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Agosto 14, 2010

La Conservera: La broma infinita - Jesús Andrés

Originalmente en Ceci n'est pas un cahier

The+record+is+not+over+yet.jpg Kristoffer Ardeña

"Homage", la pieza de Kristoffer Ardeña es una videoinstalación. La proyección se realiza en la pared frontal de una gran sala rectangular, el Espacio 1. Para verla se ofrecen multitud de sillas todas ellas diferentes. Butacas, sillas de enea, de bar, playa o campo, sillas plegables, de plástico, metálicas, de madera, mecedoras, balancines o sillitas de niño. En la pantalla transcurre en un bucle sin fin la interpretación del himno nacional filipino a cargo de bandas de rock, cantautores, orfeones y hombres orquesta, con improvisaciones más o menos elaboradas, realizadas a solicitud del artista.

Las sillas aluden a un público heterogéneo, a un abanico de posibilidades. La música reconsidera los conceptos de unidad y nacionalidad.

Los asientos han sido cedidos por los residentes en Ceutí, localidad en la que se ubica La Conservera. Los músicos también pertenecen al entorno del Centro de Arte.

Una pequeña muestra de la población del planeta ya sirve como ejemplo de diversidad. Y de la equivalencia, mismo valor, entre individuos o comunidades sea cual sea su origen. Por encima de su origen.

Este asunto ha sido ampliamente investigado por Nicolas Bourriaud quién propone la traducción frente a la colonización. Para el francés se trataría de tratar de comprender las realidades ajenas estableciendo las similitudes y diferencias con las propias. Tal como hacemos cuando traducimos otra lengua a la propia para poder comprender el mensaje, sin obligar al emisor a utilizar nuestro idioma.

La obra de Ardeña está en esta línea, pero reforzada por el carácter simbólico que tiene el himno de representación de una identidad.

El artista, de origen filipino, desuniforma el himno. Lo desacraliza. La interpretación del himno es diferente cada vez. Lo que en sentido contrario hace suponer una ausencia de una única identidad. Un valor simbólico carente de referente real.

Su partitura no es un libro sagrado, y aún así las sagradas escrituras, las de cualquier religión, tienen sus doctores, agrupados en diferentes escuelas, que aportan diferentes lecturas, aunque se proclamen todas ellas únicas y verdaderas. Y aún más importante, no hay un modelo de interpretación en función de la procedencia de los músicos. A pesar del reducido ámbito de su origen.

Si recordamos, el mismo Glenn Gould, reconocido estudioso de Johann Sebastian Bach, dejó la interpretación en directo para dedicarse a grabar. Legó para la posteridad dos versiones diferentes de Las Variaciones Goldberg. El máximo conocedor del himno no consiguió fijarlo de modo inamovible. No pudo dar con la VERDADERA versión de LAS VARIACIONES.

Las máquinas repiten, nosotros inventamos cada vez. Pero necesitamos libertad. Libres de cantar o no, como nos venga en gana. Libres de sentarnos o no, en la silla que prefiramos. Y poder cambiar de canción y de silla, cuantas veces lo estimemos oportuno.

Quiero imaginar a una anciana –las había, qué espléndida inauguración- que prestó su silla, y con ella prestó su modo de ver el mundo. Cuándo fue a la inauguración de la exposición, para guardar el equilibrio mientras miraba el vídeo, puso sus manos en la alta silla de bar que un joven había sacado de su cocina. Este permaneció apoyado en la pared, mientas su pareja era acogida por la silla de enea de la anciana. A la salida, tras ver algunos de los nuevos himnos, cada uno se fue musitando sus pensamientos como tarareando en una broma infinita a la que es imposible poner coto, ni final.

Pero… ¿y si el himno dado a interpretar improvisando hubiese sido el español, español, español,…?

Aïda Ruilova

El artista presenta dos trabajos. En una sala una película, Goner, nos obliga a reconsiderar los términos de agresor y agredido. Una joven sufre un ataque violento en una habitación blanca. Hay un mobiliario anodino de colores claros con una par de notas rojas y una cama en forma de corazón. Escuchamos el sonido de los tremendos golpes que sufre la joven. Tan alto y nítido que hace daño. Vemos y oímos la sangre salpicar contra la pared. Ella es golpeada, arrastrada, empujada. No conseguimos identificar al agresor.

¿Es quién lleva la cámara? ¿Mira ella a la cámara y somos nosotros el agresor? ¿Somos nosotros los que llevábamos la cámara y ahora contemplamos la grabación? El autor consigue que no veamos la acción como una ficción, como una película, sino como un hecho real. Mientras ella está jadeando apoyada contra la pared, un cuchillo atraviesa la pared y su mano. Grita. Siguen los golpes. El cuchillo con una mano invisible corta tu talón. Hay pequeñas manchas de sangre en su ropa y en la alfombra. El cuchillo atraviesa su estómago. Una vez. Y el sonido se nos ha grabado en la mente. Luego mientras vemos su cara y oímos de nuevo el mismo sonido ya sabemos que es otra puñalada. Ahí está. Clavado. Ella misma se lo saca.

Se arrastra hasta la cama. Abre los ojos. Su cara está limpia de sangre. El bucle continua.

¿Quién es el agresor? Todos los posibles. Ella soñándolo, ella agrediéndose, nosotros permitiendo el sueño, nosotros agrediendo, nosotros soñando,... y sobre todo, nosotros, ella incluida, permitiendo ese espacio de agresión que es nuestro mundo. ¿Quién es el agresor? Todos los posibles. Tu también cuándo lo permites.

El segundo trabajo del artista, The Singles 1999-Now, es una videoinstalación formada por once monitores negros e idénticos, colocados sobre pedestales rectangulares blancos de diferentes alturas. Los monitores salen del fundido en negro alternativamente, unas veces uno y otras varios, en una secuencia sin fin. Su aspecto de monolitos que hablan sin importar quién escucha ya da una idea del problema de la comunicación que plantea el artista. Las secuencias, cuasidadás, son absurdas como fragmentos de un zapeo sobre películas de intriga o terror. Discos arrastrados, guitarras pisadas, movimientos en las escaleras, rejas, acentuados por el sonido que las acompaña, son más ritmos que imágenes. Los escuchamos más que los vemos. Descontextualizados, son palabras en frases sinsentido. Están al servicio de la música y no al revés. Forman parte de la composición sonora. Visto así los monolitos son altoparlantes. Y cuya colocación preconfigura la de una audición más que la de un visionado.

Eduardo Balanza: Arqueología de las pistas de baile.

La primera pieza a la que se enfrenta el espectador al entrar en el Espacio 4, es una pila desparramada de vinilos. Un charco negro de más de 600 según reza la hoja de sala. Sobre ellos un luminoso de neón con el mensaje “The record is not over yet”. Parece querer decir que podemos seguir apilando discos, canciones, himnos.

A su lado, sobre un pedestal, un busto de Ludwig van Beethoven, en cerámica esmaltada, con una extraña pasta dorada sobre el pelo y grafitis en la espalda. Esta pieza es similar, y probablemente un guiño, a una de Jeff Koons de 1988, titulada Michael Jackson and Bubbles. El americano utiliza un medio en desuso en el arte contemporáneo para exaltar la figura de un ídolo, y Balanza, utiliza ¿un objeto encontrado? para contar la historia de la música de un golpe visual. Todo se va acumulando sin jerarquía. Al lado de los discos, seis grandes fotografías de otros tantos ídolos de la música. Podemos verlo como un altar frente al que cantar sus salmos y a la vez como una muestra al azar, Fabio, Hendrix, Cohen, Debbie, de las posibles VARIACIONES.

En un rincón de la sala, en formato chapa-pin, quince retratos de Jackson, abarcan desde que era de color y tenía la nariz ancha, hasta que fue incoloro y puntiagudo.

Partiendo del mismo imaginario, la cultura urbana, la música pop, encontramos tres estantes en la pared que reproducen en cartón diferentes modelos de calzado. Esto es una vuelta de tuerca al juego en torno a la sociedad de consumo que desarrolla el artista. El cartón es un material que se recicla. Mientras que las obras de arte tradicionalmente están hechas para durar. Los zapatos ya están en una segunda vida del cartón. Recicla, no corras, se diría pervirtiendo el conocido eslogan.

En otro pequeño espacio encontramos una reproducción en cartón de una sala de baile: los altavoces, la mesa de mezclas, cables, enchufes, barra de bar, surtidor, pilas, grifos, armarios, neveras, sillas, sillón, lámparas y hasta la esfera de espejos. Todo realizado en cartón. Nos lleva a pensar en el reciclado como una representación y simultáneamente un nueva realidad. Establece un diálogo entre la ficción y lo real.

En la sala superior del Espacio 4, Balanza ha dispuesto un mosaico realizado con carátulas intervenidas. Las portadas de los discos LP, han sido pintadas y ahora incorporan mensajes, algunos realizados con fieltro que sobresalen de la bidimensionalidad de la pieza. Las frases explicitan de modo irónico las connotaciones sexuales o mercantiles de las poses de los intérpretes. Es el lenguaje paródico de la televisión.

En la sala suena el zumbido entrecortado de una radio buscando sintonía, acompañando a reproducciones de radiocasetes ampliados a escala humana. Están realizados en metacrilato transparente con detalles de neón de diversos colores. Llama la atención el contraste entre la reproducción en cartón que sugiere sostenibilidad y la construcción en metacrilato y neón que pone el acento en la diversión inmediata. Ambas posturas surgen de la investigación de un mismo contexto, luego corresponde al espectador encontrar su punto de equilibrio, de consumo responsable, sin excluir el mercado del arte o la cultura urbana. Es el espectador el que tiene que buscar su posición crítica.

Assume Vivid Astro Focus: Aquí vivimos atisbando fantasmas.


Ésta es la primera individual en España del colectivo avaf, y es magnífica. El Espacio 3 muestra una única construcción central junto con cuatro enormes figuras hinchables. El conjunto está iluminado desde del suelo por focos que alternan luz, oscuridad y luz estroboscópica.

La construcción, de unos siete metros de altura, es accesible. Esta totalmente recubierta de vinilos con fotografías e infografías, con formas figurativas o abstractas, pixeladas o nítidas, en colores brillantes y vibrantes, y también algún fragmento en blanco negro, incluso texto utilizado como imagen. Cientos de llamativos mensajes coloristas resuenan como una sinfonía a pesar de que en realidad sólo escuchamos el zumbido sostenido que infla las figuras. Mientras accedemos a la construcción y subimos sus dos pisos, la identificamos como un zigurat, una torre, La Torre de Babel, en la que todas las lenguas posibles están representadas. La variación de la luz acentúa la diversidad. El suelo pintado en blanco y negro se hace indistinguible con el constante cambio lumínico, y no sabemos, si está formado por escalones o es una rampa. No existe tierra firme. No hay seguridad en la apreciación. El interior de los balcones es de vinilo plateado brillante como un espejo que añade nuestra propia imagen al conjunto.

Casi tan altos como la construcción, las muñecas o muñecos o lo que quiera que usted quiera que sean, se mantienen erguidas por la presión de los ventiladores conectados a los tubos de sus piernas. El constante flujo de aire las mantiene derechas y vibrantes con sus brazos alzados por cuyo extremo sale el aire haciendo flamear sus manos de flecos de colores. Parece que bailan, joviales pero firmes y seguras, como guerreras dueñas de su futuro.

Son de colores alegres, vivos, y tienen todos los sexos posibles. Una muestra el pecho plano y otra caído, otra redondo y otra picudo. También tienen penes de diferentes formas y tamaños, incluyendo uno doble, acompañados o no de testículos. En una predomina el color negro, en otra llama la atención su boca y otra tiene otras bocas en los tobillos. Son simultáneamente habitantes, sacerdotisas y diosas, de este maravilloso mundo pagano, donde todo es posible, todo se comunica con todo, no hay jerarquía alguna y todo el saber conocido está representado. Yo quiero vivir ahí.

El sonido es el hilo conductor del 5º ciclo de exposiciones de La Conservera. Cuándo falta el sonido la sinestesia nos lo sugiere: colores chillones o zumbidos como colores complementarios. O bien mediante sus reproductores: radios, discos, altavoces, músicos. Rápidamente identificamos y memorizamos todos los sonidos: golpes, punzadas y arrastres. Pero el mensaje es el de la diversidad. La traducción necesaria en ella. La interpretación de la comunicación. En suma, y como recuerdan, la frase “La grabación no ha acabado todavía”, la radio buscando en el espectro, o las variaciones de las interpretaciones, es La Broma Infinita –David Foster Wallace, 1999- a que nos aboca la condición posmoderna.

La conservera: V ciclo de exposiciones
Centro de arte contemporáneo
15 julio a 24 octubre 2010
Murcia

Enviado el 14 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

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