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Diciembre 21, 2008
Manipulación de la memoria- Jesús Lillo
Originalmente en abc.es | ABCD
Enharinada y frita, la pescadilla que se muerde la cola vuelve a ser el plato más socorrido -consecuencia de una crisis de conocimientos que nada tiene que ver con el actual momento económico- en los menús musicales de quienes con la complicidad del público y la colaboración de los medios generalistas no renuncian a seguir rebobinando la cinta de esa nostalgia ya archivada y condicionada por su propia inercia. Como género comercial, ajeno a una deseable naturaleza documental y divulgativa, la antología vuelve en vísperas navideñas a amenazar la memoria histórica de un pop reducido a secuencia ordenada de éxitos y comprimido para pasar de una generación a otra como una tradición oral de muy corto metraje, escasa profundidad y ahora envasada en iPods. La canción de siempre, en edición de bolsillo.
Hay excepciones, alguna del tamaño de The Power Of Negative Thinking, monumental antología de caras B y descartes de quienes hace un cuarto de siglo definieron el subgénero de la rareza, Jesus And Mary Chain, o de la caja, disponible en enero, dedicada a repasar la historia de Factory Records más allá del sota, caballo y rey que representan Joy Division, New Order y los Happy Mondays.
Fondos y formas.
Sesiones radiofónicas como las publicadas por Belle And Sebastian o material sobrante tan brillante como el reunido por Bob Dylan en la última entrega de su serie Bootleg abren nuevas vías para la investigación -formas o contenidos, según el caso- de una obra simplificada por el fenómeno de las antologías y amenazada por ese arma de doble filo que es el resumen de lo anterior: una hora de viejas y espléndidas canciones para perpetuar en el tiempo el legado de los grandes compositores, pero también para limitar el alcance de su obra, silueteada y desprovista de cualquier punto de fuga hacia unos ángulos oscuros sacrificados con la intención de mantener el vigor y la vigencia de la lista de éxitos oficial.
En I Select, explícito título de la enésima antología de su producción discográfica, David Bowie presume de egoísmo y reúne doce canciones que, dice, «personalmente me gustan» y que para el gran público son grandes desconocidas. El propio músico británico confiesa sus motivos para confeccionar una lista en la que sólo Life On Mars procede de los manuales de la enseñanza primaria del pop. Además de incluir una pieza descatalogada desde hace años (Some Are, de la etapa de Low), el último álbum de Bowie es una provocación al sentido común, una salida de tono con la que circunvalar un repertorio de frases hechas y estribillos quemados por la reiteración.
La intención de Bowie no es descubrir al público más instruido, cliente asiduo del mercadillo de la rareza y coleccionista de antiguallas, canciones más o menos perdidas o traspapeladas, sino proponer una mudanza de la atención, fija, que las antologías al uso dirigen hacia el reducido entorno de los superéxitos, un circuito cerrado de canciones que, para que no decaiga, ahora cultivan centenares de aficionados, empeñados en colgar sus propias recopilaciones en internet para suplir la flaqueza de una industria cuyos vicios navideños han sido asimilados por una legión de editores anónimos, dependientes de discursos previos que son reproducidos en foros de intercambio y blogs de memoria limitada. La cantinela que se muerde la cola, como la pescadilla, ahora en mp3.
Resulta curioso asomarse estos días a uno de esos espacios virtuales y comprobar cómo aquella vieja obsesión de la industria discográfica por recopilar y difundir grandes éxitos de las estrellas del pop se ha transformado en una práctica generalizada en los mentideros de la red: no sólo circulan versiones piratas de los álbumes confeccionados en su día por los sellos anglosajones -del Gold de ABBA para abajo-, sino muestras inéditas de un ejercicio de memorización que viene a realimentar la exclusión de los no éxitos de las listas oficiales y los estándares del recuerdo.
Cartas marcadas.
Muy a su pesar, David Bowie será recordado por todas esas canciones que de forma premeditada ha ignorado en I Select para tratar de desviar el rumbo de ese gran público que, a 45 revoluciones por minuto, gira alrededor de un sencillo rayado por el uso. Sin embargo, su último trabajo representa un enérgico y sonoro golpe en la mesa en la que la audiencia baraja y reparte las cartas marcadas por el eco de Changes, Heroes, Starman, Ashes To Ashes o Space Oddity. La antología, formato que en el ámbito de otras artes quizá resulte apropiado para descubrir la producción de un creador a través de un breve y accesible resumen de sus obras maestras, constituye en el mundo del pop, cuyas melodías están adheridas a los canales de distribución de los medios de consumo, un elemento de distorsión que reduce al mínimo, simple y grato tarareo, el conocimiento de obras tan extensas como desnaturalizadas por cualquier ejercicio de síntesis comercial. De aquí a la eternidad, pero en los huesos.
Enviado el 21 de Diciembre. << Volver a la página principal << |
