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Agosto 09, 2009
Las reflexiones del mudo - Manuel Muñiz Menéndez
Originalmente en ABC.abcd
Conviene empezar aclarando que, pese a las apariencias, el libro del finlandés Kari Hotakainen no es una biografía de aburrido título, sino una obra de narrativa, con más de conjunto de relatos breves (microrrelatos, en ocasiones) que de novela, a pesar de mantener una cierta continuidad de principio a fin. Y ni siquiera es -ni pretende hacerse pasar por- una biografía novelada del Buster Keaton real, sino de un intento de darle una voz al protagonista de películas como El maquinista de la general, al hombre del traje negro y la cara de palo que logra confundirse con el mundo para así cambiarlo de manera sutil, acentuando los toques surreales.
Hotakainen se mueve bien por ese terreno del humor seco y sutil con toques de absurdo. Sus personajes reflexionan a base de soliloquios pero sin pontificar, más bien aludiendo de modo un tanto oblicuo a los temas que le interesan al autor. El estilo ágil pero nada simple llega a recordar en ocasiones al Julio Cortázar de Historias de cronopios y de famas. O, en cierta manera, al propio Buster Keaton.
Para «inventarse» a ese protagonista que a la vez es y no es el actor a quien en España se conoció en su tiempo como «Pamplinas», Hotakainen alterna entre las reflexiones de aquel y las de otros que lo trataron, desde su -ficticia- familia (y el portero del edificio) hasta la de otros personajes célebres, tanto amigos del Buster real, como Charles Chaplin, hasta otros que nunca le trataron, como Clint Eastwood, un Mike Tyson levemente enternecido o Harry Dean Stanton («hijo» espiritual de Keaton y digno heredero de su cara imperturbable).
El que este libro no trate realmente del Buster Keaton de las películas, no impide que en él se encuentren perlas sobre el cine. Por ejemplo, en la comparación entre Charlot y Buster, en la que el primero acaba creyéndose demasiado los elogios sobre su empatía hacia las personas normales y se libra por los pelos del sentimentalismo, consiguiendo la compasión del público a base de fallar muchas veces, mientras que Keaton intenta no ser un espejo del ser humano; como él mismo -un tanto irónico, como en todo el libro- apostilla, «aquí se apreciaba nuestra diferencia, la diferencia entre un funcionario y un hombre del pueblo». Hotakainen consigue darle las palabras justas a un hombre que siempre dijo mucho sin ellas.
Enviado el 09 de Agosto. << Volver a la página principal << |
