Su pintura era entonces maravillosa, un empaste aquí otro allá, aquel paquete de Ducados arrugado y pegado al borde de una barca tosca que surcaba un mar africano donde se deslocalizaba, de vez en cuando, el genio nacional, dulcemente evasivo, local y universal. Como todos los de esa época, como los de la movida y demás portentos, se tomaba el trabajo de parecer tonto, rematadamente inepto en sus entrevistas filtrando la idea de que el mundo radiante del post-siniestrismo ibérico lo tomaba a él como demiurgo por su sencillez, como a las pastorcillas de Fátima las tomaba la mismísima Virgen María sin reparar en su simpleza.
Nada más excitante que contemplar al pequeño mallorquín millonario de euros encaramado a un andamio, manguera en mano, eyaculando color a chorretones sobre aquella cueva estalactítica, colgona y magistral.
Miquel Barceló es como esos caballeros de la transición a quienes les debemos todo porque sin ellos estaríamos cantando "El cara al sol" en el 2042.
No nos queda otra cosa que apoquinar, que pagar la hipoteca Barceló sin rechistar porque si no nos embargarán la galería, al crítico y la revista, al museo, al museíto y al espectador, la docencia, el sueldo, el título, y, en definitiva, el arte español.
Enviado el 13 de Noviembre. << Volver a la página principal << |
