« Brune/Blonde - Paula Arantzazu Ruiz | >> Portada << | Pennebaker & Hegedus: comunión melómana - Covadonga G. Lahera »

Noviembre 08, 2010

Otra reseña del libro Pornotopía- Ana Llurba

Originalmente en Barcelona review

Beatriz Preciado. Pornotopía. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la Guerra Fría, Anagrama, Barcelona, 2010.

hugh2.jpg Cuesta imaginarse lo que era un playboy antes de Hugh Hefner. Y, después de su reinado durante más de cinco décadas, desde la mansión Playboy, costará aún más.

Sin embargo, la abultada biografía de affaires sexuales del célebre precursor del erotismo gráfico luce ramplona y deslúcida comparada con la sagaz lectura que hace Preciado de la “definición arquitectónica-mediática de la pornografía, la domesticidad y el espacio público” configurada en la marca Playboy.

Como producto de su investigación doctoral en Teoría de la Arquitectura, la ensayista dispone de la célebre publicación como laboratorio crítico para explorar la emergencia de un nuevo discurso sobre el género, la sexualidad y la arquitectura durante la Guerra Fría. De esta forma, Preciado analiza una prolífica producción de reportajes sobre arquitectura y proyectos de diseño publicados en Playboy, donde se evidencian nuevos códigos de representación de la masculinidad.

Códigos directamente ligados al interiorismo y la decoración. Y, también, oblicuamente relacionados con los hábitos sexuales de esos necios hombres blancos y heterosexuales que las feministas acusan de falocentrismo. Sin embargo, es interesante la forma en que la investigación de Preciado evita los lugares comunes del análisis sobre la pornografía y que señalan a esta industria como índice de la decadente sociedad occidental.

Al contrario, esta autora desplaza la mirada del contenido explícito de Playboy. Con ese fin, su tesis indaga en elementos presuntamente “accesorios”, tales como artículos y reportajes donde se plasma el modelo del ático de soltero, la cama giratoria, el club con habitaciones secretas, el zoológico privado, el oasis urbano o el jacuzzi escondido entre grutas subterráneas. Estos son analizados no sólo como los adornos barrocos de la vida del playboy, sino como parte del imaginario arquitectónico de la segunda mitad del siglo XX.

En tal dirección, Preciado indaga el devenir mass-media de la arquitectura, relacionando a los artífices del funcionalismo arquitectónico con Hefner y su proyecto empresarial:

“Mientras que, en la misma época, Le Corbusier, Philip Johnson o Buckminster Fuller utilizarán los medios de comunicación (cine, televisión, radio, etc.) como formas de producción y de representación de la arquitectura, Hefner entenderá la misma como la invención de formas y el diseño de un espacio interior como parte de un proyecto de expansión mediática de Playboy”(66).

Además, este nuevo discurso consistirá en la apropiación de los códigos performativos de producción de la identidad del arquitecto tradicional. Entre los cincuenta y los setenta, Playboy desarrolló toda una serie de entrevistas a Mies van der Rohe, Walter Gropius y Le Corbusier. Reportajes en los que Preciado indaga cómo estos arquitectos, figuras representativas del Estilo Internacional, devienen playboys, a contrapelo de la figura heroica del arquitecto moderno.

En el sentido inverso, Hugh Hefner aparece regularmente representado posando como un arquitecto (tal como lo ilustran las fotografías reproducidas en el libro), el constructor de una arquitectura del deseo, el artífice de una utopía sexual y urbana. Y, de tal manera, según la tesis de Preciado, se forjarían en la revista discursos innovadores acerca de la masculinidad.

Sin embargo, si como sostiene la ensayista, Playboy pone en cuestión tanto el orden espacial, viril y heterosexual dominante durante la Guerra Fría, lo más interesante de su tesis, es la revelación de una revolución a nivel doméstico, que modeliza las relaciones entre arquitectura y género.

Si literalmente, un playboy es un hombre “abierto” a múltiples experiencias, no exclusivamente sexuales, esta “apertura” suele hacerse extensiva a su representación como hombre de mundo, como aventurero cosmopólita en busca de nuevas hazañas en el espacio público. Y éste es el imaginario que representaban los magazines de la época destinados a un público masculino. Pero esto era así antes de Playboy.

Por eso, lo más contundente del trabajo de Preciado es su análisis del imaginario construido por la revista como revolucionaria colonización masculina del espacio doméstico. En tal sentido, la ensayista sostiene que Hugh Hefner, en batín de seda y pantuflas eternas, es el primer hombre público de interior del siglo XX. Y, de esa manera, su “pornotopía” emerge como una contranarrativa del sueño americano, configurando un hábitat opuesto al de la familia nuclear, como unidad de producción y consumo. Así, reclamando “a room for his own”(como señala la autora parafraseando el célebre manifiesto de la Wolf) la utopía pornográfica de Hefner pone en duda a la institución familiar, como matriz del imaginario nacionalista y americano.

Por lo tanto, en la indagación de este “masculinismo heterosexual de interior”, la lectura de Preciado “domestica” con agudeza y perspicacia, el imaginario y las representaciones cristalizadas del playboy americano durante la Guerra Fría.

Enviado el 08 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: