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Enero 11, 2010
Entre la tradición y lo post-literario - Jara Calles
Originalmente en Afterpost
Mutatis mutandis de Javier García Rodríguez
[1] ¿De verdad existe una conspiración?
Recordemos: en la película del Proyecto Nocilla Fernández Mallo menciona una idea sobre un proyecto de creación colectiva (y despliega en torno al conjunto una iconografía terrorista), en la que un grupo de escritores se propone realizar una obra cuyo resultado alcance cierta validez poética. Minutos más adelante, Fernández Porta lo “destapa” como “agente de la TIA” que casi sin querer (y esto significa, desde la poesía), ha logrado infiltrarse en “los medios literarios underground, indie y contraculturales españoles”, desajustando así el aparato crítico, teórico y creativo ya establecido. Chapeau!
[2] Por qué ante todo mutantes
Después de etiquetas y eslóganes generacionales, parece que la mejor denominación para la producción literaria de estos escritores (con pretensiones vanguardistas, espíritu renovador) ha sido ésta de mutaciones; que no es mal término para abordar los efectos y reacciones que han tenido lugar a partir de la publicación de estas otras líneas y propuestas creativas. En palabras de Fernández Mallo, “para escribir como en el siglo XX siempre estaremos a tiempo”. O tal vez no. Hay que pensar que ya no estamos hablando de ocurrencias puntuales, sino de la emancipación de un paradigma estético que aún se aprecia en términos de novedad; y esto, pese a que ya casi nadie habla de márgenes: “hubo un momento en que pasamos de ser nosotros a ser we”.
Como prueba, la aparición de este libro, que no podría ser más oportuna dada la evolución creativa y comercial de la mayoría de estos escritores (atendamos al cuadro que se recoge en la página 36).
Por otro lado, y recién cumplida la primera década del siglo21 (numeración que es también otra evidencia), no cabe duda de que ésta ha sido la época de la mutación por antonomasia: desde las sandías y los melones cuadrados made in Japan a la hibridación de los géneros literarios -ahí tenemos Todo lleva carne (2008)- o el viraje hacia lo visual de las últimas manifestaciones literarias -ahora desde Cero absoluto (2005) a Tiempo (2009)-. Parece lógico, entonces, que también este texto dé cuenta de este tipo de implicaciones, dado que ése es uno de los principales signos de su época. Motivo por el cual habría que subrayar un aspecto crucial de la obra, como es la perfecta simbiosis de dos posturas hermenéuticas en principio difícilmente conciliables, como son la filología y la teoría literaria, mas la literatura comparada, cuyos contextos teóricos son bien distintos.
En este sentido, podemos apreciar todo un trabajo de montaje textual y sampleado de referencias y, por supuesto, de muy variadas direcciones narrativas y modos mutantes de, aquí mimetizados a la perfección. Es más, ésa es a mi modo de ver la clave de gestación de esta obra, la utilización de un aparato de creación específico como objeto de estudio que al mismo tiempo pasa a ser utilizado como herramienta de aproximación, revisión y crítica. Un giro considerable que deja a un lado la obsesión tan extendida por la interpretación (“Claro, es muy fácil interpretar lo que uno quiere. Interpreto y manipulo, como Umberto Eco. Interpretación y sobreinterpretación. Pero se vuelve uno loco, lo repito”) para alcanzar la superficie de los textos, con el fin de hacer de su artificio y características constitutivas algo más visible: “Lo he aprendido tarde. Muy tarde. Se trata de saber mirar. [...] «La idea es que cualquier texto contiene su propio instrumental de descripción si lo analizamos objetivamente»”.
[3] El informe
En “Wallace se divierte”, Javier García Rodríguez hablaba de David Foster Wallace en unos términos que podrían responder con bastante precisión al perfil del personaje-autor de esta otra obra:
“Dadme un asunto y moveré el mundo, parece exclamar el posgrunge narrador y profesor universitario (entre repelente empollón y plasta sabelotodo), que, por lo que parece, ha decidido no renunciar a convertirse en un Pepito Grillo del Medio Oeste pasado por la túrmix de lo trasmoderno/posmoderno y del afterpop pangeico en las playas californianas”
Más aún si consideramos que en realidad estamos ante una deriva intelectual a través de diferentes lenguajes, objetos y sujetos, cuyo fin es establecer y desentrañar nuevos recorridos originales, pero también y al mismo tiempo, nuevas cartografías estéticas que den cuenta de este estado de mutaciones, LA CONSPIRACIÓN. Para ello, se aportan textos de diferente naturaleza en los que operan distintos recursos expresivos y creativos, como la apropiación o el pastiche, apostando también por la confusión de géneros y la mezcla de registros, hasta lograr un texto de verdadera altura y agudeza intelectual (dice Vicente Luis Mora que con este libro comienza un nuevo género), que incluso llega a resultar divertido gracias a la cantidad de contorsiones lingüísticas que encontramos en sus páginas.
Concebido como una parodia de la narrativa mutante (es fundamental el subtítulo de la obra, clara referencia al polémico artículo de Alan Sokal publicado en el ´96), el resultado, sin embargo, es un experimento literario que se revela (no sabemos si a su pesar) también como mutante.
[4] El crisol o “¿Por qué Loriga no es mutante?”
Bajo mi perspectiva, la clave de poder aplicar la categoría mutante a un escritor o una obra reside fundamentalmente en su actitud respecto al hecho literario, pese a que en estos momentos muchos asociemos tal denominación a una determinada nómina de autores. Tanto es así, que no parece que haya una generación de escritores mutante, aunque sí podemos hablar de ocurrencias mutantes que tienen lugar tanto dentro como fuera de la estricta creación, tal y como apuntaba Vicente Luis Mora a propósito del fenómeno Nocilla: la aparición de fans y groupies literarios de novelas y escritores; y amigos, porque estos escritores también viven en Facebook (aquí se incluye otra clave).
[5] El contagio
Hasta la fecha, no son muchas las obras que han decidido abordar el estado de la “nueva” narrativa bajo su propia óptica, es decir, partiendo de los textos para extraer de ellos su verdadera genealogía, en lugar de forzar su interpretación con categorías y conceptos que les sean ajenos (casi) por completo. Como ejemplo, es superior cuando después de una cita de Foucault aparece en negrita la frase siguiente: “[¿qué hace esto aquí?]”; para continuar un discurso que, pese a su brevedad, alberga en sus páginas una enorme densidad semántica. Mutatis mutandis propone otra forma de afrontar la reflexión. Y eso siempre se agradece.
Enviado el 11 de Enero. << Volver a la página principal << |
