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Diciembre 21, 2010

Narrativa de la imagen en España (II): Características del posmodernismo - Jesús Andrés

Originalmente en Ceci n'est pas un cahier

zackmann_1989.jpg 2. CARACTERÍSTICAS DEL POSMODERNISMO

Los pensadores más destacados de las corrientes posmodernas son Jacques Lacan (1901-1981), Jean-François Lyotard (1924-1998), Gilles Deleuze (1925-1995), Michel Foucault (1926-1984), Jean Baudrillard (1929-2007), Félix Guattari (1930-1992), Jacques Derrida (1930-2004), Pierre Bourdieu (1930-2002), Fredric Jameson (1934), Gianni Vattimo (1936), Alain Badiou (1937), Gilles Lipovetsky (1944), Peter Sloterdijk (1947), y Slavoj Zizek (1949), entre otros.

Para Fredric Jameson “toda posición posmoderna en el ámbito de la cultura es, también y al mismo tiempo, necesariamente, una toma de postura implícita o explícitamente política sobre la naturaleza del capitalismo actual”[i].

Pero también afirma “que sus propios rasgos ofensivos, ya no escandalizan a nadie […] ellos mismos se han institucionalizado e incorporado a la cultura oficial de la sociedad occidental”[ii].

Y añade, “La producción estética se ha integrado en la producción de mercancías en general”[iii], es decir el arte forma parte del mercado.

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En el año 2009, Bourriaud en su libro Radicante introduce otra denominación para la pauta cultural dominante:

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“Apostemos por una modernidad que, lejos de ser un absurdo calco de la del siglo pasado, sea específica de nuestra época y haga eco de sus propias problemáticas: una altermodernidad –atrevámonos con la palabra- de la que este libro va a esbozar las problemáticas y las figuras”[iv].

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Siguiendo a Jameson consideramos que el posmodernismo no es un estilo sino una pauta cultural[v], pero distinguiremos entre posmodernidad, el periodo de auge y posmodernismo, el propio desarrollo y puesta en práctica. Tal como distingue Bell entre modernidad y modernismo[vi].

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A continuación trataremos de establecer los diferentes modelos, características y periodos dominantes, prestando especial atención a la evolución literaria desde la segunda guerra mundial. Tendremos en cuenta a Jameson cuando afirma que “Es lógico suponer que las relaciones que mantenemos con las máquinas, y nuestra manera de representárnoslas, han de transformarse dialécticamente en cada una de esta fases cualitativamente distintas del desarrollo tecnológico”[vii].

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En este sentido, Ernst Mandel en El Capitalismo tardío[viii] describe tres revoluciones tecnológicas bajo el capitalismo:

- La producción mecánica de motores de vapor desde 1848.

- La producción mecánica de motores eléctricos y de combustión desde la última década del siglo XIX.

- La producción mecánica de ingenios electrónicos y nucleares desde la década de los cuarenta del siglo XX.

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Fredric Jameson[ix] siguiendo el esquema de Ernest Mandel propone que el capitalismo ha conocido tres momentos fundamentales:

- Capitalismo mercantil.

- Capitalismo del monopolio o imperialista.

- Capitalismo multinacional según él mal llamado postindustrial[x], término que acuñó Daniel Bell.

Para Jameson “El capitalismo avanzado, consumista o multinacional, constituye la forma más pura de capitalismo” [xi], y lo asimila a otros términos, “Capitalismo multinacional también llamada sociedad postindustrial, sociedad de consumo, sociedad de los media, sociedad de la información, sociedad electrónica o de las altas tecnologías”[xii].

Además, hace coincidir el esquema anterior con una periodificación de realismo, modernismo y posmodernismo. Concluyendo que “Podemos, pues, considerar nuestra época como la tercera [...] era de la mecanización”[xiii].

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Nuestra investigación parte de la tercera etapa, el capitalismo multinacional, en cuyo período se desarrolla el posmodernismo.

Estamos de acuerdo con Jameson cuando afirma que “El único modo de abarcar y registrar la diferencia genuina del posmodernismo es mostrarlo a la luz del concepto de norma hegemónica o de lógica cultural dominante”[xiv]. Como ejemplo citamos la reciente novela de Juan Francisco Ferré, Providence [xv], en la que el autor pone en práctica este enunciado.

Según Jameson [xvi] los rasgos del posmodernismo son:

- Superficialidad. Cultura de la imagen o el simulacro.

- Debilitamiento de la historicidad. Estructura esquizofrénica.

- Subsuelo emocional nuevo. Intensidades.

- Relaciones con las nuevas tecnologías y el sistema financiero.

- Experiencia vivida en el espacio urbano.

2. .

Y se detiene en el concepto de superficialidad explicándolo así:

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“Junto al modelo hermenéutico del interior y el exterior, hay al menos otros cuatro modelos fundamentales de profundidad, que por lo general han sido [también] objeto de rechazo en la teoría contemporánea:

- El modelo dialéctico de la esencia y la apariencia.

- El modelo freudiano de lo latente y lo manifiesto o de la represión.

- El modelo existencialista de la autenticidad y la inautenticidad.

- El modelo de la oposición semiótica entre significante y significado.

Lo que ha sustituido a estos diferentes modelos es, en la mayoría de los casos, una concepción de las prácticas, los discursos y el juego textual. La profundidad ha sido remplazada por la superficie o por múltiples superficies (lo que suele llamarse intertextualidad ya no tiene, en este sentido, nada que ver con la profundidad)”[xvii].

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Por último destacaremos los fragmentos en los que amplia la definición de posmodernismo:

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“Angustia o alienación […] no son apropiados para el mundo posmoderno”[xviii].

“Este giro en la dinámica de la patología cultural puede caracterizarse como el desplazamiento de la alienación del sujeto hacia su fragmentación”[xix].

“En lo que hemos de insistir es en el hecho de que la concepción modernista de un estilo único, con los consiguientes ideales colectivos de una vanguardia política o artística, se sostiene o se derrumba junto con esa vieja noción (o experiencia) de la llamada subjetividad monocentrada”[xx].

“El fin de las psicopatologías de este yo [el yo burgués], o lo que he estado denominando hasta ahora el ocaso de los afectos[xxi].

“El fin del estilo considerado cómo único y personal (simbolizado por la progresiva primacía de la reproducción mecánica)[xxii].

“Liberalización generalizada de toda clase de sentimientos […] -que sería mejor y más exacto denominar intensidades- son ahora impersonales y flotan libremente”[xxiii].

“Se ha dicho que habitamos hoy la sincronía más que la diacronía […] nuestra experiencia psíquica y nuestros lenguajes culturales están actualmente dominados por categorías más espaciales que temporales, siendo estas últimas las que predominaron en el periodo precedente del modernismo[xxiv]”.

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En Radicante, Nicolas Bourriaud analiza la etapa que nos ocupa, aunque le otorgue otra denominación. Según él, la contemporaneidad se organiza en torno a tres palabras claves: “multiculturalismo, posmoderno y globalización cultural”[xxv].

Dicho libro comienza “El nueve de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín”[xxvi], para posteriormente apuntar que “Desde el 11 de septiembre, se sabe que las divisiones siguen existiendo”, nos recuerda citando a Slavoj Zizek[xxvii], fijando el inicio de la globalización en 1989 como un nuevo marco cultural.

Para ello pone ejemplos, “"Los magos de la tierra"” apenas seis meses después de la caída del muro es “la entrada oficial del arte en este mundo globalizado desprovisto de grandes relatos”[xxviii].

Y va mostrando su rechazo al modernismo y desgranando su tesis: “Vanguardia, universalismo, radicalidad: nociones vinculadas al modernismo de ayer, al que no habría ninguna necesidad de volver para reivindicar la modernidad”[xxix].

A la vez que señala los principios que definen su nueva modernidad: “principios esenciales a partir de los que podría volver a constituirse una modernidad. Principios que podríamos enumerar: el presente, la experimentación, lo relativo, lo fluido”[xxx]. Y lo que excluye: “Lo que distinguiría nuestra modernidad de las anteriores, contra las prescripciones futuristas, las teleologías de todo tipo y la radicalidad que las acompaña”[xxxi].

Bourriaud da el nombre de Altermodernidad a la posmodernidad desde 1989:

“Apostemos por una modernidad que, lejos de ser un absurdo calco de la del siglo pasado, sea específica de nuestra época y haga eco de sus propias problemáticas: una altermodernidad –atrevámonos con la palabra- de la que este libro va a esbozar las problemáticas y las figuras”[xxxii].

A continuación, mostramos algunos de las propuestas de Radicante, que tienen interés para el desarrollo de nuestra tesis:

Alternativa:

“Se dice que entre universalismo moderno o relativismo posmoderno, no tendríamos otra alternativa”[xxxiii].

Ruptura:

“La experimentación, porque ser moderno es arriesgarse a aprovechar la ocasión, el kairós. Es aventurarse: no conformase con la tradición”[xxxiv].

Relativismo:

“Practicar un relativismo generalizado, un comparatismo crítico despiadado para con las certezas que reciben más adhesión”[xxxv].

Interpretación:

“No hay hecho –escribía Nietzsche-, sólo hay interpretaciones”[xxxvi].

Acontecimiento y fluidez:

“Por eso, el moderno es partidario del acontecimiento contra el orden monumental, de lo efímero contra los agentes de una eternidad de mármol; una apología de la fluidez contra la omnipresencia de la cosificación”[xxxvii].

Habrá que detenerse en esta apreciación. Como más tarde comentaremos in extenso, lo fluido fue reivindicado por Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire[xxxviii], concepto que tomó de Baudelaire, señalando el origen de la idea, y fue renombrado por Bauman[xxxix] como líquido, sin citar a ninguno de los dos.

Globalización crítica:

“Si importa "volver a pensar lo moderno" al comenzar este siglo (lo que significa superar el período histórico definido por lo posmoderno), hay que dedicarse a ello a partir de la globalización, considerada bajo sus aspectos económicos, políticos y culturales”[xl].

“Los artistas, bajo cualquier latitud, tienen hoy como tarea imaginar lo que podría ser la primera cultura verdaderamente mundial [...] tendrá que efectuarse contra esta uniformización política llamada "globalización" [...] Para que tal cultura emergente pueda nacer de las diferencias y singularidades, en lugar de alinearse en la estandarización vigente, tendrá que desarrollar un imaginario específico y recurrir a una lógica totalmente distinta de la que preside la globalización capitalista”[xli].

Identidad:

“La intensificación de los flujos migratorios y financieros, la banalización de la expatriación, la densificación de las redes de transporte y la explosión del turismo de masas dibujan nuevas culturas transnacionales, que desencadenan violentos repliegues identitarios, étnicos o nacionales”[xlii].

Hibridación:

“Lo que el posmodernismo nombra hibridación consiste en injertar en el tronco de una cultura popular ya uniformizada unas “especificidades”, las más de las veces caricaturescas”[xliii].

Diversidad:

“Defender la diversidad elevándola al nivel de un valor, más allá de su atracción exótica inmediata y de los reflejos condicionados de conservación, o sea transformándola en categoría de pensamiento”[xliv].

No nacionalismo:

“La reacción de defensa más corriente consiste en exaltar la diferencia entendida como sustancia: si soy ucraniano, egipcio o italiano, tendría que adaptarme, contra fuerzas desarraigadoras [...], a tradiciones históricas nacionales que me permiten estructurar mi presencia en el mundo según un modo identitario. Resultante de un contexto específico, heme aquí impelido a perpetuar las formas antiguas que me diferencias de lo otros”[xlv].

Mutación -término que como veremos, también utiliza Ferré, y que conecta con la multiplicidad y metamorfosis de Deleuze y Guattari[xlvi]-:

“En vez de oponer una raíz a otra, un "origen" mitificado a un suelo que integra y uniformiza, ¿no resultaría más ingenioso recurrir a otra categorías de pensamiento, que por otra parte nos sugieren un imaginario mundial en plena mutación?”[xlvii].

No radicalidad:

“¿Fue una casualidad si el modernismo elogió, desde su inicio hasta su fin, la raíz? Fue radical. Los manifiestos artísticos (o políticos) llamaron, a lo largo del siglo XX, a volver al origen del arte o de la sociedad, a su depuración para hallar de nuevo su esencia. Se trataba [...] de eliminar, de reiniciar el mundo a partir de un principio único presentado como la fundación de un nuevo lenguaje liberador. Apostemos a que la modernidad de nuestro siglo se inventará, precisamente, oponiéndose a cualquier radicalismo, condenando por igual la mala solución del re-arraigo identitario y la estandarización de los imaginarios decretada por la globalización económica”[xlviii].

Precariedad:

“¿Y si la cultura del siglo XXI se inventara con esas obras cuyo proyecto es borrar su origen para favorecer una multiplicidad de arraigos simultáneos o sucesivos? Tal proceso de obliteración pertenece a la condición del errante, figura central de nuestra era precaria”[xlix].

Traducción:

“La forma-trayecto y un modo ético: la traducción”[l].

Judit Butler también se interesa por la traducción cuando escribe “De esta forma llegué a un segundo punto de vista de la universalidad, según la cual se define como una tarea de traducción cultural orientada al futuro”[li], dando cuenta de la posible contradicción entre universalidad y derechos de las minorías.

Detengámonos ahora en las propuestas de Zygmunt Bauman, expuestas en Modernidad Líquida (2000)[lii]. Retomaremos para ello algunas de las ideas ya apuntadas. Hemos citado como en Cinco caras de la modernidad (1991)[liii], Matei Calinescu expone que ésta surge de un proceso que pasa por adquirir noción del tiempo, dividir el tiempo en etapas, y contrastar unas etapas con otras. De la Querelle, proseguía el crítico, surge “el patrón del desarrollo literario y artístico a través de la negación de los modelos de gusto establecidos”[liv]. Por último, hemos visto como Baudelaire define la modernidad, en 1863, como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente”[lv]. Zygmunt Bauman hace una lectura interesada del proceso para decir que “La historia del tiempo empezó con la modernidad”[lvi] -no podemos estar de acuerdo con Bauman, para nosotros es harto evidente que es necesaria una previa conciencia del tiempo para una conciencia de la modernidad y no al revés; vg: Cristóbal Cellarius, propone la división de la historia en Antigua, Media y Moderna, en 1685, casi doscientos años antes de que Baudelaire publique sus escritos, hubo relojes de pesas ya en el siglo X y relojes de sol en tiempos de los Ptolomeos, es decir a.C.-. En esta confusa afirmación apoya parte de sus tesis: una “eternamente incompleta modernización”[lvii], en la que el hombre tiene una “identidad que sólo existe en tanto proyecto inacabado”[lviii].

Pero en 1982, con anterioridad a Bauman, Marshall Berman escribe: “Finalmente, es fundamental observar el uso que Baudelaire hace de la fluidez ("existencias flotantes") y la gaseidad ("Nos envuelve y empapa como una atmósfera"[lix]) símbolos distintivos de la vida moderna [...] el hecho fundamental de la vida moderna es que, como dice el Manifiesto Comunista, "todo lo sólido se desvanece en el aire"”[lx]. La última frase del pasaje, da título al libro que lo recoge. Bauman se apodera del análisis de Berman, sin citarlo, como tampoco cita a Benjamin o a Habermas al hablar de proyecto incompleto.

La modernidad es fluida desde su inicio, es una cualidad inherente a ella. Es inconcebible una modernidad sólida, inmutable. La posmodernidad también es fluida pero sus cambios se suceden a mayor velocidad y lo que la distingue de la modernidad, lo que la dio paso, fue “la crisis de los relatos”[lxi]. El mismo Bauman afirma “ha cambiado la condición humana de modo radical y exige repensar los viejos conceptos que solían enmarcar su discurso narrativo”[lxii].

Bauman acierta calificando la contemporaneidad de era de la incertidumbre[lxiii], el azar[lxiv] y el caos, la instantaneidad[lxv], fugaz[lxvi], volátil[lxvii], efímera[lxviii], posjerárquica[lxix], híbrida[lxx], mutante[lxxi] -coincidiendo con Ferré (quién ya usa el término en 2003) y Bourriaud (en 2006)-, omnívora[lxxii], desestructurada, y dominadora[lxxiii]. Pero yerra en la etiqueta. No es líquido todo lo que fluye. Lo virtual no es corpóreo. Y la contemporaneidad no es moderna. Es posmoderna junto con algo nuevo: sobremodernidad (Augè, 1993)[lxxiv], pangea (Mora, 2006)[lxxv], afterpop (Fernández Porta, 2007)[lxxvi] o narrativa de la imagen (Wallace, 1997)[lxxvii].

En contra de lo que opina Bauman, no estamos en una nueva etapa del pasado sino que estamos en “las ruinas del futuro” en palabras de Don DeLillo (2002)[lxxviii]. La influencia de los media y la velocidad de conexión instantánea cambia el paradigma. El kilómetro por hora se convirtió en megabit por segundo. La era de lo digital, de los terminales, la galaxia Bill Gates, la era del simulacro, no es objetual. Definitivamente todo lo sólido se desvaneció en el aire. La suplantación de lo real por lo virtual, es el inicio de una nueva etapa. Los rasgos de la globalización y la deslocalización no son la capacidad de mutación sino la gran velocidad a que se es capaz de simular la mutación. Hasta la inmediatez en las pantallas.

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Notas

[i] Jameson, 1991, op.cit.

[ii] Jameson, 1991, op.cit.

[iii] Jameson, 1991, op.cit.

[iv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[v] Jameson, 1991, op.cit.

[vi] Bell, Daniel. Afterword: From Colonial Discourse to Colonial Semiosis. 1996. "I think of modernity as a world outlook whose emphasis on life and thought is on experience, rather than tradition, as the touchstone of judgement. Modernism is a current in culture wich expresses that outlook in symbolic and expressive terms".

[vii] Jameson, 1991, op.cit.

[viii] Mandel, Ernst. El capitalismo tardío. México: Ediciones Era. 1972.

[ix] Jameson, 1991, op.cit.

[x] Bell, Daniel. El advenimiento de la sociedad post-industrial. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 2001.

[xi] Jameson, 1991, op.cit.

[xii] Jameson, 1991, op.cit.

[xiii] Jameson, 1991, op.cit.

[xiv] Jameson, 1991, op.cit.

[xv] Ferré, Juan Francisco. Providence. Barcelona: Editorial Anagrama, S.A., 2009.

[xvi] Jameson, 1991, op.cit.

[xvii] Jameson, 1991, op.cit.

[xviii] Jameson, 1991, op.cit.

[xix] Jameson, 1991, op.cit.

[xx] Jameson, 1991, op.cit.

[xxi] Jameson, 1991, op.cit.

[xxii] Jameson, 1991, op.cit.

[xxiii] Jameson, 1991, op.cit.

[xxiv] Jameson, 1991, op.cit.

[xxv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxvi] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxvii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxviii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxix] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxx] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxi] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxiii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxiv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxvi] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxvii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xxxviii] Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. 15ª Edición. México: Siglo XXI editores, 2004. All that is solid melts into air. The experience of modernity. 1982. “Finalmente, es fundamental observar el uso que Baudelaire hace de la fluidez ("existencias flotantes") y la gaseidad ("Nos envuelve y empapa como una atmósfera") símbolos distintivos de la vida moderna [...] el hecho fundamental de la vida moderna es que, como dice el Manifiesto Comunista, "todo lo sólido se desvanece en el aire"”.

[xxxix] Bauman, Zygmunt. Modernidad Líquida. 5ª Reimpresión. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A., 2006. Liquid Modernity. 2000.

[xl] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xli] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xlii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xliii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xliv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xlv] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xlvi] Deleuze, Gilles; Guattari, Félix. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. 8ª Edición. Valencia: Pre-textos, 2008. Mil plateaux (capitalisme et schizophrénie). 1980.

[xlvii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xlviii] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[xlix] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[l] Bourriaud, 2009b, op.cit.

[li] Butler, 2007, op.cit.

[lii] Bauman, 2006, op.cit.

[liii] Calinescu, 1991, op.cit.

[liv] Calinescu, 1991, op.cit,

[lv] Baudelaire, 1996, op.cit.

[lvi] Bauman, 2006, op.cit.

[lvii] Bauman, 2006, op.cit.

[lviii] Bauman, 2006, op.cit.

[lix] Baudelaire, Charles. "Del heroísmo de la vida moderna". Salones y otros escritos sobre arte. La balsa de la medusa. Madrid: Visor. Dis, S.A., 1996.

[lx] Berman, 2004, op.cit.

[lxi] Lyotard, 2008, op.cit.

[lxii] Bauman, 2006, op.cit.

[lxiii] Bauman, Zygmunt. Vida líquida. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 2006. Título original: Liquid Life. 2005.

[lxiv] Bauman, 2006, op.cit.

[lxv] Bauman, 2006, op.cit.

[lxvi] Bauman. 2006b, op.cit.

[lxvii] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxviii] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxix] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxx] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxxi] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxxii] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxxiii] Bauman, 2006b, op.cit.

[lxxiv] Augè, Marc. Los no-lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. 1ª Edición. Barcelona: Editorial Gedisa, S.A., 1993.

[lxxv] Mora, Vicente Luis. Pangea. Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo. 1ª Edición. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2006.

[lxxvi] Fernández Porta, Eloy. Homo Sampler. Tiempo y consumo en la Era Afterpop. 1ª Edición. Barcelona: Editorial Anagrama, S.A., 2008.

[lxxvii] Wallace, 2001, op.cit.

[lxxviii] DeLillo, Don. En las ruinas del futuro. 1ª Edición. Barcelona: Circe Ediciones, S.A., 2002. In the Ruins of the Future. 2001.

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