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Agosto 28, 2010
Comunidad y emancipación / Pensamientos sueltos - María Virginia Jaua
El primer pensamiento es el de que la emancipación es un impulso hacia la existencia, un acto casi obligado, tras recibir la nalgada inaugural.
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Resulta una curiosa coincidencia que dicha nalgada sea propinada con la palma de una mano. Así -y muy desde el comienzo- el poder simbólico de la mano se revela doble: otorga lo que en principio deberá conservar y reclamar como suyo.
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Principio de negatividad: no deja de sorprender la relación intrínseca entre la emancipación y la mano: lo que da y lo que escatima, lo que guarda, lo que oculta... existen un gran número de refranes y dichos populares que sería redundante repetir.
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La emancipación se muestra como una condición inmanente al ser. Como un primer gesto de lo que se ha dado en llamar biopolítica, o que con otras palabras podría constituirse como una fuerza arcaica (quizás anterior a la existencia) por medio de la cual, una vez se ha elegido el ser por encima de la nada, el saber es puesto en función de un bien individual y colectivo.
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La emancipación sólo puede darse desde una toma de conciencia, es decir desde el distanciamiento crítico.*
No es posible permanecer eternamente en una emancipación. La vida es una una interminable cola de asuntos emancipables que atender.*
Liberarse del fluir del tiempo, -esa masa informe de la que ignoramos casi todo, por ejemplo si ha tenido un inicio como si habrá de tener algún final- ha sido siempre algo apremiante y antiguo; incluso es posible que haya surgido con la aparición de los primeros dispositivos utilizados para medir el tiempo: el sol, el agua, el fuego.*
En los tiempos modernos, de urgencia y escasez, se ha soñado con la emancipación de los relojes: imagen bucólica del paraíso... utopía de rebelión en contra de las máquinas.*
Al igual que un espasmo intestinal, el impulso emancipador es imposible de predecir e imposible de controlar. Sin embargo, a diferencia de éste, y como otras dolencias puede resultar contagioso. En algunos episodios históricos, la emancipación -a pesar de la represión y la censura- ha logrado diseminarse y salvar enormes ditancias geográficas en una suerte de inspiración expandida y telepatizada, imposible de explicar.*
Casi podría decirse que entre ese impulso vital tenso -como el arco antes de expulsar la flecha hacia su destino- y su logro, hay una liberación entrópica de energía: pura creación y dispendio.*
La energía entrópica del obrar también conocida como fuerza potenciadora, lo que en la Teoría de los afectos, Spinoza llamó en tono muy simple una pasión feliz, o sea matemática.*
Cada emancipación -ya sea del ámbito íntimo o por el contrario, que pertenezca a la esfera pública- concentra la suerte de potenciar y suscitar efectos liberadores en cadena, o quizás sea mejor llamarlos: en cascada.*
“¿Es posible imaginar un arte que no esté comprometido? ¿que se emancipe de la historia e incluso del mercado? ¿o al menos intente a hacerlo?” –se siguen preguntando algunos teóricos de la autonomía y la emancipación.*
Emancipemos a nuestro prójimo como nos emancipamos a nosotros mismos, -podría ser un precepto de libre adopción.*
La emancipación íntima supone una autosuficiencia, que en el fondo sabemos insuficiente. Es necesaria como una primera condición; sin embargo, sólo cumple su promesa cuando comulga, es decir, cuando organiza una comunidad en el sentido que le da Blanchot, que leyó a Nancy que leyó a Bataille: la inconfesable y secreta comunidad de los que carecen de alguna.*
Habitar en los márgenes de la emancipacipación sería algo parecido a dar vida a una casa a la que se amuebla con mucho esmero, pero que en lo más íntimo uno sabe que una vez concluida se tendrá que abandonar.*
El de la emancipación es también un ejercicio altamente adictivo. El placer que produce es casi tan grande como el de escuchar el latir del corazón amado: un arrebato.*
Sin darnos cuenta, constantemente atravesamos zonas temporalmente emancipadas, y nuestra vida es una lucha constante contra nuestra propia inclinación a abandonar el territorio ganado e ir en pos de nuevos descubrimientos.*
De cara a la muerte lo único que resulta imposible es emanciparse del sentido del humor. Al encontrarnos frente a una situación marcada por un límite categórico, sólo un humor retorcidamente negro y descreído puede ayudar a emanciparse incluso de uno mismo, de la construcción del sujeto a la que -como respuesta obvia de negación ante lo único absoluto- resulta imposible no aferrarse con desesperación.*
El grado cero de la emancipación sería entonces el de la libertad del pensar. El libre pensamiento en el que aquí ya se ha insistido [1] : si hay emancipación, sólo podrá ser aquella que nos emancipe del servilismo al que nos somete un yo, entonces y solo entonces se podrá empezar a hablar de lo que será vida... y se esmerará en afirmarla.*
Si tal promesa nos es dada, al igual que un don, -sin haber sido pedida- solo podrá respondérsele con un humilde: Ven.--------
[1] Léase José Luis Brea “El pensamiento libre”
Enviado el 28 de Agosto. << Volver a la página principal << |

Comentarios
Yo me quedo con el último mensaje: Ven.
comentario de: Clotilde enviado el Agosto 29, 2010 11:39 AM
Si!
comentario de: esther planas enviado el Septiembre 3, 2010 04:35 PM