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Noviembre 25, 2009

Condenado al Siglo XXI - Jorge Carrión

Originalmente en ABCD

Isaki_Lacuesta,_San_Petersburgo,_Rusia,_2008-2009.jpgIsaki Lacuesta es portada del número de noviembre de Cahiers du Cinema España con el titular «Un cineasta del siglo XXI». El dossier que se le dedica defiende la tesis de que la supervivencia de la narración cinematográfica pasa por el trabajo simultáneo en varios campos complementarios: la televisión, la videoinstalación y el cine documental y de ficción; la filmación en formatos diversos (Mini-DV, 16 mm, Super 8, DV-Cam, 35 mm) para circuitos diferentes (el festival, la sala comercial, el material extra de un dvd, el museo). Se trata de una cuestión de supervivencia tanto económica como conceptual. Gran parte del cine de autor que se estrena hoy día trata, directa o indirectamente, el tema de la muerte del cine tal como se entendió en el siglo XX: no es viable que durante todo el siglo XXI se perpetúe semejante letanía. La incorporación del vídeo digital no sólo reduce costes, sino que permite reinventar la imagen, buscar nuevos frentes para una mirada (la nuestra) que se ha acostumbrado a descifrar todo tipo de pantallas.

Sitios ocultos.
Si en el cortometraje Resonancias magnéticas (2003) aparecen la tecnología médica que representa nuestro interior, y en el largometraje La leyenda del tiempo (2006) Lacuesta y la guionista Isa Campo hicieron dialogar su cine con la televisión y con el videojuego, en la instalación Lugares que no existen (Goggle Earth 1.0) añaden internet y la animación tridimensional a ese diálogo.

El proyecto parte de una premisa básica: Google Earth oculta lugares, de modo que el cine -en su tradicional afán de revelar- permite contrastar las fotografías satelitales con la realidad. Cinco son los lugares escogidos, y otras tantas las pequeñas pantallas en que éstos son investigados: Cádiz, Canarias, Rusia, Colombia y Australia. Los retratos del turismo kitsch, de la especulación inmobiliaria, de los alrededores de una zona militar o del vecindario de un centro de internamiento de refugiados ilegales se alternan con entrevistas, con voces en off, con la recreación virtual de sitios inaccesibles y, sobre todo, con imágenes de Google Earth. Dos proyecciones simultáneas, en la gran pared central del espacio, evidencian la contradicción, el contraste. Zooms, búsquedas, pruebas de que la saturación de la visibilidad sólo puede conducir a nuevas formas de ser invisible. Y que ese conflicto es global.

Cortocircuito crítico.
El universo Lacuesta ignora a conciencia las fronteras. Su motor es una búsqueda formal y teórica que, a través del azar y del viaje, engarza fragmentos escogidos de la tradición literaria y cinematográfica con paisajes e historias propias de nuestra época, con la intención de reconciliar fugazmente el mito y lo real, con el consecuente cortocircuito crítico. No es casual, a ese respecto, que su primer largometraje fuera Cravan vs Cravan (2002), donde el mito del poeta y boxeador vanguardista Arthur Cravan era reconstruido desde un presente en crisis, posmoderno y docuficcional. Tampoco lo es que esa película estuviera narrada en francés; que La leyenda del tiempo lo esté en japonés y en andaluz; y que Los condenados sea una obra sobre Argentina interpretada por actores argentinos. Una obra que conecta indudablemente con dos de las poéticas cinematográficas argentinas más fuertes de este momento, las de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso, no sólo en los escenarios selváticos, sino también en la exigencia estilística. Y que penetra en el corazón del debate sobre la memoria histórica (de la última dictadura militar) que sigue teniendo lugar en Argentina. Doblemente, por tanto, se aborda la posibilidad de intervenir desde la distancia. Desde la máxima (Google Earth) hasta la mínima (el primerísimo primer plano), pasando por todas las intermedias, en cuya edición se sostienen no sólo las películas, sino también las vidas de los hombres.

Ausencias.
Sobre eso habla Los condenados: sobre cómo cada cual edita sus recuerdos, los discursos históricos y las ficciones según sus conveniencias. En el centro del relato hay dos ausencias. Por un lado, la de Ezequiel, traidor o mártir, cuyos restos están buscando los personajes protagonistas en algún lugar de la selva. Por otro lado, la de su hija Silvia, que se ha negado a integrar la expedición arqueológica y que protagoniza, al final de la película, su escena clave: un largo monólogo, sin contraplano, bergmaniano, en que contradictoriamente argumenta por qué no ha querido implicarse en la búsqueda de su padre y entendemos hasta qué punto se ha equivocado Andrea, su madre, al canonizar a Ezequiel.

Como en El corazón de las tinieblas, el relato da vueltas en torno a los personajes y a los temas de fondo (la heroicidad, la traición, la reconstrucción del pasado, la herencia, la desaparición) sin abordarlos de forma explícita. El resultado es una obra cuya excelencia se encuentra más allá de sus 105 minutos de metraje, en el conjunto de un proyecto transfronterizo y en expansión.

Enviado el 25 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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