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Diciembre 14, 2010

NARRATIVA DE LA IMAGEN EN ESPAÑA - Jesús Andrés

Originalmente en Ceci n'est pas un cahier

Narrativa de la imagen en España (I): Introducción y contextualización.

superman-war-time.jpg “Uno es lo que consume” [i]. David Foster Wallace.

INTRODUCCIÓN

El presente documento analiza la existencia en España del género literario denominado por David Foster Wallace en 1997 como narrativa de la imagen. Se trata de un movimiento literario posmoderno que se interesa por la influencia de la televisión, los media en general, y la cultura pop, en la literatura. Tiene su origen a partir de la evolución de la generación clásica posmoderna cuyos máximos exponentes son Thomas Pynchon y Don DeLillo. Wallace atribuye a DeLillo por Ruido de fondo (1984) el revulsivo necesario para el nacimiento del género cuya génesis establece en 1989. En España este movimiento llega con el siglo XXI.

Coincidimos con Bourriaud cuando afirma que “El artista y el filósofo deben entonces renovar incesantemente sus esfuerzos para "diagnosticar los posibles actuales"”[ii], expresión que toma de Foucault[iii].

Esta investigación intentará demostrar la existencia de una narrativa de la imagen en España, sin por ello tener identidad nacional alguna, por ser una pauta cultural plurinacional.

Para ello deberemos definir con claridad las diferentes etapas del posmodernismo literario.

Y señalar para la fase que nos interesa cuáles son sus características, sus teóricos, los autores representativos y sus obras destacadas.

Priorizaremos que el análisis sea sobre la contemporaneidad, tratando de dar una visión de conjunto de la narrativa española que nos ocupa, en la primera década del siglo XXI, para cubrir en el mismo momento en que se cierra la década, la necesidad de un estudio organizado de lo acontecido.

Y en un orden de cosas posterior y ajeno a este volumen, utilizar la presente investigación como motor de la propia práctica artística, como una contaminación de segundo grado o de ida y vuelta, añadida a la primaria, similar a la que estamos estudiando. Esto es, entender la propia practica artística, también, como narrativa de la imagen.

Para nuestro análisis definiremos paradigma a partir de la propuesta de Kuhn[iv] como modelo que proporciona un contexto.

La narrativa de la imagen es un género literario contemporáneo, determinado por la influencia de la televisión, los media en general, y la cultura pop, que se origina a finales de los 90 en la literatura norteamericana y que se constituye como una nueva etapa en la posmodernidad. Esta definición nos obliga a configurar al resto de publicaciones como tardomodernas, títulos que se rigen por la pauta modernista, o posmodernas que no son esencialmente narrativa de la imagen.

Nuestra hipótesis es que en España sí se da la narrativa de la imagen a partir de 2001.

Tras establecer una contextualización para nuestro análisis, el punto de partida de esta investigación será el ensayo de David Foster Wallace, "E Unibus Pluram"[v], en el que defiende la narrativa de la imagen como un nuevo género dentro de la posmodernidad.

Wallace, no sólo señala la influencia de la televisión sino que hace gala de sus efectos utilizando el estilo paródico de la propia televisión para hablar de ella: “En realidad nunca he visto un hogar medio americano. Solamente en la tele”[vi].

El ensayista señala el electrodoméstico como canalizador de la realidad: “La televisión lleva a cabo por nosotros gran parte de nuestra investigación humana depredadora”[vii].

Y la sitúa como el compañero perfecto de la máquina deseante en que nos hemos convertido[viii]: “La televisión, desde la superficie hacia sus profundidades, trata del deseo”[ix].


1. CONTEXTUALIZACIÓN DE LA NARRATIVA DE LA IMAGEN

Antecedentes: dialéctica modernismo vs posmodernismo

Comenzaremos por definir y contextualizar el posmodernismo. Para ello tendremos que definir el modernismo y poner ambos en relación.

Posteriormente nuestra investigación hará un breve recorrido por la literatura posmoderna americana desde 1950 incidiendo en las correspondencias determinantes entre ésta y la contemporaneidad.

Nos referimos a modernismo y posmodernismo como una práctica cultural y a modernidad y posmodernidad como un periodo en el que hay una práctica cultural dominante. En algunas ocasiones utilizaremos la denominación temporal como sinónimo de la práctica.

Un paradigma es un conjunto de prácticas común a un periodo específico de tiempo. El modernismo es el paradigma dominante desde finales del siglo XIX hasta principios de los años 70.

En Cinco caras de la modernidad (1987)[x], Matei Calinescu expone que ésta surge de un proceso que pasa por adquirir noción del tiempo, dividir el tiempo en etapas, y contrastar unas etapas con otras. Charles Baudelaire define la modernidad en 1863 como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente”[xi].

Jean-François Lyotard[xii] en 1979, apunta la crisis de los grandes relatos como el nacimiento de la posmodernidad. Podemos entender como grandes relatos tanto las religiones del libro, como el afán enciclopédico de la ilustración que pretendía la compilación de todo el saber por entenderlo único y universal. Lyotard señala la fragmentación del saber como el detonante del modernismo. Indica que ya no es posible un acuerdo sobre el saber, no es posible un acuerdo sobre la verdad.

Para Peter Sloterdijk: “la postmodernidad es la época "después de Dios", y después de los imperios clásicos y de todas sus sucursales locales”[xiii].

El modernismo tiene carácter de absoluto, tiene fe en un proyecto colectivo, universal, único. Como una religión monoteísta, cree que es la única opción verdadera y que todas las demás son falsas. Cree que la historia tiene un objetivo. Y que mediante el modernismo se progresa hacia ese fin.

El posmodernismo es relativo, subjetivo, pone en duda el propio concepto del tiempo único y lineal. El modernismo occidental habla de Edad Contemporánea a nivel mundial, cuando no todo el mundo comparte la cultura occidental, ni sus usos, ni sus patrones, ni el mismo grado de desarrollo ni siquiera bajo el capitalismo avanzado. Definimos Edad Contemporánea el periodo desde 1789, año de la revolución francesa, hasta la actualidad.

Con el posmodernismo surgen colectivos que cuestionan el proyecto modernista por machista, racista y uniformador, dando lugar a estudios de género, poscoloniales y secularizadores.

El posmodernismo admite diferentes proyectos, diferentes tiempos y velocidades, en suma, diferentes culturas. Y admite la ausencia de finalidad. El hombre no tiene necesariamente una misión en el mundo. El mundo no tiene por qué ser como el hombre occidental cree que debe ser.

Matei Calinescu explica, en el texto que hemos citado, que de la Querelle surge “el patrón del desarrollo literario y artístico a través de la negación de los modelos de gusto establecidos”[xiv].

Esta sucesión de novedades es característica del modernismo. El posmodernismo se interesa por la interpretación y por la reasignación de conceptos, si bien en gran medida aún permanece ligada al mismo patrón, por ser éste característico del sistema económico vigente.

El modernismo y el capitalismo se desarrollan a la vez, de la mano de la burguesía, que bien pronto olvidó la camaradería que se resume en el cuadro de 1830 de Eugène Delacroix, "La libertad guiando al pueblo".

El posmodernismo corre paralelo al capitalismo avanzado, sistema dominante en la sociedad del espectáculo[xv]. De la representación se pasó a la presentación y de ahí a la simulación. De representar objetos, se pasó a objetos presentándose a sí mismos y por último los objetos son simulados.

El modernismo no desaparece con el auge del posmodernismo. Y a menudo es difícil desligarlos, por la tendencia al apropiacionismo del segundo y por la divergencia entre lo que se dice y lo que se practica, tanto en un ámbito como en el otro.

Algunos llaman segunda modernidad a lo que es característico de la posmodernidad. Otros niegan la existencia de la posmodernidad. Hay quién evita la palabra. Para Lyotard el posmodernismo no es el fin del modernismo sino su estado latente[xvi].

El modernismo dice perseguir un mundo más justo y el posmodernismo pregunta por qué ha de ser justo el modernista, por qué ha de ser exactamente el modernista el que es justo.

Pero las diferencias no son solamente ideológicas, éticas, sino también estéticas.

Y no son las únicas corrientes que reivindican su pertinencia. La altermodernidad[xvii], término acuñado por Nicolas Bourriaud, propone la traducción[xviii] para evitar el colonialismo que se deriva del universalismo.

El modernismo pretende separar el arte y la vida cotidiana, mientras que para el posmodernismo están amalgamados. Esto da lugar a que para unos el arte represente y para otros el arte se presente. Para los primeros, los problemas están en definir las condiciones de representación, los formatos que son aceptables. Para los segundos los problemas son de comunicación, son los problemas los que deben ser simultáneamente comunicación y comunicado. Por ello los formatos son adaptables, flexibles, se expanden. Como el teatro, el posmodernismo utiliza elementos reales para contar su historia. Pero el mismo teatro evolucionó. Mientras que William Shakespeare[xix] hace un teatro especular, mostrando la realidad mediante una ficción, es decir mediante una representación, Luigi Pirandello[xx] derriba la cuarta pared, haciendo consciente al espectador de la ficción, y de la presencia real del actor.

La lógica del modernismo está anclada en la mímesis. Pero Marcel Duchamp abolió ésta, como condición necesaria, presentando un urinario, un objeto industrial, en la exposición de los Independientes de Nueva York en 1917.

El minimal y el land art son fruto de la liberación del arte como mímesis.

En la lógica del modernismo, cuando se trata de mostrar un objeto, se utiliza la retórica para expresar las cualidades de dicho objeto. Se trata de analizarlo en profundidad. Para el posmodernismo el objeto se muestra tal cual. Por sí mismo comunica sus cualidades. Como diría Fredric Jameson[xxi], toda la información está en la superficie. Y como afirma Jean Baudrillard[xxii], una cosa es lo que parece.

Algunos teóricos como Arthur Danto[xxiii] o Francis Fukuyama[xxiv], afirman que la historia ya ha llegado a su fin. Mediante esta afirmación justifican el sistema capitalista occidental como el mejor de los posibles. Proponen el capitalismo como pensamiento único. Fukuyama alentó la creación de la PNAC[xxv], Sociedad para el Nuevo Siglo Americano[xxvi]. Esta organización es un lobby que se constituyó para promover los valores conservadores americanos de modo universal. La PNAC propició la segunda guerra del Golfo[xxvii]. Un ejemplo paradigmático de la implantación por la fuerza de las ideas propias y de la apropiación de la riqueza y los medios de producción de otros.

El posmodernismo más banal ha sido favorecido desde el capitalismo por su vertiente acrítica. Sin embargo, desde 1970, las críticas hacia los excesos de la sociedad occidental han surgido del posmodernismo.

Los ideólogos del fin de la historia tratan de desactivar el poder crítico del arte afirmando que éste ha muerto. Cuando lo único que ha muerto es la visión historicista del arte, dando lugar a un arte post-historicista más preocupado por resolver problemas puntuales, concretos, que en progresar hacia un fin general común. Y sin renunciar a lo lúdico, lo que no significa que todo el arte sea banal.

En este hito hay que distinguir dos posturas. La voluntad de instaurar un pensamiento único, tiene la impronta universalista del modernismo, aunque ambos sean irreconciliables. La tesis modernista, consiste en un continuo avance incompatible con llegar alguna vez a su destino. Ello obliga al modernismo a reinventarse realizando una pirueta conceptual afirmando que dicho hito, el fin de la historia, no es más que un paso más de su dialéctica. Por su parte para el posmodernismo cierto tipo de arte se ha agotado, el que tiene su motivación en la mímesis, y cierto tipo de historia también se ha agotado, la que cree ser lineal y común a todos. Pero ello no es óbice para un nuevo arte en unos nuevos tiempos.

Si el modernismo obtenía, en una dialéctica ensimismada, una visión etnocéntrica y mesiánica del mundo, los ideólogos del fin del arte afirman que ya se llegó al mejor de los mundos posibles. Por su parte el posmodernismo establece negociaciones puntuales, obteniendo mejoras parciales, sin desestimar lo lúdico como bien opcional.

El capitalismo ha creído mejor, para combatir el modernismo, sobre todo por su sustrato progresista, favorecer el posmodernismo, más fragmentado ideológicamente, en el momento en que el propio sistema asumió sus contradicciones[xxviii].

Coincidentes las revueltas del 68, con el nacimiento del posmodernismo, el ala conservadora americana fomentó la versión más light del mismo, frente al modernismo más rígido ideológicamente. Sin embargo, desde el posmodernismo se sucedieron las protestas sociales: género[xxix], poscolonialismo, contragénero[xxx].

Los manifiestos son característicos de las vanguardias. Éstas, por su mismo nombre son modernistas, pues son paradigma de la búsqueda de la novedad. La sociedad del espectáculo[xxxi], de Guy Debord, posiblemente sea el último manifiesto -stricto sensu-, y se ha reimpreso inamovible, como corresponde a su condición modernista. El manifiesto Situacionista es la bisagra de paso de uno a otro paradigma. Desde la óptica de una corriente Debord vislumbra la condición de la siguiente. La fragmentación del conocimiento, junto con la renuncia a propuestas universalistas, y por ello totalitarias, ha traído un nuevo tipo de textos y de acciones, de diferentes colectivos, que buscan la negociación en lugar de la imposición de las ideas y valores.

La verdad absoluta, queda relativizada, como haría Zadie Smith[xxxii], mediante el gesto más gentil del lenguaje internacional de los signos, el entrecomillado: “verdad”. En donde gentil actúa como antónimo de judío, y por ello como sinónimo de relativo como opuesto a absoluto.

Los movimientos posmodernos contemporáneos no creen que tengan un deber en la vida. Si en cambio una responsabilidad para con el resto de la especie, y por ende del planeta, del universo. La diferencia estriba en ser respetuoso con lo que me rodea u obligar a lo que me rodea a ser respetuoso conmigo. El campo de acción de esta responsabilidad es el vecindario, el lugar de trabajo, la comunidad con la que uno se comunica. Para estos movimientos no hay un proyecto, sino proyectos, no un único proyecto colectivo idéntico para todos, sino muchos, distintos, variables y negociables. Para el posmodernismo no hay un pensamiento único que sea mejor que otro pensamiento único. La finalidad de la vida es la vida. Aquí y ahora. Los límites son los demás. Los demás presentes, futuros y pasados. No hay comunidad global, sino comunidades. Y en este sentido no hay arte, sino artes.

Poco importa como se defina uno, el nombre que se asigne, sino lo que haga. El calificativo te representa, tu actitud te presenta.

Como indicó Umberto Eco, Superman no salva el mundo, sino la propiedad privada[xxxiii].

[i] Wallace, David Foster. "E Unibus Pluram". Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Barcelona: Grijalbo Mondadori, S.A., 2001. Título original: A supposedly fun thing I’ll never do again. Essays and arguments. 1997.

[ii] Bourriaud, Nicolas. Formas de vida. El arte moderno y la invención de sí. Murcia: Cendeac. Ad Litteram, 2009a. Formes de vie. L’art moderne et l’invention de soi. 1999.

[iii] Foucault, Michael. "¿Qué es la ilustración?" Sobre la Ilustración. Reimpresión. Madrid: Editorial Tecnos, 2004.

[iv] Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. Madrid: Fondo Cultura Económica, 1990. The Structure of Scientific Revolutions. 1962.

[v] Wallace, 2001, op.cit.

[vi] Wallace, 2001, op.cit.

[vii] Wallace, 2001, op.cit.

[viii] Deleuze, Gilles; Guattari, Félix. El antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A. ,2009. L'Anti-Oedipe. Capitalisme et schizophrénie. 1972.

[ix] Wallace, 2001, op.cit.

[x] Calinescu, Matei. Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kitsch, postmodernismo. 1ª Edición. Madrid: Tecnos, 1991. Five Faces of Modernity: Modernism, Avant-Garde, Decadence, Kitsch, Postmodernism. 1987.

[xi] Baudelaire, Charles. "La modernidad". Salones y otros escritos sobre arte. Madrid: La balsa de la medusa. Visor. Dis, S.A., 1996. Le Peintre de la vie moderne. 1863. “La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”.

[xii] Lyotard, Jean-François. La condición posmoderna. Informe sobre el saber. 10ª Edición. Madrid: Ediciones Cátedra, 2008. La Condition postmoderne: Rapport sur le savoir. 1979. “Se tiene por "postmoderna" la incredulidad con respecto a los metarrelatos”.

[xiii] Sloterdijk, Peter. En el mismo barco. 4ª Edición. Madrid: Ediciones Siruela, S.A., 2006. Im selben Boot. Versuch über die Hyperpolitik. 1993.

[xiv] Calinescu, 1991, op.cit.

[xv] Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. 5ª Reimpresión. Valencia: Pre-Textos, 2009. La Société du spectacle. 1967. “La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación”.

[xvi] Lyotard, Jean-François. La posmodernidad (explicada a los niños). 7ª reimpresión. Barcelona: Editorial Gedisa, S.A., 2003. Le posmoderne expliqué aux enfants. 1986. “El posmodernismo así entendido no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante”.

[xvii] Bourriaud, Nicolas. Radicante. 1ª Edición. Buenos Aires: Los sentidos/artes visuales, 2009. Radicant. 2009b, “Altermodernidad -atrevámonos con la palabra-”.

[xviii] Bourriaud, 2009b, op. cit.

[xix] Shakespeare, William. Hamlet. Barcelona: RBA Editores, S.A., 1994. Representado en 1602.

[xx] Pirandello, Luigi. Enrique IV. Estrenado en 1922.

[xxi] Jameson, Fredric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 1991. Postmodernism or the Cultural Logic of Late Capitalism. 1984. “Un nuevo tipo de superficialidad en el sentido más literal, quizás el supremo rasgo formal de todos los posmodernismos”.

[xxii] Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro. I. La precesión de los simulacros. 8ª Edición. Barcelona: Editorial Kairós, 2007. La precessions des simulacres. 1978. “Las fases sucesivas de la imagen serían éstas:

- es el reflejo de una realidad profunda.

- enmascara y desnaturaliza una realidad profunda.

- enmascara la ausencia de realidad profunda.

- no tiene nada que ver con ningún tipo de realidad, es ya su propio y puro simulacro”.

[xxiii] Danto, Arthur C. Después del fin del arte: El arte contemporáneo y el linde de la historia. Barcelona: Editorial Paidós, 1999.

[xxiv] Fukujama, Francis. El fin de la historia. Barcelona: Editorial Planeta, 1997.

[xxv] "Francis Fukuyama signed the founding statement of PNAC, the key neocon group (Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Libby, Feith, etc.) that lobbied for the Iraq war starting with a letter to Clinton in 1998". Disponible en Web: http://zfacts.com/p/236.html [Consulta 30 de agosto de 2010].

[xxvi] William Kristol, William. “The Project for the New American Century is a non-profit educational organization dedicated to a few fundamental propositions: that American leadership is good both for America and for the world; and that such leadership requires military strength, diplomatic energy and commitment to moral principle. The Project for the New American Century intends, through issue briefs, research papers, advocacy journalism, conferences, and seminars, to explain what American world leadership entails. It will also strive to rally support for a vigorous and principled policy of American international involvement and to stimulate useful public debate on foreign and defense policy and America's role in the World”. Disponible en Web: http://www.newamericancentury.org/. [Consulta 14 agosto 2010].

[xxvii] Gerecht, Reuel Marc. "Liberate Iraq". The Weekly Standard. May 14, 2001 Disponible en Web: http://www.newamericancentury.org/iraq-20010514.htm. [Consulta 14 agosto 2010]. Nótese que la fecha de publicación es anterior al 11 s.

[xxviii] Bell, Daniel. "Souvenirs: París. 1956-1957". Letras libres, Nº 25. México, 2001. "Se divulgó después, en 1965, que la CIA había proporcionado los fondos del Congreso y que su secretario administrativo, el genio motriz de la organización, Michael Josselson, era miembro de la CIA. Lo de los fondos secretos provocó un revuelo entre muchos intelectuales que quedaron horrorizados por la noticia. Sin embargo, para cualquiera que estuviera familiarizado con los problemas de la reconstrucción política en Europa, así como con el control casi total que ejercía el Partido Comunista sobre el patrocinio cultural en Francia e Italia, nada de esto podía resultar sorprendente. Muchas organizaciones norteamericanas, además de la CIA, participaban ya desde antes en este tipo de actividad".

[xxix] Butler, Judith. El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Editorial Paidós, 2007.

[xxx] Preciado, Beatriz. Testo Yonqui. Madrid: Editorial Espasa Calpe, 2008. "Los bio-hombres y las bio-mujeres (indistintamente heterosexuales y homosexuales), pero también los transexuales que tienen acceso a técnicas quirúrgicas, endocrinológicas o legales de producción de identidad..."

[xxxi] Debord, 2009, op.cit.

[xxxii] Smith, Zadie. El cazador de autógrafos. 4ª Edición. Barcelona: Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A., 2003. The Autograph Man. 2002. “Inhala el universo y exhala amor –apuntó Lovelear entrecomillando la frase con los dedos, el más gentil de todos los gestos internacionales-”.

[xxxiii] Eco, Umberto. Apocalípticos e integrados. Barcelona: Lumen, 1975. Apocalittici e integrati. 1965. “La única forma visible que asume el mal es el atentado a la propiedad privada”.

Enviado el 14 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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