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Noviembre 23, 2010

El imperio y el colapso del Nosotros

Originalmente en mesetas.net

masas.jpg El Imperio es el Psicopoder, y tiene dos caras: Espectáculo y Biopoder.
(y tal psicopoder deriva entre otras cosas del marketing: «la Ciencia» de nuestra época.)

«Ahí donde la proletarización del trabajador es la racionalización de la subsistencia tal y como conduce al puro devenir mercancía de la fuerza de trabajo, es decir, del cuerpo, la proletarización del consumidor es la racionalización de la existencia en tanto que devenir mercancía de la conciencia, es decir, igualmente, su reducción a las condiciones de su subsistencia y su destrucción en tanto que existencia. […] Se trata de controlar los comportamientos de los cuerpos en tanto que consumen y porque consumen, y, por eso, los tiempos de conciencia devienen audiencias, constituyendo así una nueva mercancía.»

« … la sumisión de las existencias a los modelos comportamentales estandarizados del consumo prosigue el proceso de proletarización que había comenzado en el siglo XIX mediante la estandarización de los modos de producción. El consumidor es la nueva figura del proletario, y el proletariado, bien lejos de estar en vías de desaparición, es una condición que ha devenido algo de lo cual es casi imposible escapar.» [Bernard Stiegler. Mécréance et discrédit. 1, p. 60]

Esta va a ser nuestra consigna de base:

«El «imperio» es algo muy sencillo», y que hay que describir claramente, esto es, a la altura de la sencillez de lo que vemos que está ocurriendo.


Por una parte, lancemos una mirada «amplio-cultural» a nuestro asunto del imperio, «la cultura», etc.; para ello utilizaremos la siguiente cita, y recordando que es preciso tener en mente el «problema» del marketing, el espectáculo, etc. (va con comentarios entre corchetes). Se trata de separar tres fases en las cuales preponderaría —en cada una de ellas— lo siguiente: «acción, percepción, "símbolo"»:

«…las culturas arcaicas están centradas en torno a la acción, según una perspectiva de proyección hacia el porvenir [no es nuestro caso ya: hemos vivido un precedente arcaico en el proyecto del Progreso, pero se acabó, hablar de Progreso ahora es «arcaizante» (el 11-S pone un buen remate a esto, y como ahora veremos, con mucho más inri del que a veces creíamos)], las culturas clásicas [sigue Simondon] plantean percepciones, son esencialmente plásticas, constructoras de un objeto real, mientras que las culturas en su declive [interpretemos así los rasgos actuales en «nuestra cultura»: con su estética del terror y su cultura del miedo], en vez de incitar a la acción [sigue Simondon] o de instaurar percepciones de un real ordenado y planificado, pero no doblado [las culturas clásicas no harían un doble del real, supongo que quiere decir eso], producen [producimos, ahora] un universo de imágenes [como las manufacturadas del 11-S, donde los aviones fueron «pintados» por ordenador (para comprobarlo en un trabajo muy cuidadoso con todas las imágenes que fueron retransmitidas por las cadenas estadounidenses aquel día y los siguientes: ver el documental del que hablamos aquí (volveremos a poner una y otra vez este enlace)] que disfraza y enmascara el mundo sin unirse a él; se crea entonces una estética, es decir, no una manera de percibir, sino una manera de sentir [dice: éprouver, que es 'sufrir', 'ser afectado por', 'probar'…] las imágenes aportadas por el arte, o incluso de tratar al mundo en tanto que una reserva de imágenes [el Espectáculo del que hablaba Guy Debord, que ha llegado a límites insospechados].» (1965)

Por tanto, como vemos, vamos a seguir otra especie de consigna que se haya en Mil Mesetas, la de que «todo en el lenguaje son consignas».

Esta consigna y la descomposición de esa instancia algo «apocalíptica» que vamos va a seguir denominando «imperio» (relativo al psicopoder) servirán como primeras herramientas de prospección y sacudida.

Decimos «sacudida», porque los hechos son brutales y porque no hay vuelta atrás, es preciso elegir como nunca antes, elegir «versiones»… etc.

Hoy, gracias a cierta «libertad» de información en internet (esto es, la libertad de auto-ilustrarnos, de crearnos a nosotros mismos una conciencia y una práctica críticas —tal como nunca antes— de buscar nuestro modo de saber sobre los hechos de por ejemplo «la política»), hoy, lo que se nos revela sobre el poder y sobre «nuestro sistema» (sobre el psicopoder) puede ser directamente aterrador (pero el gobierno por el miedo es algo muy viejo, así que esto lo debemos invertir enseguida: debemos convertir el aparente obstáculo/crisis en medio (eso es la invención y eso es la individuación, particularizada al campo político, da igual), debemos estar al tanto de la especie de enorme Ilustración política que puede estar ocurriendo ya).

Podríamos empezar con ejemplos. Para empezar hay uno, en la sección A, que puede ser muy superficial, y que dejamos para una nota abajo1. Los Estados —y en general «el Estado»— son máquinas que velan por lo que ahora es el Imperio; éste está constituido por el Espectáculo y el Biopoder. Aunque los «ejemplos» que vamos a poner están todos relacionados (y la tarea de este escrito es entre otras la de establecer y buscar relaciones) vamos a citarlos ya:

En el caso del Espectáculo por ejemplo trataremos de los «atentados del 11-S». En el caso del Biopoder queremos citar el caso de la gripe, de la «falsa» enfermedad llamada sida, así como por ejemplo de la plasmación de esta sociedad de control que ocurre en el tema de las Semillas (venta, patentes, etc.).

Pero quizá el nombre para la imposibilidad de la que hablaba Stiegler en la cita del principio es quizá el de 'Psicopoder', que aglutina como dijimos espectáculo y biopoder.

B. La doble cara de un Nosotros envenenado: Espectáculo y Biopoder

Espectáculo.

La invención de un Nosotros envenenado: el 11-S

Un mero ejemplo de tal «Espectáculo» que quizá supone simplemente la punta de un enorme iceberg… ocurrió cuando las cadenas de televisión emitieron desde Nueva York entre otras cosas la demolición de 3 las torres del WTC el día 11 de septiembre del 2001, en esa especie de falso atentado terrorista, en ese auto-atentado de las torres gemelas2.

Para poder hablar de este drama, y no necesariamente para suavizarlo; para poder hablar del drama que supondría todo lo dicho para nuestra «civilización», para lo que parece que quisiera quizá ser una «civilización»…, para hablar del drama que supone semejante uso de un cierto «falso terrorismo» a escala mundial, vamos a hablar como… ¡Stiegler! (un Bernard Stiegler del que recomendamos vivamente la versión que da de qué es la filosofía.)

Stiegler, este señor tan formal y normal nos dice que la política tiene que ver con un Nosotros. Este Nosotros —que siempre está en composición con los «Yo's»— sería algo donde realidad y ficción se indiferencian.

Ese Nosotros lo podemos palpar de forma bien patente en una conversación cualquiera donde alguien sienta cierta disonancia cognitiva al oír hablar de algo que le suena a «complot» (avisemos ya de que el capitalismo siempre fue un inmenso —una especie de— complot). Tal Nosotros se ve ahí tocado.

En este caso de falso terrorismo3 vemos cómo el 'imperio americano', que habría cautivado y cultivado con «su» cultura a casi todo el planeta con aquel «THE AMERICAN WAY OF LIFE» (consumidores, felicidad de la pareja ante el televisor tras un día de trabajo fuera de casa, a donde se ha ido gracias a un automóvil de motor de explosión, etc., etc.), que habría cautivado con ese «no sé qué» que ha sido transmitido principalmente via cine y televisión, el imperio americano, finalmente llega (diríamos que llega a un principio, el de poder declarar su final), en el 11-S, y termina intentando formar un Nosotros auténticamente catastrófico (ver también «la doctrina del shock», de Naomi Klein). Esto es, llega a formar ahí, con este espectáculo macabro, en directo, el del 11-S del 2001, llega a realizar una brutal y vulgar indiferenciación entre realidad y ficción que sería completamente venenosa, endiablada y que a su vez envenena —si es que no ha sido ya desde siempre eso el capitalismo (una catástrofe con patas), en tanto que catástrofe, en tanto que, como dicen D&G: es algo que se construye directamente sobre los flujos descodificados en tanto que descodificados.

¿Cómo es posible que hablemos tan en general de un «Nosotros»? Porque por defecto, nuestra costumbre (en muchos sentidos anticuada), esto es, nuestra relación con los medios ya-ahí, nuestro habitar en el mundo-ya-ahí con los medios de comunicación ya-ahí, nos ha instalado «en la cabeza», esa directora de nuestros actos y pensamientos (ambos siendo indisociables), entre otras cosas esa ficción del terrorismo del 11-S, una ficción destinada a nosotros y que por eso —y a veces solamente por eso— hemos ADOPTADO debido a nuestra costumbre, a un cierto tipo de frecuentación de un mundo —más bien, de algo que se pretende mundo, esto es, como destino, que cae con el peso del destino, que va más allá de aquello que podemos o no creer, ya que funda y fundamenta un Nosotros que se distingue precisamente por indistinguir ficción de realidad.

NOSOTROS: es decir, por ejemplo, eso que se hace cuando hablamos con cualquiera entre-nosotros…, nosotros, estamos POR DEFECTO criados en ese medio, en esos medios, en esa confianza, costumbre, modos de ver, de asentir… (todo ello, nos da ese Nosotros que nos permite, que funda y fundamenta cierto hablar-entre-nosotros).

Ese nosotros actual, que, decimos que para Stiegler es una indistinción entre ficción y realidad, es algo profundamente envenenado. Y decíamos que los nombres que durante la historia se han puesto a tal hecho son «Espectáculo», «Biopoder»… y, Stiegler, (en un gesto que para mí significa aglutinarlos, esto es, que yo puedo y quiero interpretar como un cierto aglutinar ambos), Stiegler habla de Psicopoder.

¿Qué particularidades tiene esa especie de Nosotros inventado en el 11-S?

Que se basa de forma directa, vulgar y brutal, en una indistinción entre realidad y ficción. Es obviamente cierto que murieron muchas personas, que cayeron las torres, etc., etc.; pero, como vemos en el documental ya citado (a estas alturas es imprescindible haberlo visto), en el trucaje de las imágenes del 11-S se muestran unos ataques que son en realidad ficciones literalmente dibujadas. Esto es, lo que no está tan claro es qué pasó con los aviones, pues para empezar pudieron ser misiles; aquello que nos pareció ver tan «claramente» (aviones estrellándose), y que se decía que eran supuestos videos amateur, estarían también trucados: las «autoridades», privadas y públicas (comandadas en este caso por el sector privado, los medios de comunicación, sujetos como sabemos a ese inmenso proceso de acumulación y centralización del Capital que llamamos capitalismo), habrían realizado una labor inmensa de filtraje y elaboración de todas las imágenes que rodean al 11-S. Para empezar, eso lo realizaron desde los mismos primeros segundos de filmación de los ataques, ya que existe un retraso (de unos pocos segundos) entre la emisión de los ataques y los ataques reales, los golpes reales a las torres —bien fueran misiles, bien aviones (aparte de la infame recogida rápida de restos —y al parecer su no investigación, en realidad, su no recogida—, de todas las pruebas y todos los restos de la zona-0, tras los «ataques»).

Y ¿qué pinta la filosofía en todo esto? Ver por ejemplo el texto de Stiegler «Pasar al acto», del cual querríamos elaborar algo —de entre otros textos— en el artículo que hay aquí sobre felicidad: «felicidad» porque cuenta algo muy sencillo sobre un ejemplo real, donde se daba un discurso que quería desligar completamente la felicidad personal y la política; ambas digamos que están ahora disociadas gracias entre otras cosas al Nosotros envenenado del que acabamos de hablar, y todo ello en general en una época llamada por Stiegler de la Desorientación.

E íbamos diciendo que los Estados son las máquinas de velar por el Imperio, constituido también por el…:

Biopoder.

Biopoder: Gripe y salud en general

En este caso otra mera punta del iceberg de esto llamado Biopoder la tendríamos en el intento de vacunación masiva contra la gripe A. Pero, insistamos, es una mera punta: para una mejor contextualización del concepto de Biopoder se puede comenzar por ejemplo por el siguiente artículo: Salud y rentabilidad económica. De cómo el poder económico y las influencias políticas dictan las pautas y líneas de investigación en medicina.

Sobre este tema, «la salud» en general, habría quizá que dejar bien claro ya algo sobre lo que mucha gente ya ha tomado buena nota: al parecer, en los años 1920 el Capital retiró de golpe las inversiones en la investigación de todo lo que había —creo que en los EEUU, y había mucho— en torno a la medicina que no estuviera directamente dirigido a la elaboración de algo químico, esto es, de un medicamento para que lo pudiera vender la industria farmacéutica; esto habría cambiado de una forma bastante brusca, y por completo, el panorama; con ello también hemos cambiado lo que entendemos por 'enfermedad', y, por supuesto, hemos dado pie a una explotación de las 'desgracias', convertidas en materia de tratamiento meramente químico…, y todo ello aparte de la general
«biologización ambiente» en que consistiría nuestro poder desde hace mucho tiempo —por ejemplo para Agamben.

Biopoder: Caso sida


Pero estos dos aspectos digamos que son dos caras de lo mismo: vivimos «en el mismo mundo», este mundo no está realmente partido entre biopoder y espectáculo, porque somos cada uno, cada 'conciencia', cada cuerpo, quienes conformamos el pasaje, la bisagra, entre ambos; podríamos decir que vivimos, como dice Stiegler, en la era del Psicopoder.

Recordemos que Espectáculo y Biopoder no son entonces otra cosa quizá más que dos caras de la misma 'realidad' compuesta por un Nosotros —indistinción entre realidad y ficción— envenenador y envenenado. No son más que dos caras de lo que podemos llamar «psicopoder».

Este 'ser bisagra' podemos contemplarlo muy bien con otra inmensa «punta de iceberg», muy espectacular: con el problema relativo a una especie de enfermedad escandalosamente «inventada», el sida, de la que ya hemos hablado mucho en individuacion.net; este problema del sida es un problema tratado de una forma particularmente amplia al final del texto de Jesús García Blanca, titulado: «El rapto de Higea (pdf)», texto al cual pertenece la foto en esta parte de la página. Allí, el sida es tratado como 'ejemplo' para las tesis del libro (ver también su: «SIDA: El genocidio silencioso del Imperio»).

Sobre «El rapto de Higea» he hablado con algunas personas para quienes este autor del libro, Jesús, daría un trato demasiado "paranoico" al asunto; pero hay que recordar aquí a Deleuze y Guattari, que venían a decir que, en el capitalismo, en estas condiciones sociales y materiales (la 'conciencia' está aquí incluida) dentro del capitalismo, la paranoia solo puede ser contrarrestada, si hace falta, con más paranoia: el capitalismo es indisociable de la esquizofrenia como proceso (ver «paranoia», más abajo).

Biopoder: Caso Semillas

En el tema de la semillas está ocurriendo una especie de «catástrofe» que normalmente ni conocemos. Si uno va al campo y quiere hacerse sus propias semillas para poder plantar sus plantas (para comer él mismo y/o para regalar o vender, tanto a amigos como a "enemigos"…), puede llegar a tener problemas. El tema de la producción de semillas está regulado como tantos otros: se favorece a grandes productores (el papeleo, la burocracia, es "altamente restrictiva", digamos: "represora"). Pero estos grandes productores siguen lógicamente la lógica capitalista del Mercado supuestamente «libre» pero para nada «libre» (libre es la palabra-consigna para una especie de guerra contra «el pobre» adecuada a nuestro tiempo, esto es, de una dimensión «inconsciente» capitalista, la nuestra, la actual): acaparar, monopolizar, centralizar.

Hasta se dan casos de prohibición de las variedades locales; es como si se pretendiera normalizar este campo de la agricultura al igual que está el de la circulación por carretera: al igual que en realidad "El Mercado" no te deja colectivamente organizarte con otros para hacer tu propio medio de transporte y salir a rodar por ahí, al igual que eso, se tiende a no querer que la gente haga sus propias semillas para poder tener sus plantas. Esto es una muestra de lo que se trata en el capitalismo: este sistema es algo con lo que los humanos llevamos mucho tiempo destrozando y aniquilando nuestros propios saberes-vivir y los saber-hacer, plasmados por ejemplo en el material genético de unos tipos de plantas/semillas que cada día desaparecen, y que hemos heredado y «construido» durante milenios. En este caso, además, se da la pérdida real de infinidad de tipos de variedades de plantas comestibles (tomates, manzanas, etc.), pérdida de sabores, etc. etc. Todo este material genético es la memoria de nuestras formas de vida, que, entre otras cosas englobaban un cierto convivir con las plantas de una manera no industrializada y por tanto no dirigida para El Mercado, el mismo «policía inconsciente» que por ahora nos impide organizarnos para construir/alterar nuestro propio medio de transporte.

Este problema con las semillas es especialmente sangrante porque de hecho obtener semillas, por ejemplo para poder conservar las variedades locales, es algo muy difícil de realizar, es costoso en tiempo y preocupación, ya que hace falta tener acceso a terrenos, hace falta estar pendiente de la polinización (a veces hay que impedir por medios mecánicos que las plantas sean polinizadas por otras especies o variedades si se quiere conservar el sabor, el tipo, las características de la variedad “x”, que se han obtenido tras quizás cientos de años).

Enviado el 23 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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