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Diciembre 07, 2008
El papel de la Modernidad - Delfín Rodríguez
Originalmente en abc.es | ABCD
Entre la fascinación por la máquina y la precisión, lo útil y funcional, la transparencia y la racionalidad en la identificación de los programas arquitectónicos y urbanísticos que demandaban con urgencia la sociedad contemporánea y la vida moderna, -entendida también en términos políticos y sociales-, en sus respuestas a esos problemas, claras y exactas, pero también intuitivas, comienza durante los heroicos años veinte la aventura de un decisivo puñado de arquitectos madrileños, catalanes y vascos que van a plantear una decidida renovación y revolución en la arquitectura española, vinculándola a las preocupaciones, actitudes, soluciones y ejemplos que Europa venía ensayando y debatiendo desde la década anterior y que alcanzarían su madurez y consolidación precisamente en los años veinte.
Control y beligerancia. Instalados de forma comprometida en las consecuencias de esa extraordinaria y rica experiencia europea, con contactos y solidaridades de los más grandes arquitectos y teóricos, visitantes esporádicos en España -de Le Corbusier a Mendelsohn, de Gropius a Theo van Doesburg y Sigfried Giedion-, surge la decisión compleja, militante y moderna de organizarse en un grupo beligerante con la tradición rancia y académica, críticos sin grietas con una forma de hacer arquitectura que consideraban inútil, perniciosa y corrompida.
Es decir, se constituyeron en un verdadero grupo de presión ético y estético, político y arquitectónico, nuevo y moderno. Surge así, en Zaragoza, en octubre de 1930, el G.A.T.E.P.A.C. (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), divididos en tres grupos, el del Norte (Bilbao y San Sebastián), el del Este (Barcelona) y el del Centro (Madrid). Siendo, sin duda, el catalán, liderado por Josep Lluis Sert, el que habría de resultar más riguroso, activo y entusiasta, dándose a sí mismo el nombre de G.A.T.C.P.A.C. Y, con el grupo fundado en Zaragoza, nace su órgano de expresión de vanguardia y militante, la revista A. C. (AC Documentos de Actividad Contemporánea), cuyos veinticinco números publicados entre 1931 y 1937 constituyen el objeto de esta cuidadísima y apasionante exposición, que no olvida contextualizarlos con sus modelos de referencia europeos y las propias aportaciones nacionales previas y contemporáneas de revistas de arte y arquitectura, de vanguardia y vida moderna.
No eran muchos, pero sí jóvenes y decididos, e identificaron con prontitud esa reciente tradición europea en la que reconocían sus propios intereses e inquietudes, tan distantes de los de sus maestros en España y de las condiciones de producción y concepción de la arquitectura que aquí se hacía. Fernando García Mercadal, Josep Lluis Sert, Luis Vallejo, Luis Blanco Soler, José Manuel Aizpurúa o Josep Torres Clavé, entre otros, llegaron a sentir la urgencia de que la modernidad se les escapaba en todos los órdenes, y, cuando fueron a buscarla con prisa, ansiedad y pausa, la encontraron dada o haciéndose, casi codificándose, aunque a veces con dudas. No importaba, la necesitaban y sabían lo que buscaban.
Obsesión por lo moderno. Los primeros en hacerlo (Mercadal, Aizpurúa, Sert...) no tuvieron muchas indecisiones; más bien obsesión por ver todo lo nuevo y moderno, y eso permitió que su curiosidad les llevara a visitar todas las posibilidades en viajes entre soñados y de formación, entre modernos y ociosos, con la inteligencia y los ojos despiertos, los cuadernos de notas a punto y la fotografía como cómplice, ya fuera para identificar lo nuevo en la arquitectura o para proyectar fotográficamente. Y se trata de un aspecto decisivo no sólo como argumento de las formas de representación y percepción de los nuevos espacios, realizados o previstos, sino que también permitía descubrir lo arquitectónico en la construcción.
Estrategias de ideación. La fotografía, junto con el diseño y la tipografía de revistas y libros, comenzó a formar parte de sus estrategias de ideación, defensa, proyecto y difusión de lo nuevo, de la arquitectura moderna para una sociedad moderna. También lo vieron en Europa, junto con los edificios y los métodos de aprendizaje y formación, mediante viajes de estudios. Y sobre todo vieron la necesidad de vincular estrechamente las publicaciones a la nueva arquitectura, como si de edificaciones sinónimas, cuando no idénticas, se tratase. Proyectar una arquitectura moderna racional y funcional era como componer la página de su revista, la revista completa. Es decir, dos construcciones modernas en las que incluso la publicidad juega un papel fundamental, con fotografías de Josep Sala que encierran mucho de mirada de arquitecto, o como las extraordinarias de Margaret Michaelis.
Y es en ese contexto en el que surge A.C., la más importante revista de arquitectura de vanguardia publicada en España antes de la Guerra Civil, esencialmente comprometida con lo nuevo y lo moderno, aunque siempre sobrevolase sobre su racionalismo y funcionalismo militantes una admiración por la emoción espacial, volumétrica y vernacular de la arquitectura popular mediterránea -sobre todo Ibiza, que los sedujo a todos en Europa, de Raoul Hausmann a Walter Benjamin-, con sus testimonios por todo el arte nuevo (lo que no dejaría de proporcionarles alguna tensión, sobre todo cuando a partir del propio grupo de arquitectos generan ADLAN) de tan felices iniciativas y contradicciones y con tentáculos en Barcelona, Madrid y Tenerife. Arquitecturas mediterráneas que ya habían apasionado a tantos discípulos de Otto Wagner y otros arquitectos de Loos a Mercadal, Le Corbusier o Sert: señas de identidad últimas ante lo que ya era considerado un estilo moderno e internacional.
Seguir el modelo. Lo que prioritariamente les interesa a los del G.A.T.E.P.A.C. es la tradición de la arquitectura de vanguardia y moderna que, a la altura de la segunda mitad de los años veinte, ya había proporcionado modelos canónicos de la arquitectura moderna, de Gropius a Le Corbusier; de Loos a Mies van der Rohe; de Bruno Taut a Hannes Meyer y a tantos otros sobradamente conocidos.
Pero también están atentos al arte nuevo, a la fotografía, a la tipografía, al diseño de muebles y objetos de interiores, a la ciudad, entre racionalista y funcionalista, radical y expresiva a veces, seducida por la estética de la máquina, por la producción industrial en serie, por las vanguardias artísticas, por la vida moderna en todos sus ámbitos.
Su revista A.C. fue el órgano de expresión de esas ideas y convicciones, y a desentrañar su significado cultural, histórico, estético y arquitectónico va destinada esta exposición, realizando una operación de desmontaje de cada página para enfrentarse a sus autores, a sus fotógrafos y arquitectos, a sus contenidos, a sus colaboradores, a las tensiones, estudiando desde la publicidad a las propuestas de ciudad funcional, de la arquitectura a la fotografía y al arte nuevo, señalando con elocuencia las conexiones con otras revistas y con otras iniciativas contemporáneas. Un hojear A. C., que se convierte en esta cuidada exposición en un ojear un periodo fascinante de la vanguardia y de lo moderno en España con la excusa de la arquitectura.
Enviado el 07 de Diciembre. << Volver a la página principal << |
