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Marzo 22, 2009

GOOGLE REVOLUTION (1, 2 y 3) - Jorge Carrión

Originalmente en jorgecarrion.com

I

“La Red” (en Barcelona se puede encontrar en el archivo del CCCB, en Madrid está disponible en la mediateca del Goethe Institut; también: Emule) es un doble viaje: por las pantallas del ordenador del director y por la geografía de Estados Unidos. Una doble búsqueda, por tanto: en lo concreto, de Unambomber; en los general, de cómo se configuró la Red en que se inscribe el terrorista, que coincide parcialmente con la Red que ahora conocemos como Internet. Porque la película, su fascinación, reside en la genealogía, artística y rigurosa, que se construye de Internet. Sus orígenes conceptuales, en la alquimia que mezcla arte y tecnología, se encuentran en la primera mitad del siglo XX, cuando el MIT y Harvard, la ciencia física y la psicología, comienzan a tejer sus redes. La primera y la segunda guerra mundial son los laboratorios de la cibernética, primero aplicada a lo militar, después a todo lo demás; como Arpanet (el embrión de Internet). La posguerra mundial, cuando Estados Unidos comienza a ser Imperio, y la guerra de Vietnam, en esa arqueología propuesta por la película, constituyen en marco histórico y conceptual en que la contracultura, de la investigación con LSD, de la expansión de la conciencia, de la teorización de un ciudadano global, de la psicología transpersonal (el superdotado Unambomber fue sometido a experimentos con drogas por parte de la CIA, cuando estudiaba matemáticas en Harvard), que preparan el camino para que las computadoras sean personales y la red, un forma democrática -y no sólo militar- de intercomunicación. Los lazos entre el totalitarismo alemán y el imperialismo norteamericano son el trasfondo de la película. Nuestro mundo, con al voz de las cartas de Unabomber como banda sonora.

Por elevación: el contexto intelectual posible y parcial de las jornadas “Google Revolution”. Que empiece el debate.


II

JOAN FONTCUBERTA, en su lección inaugural (”Google. Memoria y Desmemoria”, que será publicada el año próximo en el Anuario 2009 de Can Xalant), hizo un magistral recorrido por la historia del arte, dese los mosaicos grecorromanos hasta sus “googlegramas”, deteniéndose particularmente en cómo la fotografía incorpora (es más: arrastra, como material genético) el legado de archivo, de memoria, que el positivismo y las ciencias habían impreso al saber durante el siglo XIX. Google se inserta en la cadena de transformaciones tecnológicas que ha caracterizado el último siglo y medio. En ese sentido, Fontcuberta, al revelar la historia del arte y de la tecnología que ha trabajado con el mosaico (el cubismo, Dalí, la polaroid, Leo Harmon, el fotomosaico), se sitúa en una tradición con miles de seguidores o epígonos en la actualidad, donde él es uno más. Pero al revelar la mezcla de azar, poesía, crítica política y reflexión sobre la historia del arte que hay en el trasfondo de sus “googlegramas”, demuestra también que hay artistas que, precisamente al mostrar sus cartas, evidencian su importancia.

El artista intermedia y músico CAEN BOTTO habló insistentemente del paisaje, un concepto clave cuando se reflexiona sobre Internet. En los paisajes que coexisten en la red, en la forma de verlos (finalmente el usuario es quien imagina, recrea, selecciona, construye un conjunto a partir de la dispersión y la fragmentariedad), existe una especie de espejo que devuelve una identidad posible de quien en él se mira. El dramaturgo Alfredo Sanzol coincide en ese interés por las identidades que genera o reivindican la red, que permite acceder a la voz y el imaginario de comunidades invisibles o de minorías de difícil acceso. Su método de trabajo consiste en buscar a través de Google, mediante palabras clave, decenas de entradas que lo conduzcan a informaciones inesperadas, a menudo sin atractivo a priori, que él se fuerza a trabajar hasta que conduzcan a un texto teatral. Botto y Sanzol coinciden en el interés por la “basura”, por el “ruido informacional”, por el “spam”, que predomina en Internet. El artista, por tanto, se convierte en un buscador (Google ha demostrado que somos lo que buscamos, y que el conocimiento del siglo XXI es, más que nunca, una búsqueda, por tanto un movimiento, una tensión, páginas interconectadas, ventanas que se abren y se cierran) y la Red es un gran basurero (la palabra, el concepto, devienen en nuestra época “positivos”).

ISAKI LACUESTA proyectó un film de 25 minutos sobre cómo en Australia conviven espacios invisibles (los campos de refugiados) y espacios pornográficamente visibles (los locales chinos, un barrio de grafitis, la residencia de estudiantes que colinda con el centro de detención). Google Earth (la empresa, la supuesta democratización de la perspectiva satelital, el problema), el hilo conductor del proyecto que se presentará en octubre en la Fundació Suñol de Barcelona, convierte esos lugares en nebulosas. Lo que impulsa el viaje: tiene sentido viajar porque tiene sentido ver lo que no puede verse en una pantalla. el trabajo conecta con la obra anterior de Lacuesta: como en “Cravan contra Cravan”, el viaje y la investigación; como en “La leyenda del tiempo” (también viaje, también alteridades), el cine documental dialoga con otras formas de representación hermanas (gemelas, bastardas), como el videojuego.

Google Earth es un mosaico compuesto por miles de fotografías realizadas en momentos históricos diferentes, irregularmente actualizadas. Un mapa discontinuo, ficcional, documental, de nuestra contemporaneidad.


III

RODRIGO FRESÁN recordó que la literatura ya había brindado ejemplos de libros pre-googleguianos, como “Moby Dick” o como “Anatomía de la melancolía”, donde la cita, el intertexto, lo fragmentario y un uso excéntrico de la información se imponen como estructura de la ficción.

GERMÁN SIERRA, por su lado, afirmó que la propia estructura neuronal, las sinapsis y sus cruces de información, no sólo remiten a la estructura poética (la analogía, la metáfora, la cita), sino que reproducen la estructura de la Red, con sus nodos y su policentrismo. En contra de la introspección, estaríamos en una época de exospección, de expansión (a través de los buscadores y de Internet) de la memoria inmediata. AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO apunta que en nuestra época en que la información se superpone al conocimiento, la estructura topológica de la red (que no es una malla, que está hiperconectada, que es un sistema muy complejo y por tanto muy vulnerable) constituye un correlato de la maraña intertextual de la literatura.

Una memoria que, como dijo Fresán, se objetiva: el escritor contemporáneo no sólo busca información a través de Google (y lucha por no trasladar fácilmente esa información a su novela), no sólo utiliza las herramientas de Word como mecánica de la escritura, también se busca a sí mismo en Google, de modo que establece una relación nueva con sus lectores. Pasiva o activa, paranoide o constructiva, pero nueva.

De hecho, entre las conclusiones de las jornadas estaría la certeza de que Google, sobre todo, ha revolucionado la lectura -mucho más que la escritura.

Lo dicho por Sierra dispara la cuestión del binomio paisaje interior / paisaje exterior. La literatura trabajaría, quizá en el primer polo; Google, en el segundo. Una intervención de JOAN FONTCUBERTA plantea, además, la cuestión de que democratizar las herramientas pone en jaque el concepto de serialización (él ha producido cerca de 100 googlegramas, algo imposible si la técnica fuera artesanal). Tanto Google como estas nuevas herramientas, por otro lado, se presentan como un juego o un juguete. El usuario y el artista, por tanto, aprenden a utilizarlas mediante el juego. ¿Al “giro subjetivo” propio de nuestra posmodernidad habría que añadirle un “giro irónico”, si no “lúdico”? En ese viraje, comenta ELOY FERNÁNDEZ PORTA, se ubicaría la diferencia entre Google y la Wikipedia respecto al modelo de la Enciclopedia. De hecho, la supuesta objetivación del proyecto enciclopedístico ilustrado, se vio contestada por novelas súpersubjetivas, como “Jacques el fatalista”, del propio Diderot enciclopedista. Esa misma subjetivad, irónica, se encuentra derramada en millones de blogs, fichas de redes sociales, fotologs, etc.
Sierra cierra la conversación planteando otras cuestiones, como la desmaterialización de libro y la estética de la base de datos, en conflicto con el libro material y la narración. La base de datos, que no tiene jerarquía, se acerca sin duda al modelo googleguiano de conocimiento.

EL COLECTIVO D_FORMA presentó “Émulo”, una instalación interactiva que construye retratos videográficos con voz mecánica a través de búsquedas en blogs: “Le pone cara a los blogs”. El collage, el dadaísmo, el azar, el juego. ALEXANDRE GALERA VERNET, en “Tanto le quería”, analiza la relación de amor y dependencia que los usuarios hemos establecido con la empresa Google. Por su parte, FABRICIO CAIAZZA habló de su trabajo con las tipografías populares, mediante las cuales reubica en el espacio público retazos de literatura bloguera, que después regresa a la red mediante fotografías (sincita.com.ar). Por último, ANDREA VICENTE, en “Google it”, desarrolla la prehistoria de un cojín cosido al modo de pantalla de Google, mediante videos en que una serie de performances remiten metafóricamente a la búsqueda, el viaje, el hilo de la experiencia artística.

DOMÉNICO CHIAPPE y RAMÓN GONZÁLEZ, a modo de conclusión, resumieron las claves del debate de estos días. Google como universo caótico donde el artista deviene buscador, ordenador, a menudo a través del azar. El problema de la disolución de la autoría; el tema de la co-autoría. La hiperfonía. El patrón lúdico en contraste con la intención crítica. El surrealismo de tercera generación (y la relectura de las vanguardias históricas a través de las tecnologías). El exceso de información como forma de censura. La incipiente certeza de que asumimos Google como el Estado de Internet, con su monopolio en progreso de la violencia oficializada. [Las conclusiones, redactadas por sus autores, se publicarán en el Anuario Can Xalant 2009.]

Fernández Porta y Fernández Mallo, con sus lecturas sobre Facebook, Google Earth, la caza de tendencias o la metafísica del agua mineral con gas, pronunciadas con piezas de videoarte y fragmentos fílmicos como telón de fondo, pusieron fin -por elevación- a unas jornadas que también habían tenido un comienzo aéreo, con la película “The Net”.

Enviado el 22 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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