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Febrero 23, 2010
La fotografía como proceso constructivo y documento al fin - Alain Cabrera
Pasaron tal vez un par de semanas, quizás tres para ser más objetivo, cuando el que se creía crítico decidió consultar la versión digital del suplemento cultural del diario guatemalteco La Hora, donde aparecía una Tentativa ensayística… que, desde una visión propia, intentaba, entre otras ideas tratadas, abordar desde la diferencia a la fotografía y la poesía, algo para nada descabellado pues, teniendo en cuenta que aunque ambas pueden ser tributarias, incluso interrelacionarse, también son disciplinas con un universo independiente cada una, pero ojo, hay que tener en cuenta desde donde se mire y hacia donde se quiera llegar. El caso es que desde ese momento quedó en desacuerdo con algunos señalamientos que el autor de aquel texto presentaba. Un amigo, en un desborde crítico también, ya había destacado en otro texto aparecido el 23 de enero en el mismo diario ciertos criterios en discrepancia con aquellos comentarios anteriores, entonces, al supuesto crítico no le quedó otra que añadir, desde su perspectiva más personal, otras acotaciones al respecto. Es algo que debería consultarse.
Ignoraba cuánto dominio tendría el autor de aquella Tentativa inicial acerca del arte de escribir (la poesía), tampoco le interesaba averiguarlo, pero de lo que no le cabían dudas era que aquel no tenía la más remota idea respecto a la labor que desempeña el fotógrafo, y sus amigos que como afirmaba sí lo eran, tampoco le aportaron datos sustanciales y suficientes para que divagara sobre algo que absolutamente desconocía. Entonces, el lujurioso crítico, escogió una reflexión del sobrado autor como punto de partida para discrepar «al fotógrafo no le es viable inventar la materia prima de su obra pues debe salir a buscarla en la eventualidad…» lo cual consideraba insuficiente y generalizado además.
El amigo ya aclaraba en su contesta al autor sobre el cierto grado de «casualidad» que puede influir a la hora de tomar una fotografía, además de que el fotógrafo debe estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno con el dedo en el obturador, como vulgarmente dicen, también debe jugar la premeditación en todos sus sentidos pues como aquel autor señalara en una claridad sin precedencia, este se rige por una estética visual ya que trabaja con imágenes las que suelen devenir de ideas en muchos casos para nada azarosas. Sobre esto, seguro estaba, no debía haber dudas. La historia de la fotografía recoge infinidad de exponentes que no necesariamente habrían de partir de lo fortuito y eventual, sino que además, de una u otra forma y de acuerdo a los intereses que mediaran, se tomaban su tiempo para construir y lograr imágenes antes soñadas. Ya ese amigo citaba como ejemplos fehacientes a Ansel Adams, Robert Capa, René Burri, a los cuales era necesario adjuntar para mayor visualidad a Dorothea Lange, Henry Cartier Bresson, y así la lista sería interminable.
Para nada pretendía, ya que no lo consideraba necesario precisamente por la vacuidad e irrelevancia, entrar en un debate teórico-semiológico sobre el tema, lo que sí quería apuntar como elemento nuevo a tener en cuenta era la importancia que ha de concedérsele al carácter procesual que también tiene esa manifestación. Todo el proceso de conformación para llegar a la obra «in situ», desde la más abstracta idea que luego se va concretando, estructurando, componiendo, etc., hasta llegar al producto final, el que se exhibe y testimonia todo aquello que se hizo antes para crear la pieza. En fin, y es en lo que casi nunca nadie repara cuando se detiene a mirar una fotografía, más allá de parecerle bien o mal formal y/o conceptualmente esta es la documentación de todo un proceso creativo que se materializa según las necesidades de expresión del artista.
Nada más cercano a la realidad y por ende a la definición de «serendipia» que según el autor de la Tentativa… aparece en Wikipedia; y que versa algo así como aquella casualidad, coincidencia o descubrimiento al que por suerte arriba el artista para complementar la abstracción-materialización de un algo técnico-práctico, supuestamente.
El apócrifo crítico que, por demás, nunca ejerció la profesión pues con eso se moría de hambre, al final se sintió en la obligación de darle las gracias al autor por aquellos intentos sediciosos y financieros al respecto de las diferencias de métodos de trabajo entre un poeta y un fotógrafo o sus respectivos oficios, lo cual hizo que se decidiera a escribir. Sus conocimientos tal vez básicos de fotografía unidos a lo que sabía de historia del arte le indicaban sobre la carencia de sentido del texto cuando de creación se trataba. El sentido lógico mostraba tan sólo un camino, si lo fundamental es que el producto siempre será el mismo sin importar los factores.
El debut del altanero crítico no sería siquiera un éxito y de hecho pasaría inadvertido a los ojos del gran público pero en su interior se sentía ilustre, feliz de su incursión. Ahora difícilmente dejaría pasar la oportunidad de leer todo lo que tuviera delante, y jurarse que como Don Quijote a los molinos de viento, arremetería contra todo lo que no concordara, siempre que tuviera suficientes y bien fundados juicios y argumentos. Lo sentía, en su interior se había despertado un monstruo.
Enviado el 23 de Febrero. << Volver a la página principal << |
