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Diciembre 06, 2010

Una mujer del siglo XX - Gustavo Santiago

Originalmente en adn*cultura

Simone Veil, Una vida.Capital Intelectual, Trad.: Mateo Schapire, 280 pp.

simone+weil+miliciana.jpg Una vida es el título de la autobiografía de una de las mujeres que más ha influido en la política francesa y europea durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI: Simone Veil (Niza, 1927). Leerla es adentrarse en la historia de la Europa contemporánea.

El libro comienza con la descripción de una situación poco menos que paradisíaca. La familia Jacob disfruta de una vida feliz en su casa de Niza, como una de tantas familias judías asimiladas, a la que la autora caracteriza como "patriota y laica". El jefe de la familia, André Jacob, es un joven arquitecto que reivindica su pertenencia a la comunidad judía, pero no por cuestiones religiosas sino culturales. Su esposa, Yvonne, es una mujer amable y cariñosa, que "a pedido de su esposo había abandonado sus estudios de química, que la apasionaban, para dedicarse a la casa y a los hijos". Simone es la menor de cuatro hermanos, tres mujeres y un varón. En casa de los Jacob está prohibido hablar de política. El padre lee -pero no comenta- algunas publicaciones de derecha; la madre se contenta con mirar, a escondidas, algunos diarios y revistas socialistas. Pero ese presente pronto mostrará su fragilidad. La guerra, en un principio apenas percibida como algo remoto desde la apacible Niza, comenzará a oscurecer el horizonte.


El primer temblor tiene lugar en octubre de 1940, cuando se da a conocer el comunicado que establece la segregación administrativa de los judíos. André Jacob pierde el derecho a ejercer su profesión de arquitecto y esto marca el inicio de un período signado por las penurias económicas. Pero la situación se agrava con la llegada de la Gestapo a Niza en septiembre de 1943. A fines de marzo del año siguiente, Simone, su hermana Milou, su madre y su hermano Jean son detenidos y una semana más tarde trasladados al campo de Drancy, donde padecieron la angustia de la incertidumbre por el futuro. La autora insiste en que incluso en ese momento no podían imaginar siquiera lo que los aguardaba: "Nunca escuché hablar en Drancy de cámaras de gas, hornos crematorios o medidas de exterminio. Todo el mundo repetía que íbamos a ser llevados a Alemania para trabajar ´mucho´". El 13 de abril las tres mujeres fueron trasladadas al campo de Auschwitz-Birkenau. En él permanecieron hasta el 18 de enero del año siguiente, cuando fueron llevadas a Bergen-Belsen. Allí falleció la madre, un mes antes de la llegada de las tropas inglesas. Denise, la otra hermana, que había sido deportada al campo de Ravensbrück, también logró volver a Francia tras el fin de la guerra. El joven Jean y su padre fueron trasladados de Drancy al campo de Kaunas, en Lituania, del que no regresaron.

Tal como han narrado otros sobrevivientes, volver a lo cotidiano tras padecer el horror en Auschwitz fue algo sumamente difícil para Simone. Su refugio fue el estudio: se inscribió en la Facultad de Derecho y en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de París, donde conoció a quien en 1946 se convertiría en su marido: Antoine Veil, con quien tuvo tres hijos. Se abrió allí un breve período en el que se fue gestando la Simone Veil que emergería como figura pública unos años más tarde.

Durante los primeros años de matrimonio, Simone se dedicó a la vida familiar, pero con clara conciencia de que esa situación era transitoria. Por ello, cuando su marido intentó oponerse a que continuara con sus estudios y que desarrollara una carrera propia, Simone hizo lo que no había hecho su madre: defendió su elección sin vacilar. En 1954 consiguió una pasantía por dos años en el Ministerio Fiscal y luego fue asignada a la Dirección de la Administración Penitenciaria, cargo en el que permaneció durante siete años, hasta 1964, y en el que concentró especialmente su atención en la situación en que se encontraban las mujeres en las cárceles. En 1964 fue nombrada directora de Asuntos Civiles. Luego fue consejera técnica en el Ministerio de Justicia, puesto que dejó un año más tarde, cuando el presidente Pompidou la nombró secretaria del Consejo Superior de la Magistratura. En 1974, Jacques Chirac, Primer Ministro en el gobierno de Valéry Giscard d'Estaing, la nombró ministra de Salud. Allí alcanzó notoriedad al presentar, defender y lograr que se aprobara la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (que, precisamente, se conoce como "Ley Veil"). En 1979 fue elegida miembro del Parlamento Europeo, del que fue presidenta por tres años. En 2001 el primer ministro Lionel Jospin la nombró presidenta de la Fundación por la Memoria de la Shoah. En 2008 fue nombrada miembro de la Academia Francesa (la sexta mujer en conseguirlo). A propósito de los cargos desempeñados a lo largo de su vida, la autora sostiene: "En todos los cargos que tuve, en el gobierno, en el Parlamento Europeo, en el Consejo Constitucional, me esforcé por no flaquear, poniendo cada uno de mis actos al servicio de principios en los que creo firmemente: el sentido de la justicia, el respeto del hombre, el estar atento a la evolución de la sociedad".

La vida de Simone Veil es, ante todo, una vida pública. De ahí que en el texto -salvo en los primeros capítulos- escaseen las referencias a la intimidad. Abundan, en cambio, las referencias a situaciones puntuales que tuvo que afrontar en los diferentes cargos que ocupó, las calificaciones mordaces acerca de sus adversarios políticos, las tajantes tomas de posición ante diversos temas que despertaron polémicas (como, por ejemplo, la discriminación de la mujer, el aborto, la inmigración, la posición de Francia en la Comunidad Europea). Sin llegar a ser un texto de filosofía política, Una vida puede resultar apropiado para repasar la historia reciente de Europa de la mano de una de sus principales protagonistas.
DEL FIN DE LA GUERRA A SARKOZY
Por G. S.

La autobiografía de Simone Veil incluye una importante cantidad de definiciones contundentes. Sobre la incomprensión vivida por los sobrevivientes de Auschwitz, sostiene que "la gente prefería no saber demasiado lo que habíamos vivido. Era casi como si se sorprendieran de que hubiésemos vuelto, dando a entender, además, que debíamos de haber cometido más de una ignominia para poder escapar". También se refiere a las dificultades cotidianas luego del retorno: "Había perdido a tal punto la costumbre de dormir en una cama que durante un mes pude solamente dormir en el suelo".

Sobre los "derechos humanos", defendidos por los gobiernos poderosos, señala que "estos derechos humanos, supuestamente universales, no lo son. Siempre hay una doble vara para medir. Cuando se trata de negociar acuerdos comerciales con China, el silencio vale oro. Cuando se busca seducir a Vladimir Putin, se le otorgan sin problemas certificados de civismo, silenciando sus violaciones a los sacrosantos derechos humanos. En el fondo, se sermonea únicamente a los débiles, mientras que siempre se termina blanqueando a los poderosos".

Nicolas Sarkozy es, en opinión de Veil, "un hombre tan inteligente como rápido, un trabajador incansable, siempre al tanto de todos los temas". También defiende la causa de las mujeres: "Estoy a favor de todo tipo de medidas de discriminación positiva que puedan reducir la desigualdad de oportunidades, las desigualdades sociales, las desigualdades de remuneración y las desigualdades de promoción que deben soportar las mujeres".
ADNVEIL

Nacida en Niza en 1927, Simone Jacob adoptó luego el apellido de su marido, al que conoció cuando ambos estudiaban ciencias políticas. Sobreviviente de los campos de concentración, Veil realizó una extensa carrera política. Fue la primera mujer en presidir el Parlamento europeo (entre 1979 y 1982). Su apellido quedó asociado a la Ley Veil, que promulgó en 1975 como Ministra de salud y que legalizó el aborto en Francia.

Enviado el 06 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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