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Septiembre 23, 2010

¿Todas íbamos a ser machis?/Ignoras la complejidad de mi vínculo contigo, España - Francisco Godoy Vega

gabriela_mistral-192.jpg “tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo".
Carta de Gabriela Mistral a Doris Dana (22 de abril de 1949)

¿Cómo se puede plantear una exposición sobre Gabriela Mistral (Vicuña, 1889 – Nueva York, 1957) hoy en Madrid? Probablemente partiendo por preguntarnos quién fue ella, eso sí, más allá de los estereotipos femeninos y bonachones de educadora y madre universal. Fue antes que todo una mujer de profundas contradicciones: diplomática, poeta, activista de los derechos de la mujer y de la infancia, católica, vinculada al movimiento obrero y, tal vez, lesbiana. Pero además, al pensar una exposición en Madrid, habría que repasar su vínculo con esta ciudad: Cómo obviar un episodio de tan profundo conflicto y densidad como aquel en el que siendo cónsul de Chile y tras enviar una carta privada a unos amigos en que retrataba sus desavenencias con la sociedad española, ésta fuese publicada sin su consentimiento, ocasionando su salida del país en un plazo de 48 horas antes de ser declarada “persona non grata”. ¿Cómo plantear también una exposición de mujeres artistas, chilenas y españolas, sin considerar los claros problemas de género que Gabriela planteó y a los que se enfrentó, ya no sólo por su discutida sexualidad sino también por su posición reivindicativa sobre las políticas de la mujer?

La exposición que se inauguró el 14 de septiembre en el Museo de América, en estos dos sentidos, es un completo fracaso. Presenta a una Mistral amable, amorosa, digamos unidireccional, una Gabriela des-sexualizada, que elimina la erótica tanto de su poesía como de su profusa correspondencia con Manuel Magallanes Moure – a quien vio prácticamente dos veces en su vida – y con Doris Dana, probablemente la mujer a quien más quiso y a quien más cartas escribió.

Cómo dejar de lado, en España y como evento inaugural de las cansinas celebraciones del mal llamado Bicentenario chileno, su reivindicación de mujer mestiza y su fuerte interés por las culturas indígenas – siendo que muchas de sus desavenencias con España venían del menosprecio que sobre éstas se planteaba; y cómo olvidarlo hoy, cuando en varias cárceles chilenas decenas de mapuches se mantienen presos, por “terroristas”, en huelga de hambre.

¿Y por qué no poner también en cuestión a la misma Gabriela, con sus conocidos gestos racistas hacia los negros tanto en Brasil – culpándolos del suicidio de su “hijo” – como en Estados Unidos – cuestionando a las mujeres negras por su exceso de sensualidad –?

¿Por qué no mencionar además – de forma autocrítica y desmitificando su añoranza por retornar a su país – que tras ser la primera latinoamericana en recibir el Premio Nobel en 1945 (con la consecuente persecución patria para festejarla) no regresase sino hasta 1954? Tal vez allí se encuentre uno de los más criticables asuntos del discurso expositivo: en el paralelismo poema-pintura existe una ausencia de trasvasije, de desarraigo y de conflictividad tanto de Gabriela con Chile como de España con sus excolonias. El director de la Fundación Endesa, en la inauguración de la exposición, además de reclamar a Chile como su segunda patria tardía, mencionó que Endesa se ocupa de hacer luz en Chile, como la poesía. Y uno podría recordar que no hasta hace muchos años esa luz la hacía Chilectra, que esos teléfonos los daba Entel y no Telefónica, que ese banco se llamaba de Santiago y no Santander.

Esa tensión empresarial obviada se replica también en la contraparte pictórica de la muestra, en el olvido de la profunda y compleja situación de doble exilio, del franquismo y del pinochetismo: Dolores Walker, pintora chilena exiliada y mujer del comisario está presente en la muestra (sin duda una de las mejores obras), pero una Roser Bru, por ejemplo, catalana exiliada en Chile y quien realizó una excelente obra sobre la Mistral, no está presente. No existe diálogo ni disenso posible en una muestra tal donde la mujer pintora de caballete contemporánea recuerda más a los talleres de pintura para adultos mayores que a las prácticas contemporáneas de la pintura y otros medios visuales.

El pintor Carlos Vázquez – del grupo de artistas chilenos que se afinca en las inmediaciones de San Lorenzo del Escorial y que realiza las labores de curador/comisario de la exposición – al parecer olvidó que la Mistral vivió aquí mismo, que aquí sufrió la muerte de su madre y que tras su expulsión fue rápida y casualmente reemplazada en su puesto por un tal Pablo Neruda. Si, el mismo Pablo que en el mismo museo, el mismo pintor-comisario organizó una exposición-homenaje, Imagen de un Centenario. Pintores chilenos y españoles ilustran Neruda. No hace falta mencionar que la misma operación realizó luego con Vicente Huidobro.

Todas ibamos a ser reinas… titula Vásquez esta última exposición-homenaje; reinas que celebran la criolla independencia que por mucho tiempo ha negado las diferencias étnicas, religiosas, sexuales e ¡incluso plásticas! de un país que se sigue reinventando en el ícono, el modelo con nombre y apellido, digamos, en el monumento conmemorativo como si de un déjà-vu de 1910 se tratara. Obviando, claro esta, las prácticas políticas y poéticas que hablan desde las profundidades de las cárceles del que no tiene independencia alguna que celebrar. Pensemos mejor, que todas vamos a ser machis.

Enviado el 23 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

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