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Febrero 09, 2010
LA VIDA ES UNA FICCIÓN EXTRAÑA - MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ
Originalmente en La vueta al mundo
Entrevista a Juan Francisco Ferré*
-¿Por qué Providence y no otra ciudad?
El nombre mismo era importante, y el hecho de conocerla, así como la vida de Lovecraft. Esa ciudad centenaria, fundada en nombre de la libertad religiosa, representa el corazón del corazón de ese experimento utópico y, sobre todo, económico y tecnológico llamado América…
-Algo que llama la atención en la novela es su gran extensión, 587 páginas, junto a su gran ambición con una estructura muy peculiar. ¿Cómo fue tu proceso de creación de la novela?
Primero tuve la revelación de una idea, fulminante, una cuantas conexiones y asociaciones insólitas; luego una concepción lenta y una escritura muy rápida. En menos de tres meses, tenía más de mil páginas escritas. Lo peor fue la reescritura, el montaje. En cualquier caso, durante este último período, interminable, se me hizo evidente una verdad que se declara en las páginas finales: “toda creatividad es disfuncional, toda inspiración un mensaje destinado a otro mucho mejor dotado que alguien intercepta por error”.
-El protagonista, Álex Franco, director de cine, comparte apellido con dos directores de cine español. ¿Hay algún cineasta cuya obra haya podido inspirarte como modelo para tu personaje, más allá de los actos poco ejemplares en los que participa tu personaje?
Hay un homenaje a Jesús Franco, sobre todo. El famoso Jess Franco, director de muchos nombres, aficionado al horror, la pornografía y los extremos estéticos del pulp y el trash, como reverso libertario del otro Franco, el gran represor histórico. Más allá de esta broma nominal, no hay ningún director real en quien me haya inspirado. Pero como creador quien me inspira es Buñuel. Uno de los grandes artistas españoles de todos los tiempos, para mí sólo empatado con Cervantes…
-Respecto a tu anterior novela, La fiesta del asno, cuyo protagonista es un etarra, y ésta, situada en Providence, ¿cómo evalúas tu evolución como escritor?
En cierto modo, Providence culmina toda mi trayectoria como escritor. En ella están los motivos y recursos de mis ficciones anteriores, potenciados al máximo gracias a su interacción e interferencia promiscua en el campo de juego de esta novela insaciable que pretende pulverizar, sin ningún complejo, los límites estéticos e intelectuales de la novela española de las últimas décadas.
-Providence recoge diversas reflexiones sobre cine, y comparte con tu anterior libro, Metamorfosis®, un homenaje a la película Tiburón de Steven Spielberg. ¿Hay otros guiños cinematográficos, otras infiltraciones cinéfilas, en la novela?
Providence es, como ya he dicho, un viaje cinematográfico al fin de la noche americana, con lo que hay todo un repertorio de gestos, referentes y actos que proceden del cine de Hollywood. Y, más allá, una vasta filmoteca que abarca todos los géneros y los subgéneros con objeto de describir una realidad compleja mediatizada por la primera tecnología imaginaria de la historia. Como novelista parto de la idea creativa de que el designio del cine, desde su invención, ha sido “crear una mitología artificial que actuara como alma de la tecnología”. La vida se ha ido pareciendo cada vez más al cine y el cine a los videojuegos, fenómeno que la literatura no puede ignorar sin poner en riesgo su credibilidad artística. Me he valido de las técnicas espectaculares de algunos directores favoritos (Lynch, De Palma, Tarantino, Cronenberg, los Coen, entre otros) para dar más fuerza y atractivo a este planteamiento…
-La figura de Michel, el hermano triunfador de Álex, planea como una sombra, un tanto acomplejadora, sobre el protagonista. ¿Pensaste en hacerlo personaje, en darle una presencia activa en la trama?
No, en la medida en que el conflicto familiar entre Álex y Michel (en maliciosa alusión a Michel Gondry, que fue publicista antes que cineasta) sólo busca expresar la diferencia entre un arte utilitario al servicio del capitalismo como la publicidad y la idea inútil del arte como apego creativo a la intensidad subversiva de la vida que, a su manera escandalosa, encarnaría Álex Franco. En el fondo, he escrito una novela sobre la libertad del artista en el siglo XXI. De ahí la ironía y el pesimismo…
-La figura de Lovecraft protagoniza un puñado de páginas. ¿Hasta qué punto es decisiva su presencia en la trama?
Lovecraft es un espectro que aparece de forma transversal en la novela, desde el epígrafe inicial hasta su transformación posterior en serial-killer de videojuego, como una personificación de la América más puritana y reaccionaria. Es la encarnación de la dimensión gótica y siniestra de la realidad americana que acaba devorando a la novela y a su protagonista.
-“Esto no es un juego. Esto es la realidad” es el lema publicitario del videojuego Providence. ¿Aspira Providence, la novela, a poder ostentar el mismo lema?
El eslogan de la novela podría ser, más bien, este otro: “La vida es una ficción extraña”. Y me permito citar, como comentario, la continuación de esta línea, una de sus ideas detonantes: “Y como tal podría bastarnos, es cierto, si otras peligrosas ficciones no estuvieran parasitándola desde el principio con su insidioso atractivo”.
-Hay un momento en el libro en el que Álex dice “¿Ya estoy en Providence? ¿Es eso lo que significa este bombardeo mortal de imágenes sin sentido, esta sensación de deriva, de abatimiento, de desarraigo, compensada por esta comezón irritante, este goce indefinible? ¿Serían éstos los síntomas nerviosos que anuncian el acceso a un nuevo nivel de realidad?”. ¿Aspiras a que estas palabras puedan abarcar también la propia novela?
Desde luego coinciden con la experiencia de escribirla. Quizá también de leerla. Depende de cómo interpretemos el papel del videojuego en los distintos niveles de la trama…
-Sorprendentemente, la novela tiene un importante elemento ciberpunk, de fusión del cuerpo con la tecnología. ¿Hasta qué punto te parece importante la filosofía y la estética ciberpunk y por qué crees que es tan marginal en las letras españolas de las últimas décadas?
La estética ciberpunk es menospreciada aquí por la misma razón que la ciencia ficción. Cualquier historieta archiconocida nos parece más interesante que una historia que incorpore una trama condicionada por la tecnología. A mí me parece que un narrador actual no entiende nada del mundo mediatizado en el que vive si no cuenta, al menos como metáfora, con alguna idea, componente o situación que provenga de la intersección del mundo humano con la tecnología que está redefiniéndolo de modo radical. Para afrontar la realidad contemporánea con ambición descriptiva, como pasa en Providence, es necesario apelar a todo el arsenal de ficciones que la cultura atesora, y una de las ficciones más potentes del presente, en la medida en que altera por completo nuestra comprensión de la realidad, la proporcionan la ciencia y la tecnología. Es un futuro posible el que está empezando a infiltrarse en la vida cotidiana de cualquier ciudadano del siglo XXI, y de esto también da cuenta Providence con indudable sentido del humor…
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*Juan Francisco Ferré (Málaga, 1962), crítico de SUR, ha sido finalista del Premio Herralde 2009 con su novela 'Providence'. Una pesadilla tecnológica y psicológica de gran complejidad, una parábola implacable sobre la tiranía del deseo, una recreación perversa del mito de Fausto. Charlamos con el autor sobre su creación, editada por editorial Anagrama.
Enviado el 09 de Febrero. << Volver a la página principal << |
