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Diciembre 22, 2009

Los artistas aún se deja[n] apantallar - Gabriel Orozco

Originalmente en Reforma y tomado vía diasiete.com

“Los artistas aún se deja[n] apantallar por la autoridad, el poder, la moral, el dinero, el éxito y esas cosas que limitan la capacidad de experiencia del individuo en el mundo y en el arte.”

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Descontento con la lectura a su obra y a su trayectoria en una carta dirigida a su galerista José Kuri, el artista mexicano Gabriel Orozco cuestiona los textos de los críticos españoles Sergio R. Blanco y Estrella de Diego, publicados en el suplemento El Ángel del periódico Reforma el pasado 22 de noviembre reproducidos aquí.

Estimado José:

Te escribo sobre la dupla de artículos recientes en el suplemento El Ángel del periódico Reforma que habla sobre el éxito de mi carrera en relación a mi próxima exposición en el MoMA y que, para resumirlos en uno, podríamos titularlos algo así como “El milagro del éxito del mexicano de la fórmula secreta” o simplemente: “Orozco: el secreto del éxito milagroso”. En estos relatos con entrevistas (una a tu hermano Gabriel, o sea a ti, o al galerista llamado Gabriel, o a José, ya no entendí…) los dos autores -para abreviarlos en uno llamémosle Blanca Estrella (¿En el periodismo se vale equivocarse de nombre, no?)- describen la historia de mi “estratosférico ascenso” repitiendo sin censura estilística palabras como coincidencia, circunstancia y suerte, sin mencionar, ni una sola vez, las palabras talento, originalidad o, ya de perdida, que los agarré de sorpresa! Hablan también de “darle al clavo” al gusto internacional… ¡Como si eso existiera! O como si además existiera un gusto nacional… ¡O como si todo fuera cuestión de gusto! También dicen que mi éxito se debe a que me convertí en el artista latinoamericano preferido de la crítica anglosajona, y claro, esto, en tono despectivo. Sin darse cuenta que por mi obra me convertí en el artista latinoamericano más visible y en un artista reconocido por la crítica y los artistas contemporáneos de mi continente.

El problema es que esos dos artículos deforman un poco la historia de mi carrera hasta llegar a especulaciones alarmantes, que no sólo no develan lo que llaman el “milagro” de mi éxito ni su verdadera circunstancia, sino que lo empañan con el vapor del hervor de su mala leche. Porque llegar a decir que la Caja de zapatos vacía o La piedra que cede puedan tener -en sus palabras- “excesos de complacencia con los discursos más institucionalizados, aquellos que se mueven en torno a parámetros colonialistas y en cierto sentido paternalistas” es a propósito equivocarse de artista. No sé si lo hacen para no mencionar a los artistas en México que se acomodan en obras y estrategias derivadas de la mía pero definitivamente violentas, cursis y melodramáticas, que paternalizan hasta tatuar, simbólica y físicamente, a su público asalariado-colonizado disfrazado de barrenderos “voluntarios”. El chantaje emocional como estrategia de explotación de lo políticamente correcto del artista extranjero exótico “exiliado” en México, llegó a niveles tragicómicos, la verdad. Artistas, más que paternalistas, que son padrotes en su pública y económica manipulación del cuerpo ajeno y que convierten al arte en espectáculo del poder de aprovechamiento de la mano de obra barata del tercer mundo. Ese simplemente no soy yo. Me pregunto si los artistas jóvenes en verdad creen que las estrellas, la suerte, las coincidencias o el beneplácito del poder, me dio lo que tengo. ¿Cómo han cambiado las cosas desde aquel milagrito mío que dicen, no?

Me pregunto entonces, si el reciente reconocimiento internacional al arte mexicano, iniciado gracias a ese milagrito, es también pura suerte y beneplácito del poder colonialista. Sí cómo no…

¿Alguien se acuerda de lo insignificante internacionalmente que era el arte mexicano antes de cambiarlo? ¿Milagrosamente? ¿Te acuerdas de Raquel Tibol leyendo en voz alta un libro sobre lo que eran las instalaciones? Era para que el público de la exposición del Desierto de los Leones comprendiera lo que estaba pasando ahí. Una exposición de instalaciones en sitio específico, relacionadas con la arquitectura y el lugar de esa manera, no se había hecho en México, y las personas (incluida Tibol) se pusieron a estudiar. Ahí comenzamos a cambiar el arte en México. En 1988, antes de irme a Nueva York, se gestó el cambio. Eso de que todo lo hice desde Nueva York es mentira. Lo hice en México y después lo mandé a volar y desde afuera se consolidó ese cambio… Parece fácil… -Con el escándalo que se armó con mi primera exposición en el MoMA y que propagó imágenes de mi trabajo por todos lados. ¿Recuerdas la cara de críticos locales? Era como si se les hubiera aparecido el chamuco. Desde ahí comenzaron a demonizarme. Por cierto, ¿sabes cuánto dinero dio Conaculta al MoMA en aquel momento de los mil quinientos dólares que les pidieron para el folleto? ¡Cero! Que porque preferían apoyar otros proyectos, de otros mexicanos de otro tipo en el futuro inmediato, ofreciéndole al MoMA que si querían Conaculta podía sugerirles algunos nombres… ja ja ja…

En fin, este tipo de subtextos velados con una aparente imparcialidad académica y una deficiente documentación, deriva en un historicismo chafa, donde el talento de un individuo para entender su momento y hacer las cosas como se le pega la gana y encontrar nuevas artes para la vida y la obra, nunca serán la razón de su éxito. Si acaso pueda parecer increíble a estos mexicanos que un paisano haya innovado e influido a otros artistas del mundo, lo cual, aunque no se mencione -en su desglose de los ingredientes para mi triunfo-, es una medida y quizá la razón principal del éxito de mi obra en estos años. La novedad, no el exotismo, es lo que hace fortuna. Y el que hace algo primero que los demás se hace imprescindible como punto de referencia. El éxito vino después de la creación de algo nuevo… que tuvo éxito.

Ya sé que siempre me dices que no pierda el tiempo en esto y te preguntarás por qué escribo estas cosas. Creo que es tiempo de decirles a los nuevos historiadores locales que exigen tanto moralmente, que aprendan a exigirse a ellos mismos primero. Que lean con atención a los mejores críticos e historiadores del mundo, así como nosotros aprendimos de los mejores artistas. La verdad es que es una pena que todavía no haya un “milagro” de la crítica mexicana del arte contemporáneo. Que no haya aparecido alguien que sea admirado en el mundo entero, y no sólo por los que se interesan solamente en el arte mexicano, sino por todos los que se interesan en el arte contemporáneo en general. No existe el historiador mexicano que tenga una voz original escuchada. Qué lástima. ¿Será mala suerte? ¿O que las estrellas no se han alineado…? Creo que simplemente están a gusto con lo que ellos creen que saben. Habrá que regalarles un espejo grande y redondo.

Muchos saludos a Mónica.

Nos vemos muy pronto en Nueva York.

Gabriel

Nueva York a 1 de diciembre de 2009

Enviado el 22 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

...mmm...inquietante...si para defenderse de su trabajo ha de hablar mal de Santiago Sierra, mal vamos.....


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