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Agosto 30, 2010

Tocar el cuerpo de la palabra | SOBRE LA OBRA DE AHMED MATER - Marcela Quiroz Luna

I remember I remember the sound Of ringing like the athan of prayer In narrow road of village It was the sign of clear sky Like predicted rain without cloud I leaf the door prevaricator I remember All deferred things are NOW (1)

ahmedmater_b_4.jpg Ahmed Mater (Abha, Arabia Saudita, 1979) ha declarado que sus piezas hablan sobre la confusión imperante en el sentir del individuo contemporáneo. Sus manos, manos médicas, saben tratar el cuerpo tanto como saben hacer discurrir entre elegantes —y a veces políticamente irónicas— composiciones visuales multimediáticas el decir sobre el cuerpo.

Por el conocimiento que le ha permitido el desarrollo de su profesión, Mater no sólo entiende sino que vive en y entre la distancia que sobre las palabras inventan la corporeidad y sus sustancias; palabras y sentencias ante las que el cuerpo hace por defenderse y en ocasiones, logra incluso rebelarse.

Mucho se ha escrito —especialmente a partir de la década de los 90 del siglo XX— sobre las distancias y estados de relación que habitan entre el cuerpo y sus discursos. La escritura de la historia y la teoría del arte contemporáneo ha encontrado evidencias para seguir los rastros corporales en la expresión estética desde los estudios literarios, la teoría crítica, los estudios culturales, la antropología, la sociología, los estudios de género, las ciencias biomédicas… Este listado de bifurcaciones interdisciplinares podría seguir y seguir si bien por una sola razón: somos incapaces de escapar a nuestro cuerpo.

“Materia y memoria” —tal cual rezara el título de uno de los mejores estudios de Henri Bergson— sería una entendida y poética forma de decir en condensación eso que somos; participando de una absoluta eficiencia en enmudecedora claridad es también lo que dicen las obras de este talentoso artista árabe contemporáneo.

Su serie Iluminaciones entabla un sensible diálogo entre esas dos ‘valencias operativas’ de la existencia humana —materia y memoria— sobre la reminiscencia invista del cuerpo develado hasta la médula. Obras en las que recupera la tradición iluminativa de los manuscritos religiosos del Islam, constituyen en sus ‘páginas’ la alabanza inicial en bienvenida a un universo enarbolado por la palabra, situando al centro, no un juego caligráfico, sino el germen representativo de unicidad universal –el esqueleto como esquema ordenador. Mater utiliza las radiografías mal tomadas, mal enfocadas y desechadas de sus pacientes para conferir en su entorno una pausada y seductora elaboración visual destilando de la pintura y la caligrafía árabe sus elementos.

Preparando el cuerpo del lienzo como se prepara un cuerpo para enfrentarse a una cirugía cuando ha encontrado la muerte, Mater suda sus telas con tintura de infusiones, café y jugo de granada. El peso específico que la absorción de estas mezclas acuosas le confiere a sus superficies hace imperar sobre su presente el tiempo sumado de una tradición. La luminosidad que ancestralmente se ha logrado sobre el papel y las telas que habrán de recibir la escritura es lo que el artista ha querido traer consigo al rescate de este proceso artesano. El trabajo de Mater está fuertemente vinculado con los raíces de su cultura tanto como su mirada y entendimiento están enraizados en el funcionamiento interno del cuerpo.

Acostumbrado a escuchar los silencios y rumores del organismo vivo y enfermo, Ahmed Mater replica los tenores del cuerpo en condición expuesta como proceso de elaboración de cada una de sus piezas. Aún si ignorantes del sentido de la escritura (acaso sólo sabiendo que en sus obras replica textos religiosos y médicos tradicionales como el Corán y el famoso estudio anatómico de Henry Gray de 1918) (2) hay un decir absoluto entre las imágenes radiográficas y sus contornos caligráficos visible a toda mirada independientemente de su contexto y bagaje cultural. Invirtiendo el espacio designado en la tradición del libro manuscrito de las recitaciones, el espacio central de las piezas de Mater está tomado por las imágenes de luz que hacen los rayos X comunes. Ese plano principal que en otras condiciones y contextos sería reservado para el decir de la palabra escrita al discurrir de sus conocimientos y verdades, en el caso de estas obras se ha invertido privilegiando el espacio para el decir de los torsos anónimos. Una afrenta al ordenamiento no-representativo del mundo en el Islam. El cráneo y la columna vertebral al resguardo del omóplato y el ramaje costillar encuentran en eje las clavículas y el principio de su articulación con el húmero en ambos costados. Estos son los ‘trazos’ de sus obras ejes que rigen sitio y dimensiones. Sobre los bordes de la imagen Mater escribe, recuerda, recupera enseñanzas y sabiduría de otros tiempos y otras manos.

Es el ejercicio de la práctica médica aquello que pone en juego el artista, ese ‘hacer’ sobre un cuerpo otro desde la intuición, destreza y conocimiento asimilado por el cuerpo propio. Un hacer respetuoso y decidido como el del cirujano; entendido y preciso como el del especialista; articulado y estético como el del hombre cuyo impulso vital reverbera en la obra de arte. ¿Cómo es que se establecen en su obra las relaciones entre el discurso médico y religioso sobre el cuerpo como representación de la ‘estructura básica’? ¿Qué clase de encuentros prometen las pulsaciones vitales que contiene tanto la imagen radiográfica como el trazo caligráfico? ¿Queda de ello una ‘memoria’ esencial sobre la ‘materia’?

Atendamos un solo ejemplo para atisbar el orden de estas relaciones. Como hemos dicho ya, la escritura que rodea los torsos radiográficos de Ahmed Mater recupera trazos en árabe propios de la escritura de manuscritos religiosos, entre ellos aquellos símbolos cuya aparición en la enseñanza y su lectura indica el tiempo en obligación de una reverencia como pausa y enlace entre el rezo y el gesto activo del cuerpo. La aparición de estos caligramas entre los bordes de sus imágenes conduce y destina la postura —no la del cuerpo cuya imagen delinean a distancia— sino la del cuerpo que tienen enfrente. Ese cuerpo que es el del espectador encuentra sobre la obra la referencia de una acción íntima y acostumbrada al tiempo de alabanza. Ahora, (im)postrado ante ella en el espacio de una galería, el organismo expectante se ve casi obligado a ignorar su instrucción pasando por alto el mandato de la tradición para permanecer de pie frente a la obra y frente al cuerpo expuesto de aquel cuya imagen inservible funciona ahora como ventana incierta sobre la condición de su pasado. En el desencuentro que generan el espacio y tiempo desplazados de esta referencia cultural como designio escritural-corporal, Mater desenvuelve la posibilidad de señalar los velos que hilan las diferentes texturas entre el saber del cuerpo y su experiencia viva.

Enunciados ahora sobre la condición espectral de la obra de arte en que se constituyen, las palabras cuya existencia se hubo acostumbrado por siglos a decirle al cuerpo el tiempo de su actuar no lo hacen más, limitándose a encontrar apenas el espacio que su trazo necesita para hacer suyo un poco de aire en el compuesto de la imagen. El ejercicio de poder y mandato se ha revertido delante de sí mismo haciendo de aquellas imágenes radiográficas ‘mal tomadas’ el nuevo y definitivo centro de significación.

Recursando el encuentro de relación entre el cuerpo y su ‘materia’ representativa en la impresión por contacto de los cuerpos azules de Yves Klein y las huellas en tierra del cuerpo de Ana Mendieta —por sugerir sólo algunos posibles vínculos con la historia del arte occidental desde la que esta pluma y mirada deviene— las sobreexposiciones esqueléticas de Mater hacen al cuerpo (en su auto-presentación quizá más descarnada en su ‘desnudez’) en un estado de impresión virtual cuya evidencia da cuenta de las formas del tacto tecnológico sobre un cuerpo virtualmente ‘intocado’ pero aún profundamente violentado.

La violencia sutil de esta relación penetrada y desconocida entre el cuerpo enfermo y su diagnosis la asume Mater en una de sus mejores obras a la fecha —Prognosis. En el cuerpo una y mil veces violado de una hoja de papel carbón sobre la que se han escrito al tiempo decenas de prescripciones clínicas cifrando el destino de muchos hombres y mujeres desnudados y al amparo del decir de esas mismas líneas, la pieza de Mater opera como compartiendo el silencio siempre avergonzado que contemplan la confesión, el diagnóstico y la sentencia. Como rasgos fantasmagóricos, las palabras encimadas componen un paisaje saturado y vanamente legible trivializando (no sin una cierta crueldad) uno de los rituales médicos más simbólica y operativamente ‘densos’ —la escritura y entrega de la prognosis.

Anticipar el daño en la esperanza de prometer el hallazgo de su remedio es aquello que enerva el diagnóstico escrito. Con el peso irreversible del ser penitente, un par de manos tensas frente al cuerpo que le pronostica serán receptáculo de su propio futuro anticipado y casi resuelto entre algunos nombres, cantidades y dosificaciones. La Prognosis de Ahmed Mater cuyas veladuras opacas esconden su propia grafía revierte la temida condensación de este proceso de estructuración discursiva. En su lugar, el médico-artista decide seguir las sombras de lo que en otros cuerpos hubo ya sido o aún espera confirmarse, para entregarnos el resto de una memoria común. Es la memoria del cuerpo sano que, aún cuando fatalmente diagnosticado, intenta recordarse.

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notas

(1) Texto citado de http://blog.ahmedmater.com/?page_id=242

(2) Participando acaso de una “lenta secularización de los textos quránicos, una prognosis para el artista del futuro en un mundo destruido por falsificaciones en interpretaciones del Qurán (Al Qur'ān)” como lo ha señalado el Dr. Georg Gugelberger. (comunicación personal junio 7, 2010)

Enviado el 30 de Agosto. << Volver a la página principal << | delicious

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