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Noviembre 20, 2008
Una imagen literal - Anna Maria Guasch
Originalmente en | abc.es | ABCD
Imágenes -fotográficas y fílmicas- de creadores de las últimas décadas, así como textos literarios se unen para dar cuerpo y visibilizar el que es el argumento central de la exposición En cualquier lugar, en ningún lugar, una tesis prolijamente narrada por José Miguel G. Cortés en el texto del catálogo y que muy bien podría resumirse con una cita del escritor norteamericano Paul Auster que ahora parafraseamos: De algún modo, todos estamos perdidos, y no sólo en las ciudades, sino también dentro de nosotros mismos. El desarraigo, el viaje a ningún lugar, el deambular sin rumbo fijo, el desasosiego de no pertenecer a ningún sitio al que nos obliga la vida metropolitana en un mundo dominado por la globalización económica y la revolución digital constituyen el leitmotiv sobre el que pivota la exposición.
Guiños a los «no lugares». En este sentido, no sólo sirven las alusiones al autor de Trilogía de Nueva York o El palacio de la luna, en el que describe existencialmente el sentimiento de pérdida, de desposesión, o el vagabundeo del individuo en su entorno cotidiano, sino, desde una perspectiva más antropológica, los guiños a los «no lugares» de Marc Augé, esos espacios sin historia que afectan a nuestras representaciones del entorno, nuestra relación con lo real y nuestra vinculación con los otros, referencia de muchas de las obras de la exposición.
Una muestra que busca escaparse de sus «protocolos» habituales en una estructura más parecida a la de un libro con prólogo, capítulos intermedios y epílogo, y que, como en un libro, busca equiparar las imágenes a las palabras, lo visual a lo textual, renovando el viejo diálogo entre pintura y poesía inaugurado por Horacio en su Ars Poetica y procurando confundir la especialidad y sincronicidad de las imágenes visuales con el carácter diacrónico y temporal del texto literario. Porque, en definitiva, no hay que perder de vista que el hilo conductor que ha guiado el proyecto es una «convergencia» de disciplinas (artes visuales, cine y literatura) casi con un único fin: construir un relato expositivo con un nuevo planteamiento del tiempo, el espacio y la memoria.
Trilogías. De ahí la superposición en cada uno de los espacios expositivos -o capítulos de este libro ficticio- de tres ámbitos en los que el lector-espectador se enfrenta con imágenes y textos: una mesa con sillas blancas a modo de sala de lectura donde se reúnen libros de Paul Auster, Ray Loriga, Jorge Luis Borges, William Burroughs, Georges Perec o Jack Kerouac; un banco para el visionado de las películas de cineastas como Wim Wenders, Alain Tanner y Jacques Tati; y los muros como soportes de textos e imágenes fotográficas y videográficas de artistas como Ed Ruscha, Bernd & Hilla Becher, Sophie Calle, Philip-Lorca Dicorcia, Francesco Jodice o Chantal Ackerman.
En el «prólogo expositivo», algunos fragmentos de la novela En la carretera, de Jack Kerouac, mecanografiada en 1951 (aunque no fue publicada 1957), en un rollo continuo con espacios simples sin márgenes, conviven con el protagonista de la película París-Texas, de Wim Wenders, Travis, que camina perdido en Estados Unidos cerca de la frontera con México en busca de su identidad. Y todo ello bajo la mirada atenta de Ed Ruscha, que en algunos de sus libros fotográficos, como Some Los Angeles Apartments (1965), enfatiza la inexpresividad, la neutralidad, la objetividad de sus instantáneas más allá de cualquier aspecto humano.
En un nuevo capítulo expositivo -«Paisajes ciudadanos»-, las miradas entrecruzadas entre el novelista francés Georges Perec y los fotógrafos alemanes Bernd & Hilla Becher revelan un concepto del arte y de la literatura como un acto de memoria, y no importa tanto la información en sí misma, sino cómo ésta puede ser ordenada, almacenada y archivada. De la misma manera que las fotografías de bibliotecas de Candida Höffer nos remiten al universo del escritor argentino Jorge Luis Borges («El universo -que algunos llaman Biblioteca- se compone de un número indefinido y tal vez infinito de galerías hexagonales»), sus citas a la Biblioteca de Babel y sus metáforas acerca del tiempo y la Historia.
Laberinto de pasos sin fin. En otro apartado -«Escenarios urbanos»-, la película de Alain Tanner En la ciudad blanca (1983), rodada en Lisboa y que cuenta cómo sus contemporáneos se relacionan con el mundo individual y social, sirve de nexo aglutinador de los diferentes escenarios urbanos presentes en las fotografías de Alberto García-Alix y Sophie Calle; y ello bajo la implacable literatura de Auster y su visión de Nueva York como un espacio inagotable, un laberinto de pasos sin fin, un espacio de desarraigo y de soledad.
Las citas de Edgard Allan Poe y su El hombre de la multitud, un valioso testimonio de la vida en las metrópolis en el siglo XIX, en el que encontramos una primera alusión a la figura del flâneur como origen del vagabundo urbano moderno, sirve de telón de fondo de imágenes fotográficas de Francesco Jodice y Philip-Lorca DiCorcia, que sale a la calle y «atrapa» a los transeúntes anónimos de las ciudades.
Y ya como epílogo o conclusión, citas fragmentarias de El síndrome de Ulises, de Santiago Gamboa, e imágenes del vídeo de Chantal Ackerman Une voix dans le desert (2002) nos indican una vez más que estamos en una exposición ciertamente atípica que ilustra muy bien el «giro de la imagen» en que estamos inmersos en la actualidad, que supone, como señala Mitchell, una constante negociación entre imágenes textuales y textos icónicos; en último término, imágenes portadoras de poder en estrecha relación con la esfera pública.
Enviado el 20 de Noviembre. << Volver a la página principal << |
