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Mayo 24, 2009
Tiempo de cambios - Anna Maria Guasch
Tiempo de cambios | abc.es | ABCD
No hay mejor carta de presentación para calibrar el verdadero alcance de un proyecto museístico que la manera de «pensar» y «visibilizar» su colección permanente. Ahora le ha tocado el turno a Bartomeu Marí, que, tras un año en la dirección del MACBA, nos hace partícipes de sus más inconfesables gustos, así como de su particular manera de entender la contemporaneidad.
No se han escatimado esfuerzos para este tour de force que no sólo incluye las tres plantas del edificio central con la presentación de 320 obras (250 de ellas inéditas) de más de 80 artistas, sino también los espacios de La Capilla, una versión «especulativa» del discurso expositivo que incluye debates, proyecciones, performances, conversaciones y programas de radio, en el más puro estilo «relacional».
Mucho más que presente.
La elección de la noción de tiempo -unida a cuestiones como lo efímero y lo teatral, la condensación y aceleración de la imagen que conllevan los soportes videográficos y fílmicos, o la cambiante naturaleza de la experiencia perceptual de la obra de arte- como denominador común de los fondos de la colección nos parece especialmente significativa para refutar un concepto de tiempo basado únicamente en el presente -el tiempo de la alta modernidad formalista o la atemporal inmersión en la composición formal defendida por Michael Fried en Art and Objecthood (1967), donde denunciaba el despliegue fenomenológico de una duración sin fin en la experiencia de la obra de arte-. El tiempo ya no está subordinado al espacio o al movimiento como en la modernidad clásica, sino que se presenta bajo múltiples rostros: la imagen tiempo en Deleuze; el tiempo en ruinas en Augé; la cronofobia; el anacronismo como «apertura de la Historia»; la anacronía como método -tal y como apunta Rancière- de definir nuevos desvíos temporales; la heterocronía de Bourriaud...
Obra-manifiesto.
De ahí lo pertinente de escoger una obra como «manifesto»: la reflexión sobre el tiempo de David Lamelas, que, en su desafío a la neutralidad del minimalismo y el conceptual, desarrolló en los sesenta una serie de experimentos espaciales, entre ellos, Situación de tiempo, donde desarrolló su propio proyecto de espacio institucional. En esta obra, que ahora presenta el MACBA, 17 monitores idénticos se disponen a lo largo de tres muros de una oscura galería conectados a un inexistente canal sin imágenes. El minimalismo serial es desafiado a partir de una comunidad polifónica de transmisiones y energías. Y es precisamente esta «comunidad de energías» la que el MACBA desarrolla en las tres plantas del museo dando respuestas a cuestiones como la maleabilidad del tiempo y su nivel de realidad: ¿Es el tiempo algo real que está entre nosotros o es sólo una manera de medir acontecimientos? Momentos claves en esta «comunidad» son, por ejemplo, el espacio dedicado a Constant (junto a Isidore Isou y Gil J. Wolman), que en las maquetas, dibujos y mapas topológicos de su Nueva Babilonia nos adentra en las paradojas de la que fue la última utopía del siglo XX, a caballo entre el diseño arquitectónico urbano, la visión artística y la revolución cultural.
Otro núcleo destacado de este repensar la temporalidad se concentra en torno a la figura de Richard Hamilton, del que se muestran algunas obras en colaboración con artistas como Dieter Roth, Marcel Duchamp o John Cage, a los que acompañan creadores que en los sesenta estuvieron implicados en la producción pop como Rabascall, Miralda, Jaume Xifra, Benet Rossell y Pere Noguera.
Hans Haacke, y su obra presentada por primera vez en España Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings (adquirida por el MACBA conjuntamente con el Whitney) generan a su vez un microcosmos conceptual en torno al cual se agrupan artistas como Gordon Matta-Clark -City Slivers (1971-1976)- o Lawrence Weiner, que en Some Objects of Desire (2004) muestra bajo una ecuación matemática el tránsito temporal que media entre los objetos y el uso que el hombre hace de ellos.
Estrategias particulares.
Otro recorrido lo compone un grupo de trabajos que parecen conectar con las reflexiones de Benjamin en su ensayo El narrador, en el que defendía distintas estrategias de producción en relación con momentos particulares de tiempo. De ahí la inclusión de obras de León Ferrari (Nosotros no sabíamos), un conjunto de recortes de periódicos relativos a la represión de la dictadura militar argentina; de Francesc Abad y la macroinstalación donada por el artista El Camp de la Bota (2004), un trabajo de restitución de la memoria de los allí fusilados en la Guerra Civil; o de Francesc Torres, Construction of the Matrix (1976), un diálogo entre ideología e Historia. Y en la otra cara de la moneda de la pervivencia del pasado en forma de archivo, la exposición concentra su atención en los medios de masas y como éstos interrumpen el paso del tiempo (Muntadas, KP Brehmer, Rosler, Balsells, Sanja Ivekovic), en las prácticas del juego (Matt Mullican, Palle Nielsen, Nils Norman, Peter Friedl, Fahlström, Beuys) o las formas relacionadas con el teatro y el cine (Aballí, Manon de Boer, Asier Mendizábal y D. Narkevicius).
Y no todo acaba aquí. «El principio de incertidumbre», extraído de una obra de James Lee Byars recientemente adquirida (The World Question Center, 1969), preside el espíritu especulativo del conjunto de actividades que hasta el 12 de junio se llevarán a cabo en La Capilla, convertida en una especie de «arquitectura efímera» concebida por el artista Tobias Putrih para la «producción de conocimiento y debate».
Enviado el 24 de Mayo. << Volver a la página principal << |
