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Abril 22, 2009
SALA REKALDE: ARTE CONTEMPORÁNEO Y RESPONSABILIDAD PÚBLICA (Comunicado y adhesión)
Desde la realidad plural y diversa del mundo del arte, hemos seguido primero con preocupación y más tarde con creciente indignación, la noticia del cese de la directora de la sala rekalde y las informaciones que cuestionan la labor de la sala. También nos hemos sentido aludidos por esta puesta en cuestión de la labor del equipo de la sala rekalde y, por extensión, del amplio espectro de profesionales del arte que de una u otra manera nos sentimos vinculados a ella. La preocupación es aún mayor si se tiene en cuenta que no estamos ante una cuestión aislada y local, sino ante un suceso enmarcado en un proceso generalizado de involución de las políticas culturales.
Con el objeto de manifestarnos públicamente ante estas informaciones, esta plataforma conformada por profesionales del arte hemos puesto en circulación en la red el texto que adjuntamos y al que cualquiera se puede adherir indicando su nombre, y dedicación profesional entre paréntesis, en la siguiente dirección: rekaldeadhesiones@gmail.com
Este texto se enviará en una fecha próxima con las firmas recabadas hasta ese momento a la Diputada de cultura de Bizkaia así como a los medios de comunicación.
Te rogamos que reenvíes este correo a cuantas personas creas que puedan estar interesadas en unirse a esta iniciativa. Muchas gracias,
SALA REKALDE: ARTE CONTEMPORÁNEO Y RESPONSABILIDAD PÚBLICA
Nuestra preocupación por los recientes artículos en prensa que informan del cese de la directora de la sala Rekalde se ha ido tornando en indignación y bochorno al ver la manera en la que están derivando en una campaña mediática de descrédito del programa de la sala y, de paso, de la propia idea de arte contemporáneo como espacio de reflexión crítica. La coartada que parece cobijar este desdén hacia el arte contemporáneo es la idea, pertinaz en la opinión mediática, creciente en la sociedad y demasiado frecuente entre algunos gestores públicos de la cultura de que la valoración del arte es relativa, cuando no arbitraria, así como ponderable en términos de popularidad contable. En el arte contemporáneo hay mecanismos de análisis, debate, consolidación y validación tan legítimos (y, por otra parte, tan especializados) como en cualquier otro espacio de saber. Esto aconseja que a la hora de evaluar o emitir juicios se tengan en cuenta los aspectos específicos del propio sistema del arte, si se persigue alcanzar un mínimo de racionalidad y eficacia.
Necesariamente, hay opiniones abiertamente opuestas en el análisis y debate que valida el arte, porque el arte es precisamente un ámbito donde la permanente crítica de los métodos y discursos de validación es condición necesaria. Es, pues, no sólo legítimo sino deseable someter a crítica este programa y los parámetros de éxito que lo han hecho relevante. Pero también hay que exigir un mínimo rigor a la crítica. La valía del programa llevado a cabo por la sala Rekalde en los últimos años es un hecho constatable, contrastado y avalado por muchas de las instituciones y los profesionales nacionales e internacionales más destacados del ámbito del arte.
Quizá sea necesario recordar que el lugar que ocupan los centros como Rekalde es aquél en el que los comportamientos críticos aún no canonizados por una inevitable institucionalización producen la realidad discursiva de la que se nutre todo el entramado de la cultura contemporánea. Estos centros están volcados a la parte de “producción cultural”, a diferencia de otro tipo de equipamientos más dirigidos a la de “consumo cultural”. Las nociones de “producción” y “consumo” exigen dinámicas muy diferentes por parte del espectador. Por ello, es inadecuada cualquier valoración de la eficacia social de la sala Rekalde a partir de criterios estadísticos en los que se compara su número de visitantes con, por ejemplo, el del museo de BBAA de Bilbao o el Guggenheim. Lo es porque cada uno de estos equipamientos responde a dinámicas y objetivos radicalmente diferentes. Por otro lado, ¿de dónde surgirán los artistas que nutran a esos lugares dedicados al consumo cultural, si no es de lugares de producción experimental, necesariamente mucho más minoritarios?
Es por tanto esa “producción” y su estructura las que corresponde evaluar: ¿necesita la sociedad estructuras de producción como la descrita o, por el contrario, la apuesta consiste en promover exclusivamente políticas de medidas para incentivar el consumo, sea cultural o no? Si adoptamos una visión sistémica de la cultura, algo que es exigible a la responsabilidad de toda política cultural en condiciones contemporáneas, no podemos pasar por alto la importancia de este tipo de producción para la salud de todo el sistema. Una política cultural que apueste por el modo de producción experimental se define por su apoyo a un sistema social en constante cambio donde la diversidad es el pilar fundamental, porque, como se sabe, el sistema vive y se regenera en la producción incesante de diferencias.
La contextualización de todo este proceso en parámetros de polémica ideológica, a través de la alusión a la obra retirada el pasado año del certamen Ertibil, es falaz y cumple, mediante la demagogia, la sola función de anatemizar ante la opinión pública la propia idea del arte como agencia crítica. Es irónico, además, que Ertibil sea precisamente un certamen que no forma parte del programa de la sala sino que se aloja allí a iniciativa de la Dirección de cultura de la Diputación.
Lo que una vez más confrontamos tras esta operación de descrédito es la fragilidad de las estructuras culturales públicas ante la oportunidad política o la irresponsabilidad mediática. Una fragilidad que será endémica mientras no se establezcan y apliquen códigos de buenas prácticas en el ámbito de las artes visuales que garanticen que los profesionales puedan realizan su quehacer y que éste sea debidamente examinado y evaluado por conocimiento experto. Ésta es una de las cuestiones centrales de un debate largamente demorado y siempre pendiente sobre las políticas culturales.
Por todo lo dicho y ante el clima generado por el cese aún no comunicado oficialmente de la directora de la sala, reclamamos de la Diputada de cultura de la Diputación de Bizkaia un gesto de desagravio. Éste deberá dejar fuera de toda duda la solvencia del programa llevado a cabo en Rekalde y de la comunidad del arte como ámbito profesional y de conocimiento que en su extrema pluralidad mantiene una innegable seriedad y un demostrable prestigio, al tiempo que reafirmamos nuestro posicionamiento de total desacuerdo con la puesta en peligro de un espacio de producción contemporánea, de los cuales estamos tan escasos. En este sentido, los y las abajo firmantes, junto a un nutrido grupo de profesionales, estamos trabajando en una declaración del sector que haremos pública en breve.
Este escrito, firmado por profesionales que representan distintos ámbitos y sensibilidades del sector del arte, circula desde este momento sumando adhesiones de la comunidad artística nacional e internacional a través de la dirección de mail rekaldeadhesiones@gmail.com
Enviado el 22 de Abril. << Volver a la página principal << |

Comentarios
CARTA ABIERTA A LA DIPUTADA DE CULTURA DE VIZCAYA SOBRE LA SALA REKALDE
El Instituto de Arte Contemporáneo ha enviado a la propia Diputada de Cultura y a los medios vascos y nacionales la siguiente carta abierta:
Estimada sra. Ariztondo,
el Instituto de Arte Contemporáneo (asociación integrada por 200 prestigiosos profesionales vinculados al arte actual) ha seguido con preocupación las noticias referentes a la destitución de Pilar Mur como directora de la Sala Rekalde y, sobre todo, contempla con gran inquietud el futuro inmediato de este centro de arte de prolongada trayectoria y prestigio nacional e internacional. Respetamos, naturalmente, el ejercicio de sus atribuciones. Pero queremos hacerle dos peticiones muy concretas:
1. Que la Sala Rekalde siga dedicada al arte actual, que no se adscriba a ninguna otra institución artística y que mantenga su carácter de centro de producción, investigación y difusión de propuestas innovadoras, dando cabida a las posturas críticas. El éxito de un centro de arte no puede medirse exclusivamente por su número de visitantes: hay que tener en cuenta el papel que juega dando soporte a creadores y profesionales, quienes aportan a la sociedad una reserva de libertad de pensamiento y de enriquecimiento estético y vital, sentando los fundamentos del prestigio cultural de una ciudad.
2. Que , tal y como demanda la comunidad artística, constituida por un gran número de ciudadanos cada vez mejor organizados que tienen la legítima ambición de dialogar con las autoridades en lo que se refiere a las políticas culturales, se adopten estructuras más flexibles y modernas de gestión para los museos y centros de arte y se elijan sus directores mediante un concurso abierto en el que un comité independiente valore los proyectos presentados por los candidatos, previa publicitación nacional e internacional de la convocatoria.
Le adjuntamos el Documento de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte que el IAC redactó junto a otras asociaciones del sector y que firmamos con el Ministerio de Cultura.
Bilbao es hoy una ciudad importante en el tejido artístico contemporáneo internacional. Creemos que la Sala Rekalde no sólo puede jugar un papel principal en la vida cultural de la ciudad sino también ser un punto clave de intercambio de experiencias artísticas con otras ciudades españolas y extranjeras. Estamos seguros de que así lo desea usted, por lo que le sugerimos que tenga en cuenta estas posibilidades y ponga en marcha un proceso de renovación con el que ganaría para la Sala y para la Diputación el consenso y el respaldo de la comunidad artística.
Atentamente,
Junta Directiva del Instituto de Arte Contemporáneo
comentario de: Elena Vozmediano enviado el Abril 22, 2009 11:26 AM