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Agosto 18, 2010

Agnes Heller: "Terminar con las tradiciones es uno de los desafíos más grandes" - Adriana Carrasco

Originalmente en Ñ

heller.jpg Sobreviviente del Holocausto y de la represión estalinista en Hungría, lo que a Agnes Heller más le llama la atención de Buenos Aires son las viejas construcciones. Le resulta maravilloso estar en una ciudad que nunca fue tocada por la guerra. Sin embargo, no le interesa hacer filosofía urbana. Caminar le permite escaparse un rato de los cafés universitarios y de las discusiones sobre el uso de los términos en la ética contemporánea.

Heller pasó muchos años enseñando en Australia y en Nueva York, y desde hace un tiempo se instaló nuevamente en Hungría. A los 81 años sigue corriendo con la ventaja de que no pueda ubicársela más que fragmentariamente en alguna de las corrientes filósoficas del siglo XX. Durante algunas décadas ella misma se consideró una intelectual marxista. Perteneció a la Escuela de Budapest (que se propuso ejercer un pensamiento crítico para "reconducir" al socialismo hacia su democratización) y fue discípula y ayudante de György Luckács, destacado filósofo y crítico literario marxista.

Después llegaron el desarraigo obligado y los destellos de la posmodernidad. Pero no hay forma de confundirse. En su irónica manera de martillar las palabras aún se esconde cierta pasión de barricada.

-¿Cómo se le ocurrió estudiar filosofía y, particularmente, ética?

­Fue por accidente. Estudiaba Física, pero mi novio era estudiante de Filosofía y me convenció de que lo acompañara. Me llevó a una clase de Luckács pero yo no entendía una sola palabra de lo que estaba diciendo, así que pensé que eso debía ser ciencia y no puramente blablá. Pensé: "esto es lo que necesito entender, mi vida depende de que yo entienda esto". Así que dejé las clases de Física y me metí en Filosofía.

-¿Cuál es la diferencia entre la filósofa marxista de antes y la actual? ¿La actual está más cerca de los liberales?

­Solía describirme a mí misma como marxista, pero después de un tiempo encontré mi teoría de la Historia. Abandoné el punto esencial del discurso marxista: el concepto del progreso histórico, la gran narrativa. Si una se rehúsa a la gran narrativa, toda su filosofía va a quedar reorganizada. Puedo decir que mi filosofía cambió, pero no puedo hablar de una ruptura.

-¿Este cambio tiene que ver con la irrupción de la posmodernidad?

­Desde ciertas experiencias históricas empezamos a entender la modernidad de manera diferente.
Ya no aceptamos una única y exclusiva verdad. Desde la posición moderna todos sabían exactamente cómo eran las cosas. Ahora sería: "Yo creo esto, esto es la verdad", pero eso es una seguridad personal.

-¿Se sigue considerando una filósofa de izquierda?

­Sí, pero no creo que la Filosofía sea de izquierda o de derecha. Soy una ciudadana y estoy del lado de la izquierda. Pero la Filosofía no tiene un sitio en el parlamento.

-¿Podría hablarse de una ética en sentido universal?

­La pregunta es siempre cuál es el contenido del bien y del mal. Este contenido cambia según las culturas. En la cultura europea republicana democrática moderna se acepta el punto de vista universalista sobre la ética. Pero la ética no es empíricamente universal.

-Estoy pensando en un personaje de su generación. El Che Guevara y usted tendrían hoy casi la misma edad. Su modelo de acción en algún punto sigue vigente para muchos jóvenes latinoamericanos y no parece tener mucho que ver con la adscripción a los valores de la cultura europea republicana.

El Che Guevara es un aventurero interesante. Él hizo en política lo que otros hicieron al descubrir el Polo Sur o el Polo Norte. Concretó una gran aventura al unirse a la Revolución, como médico era muy útil. Provoca gran admiración que no se haya trenzado en las luchas por el poder. Ha sido un hombre que vivió una buena vida, muy interesante como tema para una novela. Una suele enamorarse de los hombres que se exponen al peligro. Pero políticamente para mí no quiere decir absolutamente nada.

-Muchos jóvenes aún piensan como ideal en una revolución marxista-leninista de corte guevarista.

El leninismo es lo peor que le pudo haber pasado al marxismo.
Lenin inventó el partido totalitario, modelo que fue seguido incluso por los nazis. Marx habría sido el primero en protestar, porque él como persona era un anarquista. Lenin tampoco habría aceptado a Guevara, porque el Che era su propio modelo.

-¿Es posible seguir pensando en una revolución?

­Si vamos a hablar de revoluciones, la única gran revolución en la modernidad es la de las mujeres.
No es una revolución política sino un cambio constante de formas de vida. Terminar con las tradiciones es uno de los desafíos más grandes.

Enviado el 18 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

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