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Enero 07, 2011

La Promesa de la Política. Entrevista A Tania Bruguera - Pablo España

Visto en [esferapublica]

El pasado viernes se presentó La Promesa de la Política, una publicación con motivo de la exposición de Tania Bruguera en la fundación Rosón Arte Contemporáneo, comisariada por Santiago Olmo para la XXXI bienal de Pontevedra.

En este catálogo, junto a los textos de Santiago Olmo y Daniel Villegas se incluye una entrevista que hice a la artista, en la que se habla sobre el “arte cubano”, el “arte político”, los ministros de cultura de Colombia y Cuba y otras cosas…

bruguera-1b.jpg Sobre lo primero que me gustaría preguntarte es por tu posición en la escena internacional como representante del arte actual cubano. ¿Hasta qué punto los artistas cubanos se han servido de un cierto exotismo condicionado no solo por su situación geográfica en un contexto como el caribeño pero tan cerca de los EEUU sino sobre todo por la situación política del país?

Bueno la primera cosa que te digo es que una sola persona no puede representar la complejidad de todo un país ni de una Historia, esos son arquetipos que se usan para dar un mensaje rápido y conciso que muchas veces corresponde a una necesidad publicitaria con un fin determinado, para dar paso a una instrumentalización.

También presume que los artistas somos claros cuando en realidad nos estamos re-definiendo todo el tiempo. Así que mejor eso vamos a dejárselo a los que tienen complejo de dictadores. Lo segundo es que, decir representar al arte actual cubano asume que hay un movimiento o al menos una estrategia institucional para armar una coherencia ideológica y yo nunca me he querido adherir a algo de este tipo, por el contrario siempre ando corriendo delante de estas aspiraciones de estratificación para que no me alcancen, tratando de escaparlas, a menos que fuese algo que he creado yo, porque es una obra que juega con / contra estas cosas.Si seguimos tu lógica podría decir que también represento a los artistas que han estudiado su máster y viven en Chicago, lo cual no es poco cierto porque esa ciudad también ha definido algo de mi práctica, o que represento a los artistas nómadas actuales porque siempre estoy en camino a algún lugar y eso conforma mi obra.

Con respecto a tu pregunta me gustaría pensar, más que exotismo (aunque creo que estás en lo cierto), que la problemática de lo que representa Cuba es imposible de escapar para los artistas cubanos. Es imposible escapar a la situación cubana como fantasía política internacional de la izquierda y lo será mientras el gobierno cubano se presente como tal en su proyección internacional (y en su turismo interno); mientras entienda al arte como un “arma de la revolución” cualquiera que sea ese tipo de arma y cual sea a lo que está dirigida; mientras sea la izquierda la presencia más fuerte en el mundo del arte. Los artistas que han decidido obviar esta paradoja de la libertad dentro de la creación del arte, la vieja discusión sobre la autonomía del arte versus su utilidad social, si son cubanos, a su pesar, al final pasan más por colaboradores pasivos de un sistema político, que por su deseada posición apolítica. La situación política del país, tal como ha sido desde enero del 1959 hasta ahora, ha influenciado todas las esferas de la vida social y personal, se ha metido con o sin permiso en todos los aspectos del cotidiano para ser un punto de referencia, precisamente, cotidiano.

Con un gobierno del tipo del que tenemos en Cuba, todos somos instrumentos, es algo casi inescapable, aunque decidas irte y no conectarte con los acontecimientos cubanos. Porque el imaginario que hay sobre ese lugar por parte de los otros es más fuerte que cualquier otro estereotipo al cual uno se adhiera. Y es ahí donde está uno de los problemas de ser artista cubano, que uno se encuentra luchando por salir de los deseos exóticos del “otro”; ese “otro” que te ha definido académicamente como “otro” y no entiende que uno no entienda que ha sido clasificado como “otro”; y que no están dispuestos ellos mismos a verse como los “otros” porque no pueden ponerse en nuestra perspectiva. La gente cree que tiene clara, de antemano, cual es tu posición como artista cubano del asunto cuando para uno mismo es algo muy complejo; y tienen mucha sospecha si uno trata de cambiarles esa visión. Muchas veces decimos popularmente en Cuba, que el peor enemigo de la Revolución es la izquierda internacional, porque no deja salirnos de sus proyecciones, no permite una conversación seria que sea crítica y a veces uno es para ellos, por transferencia, el testimonio de lo que ellos creen es su propia autenticidad y autoridad en la materia. Además he encontrado que muchos de los que se sienten con derecho a hablar de Cuba no dejan que uno hable de sus países, ni ponga todo lo que ha experimentado política o socialmente en su terreno, lo cual es un neo-colonialismo intelectual parapetado, mientras ellos lo hacen todo el tiempo. Hay artistas que ante todo esto tratan de “hacérselos fácil”, para que los que ven la obra encuentren un consenso que los haga sentir bien. Están también los artistas que deciden entrar en el juego del “arte internacional” apropiándose de referentes ajenos e insípidos.

La manera en la cual yo he tratado de resolver esto en mi trabajo es no escapar ninguna de estas problemáticas. Trato de venir con una visión que negocia su intromisión con lo que está viviendo; trato de encontrarme en cada situación el lugar que me hace sentir “en casa”; pero también vengo con el deseo de entender las cosas que me rodean y entender es algo demasiado complejo para reducirlo a un estereotipo. Con países como Cuba y con artes como el cubano es un problema de expectativas.

Tú has hablado últimamente de que no te interesa la representación de lo político sino crear verdaderamente un acto político. ¿Crees que una acción política desde dentro del sistema-arte puede superar la representación?

Hago una distinción en el arte, entre el representar lo político y el actuar político, de hecho creo que hay muchos políticos profesionales que son ellos mismos una representación porque realmente no hacen política, hacen todo lo que viene alrededor de y que acompaña a cambiar el mundo sin realmente hacerlo y creo que nos hemos acostumbrado un poco a ese tipo de político-burócrata o político-celebridad o político que ya no creen en la política sino en ser elegidos, nos hemos acostumbrado a la representación de las cosas. Como mismo política es la acción de cambiar las cosas en la sociedad; en el arte hay muchos artistas que trabajan con las imágenes procedentes de los medios y de la política pero no se interesan por las consecuencias de su trabajo y para mí el arte político es el que trabaja las consecuencias de su existencia, de sus interacciones y no se queda en el plano de asociación o memoria gráfica. Es intervenir en el proceso que se crea después que la gente piensa que se terminó la experiencia del arte. Para mí el arte político es el que trasciende el campo del arte, el que se mete en la cotidianeidad de la gente, uno que les hace pensar. Para mí el arte es algo que se debe pensar como desechable, es un medio para otras cosas, es una capa de protección. Entiendo que hay artistas que son coherentes y que respeto que se enfocan en la búsqueda de nuevas combinaciones asociativas pero para mí ese experimento en sí mismo, sin una finalidad que se salga del mundo del arte no es algo que me excite por decirlo con un anglicismo, el arte, como pasa con un descubrimiento científico, debe pensarse en sus aplicaciones. El arte también se puede usar con fines políticos pero eso no es arte político, es arte-propaganda. El arte político tiene dudas, no certezas; tiene intenciones, no programas; comparte con los que lo encuentran, no impone; se define mientras se hace; es una experiencia, no una imagen; es algo que va al campo de lo emocional y eso es más complejo que una unidad de pensamiento. El arte político es el que se hace cuando no está de moda y cuando es incómodo. El arte político es incómodo, legalmente incómodo, cívicamente incómodo, humanamente incómodo, nos afecta, el arte político es el conocimiento incómodo.

Uno de los problemas histórico del arte político es su desfase con las vanguardias artísticas cuando hablamos de arte político popular, es como si hubiera una especie de condescendencia con el público, como si existiera un solo lenguaje para representar lo político, uno que no hace pensar sino que unifica. Si es un arte político hecho desde el mundo del arte, entonces hay una gran posibilidad de que haya mucho de incomunicación, porque implica un proceso educativo (no didáctico) con el público, para educarlos contra sus miedos, contra el miedo a tener miedo; educarlos contra lo que desconocen; porque los políticos se agarran de lo que la gente conoce y les asustan con lo que no conocen, lo cual es una manera muy eficaz de inmovilizar. Por otro lado los que son profesionales de la política se han apropiado de espacios cívicos, han mezclado y usado estrategias corporativas con espacios civiles como la libertad de expresión, como la existencia de instituciones sociales trastocando eficiencia con necesidad de existir y de funcionar en la sociedad, la política no es un servicio, es una manera de pensarse en el futuro, no hay que dejarse confundir con la dimensión administrativa de la utopía.

Sí creo que una acción política desde dentro del sistema-arte puede superar la representación, la cosa es por cuánto tiempo y con qué nivel de deterioro. El arte político tiene que resistir la erosión de la incredulidad, del cinismo, de la banalización, de la indiferencia, de aquellos que tienen intereses dentro del arte y de la presión por su permanencia después que ha expirado de su necesidad política de existir. El arte político no debe querer perdurar porque su esencia es de una implicación momentánea. A veces el arte con intenciones políticas y con una cierta ideología se llega a convertir en su opuesto, se llega a convertir en lo que critica, este es el reto más difícil del arte político; porque cuando ya no hay “necesidad” de ese arte político surge la búsqueda de sentido de su permanencia/existencia, y la importancia se convierte en autoimportancia, el arte político no debe pensarse importante porque no sabe de antemano cual será su repercusión y porque su repercusión caduca. Es un tipo de arte que no puede temer ser destruido y desaparecer.

El problema de la representación no es académico, es la respuesta que uno le da a la función del artista; ser quien archiva (una especie de Funes el memorioso) o quien piensa que el arte puede decir lo que no está dicho (porque quizás no se sabe bien, o porque por una razón u otra, nadie se atreve a decirlo aunque lo estén pensando).

Estamos en un momento en el que hay una enconada discusión alrededor de la categoría de “arte político” y de su posible efectividad. Quizás esta discusión tenga mucho que ver con el hecho de que el “arte político” está de moda o es una “etiqueta” hegemónica ahora mismo en el panorama artístico. Alrededor de su efectividad hay muchas dudas, dudas que quizás tengan que ver por una lado la apropiación de la estética de la revuelta por parte del sistema publicitario y por otro por la convicción (vanguardista) de que el único arte político eficaz es el que se pone al servicio de una lucha o de un movimiento social concreto.

Hay que luchar muy duro para quitar la idea de una “etiqueta” hegemónica, ese debe ser el primer gesto de un artista político.

Te aseguro que la “moda” del arte político va a ser muy corta, creo que tuvo que ver con el entusiasmo y movilización que provocó Barack Obama, con la posibilidad de pensar lo imposible. Tuvo que ver también con el reto de coleccionar de manera más generalizada arte de los 60-70 que es algo en estos momentos clínicamente no-peligroso (aunque tenga el potencial) y que hace una pregunta interesante con respecto al archivo. Quizás tuvo que ver con la crisis económica mundial y la sugerencia entusiasta de poder pensarse otro sistema económico.

Sí te puedo asegurar que ese arte que ahora es dócil fue incómodo, el arte político que no es más arte que lo que es político no es cómodo porque habla desde una posición de exigencia y porque muchas veces viene acompañado de nuevas formas, lo cual necesita de un cierto ajuste del espectador para asegurarse que lo que está frente a él es efectivamente arte. Así que esta vuelta al arte político viene ya con la tristeza de saber que va a ser inadecuadamente coleccionable y con una trágica confianza en que su eficacia es limitada. Es un arte político con un matiz histórico porque los artistas de ahora han conocido ese tipo de arte de forma mediatizada, sin la urgencia que les hizo necesarios, sin las rabias que les hizo ser rechazados. Así que por lo general es un arte político desde el arte (la política como forma, como tema), que ve las insuficiencias del medio artístico y que duda de su capacidad para cambiar las cosas porque ahora estamos acostumbrados y nosotros damos por dados cosas que fueron parte de las luchas y logros de esas obras políticas y por lo tanto quizás no entendamos bien cuál fue el “drama”. Ahora esas obras perturbadoras las vemos como una foto o un video o un recuerdo intrigantemente atractivo. Además, el énfasis que se le está dando en general a volver a pensar ese tipo de arte, no está en la fe en que cambiará las cosas, porque eso no le conviene a nadie en el mundo del arte.

Pienso que el arte político que más atención está teniendo está ligado a una vuelta a la crítica institucional. Es por eso que es un arte político que no se puede pensar completamente activista. Va a ser una moda corta porque va a durar hasta que los artistas empiecen a hacer cosas incómodas de manera más seguida, va a durar hasta que los artistas tengan que no echarse para atrás e ir hasta las consecuencias finales de sus ideas y sus acciones. Mucho del arte político que se hace ahora es más un gesto citatorio que un gesto político.

Un arte político no puede ser no-ideológico, después si se pone al servicio de un movimiento o de una forma de pensar o de una angustia es otra cosa, pero me dan mucha gracia los artistas “políticos” que su única ideología consiste en ser artistas y mantener ese estatus a toda costa. Un verdadero artista político tiene que estar dispuesto en todo momento a renunciar a ser artista, y esto viene directo de los soviéticos y de la izquierda dura, pero es cierto, solo siendo capaz de renunciar a lo que a uno más le importa uno dará todo lo que tiene. No creo que tal decisión se le deba exigir a nadie porque no es justo poner a nadie en este tipo de coyuntura. Pero si es cierto que la gran “culpa” del arte político es sentirse inútil, sobre todo frente a gente que están haciendo cosas con un “verdadero” y “palpable” impacto. Porque uno siempre lucha contra ser un decorador de interiores, pero también tiene que entender que no puede estar “al servicio” ni de un líder, ni de una causa, ni de un gobierno, ni del poder, esa es la muerte del verdadero arte político. El artista político tiene que tener una independencia que defiende a toda costa; lo cual no significa que sea incoherente o que no entienda la ideología que hay detrás de sus acciones o la manera en las cuales lo que hace se pueden manipular por uno u otro lado, o que decida colaborar con un movimiento pero no puede perder su independencia de pensamiento porque solo así podrá tener una visión clara de las cosas que no entiende.

La apropiación de la “estética de la revuelta por parte del sistema publicitario” es un síntoma de cuan atrasado esta el desarrollo de un nuevo lenguaje político popular y cuanta necesidad hay de renovarle. Es ahí donde un artista puede aportar muchas cosas. Pero también es un poco el juego a invalidar, a banalizar la potencialidad de las cosas por parte del “Stablishement” que ya es tan común y digamos esperado. Que algo sea una especie de “acuerdo generalizado” no quiere decir que haya perdido su potencial efectividad. Es sabido que no es casual el uso de ciertas canciones que fueron protesta para anunciar automóviles o perfumes o un tipo de vida que traiciona lo que la canción declara, están tratando de erradicar el poco deseo de rebelión que podamos tener al darle una función pasiva y de confort a algo que fue un llamado a las conciencias. Somos artistas individuales trabajando contra equipos de especialistas en sumisión de masas, es por eso que tenemos que ser radicales y no ceder tan rápidamente, al menos no hasta que ya hayamos agotado las posibilidades de lo que concedemos.

Creo que los que estamos interesados en el arte político estamos todavía muy afectados por el antagonismo entre pintor de la corte o artista contestatario pero hay más posibilidades, se puede ser artista cívico, no sé, se puede ser artista independiente, hay muchas otras opciones. Uno si se mete en esto de arte político tiene que entender que no es una posición transitoria en la cual uno solo esta contra el poder hasta que es absorbido por él o que por el contrario si no es absorbido será un ente miserable y resentido, ser artista político no tiene nada que ver con ser aceptado, ni con consenso. Pero también estamos muy afectados con la angustia de tener dudas. Ser artista político no es un trabajo, ni un oficio, es una incómoda sensación de incomprensión y de compartir la necesidad de entender.

También la cosa es que los artistas políticos quieren hacer arte político que sigue las leyes del arte y el arte político no debe seguir las leyes del arte sino las leyes del tema, del contexto, de la economía, de la dinámica a la que se está refiriendo y en la cual debe existir. Muchos artistas políticos quieren hacer su obra para que exista directamente en las galerías y en los museos, yo no creo que las cosas deben existir en una sola dimensión pero creo que si es arte político que no es sobre temas de arte debe hablar con aquellos a quienes les concierne el tema y funcionar para ellos, después tener una validez en el museo y la galería es otro tema.

Los artistas políticos si bien tenemos claro que no queremos ser decoradores de interiores tenemos que re-pensarnos las maneras en las cuales nos vamos a relacionar con el poder. Algunos artistas han sentido la necesidad de entrar en la política directa y creo que de cierta forma nuestra posición debe estar en la insatisfacción de no poder estar sino que entre las dos.

En este panorama, dos Ministros de Cultura se han pronunciado sobre acciones tuyas, el de Cuba y la de Colombia, yo no sé si esto que haces tú es arte político pero desde luego que debe de ser algo muy parecido. El ministro cubano, a partir de tu intervención en la Bienal de La Habana, declaró que las críticas desde dentro de la Revolución, como la tuya, siempre son constructivas. En un régimen totalitario ¿cómo es posible un pensamiento artístico independiente?

Para mí el arte político también debe hablarle a, comunicarse con, los políticos, solo que esta vez el artista no es alguien que sigue órdenes, es alguien que se propone como un ciudadano que quiere participar de un proceso que también le pertenece. En el arte político precisamente los políticos profesionales no deben ni pueden ser ignorados, no estamos en un diálogo de resentidos, estamos tratando de encontrar una posible realidad que sea diferente y eso solo se puede hacer de manera sostenida con la política directa. No podemos dejárselo todo a las elecciones. La verdad es que en medio de lo que significa sentir el poder real sobre uno, las cosas se vuelven un poco más “graves” y “heavy” pero de eso se trata, de que las cosas son reales. Uno tiene que estar muy seguro del por qué hace las cosas, el objetivo (o al menos el sentimiento detrás) de la obra tiene que ser claro para uno, porque con la política hay poco espacio para las indefiniciones y las intenciones valen mucho más que la amenaza de las acciones, porque la política trabaja con la confiabilidad, lo demás se puede siempre manipular y cambiar. El caso de Cuba fue un poco más emotivo para mí, el de Colombia fue más conceptual, pero en los dos casos tuve cosas que perder que eran bastante concretas y claras.

En el caso de Abel Prieto, el ministro de cultura cubano, a quien le tengo respeto por tratar de navegar desde dentro en la tormenta del autoritarismo, pensando que él ha dejado de ser escritor para ser ministro, un sacrificio que no creo que muchos podamos plantearnos. En su caso estaba claro que su posición pública era coherente, defender un acto de crítica hacia la Revolución “dentro de la Revolución” como algo constructivo es una frase que hace eco a la expresión casi legalmente amenazadora de Fidel en su discurso “Palabra a los Intelectuales” “(…) dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”. La manera en la que Abel ha definido su mandato ha sido mucho más inteligente que la del anterior ministro, que recurría a la censura directa y cerraba eventos en presencia de la policía secreta y demás burócratas e ideólogos del partido. Abel ha tejido un juego que es más complejo: las obras se ven en su complejidad subjetiva y sus lecturas son múltiples, de ahí se escoge, es el mandato del poder de la interpretación. Esto ha “salvado” muchas cosas pero amenaza la fragilidad de una obra política cuando la fuerza del poder impone una lectura. Un acto de fe interpretativa para “el arma de la Revolución”. El acto de censura como un acto semiótico es un reto más interesante para un artista que el de censurar y crear “víctimas”, es entrar en el juego político. Ahora el problema de esta fórmula está en los casos en los que los artistas piensan que hacer obras sin interpretaciones, con vacios evidentes de intenciones más allá de las formales es la opción que propiciará todos los beneficios. Otro problema es cuando no se le puede aplicar a personas que son percibidas como de “dentro de la Revolución” o como los blogueros que escapan a esta estrategia o artistas abiertamente disidentes que no quieren jugar este juego de sutilezas. En esos casos me pregunto si la ideología puede estar tan ligada a una tecnología y si los derechos humanos son un privilegio.

La ministra de Cultura de Colombia creo que hizo lo que tenía que hacer porque la obra paso a ser parte del discurso mediático y en esos momentos estaban discutiendo la posibilidad del consumo mínimo contra lo cual estaba el entonces presidente Uribe, ella hizo “lo que está en los libros”. En Colombia, más allá de lo ella pudiera entender o no de arte, porque eso no lo sé; hubo muchos juegos de imágenes. La ministra de educación, que también se declaró públicamente sobre el tema creo que está más justificada porque es cierto que educación y drogas es una relación mucho más compleja, mas irresuelta y las implicaciones simbólicas de la acción en la Universidad Nacional que es un lugar tan fuerte y con una historia tan importante en las luchas reivindicativas tenía unas connotaciones que hacen que comprenda que ese poder se manifestara. Yo creo que también sucedió que fue una obra hecha por una persona extranjera dentro de un evento organizado por una institución norteamericana (que ya sabemos los roles que históricamente estas tienen en las historias de Latinoamérica), habían en juego muchas inestabilidades emocionales.

Viendo estas dos acciones desde la perspectiva de tu pregunta me hace pensar que fueron obras que funcionaron en mi deseo de estar entre los dos mundos, el político-concreto y el artístico-representacional, aunque la de Colombia (“Sin título, (Bogotá, 2009)”) fue más difícil de aceptar incluso para los que no estuvieron presente porque hubo una especie de esfuerzo por poner una visión moralista en una obra que no era sobre la moral sino sobre la responsabilidad. En el caso de la obra en Cuba (“El Susurro de Tatlin #6 – versión para la Habana -”) creo que la tensión fue mucho más intensa. En los dos casos eran obras que propiciaban hacer en un espacio público lo que se hace mayormente solo de manera solapada y cómplice en privado (en Cuba criticar o dar su opinión sobre el gobierno, en Colombia consumir un producto penalizado e ilegal), en los dos casos había consecuencias legales concretas pero por alguna razón sentí en la Habana que la tensión era más intensa quizás porque no se podía visualizar de donde vendría la represalia, porque nadie sabe quién es el de la policía secreta que sabíamos que definitivamente los había en el espacio, y no sabíamos si habría consecuencias concretas para los que estábamos ahí, no podíamos visualizar que podría pasar. En Bogotá quizás estaba más claro cuales eran las opciones represivas posibles y de donde vendrían y sobre quién caerían y todo el mundo era, creo, un poco más consciente del rol que podrían defender, que tuvieron en el lugar, en fin, allí es un acto de decisión personal entrar en la ilegalidad y uno no es responsable por el otro; mientras que en Cuba todos éramos implicados, porque ahí se entiende bien que no contrarrestar un acto es ser automáticamente parte colaboradora y todos de cierta manera estamos en la ilegalidad constante; eso no creo que era tan claro en Bogotá donde creo que uno puede permitirse no intervenir en algo de lo que es testigo.

No creo que dentro de un régimen totalitario se pueda tener un pensamiento artístico independiente porque no tienes la opción de no ser parte de lo que está pasando. Puedes tener tus propias ideas sobre las cosas, puedes incluso desvincularte productivamente de tu realidad (porque logras utilizar un sistema productivo que no dependa del sistema o porque decidas no producir, que es una opción en estos casos), puedes incluso crear en oposición, pero siempre el regimen es tu punto de referencia, siempre es un factor a tener en cuenta. Si decides emigrar no deja por eso de ser un referente, los que nacen y viven en regímenes totalitarios son malditos por sus circunstancias y están casi pre-determinados a estudiar esa megalomanía nefastamente íntima que se disfraza de nobleza colectiva. Creo que para mí fue muy importante leer Mephisto de Klaus Mann cuando era una adolescente y eso me ha marcado bastante, creo que es uno de los tantos libros indispensables para ese tipo de conflicto. Los regímenes totalitarios se apropian del derecho no solo a pensar sino a sentir, se meten en tus emociones, te trastocan el sentido de lo que te hace bien e invalidan la capacidad de entender lo que uno necesita. A veces me parece que la mejor solución es hacerse innecesario, hacerse no-persona, pero es un precio bastante caro, aunque de cualquier forma uno olvida que puede pensar… Pero no se tampoco cuanto piensa la gente en los países democráticos…

¿La libertad de expresión tiene algo que ver con el arte?

El arte tiene todo que ver con la libertad de expresión, con la de uno.

¿Cuál debería ser el sistema político de Cuba? ¿Tendría que haber una continuidad del socialismo?

Creo que Cuba tiene una posibilidad que pocos países tienen en estos momentos, que es la de crearse un sistema de gobernar y económico nuevo y diferente, uno que sea otro tipo de momento utópico-práctico, uno que no sea ni el Chino, ni el post-Soviético, ni el Socialista, ni el estadounidense, ni el de los países de África o del resto de Latinoamérica, pero desgraciadamente no creo que sea una oportunidad que se va a tomar en cuenta, no parece que es ese el plan con la Cuba post-Fidel. Lo que más quisiera es estar equivocada pero creo que la gente, con razón, está un poco desesperada y no les queda mucha paciencia para pensarse desde una perspectiva que conlleve, nuevamente, vivir a destiempo con la realidad y sacrificio para crear algo que creen no van a ver ni a vivir ni a disfrutar. La gente incluidos los del gobierno al parecer están queriendo tener la ilusión que las cosas son diferentes por ser un poco iguales a las de los demás países. Me hubiera gustado que fuésemos por ejemplo el primer país anarquista o que se inventara alguna forma de gobierno que fuera más eficiente y que inspirara a los demás países. Pero quien sabe cuáles son los planes y quien va a llevarlos a cabo.

¿Aceptarías un cargo político en el ámbito de la cultura?

Por suerte cuando era estudiante de San Alejandro (la escuela de nivel medio de arte) fui la presidenta de toda la escuela, ahí aprendí mucho sobre ser querido, ser elegido por los demás (era por votación secreta), querer ser el mejor y meter en eso al resto de la escuela, tener responsabilidades, cumplir a toda costa, pensarse que uno era los demás y que representaba algo, cubrir por los demás que no hacían sus deberes, entender que no era buena organizadora, que tenía el defecto de un mal líder: no delegar, no entender porqué tenía que hacer las cosas, defender a los que se metían en problemas con el director (entender el coste de defender lo que yo pensaba que era lo justo), saber que no tenía el carisma para ser líder, me gustaba demasiado reír, soy demasiado fácil de disociar, no tengo buena comunicación y no entiendo que es lo que quiere la gente, no entendí en un momento qué hacía de presidenta de la escuela; creo que esa experiencia que duró un año, después de lo cual no quise ser re-elegida, fue una lección que aprendí bastante bien y después de eso me prometí que no volvería a ser jefa de nada y que nadie seria mi jefe, estas conclusiones tempranas hasta ahora me han guiado claramente en la vida.

A mí me interesa poder tener una vía para sabotear lo que estoy haciendo en cualquier momento, eso no se puede hacer con un cargo político, hay demasiadas personas que dependen de uno. Creo que me aburriría porque no podría con el papeleo y con las demoras para establecer cosas que me parecen logicas y que todo el mundo coinciden que deben suceder pero las reglas, las formas, lo conveniente en este momento… Además, haber sido artista toda mi vida de adulta me invalida porque estoy acostumbrada a hacer las cosas como y cuando quiero y eso en política es el germen de la dictadura. Increíblemente mientras fui profesora en la Universidad de Chicago aprendí más de política que lo que aprendí en Cuba (la academia, ¡ahí sí que se hace política!), ahí vi en acción como era que funcionaba la supuesta democracia que no es tal. Trabajar para “una corporación” como lo es la academia en Estados Unidos me quitó los pocos deseos que pudiera haber tenido de ocupar algún cargo politíco después de tantos años y bajo nuevas circunstancias. Lo que sí no descarto es la posibilidad de hacer una pasantía en un lugar donde se hace política para poder entender mejor como funciona desde dentro y usar eso en mi trabajo, para encontrar el lenguaje que también entiendan los políticos. Me interesa el punto medio, el reto está en no ser seducida por ninguna de las partes.

He estado leyendo sobre Courbet y su experiencia como político de la cultura, no sé … por un lado creo que es algo que puede traer una visión diferente y uno siente que se pueden hacer cosas pero no sé tampoco ni que permanente pueden ser las decisiones que uno pueda proponer ni si el tipo de sistema de gobierno que existe hasta ahora me seduce. En la mayoría de los casos los políticos que entran con cargos cambian o quitan lo que se hizo previamente, tampoco sé cuanto pueden inspirar las decisiones politicas, hay demasiado de ego y muy poco de concepción global de la sociedad, todo parece determinado por otras cosas, por otras urgencias.

El libro “La Promesa de la Política” de Hannah Arendt es increíble para entender como este fenómeno de estar o no directamente en la política afectó y se definió entre los filósofos, creo que los artistas estamos de nuevo ante esa disyuntiva.

Siguiendo con tu acción en Colombia, la crítica más común que se te hizo fue la de ser superficial, en el fondo la sensación que daba es que realmente tocabas una fibra sensible, que casi freudianamente se reprimía por parte del público colombiano aceptar la evidencia tan palmaria de que el tráfico y consumo de cocaína determina la situación política colombiana. Los organizadores te desaprobaron públicamente y después la ministra colombiana parece haber pedido la investigación de la performance. ¿Es el arte un espacio de libertad o de dominación?

En el caso de Colombia hubo muchas cosas que pasaron simultáneamente, como te decía antes hubo una mirada moralista, estaba la decepción de una parte del público que esperaba algo que quizás se había imaginado de mi obra y no fue lo que se les dió (es muy diferente ser un voyeur de un evento documentado que tener la responsabilidad de actuar y que el curso del evento dependa de uno), estaba la manera en la cual se dividió la audiencia que no es lo que uno quiere normalmente con una obra de arte, la gente prefiere y se siente mejor cuando hay algún tipo de complicidad que les una y había quien no quería entrar en ese tipo de complicidad dado el tema, el público era de una heterogeneidad bastante grande, lo cual hacía el único punto de diferenciación u homogeneidad según pareciera, su pensar sobre la droga, había mucha gente que jugó a posiciones públicas que no eran necesariamente su perspectiva privada, había un contexto en el cual la mirada extranjera estaba muy presente, era dentro de un evento organizado por una prestigiosa Universidad estadounidense y todo debía salir bien, no debería haber nada que les avergonzara ni que fuera políticamente incorrecto o de mal comportamiento (los colombianos, según pude constatar, son muy educados, muy bien preparados y son respetuosos de las “buenas maneras” lo cual les hace ser personas muy agradables la verdad). Ese evento era completamente festivo y todos eran nice unos con otros (amén de lo que pensaran de las obras presentadas) y el nivel de crítica era sustituído por el buen comportamiento, yo no estaba en un camping, yo iba a hacer una obra.

Por otro lado, hay algo que es real, que es el hecho que una obra de este tipo (corto plazo) no puede en un solo gesto acumular todos los puntos de vista posibles sobre el tema y que si bien había investigado bastante, llegar a un país por primera vez, no te da acceso a las sutilezas, a las pequeñas historias que comparte una comunidad y las conclusiones que sobre estas han llegado a tener. Esto quiere decir que hay un problema de comunicación en marcha creado por la desconexión entre la mirada desde fuera y desde dentro, lo cual es el tema de la serie de trabajos a la cual esta obra pertenece (Sin titulo (nombre de la ciudad, año de realización)). Eso no quiere decir que lo que se diga es superficial o que sea el único punto de vista. Quiere decir que el lenguaje que se ha usado es diferente al que utilizan los ya están en el lugar. Mi sistema de trabajo cuando hago trabajo contextual es que nunca puedo decidir (aunque tenga la idea) cual es la “forma” de la obra hasta que no estoy en el lugar y siento sus intensidades, sus tensiones, sus energías, como te hace sentir, en fin cosas que no son visibles, ni narrables, ni fáciles de convertir en historias, sino que dejo la posibilidad que el lugar me haga repensar la manera de presentar la obra y ajustar algunas cosas para que “funcione” mejor.

Otra cosa es que la obra era sobre la posibilidad de ser un héroe y de eso se trató; cada cual tenía una idea diferente de lo que era ser un héroe; algunos pensaron que serlo era defender las posiciones conservadoras, otros las liberales, otros ser honestos, otros “descubrir” a los que ellos pensaban que no lo eran, otros usar su “poder”, otros proteger la posibilidad de seguir recibiendo fondos para próximos eventos, etc. Cada cual fue un héroe ante sí mismo.

El arte es todo y es nada a la vez, es cuando domina la libertad, el dominio de la libertad.

Hace poco también declaraste que habías decidido que no hubiera un control sobre la imagen de tus performances, y que no harías nada por evitar la reproducción y difusión que de tus performances hicieran los asistentes. Conozco otros artistas que son muy celosos de cómo se presentan sus obras.
¿A qué obedece tu postura?

A que es una actitud hipócrita la de los artistas que hablan de liberar las obras y dar participación al espectador pero a la hora de cobrar se acaba la necesidad de presencia del espectador. Si estoy diciendo que los espectadores son parte de mi obra, si digo que ellos la hacen, la completan, la guían, cómo les voy a decir que no cobren por ello si yo puedo cobrar por algo en lo que ellos han sido parte. He visto más de uno que era “un duro” y que después de unas cuantas expos y ventas no sabe de qué color va a hacer el chandelier para el coleccionista o quiere que se dirigan a él como si fuera un personaje aristocrático del XIX, como si se convirtieran en los salvaguardas de las fantasías de la burguesía que quiere pensarse aristocrática y con fina historia. A veces prefiero a los artistas que son puramente formales y que te dicen me quiero hacer de dinero y basta. No iré a ver sus obras, ni las voy a pensar, pero al menos son coherentes.

Mira, de hecho, ha sido muy gratificante porque desde que decidí liberar la documentación mi obra ha sido mucho más conocida, en fin yo siempre he sido horrible con la postproducción de mis obras, yo no siempre hago un documento de mis obras sino que termino una y comienzo la próxima, tengo una maleta llena de cassettes de minidv que no he editado todavía. Tampoco tengo una postura acerca del “look” de las obras. La verdad que cuando lo pensé me dije, pero claro, si es lo más normal del mundo y es coherente con lo que estoy haciendo, así que tampoco me lo pensé mucho ni le di mucha vuelta, es lo lógico, lo que no entiendo es la otra postura.

¿Qué tipo de mercancías estás produciendo?

No creo que produzca mercancías, al menos cada vez que quiero hacerlo es un desastre porque en fin nadie las compra (quizás soy demasiado transparente en las intenciones), así que decidí hace mucho tiempo olvidarme de eso y hacer las cosas que quiero, después si se venden o no pues eso no está bajo mi control, creo que mi incapacidad de entender que es lo que quiere la gente o como complacerlas me hace incapaz de hacer “mercancías”, además ese no es mi trabajo, ese es el trabajo de una galería.

Recientemente he visto trabajo tuyo sobre el concepto de “artista anónimo”, en las que rindes tributo a artistas que no pudieron o no supieron construirse una carrera profesional. ¿Por qué anónimos? ¿Por qué no dar el nombre del artista que estas homenajeando?

Cuando estaba estudiando performance en el Art Institute de Chicago otro estudiante hizo una pieza que no he olvidado. Siendo profesora en Estados Unidos siempre me es difícil dar clases sabiendo lo que cuesta la escuela y que la gran mayoría de los estudiantes no llegarán nunca a hacer arte después de que se gradúen. Allí no es fácil ser artista profesional, no hay la infraestructura de apoyo y admiración hacia las artes que puede haber en Europa o las facilidades de vivir sin trabajar que hay en Cuba. Cuando fui a hacer esta expo me acordé de esta obra y pensé también la manera descarada en la cual los artistas conocidos creen que tienen el derecho a “robarle” las ideas a artistas más jóvenes, menos conocidos que creen que no llegarán a ser artistas profesionales. Y lo sé porque he sido víctima de esto y no solo cuando he sido más joven sino también cuando he sido menos conocida que el otro artista y es algo que siempre me ha afectado. Uno siempre piensa en los artistas jóvenes que miran a los más reconocidos para encaminar sus ideas pero nunca se habla del caso contrario, cuando los más conocidos, cansados, sin ideas, que se repiten y lo saben, miran a los menos conocidos buscando alguna idea fresca a la cual se puedan agarrar. Me parecía justo que se viera ese punto de vista también y de eso se trataba “Monumento a un artista anónimo”. Yo no me acordaba del nombre de ese artista, le hablé a algunos colegas del máster pero nadie se acordaba de su nombre y alguien me dijo que la última vez que habían coincidido le dijo que trabajaba en una fábrica y nada de arte. De todas formas espero que si algún día ve esta obra me contacte y entonces se le agregará al título, entre paréntesis, su nombre. No me parece mal que cada uno de los que ha sentido que le pasó esto se sienta reflejado en ese título, para mí es un homenaje justo.

Enviado el 07 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Interesante, como siempre.


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