« Narrativa de la imagen en España (II): Características del posmodernismo - Jesús Andrés | >> Portada << | Hugo Lugo | Deconfiguraciones pictóricas en inventario - Marcela Quiroz »

Diciembre 21, 2010

LOS “EPISODIOS TRANSNACIONALES” DE DON DELILLO - Juan Francisco Ferré

Originalmente en La vuelta al mundo

kmk.JPG Don DeLillo es uno de los novelistas norteamericanos sobre los que más he escrito a lo largo de esta década. He dedicado artículos y ensayos, además de menciones y citas, a casi todas sus novelas (en entradas anteriores se pueden leer mis reflexiones sobre dos novelas tardías como Cosmópolis y El hombre del salto). A DeLillo le tengo por un paradigma novelístico de lo que Benjamin Noys denomina “aceleracionismo”, esa tendencia intelectual y artística que funda su práctica, según Noys, en esta premisa radical: “if capitalism generates its own forces of dissolution then the necessity is to radicalise capitalism itself…What the accelerationists affirm is the capitalist power of dissolution and fragmentation”. Terrorismo simbólico, por así decir. No se olvide que ya en Mao II, uno de sus textos maestros, DeLillo trazaba la peripecia terminal de un escritor abrumado por los desafíos de la sociedad postmoderna y convencido de que el antiguo puesto que ocuparon los escritores en la conciencia pública lo ocupaban ahora los terroristas en su desafío a la realidad (si el novelista no es, desde luego, un “terrorista”, en su sentido más inhumano, sanguinario o cruel, sí sería, en cambio, un “mal ciudadano”, como DeLillo explica en el epígrafe que reproduzco más abajo y que debería ser el credo programático de todo novelista consciente de su papel en la sociedad del espectáculo, y más en tiempos de crisis, como los llaman en los medios, tiempos en que las diferencias sociales y económicas se agravan hasta la indecencia y la obscenidad y, por tanto, cualquier irresponsabilidad y, al mismo tiempo, cualquier reacción es pensable y/o posible en cualquier sentido). No es casual que en los años sesenta, más que ningún otro escritor, el cineasta Jean-Luc Godard (que ahora estrena la magistral Film Socialisme, una invitación intransigente a la insurrección ética y política contra el cinismo reinante) fuera uno de sus grandes maestros. Y se nota esa influencia carismática. No espere nadie, en este sentido, que DeLillo, con este currículo, gane alguna vez el Nobel. Como tampoco Pynchon. Con independencia del talento, este premio honorífico, como tantos otros, es para los buenos chicos, de izquierdas o de derechas, eso da igual. Los monaguillos del sistema imperativo y la cultura dominante.

En cualquier caso, como ya dije en mi reseña de la espléndida Jugadores, cada lectura o relectura de una novela de DeLillo me ratifica la sensación de que se trata del primer escritor de la historia que escribe sus novelas pensando en que uno de sus lectores potenciales podría ser, en un futuro no muy remoto, una inteligencia artificial. Como si intentara hacer visible y entendible para un cerebro informático las complejas implicaciones del juego literario: la experiencia abstracta y minuciosa de la escritura como metalenguaje de la realidad, el mecanismo inaprensible de las acciones humanas individuales y su integración en un contexto colectivo concebido como un vasto sistema de información en perpetuo cambio, etc. En cierto modo, la escritura literaria de DeLillo se postula como la más “posthumana”, en sentido estricto, con la que un lector contemporáneo podría encontrarse en formato narrativo. Una escritura secuencial, de la que no estaría excluido el lector humano, por tanto, pero cuyo grado de traslación del pormenor informativo o perceptivo al código algorítmico de la cibernética es de una exactitud inaudita y deslumbrante. La valiosa prosa de DeLillo podría caracterizarse así como la escritura altamente cifrada que una mente humana dirige en sus postrimerías a las mentes artificiales del futuro con objeto de traspasarles la lección tragicómica de su historia reciente. Confiemos en que les sirva para algo.

Aquí van, como muestras de esa escritura novelística y de las reflexiones que puede suscitar, textos sobre Punto Omega, su nueva novela, Ruido de fondo, quizá junto con Submundo su obra suprema, Libra, jamás se ha descrito las bases de la paranoia en estado puro con tanta lucidez, y Body Art, un apólogo estético aplastante. Para completar, en el margen izquierdo, se propone una encuesta con el fin de establecer un canon parcial en la vasta obra (traducida o no, ¿para cuándo Ratner´s Star en español?) de Don DeLillo.

* * *

"I don't take it seriously, but being called a 'bad citizen' is a compliment to a novelist, at least to my mind. That's exactly what we ought to do. We ought to be bad citizens. We ought to, in the sense that we're writing against what power represents, and often what government represents, and what the corporation dictates, and what consumer consciousness has come to mean. In that sense, if we're bad citizens, we're doing our job."

Don DeLillo

Enviado el 21 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: