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Enero 15, 2009
La última playa del Pop - Jesús Lillo
Originalmente en abc.es | ABCD
Enfundado en una carpeta cuya portada provoca a cierta distancia ilusiones ópticas, falso movimiento para el ojo distraído, el nuevo y muy esperado álbum de Animal Collective representa una nueva cima en ese imparable proceso de transformación del pop alternativo en materia de arte y ensayo. Resulta imprescindible situarse en el entorno de las galerías o, tanto da, los escaparates de la moda para valorar un trabajo que responde a las demandas de un público -cada vez más retorcido y viciado por el debate de internet, donde casi nada se disfruta con el suficiente reposo y todo se discute a gran velocidad- adicto a una experimentación ya sin otro sentido que el de satisfacer la curiosidad, o quizás ansiedad, por su carácter urgente y enfermizo, de sus miles de abonados.
Eco interminable.
Merriweather Post Pavilion es la enésima instalación sonora, quizá la definitiva, por la compleja articulación instrumental que milagrosamente la sostiene, basada en las armonías vocales registradas por los Beach Boys, una fuente que Animal Collective, y en particular Panda Bear, uno de sus miembros, ya había utilizado y manipulado en anteriores trabajos. Desde los ensayos realizados a comienzos de los noventa por los High Llamas de Sean O?Hagan, han sido decenas las bandas y los compositores que en las últimas temporadas han presentado, una detrás de otra, sus propias versiones del universo distorsionado de los Beach Boys.
La búsqueda de escenarios fantásticos, actividad que ha definido la producción musical de las últimas antiestrellas del pop alternativo, ha impuesto una dirección única en el horizonte musical que, pese a la reaparición de viejas e imprevistas señales -como el Dark Shadow de Cold Sun, grabado en 1970 y reeditado hace sólo unos meses- con las que diversificar esa huida hacia adelante, ha terminado por convertir la playa de los Beach Boys en un destino turístico tan convencional como aburrido, sobra decir que lleno hasta la bandera verde. Hay chiringuito y alquilan hamacas.
De sobra conocidas, canturreadas desde la pasada década en dormitorios de soltero o en los estudios más sofisticados, las acarameladas armonías construidas por los Wilson y su círculo de allegados representan la cara más amable y llevadera de una psicodelia domesticada y tolerable, con el punto justo de experimentación y muy contados riesgos formales, una magia apta para todos los públicos cuyos trucos, desvelados a través de antologías tan completas como la incluida en The Pet Sounds Sessions (1994), han guiado el ilusionismo de última generación.
Si todo este caudal de reproducciones había servido para dejar en evidencia los autoplagios firmados en los últimos tiempos por el propio Brian Wilson, paralizado e incapaz de desarrollar sus propios hallazgos creativos en un prescindible epílogo de su carrera que cualquiera de sus alumnos hubiera redactado con mayor fortuna, inspiración y, a estas alturas, oportunidad, Merriweather Post Pavilion complica la prórroga de un saqueo generalizado y ya inútil. No va a resultar sencillo a partir de ahora volver a sorprender al público con otra sedante lectura de las lecciones magistrales del autor de Heroes And Villains. Menos sueño y más ingeniería.
Algodón mágico.
Un prodigioso montaje de pistas vocales, ensalivadas y y alentadas por Animal Collective, trama y cubre como un exoesqueleto de goma este sobresaliente álbum, evitando los traumas de una superproducción instrumental que, muy al margen de los diálogos corales que flotan en su superficie, nubes sintéticas de algodón de azúcar, le da una réplica, si no inédita, extrema por su aspereza. Animal Collective separa el agua y el aceite que habían remezclado y agitado en su obra anterior para que el pop cobre pureza y, como el humo a los ojos, ahora espeso, casi sólido, ciegue los oídos del oyente en una sinestesia que permite a la banda de Baltimore filtrar por lo bajo una explosiva desconjunción de ritmos y, sin apenas conjunciones, frases musicales yuxtapuestas.
Merriweather Post Pavilion es el final de una playa que empieza con los Beach Boys y termina en acantilado. Animal Collective instala en el lugar más común y frecuentado del pop de ensueño un artefacto que estalla por dentro y cuya implosión se lleva por delante cuatro décadas de ecos, acumulados y fosilizados por la rutina y la devoción a un mito musical que termina por ceder. El elevado nivel de exigencia del trío norteamericano transforma el pop en un contenedor de emociones de nuevo inéditas.
Enviado el 15 de Enero. << Volver a la página principal << |
