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Mayo 10, 2009

Los lugares de la crítica - Fernando Castro Flórez

Originalmente en lo que yo te diga

sapins.jpgMe llega el programa de un curso que organiza el MNCARS titulado "Los lugares de la crítica", organizado por Ángela Molina, que no me ha interesado nunca nada de nada. Lo que si me llama la atención es el textito que pone como introducción a la cosa: "Frente a aquellos que han convertido la crítica en un juego estético, en un dogma o incluso en un ingenuo método subversivo contra la instituciones, vale la pena recordar que el espíritu crítico no está orientado al acuerdo, incluso puede ser objeto de interés progresivamente marginal". El final eso de lo "progresivamente marginal" suena de maravilla. Lo otro lo de que el no se busca el acuerdo está también perfecto sobre todo cuando la crítica en cuestión se pasó largos años en Barcelona cantando las excelencias del MACBA y particularmente de Borja-Villel. Está bien que ahora pase por Madrid a enseñarnos a todos cómo se hacen las cosas. Ella es, seguramente, el fiel de la balanza. Porque ni cae en lo estético ni en el dogma ni en lo pretendidamente subversivo. Angela es un prodigio del discurso ecuánime en incluso eucarístico, ecuménico y ecológico. Con sus críticas de "El País" uno aprende todo lo que necesita. Resulta que nos va a explicar algo que era urgente: apostando por "un tipo de pensamiento apoyado en las formas modestas de una micropolítica e implicado en la constitución de nuevas vías de la vida en común".

Gracias a Dios y a la directiva del MNCARS, a los amigos del MNCARS y a ARCO, gracias (algo enigmático) a la Universidad Pública de Navarra, vamos a resolver un reto de tal urgencia que no podíamos ni dormir. Todos aquellos que andábamos por la senda descarriada de la estetización, la banalidad suma y la pedrada a destiempo tenemos ahora a los profesores soñados, desde Ute Meta Bauer, que tendría que afincarse en España para no tener que ir y venir tanto, hasa Constantino Bértolo, que aunque si no me equivoco no ha escrito ni una línea sobre el arte y sus desbarres, sin embargo está puestísimo en esto del criticar. Pero, sobre todo, tenemos a Ángela que es un azote prodigioso para los que lo hacen mal y peor. Los críticos españoles y latinoamericanos que brillan, literalmente por su ausencia, en este curso lo que tienen es que afilar el lápiz, matricularse y tomar apuntes. Porque como sigan haciendo lo que hacen no podrán participar en el club de la micropolítica. Me he enterado de que yo debo ser un exponente de la "comercialización de la cultura" que por si no nos hemos enterado se dice en inglés "commodity culture". Me han quitado la venda de los ojos. Estoy a punto de entrar en la fase mística de la iluminación. Todo gracias a la honestidad incuestionable de Ángela Molina, paradigma de la crítica, experta sin parangón, especialista en esto y también en aquello. No hay que andar con lentitud porque si no te rascas el bolsillo ahora y pagas la inscripción, tal y como anuncian la plaza "pasará a disposición de personas en lista de espera". He visto cartones de indigentes bajo la escalera de entrada a los auditorios de la ampliación de Nouvel; estoy convencido de que los licenciados, los doctores y los académicos de todo signo, incluidos los críticos desequilibrados y torpes, utilizaran esos restos mugrientos para pernoctar y conseguir la ansiada plaza en el curso. Ojalá mi condición de patrono de esa sacrosanta institución me permita entrar de matute. En caso contrario me temo que seguiré haciendo mis textículos sin tener la menor idea, esto es, mal y requetepeor.

Enviado el 10 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

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