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Febrero 14, 2010

GPS 1 - JUAN FRANCISCO FERRÉ

heather-graham-talks-the-hangover.jpg LO VIRTUAL. País de espías (Spook Country). La nueva novela de William Gibson, una trama techno sobre la paranoia de la localización global, con un contenedor ilocalizable y su valioso contenido como obsesivo objeto de búsqueda. Alrededor de este nódulo contemporáneo se reconstruye un mundo difuso, situado entre lo real y lo virtual, lo material y lo tecnológico, siguiendo la premisa de que el ciberespacio (“See-bare-espace”) ha comenzado a exteriorizarse, permitiendo una contemplación desnuda del espacio real. Un mundo alucinante poblado por artistas como Alberto Corrales, creador de un localizador virtual de celebridades muertas. Un casco galáctico y un dispositivo GPS bastan al usuario para ver el cadáver de River Phoenix caído en la acera del Viper Room. Un aparatoso monumento a Helmut Newton al pie de la autopista donde se produjo su accidente mortal. Scott Fitzgerald padeciendo un ataque cardíaco en un antiguo café suplantado por una megatienda Virgin como alegoría cultural de nuestro tiempo. Crípticas señales funerarias por los miles de muertos de Irak. Cruentos hologramas que ocupan un repliegue del espacio visible. El espacio local recupera así el poder de resucitar el tiempo muerto de la historia como inserto visual en el presente. Tiempo muerto o tiempo de los muertos, país espectral, presencia siniestra y fantasmal aguardando aparecer de ese modo tenue que propicia la mediación de la tecnología. El lugar ya no es sólo un lugar en esta configuración contemporánea. Es el enclave de una intersección visionaria. El umbral del acontecimiento espectacular que conecta cualquier punto aislado con la totalidad de la que forma parte. Arte (multi)locativo. Todo espacio local se ha vuelto ubicuo y deslocalizado en potencia. Toda estética es, de por sí, geopolítica. Esto sólo quiere decir una cosa. Una cosa importante. El presente es el futuro.

LO REAL.

Interrogar la cultura de masas es una de las mejores formas de entender lo que está pasando en este dominio. En cuanto a la problemática supervivencia de lo dionisiaco en la sociedad de consumo no conozco mejor expresión reciente que la película Resacón en Las Vegas, de Todd Phillips. Su título original, irónicamente más sobrio, The Hangover (La resaca), ya advierte del alcance ideológico de la propuesta. La mañana después de una despedida de soltero en Las Vegas toca a una parte de sus protagonistas reconstruir paso a paso, a partir de los indicios más salvajes e incongruentes, una hipótesis veraz sobre lo sucedido. Un tigre de Bengala en el cuarto de baño, una gallina paseando a sus anchas por la lujosa suite del hotel como en una película terminal de Buñuel, uno de los invitados casado con una atractiva stripper, etc. Al eludir la orgía en sí, la juerga brutal que se corrieron y de la que no guardan ningún recuerdo en apariencia, es donde la película logra su gran efecto especulativo. Nunca se había mostrado con tanta crudeza en una representación mayoritaria cómo eso que llamamos vida normal, cotidiana, doméstica, es la resaca inconsciente de la “verdadera vida”, el vómito o el residuo producido por el exceso dionisiaco de la víspera, un subproducto domesticado de la lujuria desbocada o el desbordamiento instintivo. Y esta vida de los sentidos, por su misma desmesura, resulta perfectamente irrepresentable. Sublime y abyecta al mismo tiempo. Literalmente impresentable. De ahí que al final, gracias a una cámara fotográfica olvidada en el fragor de la correría, protagonistas y espectadores tengan, al menos por una vez, la oportunidad de fisgar en las instantáneas furtivas de esa noche orgiástica. Destellos entrevistos en la pantalla del visor de una experiencia irrecuperable excepto en fragmentos inconexos. Signos parciales de una vitalidad grotesca. Cosificada y devaluada como garantía fantasmática de un modo de vida adocenado. Otra mitología de baja definición.

Enviado el 14 de Febrero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Desde mi punto de vista, la parte mas interesante en este juego dionisiaco entre la realidad y la ciber-realidad, es el papel kafkiano de las televisiones como controladores de masas en la lucha contra un futuro (progreso) irrefrenable. Las reglas de juego se dilatan, y la diversion aparece como un factor inquebrantable.


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