« Protocolo de publicación de colaboraciones y comentarios en ::salonKritik:: (5 condiciones) | >> Portada << | El fin de una guerra - Mercedes Monmany »

Mayo 29, 2009

Anotaciones al margen y otros crímenes - J A M

Originalmente en L y b

ob2811.jpg Iván Svarka me ha descubierto esta exposición, creador de la interesante página juegos de ingenio, en la que abundan curiosidades matemáticas sobre las palabras.

Se trata de una exposición de la biblioteca de la Universidad de Cambridge con el título de Marginalia and other crimes, que glosa los destrozos que los lectores hacen sobre los libros en préstamo. Estos van desde las manchas de tinta (que crean involuntarios test de Rorschach como los de arriba) hasta los subrayados y anotaciones marginales. Un ejemplo especialmente divertido de estas últimas son los comentarios que responden a los comentarios del lector anterior. Lamentablemente no incluye otro tipo de anotaciones al margen o "llamadas" que aunque también remiten a la lectura es imposible consignar en las páginas de un libro.

Y, por supuesto, también los daños causados por los extraños animales con los que compartimos nuestros hogares, incluidos los niños, aunque el estropicio no sea del todo visible.

Enviado el 29 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Señores, no se ofendan con mis palabras pero creo que lo más fuerte de su exposición es la exposición del tijeretazo que le dan al concepto del libro reduciéndolo a un cuerpo sólido que solo sirve para soportar ideas escritas, semejante a la desagradable costumbre de algunas mexicanas que rechazan las intervenciones en su cuerpo –rasurarse por ejemplo los peluches de las piernas o evitar la aplicación de aretillos en los lóbulos– creyendo que solo así podrán conservar la claridad y fuerza en sus discursos verbales, y sin darse cuenta que el interés de las cosas no siempre es innerente a su pureza.

Lo primero que me brilla de las vitrinas son los gritos de victoria del bibliotecario con callos en los dedos por tanto borrar o fotocopiar páginas, y del restaurador que ha pasado meses quitando cintas adhesivas (y que no tiene el valor de aceptar que le fascina), ambos gritando vivas por haber conseguido por fin unas fechas del área de exposición con el largamente acariciado objetivo de legitimar sus oscuras ideas sobre el libro y recriminarle de paso a los cándidos lectores que no tienen que checar tarjeta, la lejana juventud perdida en la silla del escritorio (no solo cronológica, cierto, sino también anímica); de ahí la estética decimonónica de las vitrinas, el acomodo tan rígido de los libros, las reiteradas explicaciones de las cédulas, y como postre: todo dentro de una caja de cristal para que nadie le vuelva a meter el dedo, el esenario ideal para que nuestra tía solterona nos recete una de sus fábulas moralinas.

Algo que sin querer genera otro interés, mayor desde mi punto de vista por devenirse en el diván sicoanalista para la profesión de bibliotecario y restaurador de libros, es que el “guión museográfico” está definido en principio por la clasificación de las miserias de ambos personajes antes que por los efectos reales de generan las intervenciones sobre la lectura de los libros, es decir, la exposición está dividida en: Damage outside the library, Damage by animals, small humans and birds, Coloured marginalia… osea en: “Yo sabía que no era confiable”, “De porqué odio los picnics familiares”, “Mis horas felices oliendo solventes”… en fin, lo digo porque soy uno de ellos.

La verdad es que después de todo uno acepta que es una bella exposición porque tiene muchos caminos para conversar. Cuando en el futuro lo virtual sea el absoluto, estos testigos físicos del acto íntimo de lectura, metáforas materiales del encuentro o divergencia de ideas, serán los tesoros más preciados de la humanidad, nos recordarán que nosotros también somos cuerpo. Si los bibliotecarios y restauradores seguimos borrando las anotaciones y previniendo huellas dactilares no habrá más paños de la verónica ni camisas sangradas del Ché Guevara y por supuesto ningún encuentro con un viejo conocido en la cola para ver la momia de Evita, ni matrimonios sorpresivos para heredar una astillita de la santa cruz, así como ningún fósil con qué reconsiderar futuros paradigmas de la arqueología del pensamiento.


Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: