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Enero 30, 2010

Nuevo desprecio hacia el arte actual en El País

Originalmente en Instituto de Arte Contemporáneo

leche.jpg Una vez más, Vicente Verdú arremete contra el arte actual. Parece mentira que un diario como El País se haga eco de opiniones que no sólo demuestran una profunda ignorancia de lo que los artistas hacen hoy sino que, con saña, atacan a todo un sector cultural. Las palabras no merecen ni comentario. El Instituto de Arte Contemporáneo está elaborando, con ayuda de la Fundación Claves de Arte, un análisis del tratamiento que los medios de comunicación dan al arte actual, basado en una completa estadística. Este artículo figurará en ese estudio como paradigma de actitud negativa, malintencionada y destructiva. A partir de ahora vamos a estar muy pendientes de este tipo de ataques y contestaremos uno por uno, con cartas al director que corresponda. Pedimos vuestra colaboración para detectar las invectivas.

* * *
Vicente Verdú: “Pintar sin pintura”, El País, 29 de enero de 2010

Un uso corriente que llama mucho la atención es el hecho de que las galerías de arte no cobren un céntimo por entrar en ellas y recrearse ante los cuadros. Pero también es llamativo que apenas se vea a alguna persona visitando una galería en Barcelona o Madrid y ésta debe de ser la razón de que sea completamente gratis. Si no pagando nada están desiertas, ¿cómo iban a esperar que se llenaran requiriendo un estipendio?

Pero otra importante razón de fondo para explicar la ausencia de público es tanto la arbitrariedad del valor que rige en el mercado del arte como los precios desaforados y ridículamente altos que se piden por un cuadro. Un doble asunto de hace varias décadas pero que sigue en pie como si no bastaran los espectaculares fraudes a lo Damien Hirst o las grotescas especulaciones en galerías, exposiciones y subastas.

El público no especulativo ni conspirativo, el mundo ajeno a la complicidad de críticos, galeristas y curators da justificadamente la espalda a este mercado que crece tanto en la mendacidad como en la banalidad y el desconcierto.

Hay críticas de especialistas que debieran orientar el gusto y fijar la importancia de un pintor pero si hay algo inextricable en todos los géneros posibles de escritura es (con excepciones) esta clase de textos donde raramente se adivina si el juicio es positivo o negativo porque viene a ser contemplativo. Faltos de instrucción, huérfanos de críticos inteligibles y náufragos en un mercado sustantivamente intrigante y especulador, el cliente potencial pierde interés por ir de galerías.

Un ejemplo que puede constatarse estos días en una céntrica calle de Madrid es la astronómica diferencia de precios entre las muestras de dos galerías vecinas y sin que medie nada demasiado cabal que lo justifique.

En la galería Orfila (fuera del prestigioso grupo galerista del Consorcio) expone un pintor, Martín Viveros, sin fama pero no sin talento, cuyas obras de “expresionismo abstracto” tienen fijados unos precios entre los 400 y los 1.200 euros. Diez metros más abajo, sin embargo, en la Marlborough los cuadros de David Rodríguez Caballero, cuya máxima característica consiste en pegar tiritas de vinilo sobre superficies de fieltro o papel vegetal, cuestan más de 12.000 euros. ¿Por qué? La pregunta, se dirá, es impertinente refiriéndose al arte. Pero la estupidez también.

Una galerista de estilo, perteneciente al Consorcio, confesaba que no expondría ninguna obra que supusiera un retroceso en su trayectoria vanguardista. Y el vanguardismo, una vez experimentadas todas las opciones provocadoras, viene a recaer hoy, especialmente, sobre la originalidad de los materiales que se utilicen. De ahí que se llegara a emplear excremento de elefante (Chris Ofili) como una elección todavía inédita en 1999 y que logró, junto a otras sensations de los jóvenes artistas británicos, la cola más larga de turistas en la historia del Brooklyn Museum.

El secreto se encuentra en “la propuesta” nueva, y la nueva propuesta lo será en estrecha relación con la novedad de los materiales. ¿La mano del artista? El artista de gran éxito hace tiempo que no mueve un dedo. Basta con constatar los resultados de los premios de pintura: los galardones recaen sobre obras que son una conjunción de soportes no convencionales, máquinas digitales y pueriles sortilegios tales como “pintar sin pintura” (Rodríguez Caballero).

¿La deshumanización del arte? Esto fue el tema de hace un siglo. De lo que se trata ahora es de la sublime institucionalización del camelo. Tampoco esto es de ayer ni siquiera de anteayer pero, a estas alturas, no debiera continuar ni mañana por la mañana. ¿Galerías vacías? La presente calamidad de la crisis compite con el insufrible nivel de la impostura.

Enviado el 30 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Hay cierta dosis de paranoia persecutoria al clasificar la opinión de Verdú como "ataque con saña", o "actitud negativa, malintencionada y destructiva". A él, como al noventa y muchos por ciento de los transeúntes, hay "arte" que le parece una camelo. Lo que le diferencia de la mayoría es que sigue entrando a las galerías, reacciona y opina. Los demás han claudicado al inextricable mundo del arte actual.

La única forma de contestar a Verdú es analizar las obras comentadas, pero desde la emoción que pueda producir en quién las comprenda. Mal vamos si contra una opinión destructiva creamos una respuesta más destructiva.

Él da razones. A ver quién tiene bemoles de contestar con emociones!


Me parece un texto simplista y populista, una critica fácil que solo refuerza la opinión colectiva sobre el arte derivada de la ignorancia, que lo que escrito por un columnista del país con "un supuesto criterio" pero parece vergonzoso, y si, por que no, incluso destructivo.

Todos sabemos, hace mucho ya, que la producción artística se encuentra en una corriente continua de auto definición y auto superación, por lo que me parece arcaico que nos pongamos a criticar una la pintura por su cualidades estéticas o formales, eso creo que ya se superó con las primeras vanguardias. En cuanto al precio, cada artista tiene su "cache", dependiendo de su experiencia, de su carrera o curriculum profesional, eso es algo que sucede en todas las áreas y parece ser que esta asimilado y no es motivo de critica (en otras áreas, pero como siempre, en el arte todo es criticable) al igual también sabemos que cada galería trabaja con unos porcentajes. Otro aspecto que llama la atención, es como el columnista se atreve a arremeter contra el arte contemporáneo en general, basandose en la producción pictórica, reforzando la idea arcaica y caduca de la pintura como expresión superior a otras manifestaciones artísticas.

En mi opinión, la producción contemporánea se encuentra en crisis, pero en una crisis constructiva, que pretende redefinir el concepto de obra de arte, y busca nuevos caminos, nuevas formas de recuperar el acercamiento de la obra al publico, o nuevas formas de adaptar dicha producción al concepto de lo contemporáneo. La pintura quizás sea el medio mas agotado, hay quien dijo que la pintura había muerto, y lo que no se puede hacer para salvarla es intentar recuperar la maestría renacentista. Hay infinidad de otras propuestas muy serias, interesantes y coherentes con la sociedad contemporánea, que quizás mereciesen mas el espacio de una columna en dicho periódico.


No sabemos si efectivamente hay un noventa y tantos por ciento de transeúntes a los que el arte le parece una tomadura de pelo... que se sepa, hasta ahora nadie se ha hecho ese trabajo estadístico. Eso sí, sin duda hay fraude en todos los niveles en los que actualmente interviene la economía.

No parece que haya molestia o incomodidad en el hecho de que se haga y ejercite la crítica y se señale el fraude, cuando lo hay. Es lo que se espera, lo que esperamos.

Nos gustaría que si al sr. Verdú le parece que el Arte que él ve expuestol es un fraude haga una crítica seria y exponga su idea con razones e intente, por lo menos demostrar, en donde está el acierto de uno y otro artista, o en dónde está su fraude (o timo), si lo hay.

O incluso, no sé si esto es mucho pedir, -si tanto le importa lo económico- que haga una crítica a la manera en cómo se gestiona la economía del arte y de la cultura...

Eso estaría muy bien... Sin embargo, él no lo hace. Y muy lejos de esto, en su artículo, se dedica a plantear ni siquiera, sino a sugerir alevosamente- el porqué un artista cotiza más que otro. O porqué una galería de arte vende más caro. Y esto, dejémoslo claro es lo mismo que preguntarse porqué unos zapatos cuestan más que otros o porqué una marca tiene una imagen y gasta tanto más que otra. Tan absurdo y paradójico como es todo el sistema capitalista.

Yo diría, que la actitud de Verdú, no es ni negativa ni malintencionada, mucho menos destructiva... diría más bien que no dice nada y que desaprovecha "ingenuamente" el espacio que se le da.

Porque vamos, para decir eso, mejor no decir. Se le queda un poco corto al medio.

Queremos leer razones, si realmente tiene algunareflexión crítica que la exponga.

Lo esperamos no sólo de él, sino de muchos transeúntes que engrosan el porcentaje de los visitantes a las galerías o a los museos, que compran libros, que de verdad se hacen preguntas y se cuestionan... y no esperamos que nos hagan insufribles ... afirmaciones sin contenido alguno, o a lo sumo listas de precios de supermercado sugerencia de en donde comprar mejor y más barato.



Coincido plenamente con el comentario de Mikaina, la de Verdú es una nota que nada dice porque sus dichos se aplican a cualquier rubro en el sistema capitalista, y no solo dentro del campo cultural.


No nos debe asustar un comentario dirigido a aquellas personas que no entienden el mundo del arte. Él tampoco sabe de arte y su texto expresa sus carencias, dadle tiempo y estudios.
R.


Respecto al "ataque" de Vicente Verdú no hace falta ninguna defensa, salvo que se nos tome a los lectores como si fuéramos menores de edad.

Cuando no se desprecia la supuesta inteligencia ajena, no se necesitan "directores", ni defensores, ni salvadores, ni en una ni en otra dirección.


Está claro. Muchas personas siguen pensando que el arte es una especie de Arcadia y que el artista es el Tarzán de esa isla donde todo es "natural" y comprensible. Si se les preguntara a esas personas cuando fue la última vez que acudieron a una exposición seguramente ni lo recordarían. Una anécdota. En un programa de TV preguntaban al concursante" Futbolista del Barcelona cuyo apellido comienza por I, natural de Albacete" La concursanta dijo "paso palabra" y se oyó un clamor general por parte de los espectadores. La cara del presentador no dejaba dudas. Por eso está claro que los propietarios de la información son los medios de comunicación y que son sólo ellos los que deciden qué debemos saber y que no.


Veo completamente justificada una defensa publica de un articulo en un periódico con una tirada como es la del Pais, un articulo que ha decir verdad se basa en estereotipos para aquellos que sin ser menores de edad no sabemos demasiado sobre arte contemporáneo, y que por ello, no somos menos inteligentes.


¿Paradigma de actitud negativa, malintencionada y destructiva?
Acostumbrados como estáis al panegírico perpetuo de artistas y galerías, en cuando alguien os pellizca un poco, enseguida afilais los cuchillos.
El problema es la actitud conformista del público que muy pocas veces se atreve a decir lo piensa sobre la gran cantidad de basura que se le ofrece.


No acabo de comprender porqué le parece mentira al autor de "Nuevo desprecio hacia el arte actual", que "un periódico como El País" se haga eco de las opiniones de uno de sus más conspicuos colaboradores. Tampoco sé muy bien qué se espera de El País y qué autoridad se le concede para que las opiniones vertidas en sus páginas produzcan sorpresa y/o indignación, ¿el número de ejemplares que vende a diario?
Las razones de Verdú para deplorar las muestras de arte contemporáneo a las que se refiere están suficientemente explícitas en un breve texto como el que se comenta y pedirle más supone esperar que publique un ensayo al respecto, cosa que puede que haga sin que esto suponga algo de especial interés por muy malintencionado que resulte. ¿A quién le importa?
Quien tuviera "bemoles" para contestar con emociones sería(improbable caso) alguno de los visitantes de tan poco frecuentadas galerías decidido a ejercitar su derecho a una opinión no obligatoriamente razonada,y la expresión de la escueta o prolija emoción ante la supuesta obra de arte, sería igualmente lícita.
Lo de los precios, en efecto, forma parte del sistema de modo que bien puede uno comprarse zapatos Gucci con borlas en el empeine o botas negras con pespuntes blancos en Los Guerrilleros o cuadros divinos y emocionantes de la monja Guerra en la Galería Sokoa o banalidades vanguardistas en la Malborough.
Ya hace medio siglo que Manzoni enlató mierda de artista debidamente etiquetada y numerada algunos de cuyos ejemplares alcanzaron precios astronómicos, porque el número de los idiotas es infinito, Eclesiastés, 1,15.


Lo que Verdú sostiene, una vez más, es que el emperador va desnudo, como lo hizo antes Alan Sokal respecto del uso de metáforas científicas en la escritura de muchos pensadores contemporáneos. Y, por supuesto, los sastres tienen que salir en defensa de su producto ilusorio. Quizás su primera piedra, desafortunadamente breve y periodística, merece un desarrollo más amplio. Lo que está en juego es la burocratización de las vanguardias, la dictadura de los críticos y curadores por sobre los espectadores e, incluso, los mismos creadores y, sobre todo, la mercantilización galopante del arte, cuya estética se comprende hoy más bien por los sensacionalismos de la prensa amarilla, otro gran negocio, con pautas muy similares, que por la forma, la expresión o la tan vilipendiada belleza que, desde luego, no representan negocio alguno.


Conozco desde hace mucho el talante intelectual de Verdú. Por ello dudo que se trate de una pamplinada destiana a "destruir" o cosas parecidas. Su texto va en la dirección de una mirada deconstruccionista de mitos y coartadas de nuestra cultura mcdonalizada. De todos modos habría que tomarse el asunto con calma y establecer un mínimo de registros para que la discusión no derrape al puro insulto.


Sin duda, Vicente Verdú habla desde el más profundo desconocimiento del mundo del arte actual (entresijos variados) y de la historia del arte, pero tampoco le quitaré toda la razón de fondo en algunas de sus cuestiones.
El mundo del arte a nivel internacional es comparable a cualquier industria cultural, en la que incluso gente como el propio Verdú tiene cabida.
Hoy en día, cada vez más gente crea o genera cultura y ésta no escapa, en la mayoría de las ocasiones, a los dominios del sistema y sus lógicas. Una vez ahí, pues tienes desde Bisbal hasta Mattin, pasando por The Field.
Cada uno, desde sus conocimientos, bagaje, potencial crítico y posicionamiento con respecto a la cultura elige su trinchera y decide qué camino tomar, generando unos intereses a los que se aferrará contra viento y marea en el mejor de los casos.
En el fondo, el mundo del arte, no deja de tener las mismas perversiones que cualquier otra industria cultural. Simplemente puede que sea un mundo más reducido y endogámico, más elitista y por consiguiente menos accesible a todos sus niveles. Mucha de esta inaccesibilidad pasa por el desconocimiento previo de un mínimo de historia del arte contemporáneo, como debe ser el caso de Verdú.
Para "los elegidos", este magnífico microclima, acaba siendo un campo abonado perfecto para campar a sus anchas, en la mayoría de las ocasiones, apoyados por dinero público, en el caso español en concreto.


Hola, sería interesante Fran que enumerases, aunque fuese brevemente, cuáles serían esas "propuestas muy serias, interesantes y coherentes".

Quizás la pintura ya no se use tanto, pero el dibujo, ¿qué opinais del dibujo como base? Parece como si fuese imposible que desapareciese alguna vez, es como si pensásemos en que desapareciese la palabra. Claro que cada vez se escribe más con la máquina, y lo mismo podría pasar con el dibujo.

Por otro lado parece que hay expresiones con los objetos, en los que no interviene tan aparentemente ni el dibujo ni la palabra, pero algo subyacente hay ¿no?


Tratar de artística cualquier manifestación pictórica por el simple hecho de exponerse en una "galería de arte" es como tratar de literatura cualquier escritura por el simple hecho de ser publicada (o leída). Los "cultos" en el arte (= en la vida) como Verdú saben manejar el factor "tiempo".
1.- Se ven cosas que se saben basura por mucho tiempo que pase o por mucho que cambien el rumbo de la humanidad.
2.-Se ven otras que hay que mantenerse a la espectativa y poner en cuarentena la crítica personal basada en prejuicios personales para que formen parte del bagaje. En éstas el tiempo las va situando hasta darles carta de identidad. Admiten crítica pero cuanto más se critican más se abona el terreno donde se asentarán. En definitiva, no huelen mal como las primeras. Se situan en un abanico de futuro interesante.
3.- Se ven, finalmente, las que enamoran. No admiten razonamientos. Te emocionan. Son un espejo en el que te ves formando parte del mundo. Añaden identidad a tu existencia. Alegran tu vida, te dan placer....

Verdú está hablando de las primeras que hay muchas. En el fondo critica el criterio de los "entendidos" que las escogen para mostrarlas en sitios privilegiados cuando son anodinas, productos -seguramente- de un autor desvinculado con la pasión creativa, un mercenario del ego, de la vanidad, del dinero, del aburrimiento....

¿pero es que nadie ha visto las exposiciones para hablar "artísticamente" de ellas?


Todas estas discusiones son solo una prueba más de la imposibilidad que tiene el hombre de apartarse del fenómeno del arte. Así ha sido a través de la historia. ¿Más caro o más barato? ¡Qué más da!
El arte no ofrece mensajes, ni contenidos: ofrece incógnitas que ponen a sentir, a pensar, a obrar. Las galerías podrán estar vacías…¡pero el arte despierta pasiones!


Hay que saber que Verdú pinta, y su obra está tan poco actualizada como su pensamiento sobre el arte: http://www.elboomeran.com/nuevo-contenido/166/galeria-de-cuadros-de-vicente-verdu/



Resulta interesante que en toda la Web este sea el único articulo con comentarios, 17, ni mas ni menos. Esto implica que el arte no ha perdido su potencial, el arte genera debate y con ello produce conocimiento. Esta búsqueda de definiciones entre la “basura contemporánea”, esta producción de ideas es, desde mi punto de vista, el mejor instrumento del arte actual.


Patética respuesta corporativista:
http://www.iac.org.es/carta-al-director-de-el-pais-acerca-del-articulo-de-vicente-verdu


La respuesta del instituto de arte contemporáneo no me parece patética. me parece necesaria, hay que apoyarla e incluso creo que llevarla un poco más lejos, y unir más voces en contra del atropeyo mediático que se ejerce desde ese periódico.


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