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Septiembre 28, 2010

Esclavos del software - César Ustarroz

digital_images_w_s.jpg ¿Y si por un momento recuperamos la premisa más reproducida y reciclada de la historiografía de los medios de comunicación emitida por McLuhan, y la aplicamos a las emergentes manifestaciones paleoartísticas que manan de las nuevas tecnologías?

Las distintas variables que los nuevos medios de creación audiovisual adoptan en su simbiosis con la industria y el mercado, provocan de forma exponencial metamorfosis del horizonte mediático en todos sus niveles estructurales. Por lo tanto, apenas nos cuesta trabajo distinguir que el abrumador desarrollo tecnológico persigue como prioridad la explotación de nuevas vetas comerciales a la vez que expande el lógico devenir monopolístico de los grandes trust del software; se trata de un progreso científico-técnico encorsetado por la continua obsesión por captar un mayor número de consumidores ahora disfrazados bajo la etiqueta de “usuarios”. Asistimos a un incesante bombardeo de nuevas aplicaciones informáticas junto con sus respectivas actualizaciones al servicio del “librecreador” que habita la era postmedia.

En esta conjura de procesos que se suceden a un frenético ritmo, ligeramente se reflexiona sobre la renovación del lenguaje audiovisual, la exploración de nuevas narrativas o la aparición de nuevos recursos estéticos y estilísticos que puedan generarse con estas herramientas. En definitiva, se hace necesario cartografiar continuamente el mutable mapa de la imagen digital. Tales certidumbres quizás exijan ser contempladas desde unos enfoques analíticos y fenomenológicos de mayor entidad que nos revelen hacia qué territorios nos conducen los nuevos medios o dispositivos de creación audiovisual.
A la vez que una revolución tecnológica nos invita a sumergirnos en sus casi infinitas posibilidades creativas, nos vemos obligados a permanecer en la superficie para poder insuflar aire de nuevo y comprobar, con cierto desasosiego, que la actualización ha transformado nuevamente el paisaje tras la última inmersión, condenando a un lejano pasado su anterior versión. La estética de la imagen queda impuesta por la irrupción en el mercado de un nuevo paquete de actualizaciones listas para su descarga. Alerta. Consecuencia inmediata: se impondrá una tendencia en el diseño de la imagen que sólo se romperá al reemplazar las ya obsoletas aplicaciones para acabar reestructurando y reorientando las preferencias del creador o, mejor dicho, diseñador del objeto audiovisual, del propio objeto artístico y de los espacios de enunciación.

Cualquier herramienta de creación audiovisual, sea cual fuere su morfo, y que se encuentre al mismo tiempo (perfectamente) imbricada en la esfera de la contemporaneidad, en la era digital, posee la virtud de responder a las necesidades del mercado tanto como este último replica, recíprocamente, a las innovaciones técnicas que los nuevos medias despliegan. Nos explicamos. El usuario también se encuentra condenado a exigir nuevas aplicaciones; la tecnología y la ciencia ofrecen sus propuestas. Consideremos por un momento estos elementos casuísticos situándolos en cualquier orden o posición de la fórmula; obtendremos, sencillamente, un círculo que se retroalimenta sin cesar. Obviamente no aportamos nada nuevo, pero subrayamos la proteica evolución de los nuevos medios de producción audiovisual en los que las demandas de consumo del usuario son atendidas à la carte; se trata de un fenómeno, por no definirlo como un síntoma recalcitrante, que adquiere unas connotaciones evolucion!
istas que el propio Darwin no dudaría en catalogar y describir como seres vivos en su génesis y posterior comportamiento.

Sigamos la estela que disponemos en este artículo de corto recorrido hacia las sinergias que nos ofrecen la confluencia entre innovaciones tecnológicas destinadas al diseño de la imagen digital y las corrientes artísticas que se originan.

En cierta medida, el conocimiento y dominio del medio con el que se trabaja, resulta indefectible para sujetar firmemente las bridas de una técnica que hoy, más que nunca, exige maximizar la transpiración frente la inspiración en la gestación del objeto artístico. Debemos prospectar el amplio espectro de alternativas expresivas que llegan de la mano de las nuevas herramientas sin someternos a éstas ya que, de alguna manera, la cultura audiovisual puede quedar oprimida por el desarrollo tecnológico en vez de servirse de éste como instrumento que le haga fluir hacia planteamientos más creativos y heterogéneos.

La vertiginosa velocidad con que estas alteraciones se reproducen, acaba por condicionar el mensaje que el objeto audiovisual pretende transmitir (siempre que ésta sea su intención), el cual, finalmente queda subyugado a la forma. Nos encontramos ante un panorama en el que, incluso los espacios de enunciación artística que acogen propuestas de corte alternativo, muestran una desmedida fijación por acoger aquellos trabajos diseñados con la última paleta de efectos. Proyectos que también acaban adaptando su naturaleza para sobrevivir en circuitos tales como los festivales especializados. Ahora amanecemos frente a una cultura del software que impone, ya no tan sutilmente, una realidad -su realidad- en el diseño de la imagen digital.

Enviado el 28 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

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