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Enero 09, 2011

Ejercicio “alquímico”: l’art prière contre l’art merde – María Virginia Jaua

Sin dioses -o quizás por eso- son tiempos de rezo, aún en una lengua otra que no es ni será la nuestra. Anónimo

mathias_goeritz.jpg Dicen que el tiempo tiene un curso cíclico, el de un retornar eterno y musical, acaso sea cierto. Nadie -hasta ahora- ha podido llevar a cabo el ejercicio fuera del tiempo que consiga comprobarlo. Sin embargo, la mayoría de los seres humanos –aunque poco- vivimos lo suficiente como para ver reproducirse una y mil veces acontecimientos trágicos de diversa escala de intensidad: crisis económicas, hordas de desempleados, rebaños de empleados, tsunamis, inundaciones, terremotos con todo sus regadíos de cadáveres, todo tipo de violencia familiar, de género y religiosa, guerras por aquí y por allá unas más cercas otras más lejos, hasta las recientes y aterradoras granizadas de pájaros en distintos puntos del orbe. Y no con medida sino con exceso avalamos diariamente –a la misma hora y por el mismo canal- nuestras altas dosis de atrocidades.

Los canales de televisión y sus sucursales impresas en papel e internet parecen dedicarse en exclusiva a ser sus promotores. Pareciera que estos agentes de la comunicación y de la información escrita y audiovisual temieran perder su razón de ser y existir económico a no ser que la catástrofe no fuera reproducible y reiterada hasta el cansancio en infinita cantidad de segundos multiplicados por pantallas de permanencia “in-voluntaria”…

Pero también, quizás en voz muy bajita se haya dicho una y otra vez en distintos momentos de eso que llaman historia y en casi todas las lenguas que se hablan en el planeta y lo dijo recientemente, Slavoj Zizek en “2010: el fin de la naturaleza”: lo único que podría “salvar” a lo humano es su capacidad para inventar: no la catástrofe, la distopía prometida de las patadas del ahogado: aquél que al verse amenazado por un peligro y “casi” perdido invoca a su perdición, y digo “casi”, fíjense bien, porque es el “casi” de un narcisista patológico que para quedar bien retratado prefiere no asumir la responsabilidad de un compromiso que quizás lo deje despeinado, pues siempre preferirá salir “bien en la foto” que mojarse un poquito.

Lo dijo Nietzsche de diversas maneras y en distintas etapas de la evolución de su pensamiento, pero como visionario lo anunció siendo muy jovencito: “La virtud que embellece a una cosa es una cierta propiedad cósmica o una fuerza capaz de descubrir relaciones con el conjunto del mundo. La actividad de la imaginación [Phantasie] consiste en hacer ver que cualquier cosa se puede transformar en otra [...]”

En estas tierras baldías que atravesamos a diario siempre han habido y habrán aquellos tiempos de máxima exigencia y prueba que Eliot describió en un un categórico verso: The awful daring of a moment's surrender… y en esos momentos que todos hemos tenido, que tendremos y que se intensificarán gracias al infinito poder mediático; sólo el de la imaginación, llamésmola si se quiere, renacer de las cenizas de un abandono deconstructor capaz de transformar aquella cosa repetida y gastada en otra que no sea déjà-vu de telenovela, noticiero o big brother, que para el caso son exactamente lo mismo.

Hace un año, José Luis Brea daba la bienvenida al año y a la década que se iniciaba en este salonK en donde -a pesar del endurecimiento general de las políticas antitabaco- siempre ha estado y estará permitido fumar (por lo del infraleve saber a boca que queda impregnada en cada exhalación de humo), y lo hacía con palabras mucho más agudas y poéticas pero que en algo coinciden con las del pensador esloveno:

"Demos curso no a ese trabajo de asentamiento y estabilización de los viejos modelos epistémicos -frente al tsunami desatado de los cambios- sino a uno que lo apoye en su potencia de desmantelamientos y arrase.

Todo está de nuestro lado si abanderamos esa potencia del trabajo deconstructor, asociado a las nuevas máquinas de producción cognitocrítica. Todo está del lado de los tiempos, dejemos llegar lo que hace ya tanto vibra por llegar. Cierto que todavía los cautos prefieren asentar cambios lentos -que no son cambios- apuntalando seguridades y administrando tibiezas. Pero el viento de los tiempos sopla huracanado, y las prórrogas de consolación se han consumido ya.

Ahora no queda sino arrojarse a un signo que dibuja un mundo radicalmente cambiado, ceder a su audaz exigencia moral, a su magnífica fuerza política. Ella lleva el nombre de una década que acaba de nacer -y olvida el de esta otra, la década anodina, que deja definitivamente atrás-: sea éste nuestro brindis hoy: por su aurora iniciada, por su llegada cumplida y sin más plazo, por su estallido incendiado e incendiario … y por todas las promesas de mundo y futuro con que viene cargada..."

En esa promesa y en ese aliento hay un rezo, no el de la búsqueda de una unión con dioses ni endiosados, sino de rezo como acto de habla performativo o una suerte de Khora; como invención del otro, de lo otro, de lo imposible; en fin, el rezo como palabra amorosa, de llamado urgente, que dejando al otro llegar: advenir, también le permite y procura su existir. Guardemos un pequeño silencio inmemorial del otro para que la palabra lo profane: la oración mineral de un pensamiento que a lo largo de las décadas -y sus catastróficos y ensordecedores cambios- logra su advenimiento y habla


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A manera de epílogo:

Ya que esta es una noche de secreto y evocación post epifánica, leamos en voz alta -pero en tono bajo y de metrónomo- la oración que Mathias Goeritz –el artista de la revolución callada- redactó con la noble esperanza de que el arte –a pesar de su aura perdida- se salvara no de un destino enlatado, tóxico y mortal, sino de un destino peor: ser la golosina empalagosa y disfrutable que nos convierte en una suerte de insaciables consumidores prediabéticos:


“Comprendan que se trata del enfrentamiento del arte oración contra el arte-mierda. Presten atención*:

el arte mierda es el truco; la moda del instante, es el erotismo fastidioso e impotente, la propaganda fastidiosa del surrealismo intelectual y materialista, el egocentrismo consciente y subconsciente, el expresionismo gratuito –figurativo o abstracto–, la broma dizque “profunda”, la lógica y el espíritu sofisticado, el funcionalismo vulgar, el racionalismo pretencioso, la autodestrucción mecánica o individual, la luna conquistada, el cálculo decorativo, es toda la pornografía divertida y caótica del individualismo, la glorificación del ego, la crueldad, la vanidad, la ambición, la violencia, el “bluff” y la –mierda misma.

el arte oración ¡es todo lo contrario! es la pirámide la catedral, el ideal, el amor místico o humano, la abundancia del corazón, la imagen de la nada y del todo, la lucha contra el ego y en pro de Dios, la rebelión del dadá contra la incredulidad, el sol nunca alcanzado, la crucifixión de la vanidad y de la ambición, la ley interior de la fe, la forma y el color como expresión de adoración, lo monocromático expresando lo metafísico, la experiencia emocional, la línea, que con su modestia crea el mundo de la fantasía espiritual, la irracional y absurda belleza del canto gregoriano, el servicio y la entrega absolutas: ése es el arte ésa la ORACIÓN

Desde hace algunos años, nos perseguimos con artificiosidades del arte-mierda [azucarada] que se encuentra en galerías oficiales y particulares, en casas elegantes, pero sobretodo en los museos.”


*Este texto de Mathias Goeritz, fue un Manifiesto distribuido durante su exposición "La pyramide mexicaine" en París, exhibida en la Galerie Iris Clert, del 10 al 27 de mayo de 1960.

Enviado el 09 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Debussy decía algo como: la música está entre y alrededor de las notas. La poética de este texto (lo que -imagino- me hace más inteligente) se encuentra entre y alrededor de las (inteligentes) citas.
Pierre Elie Mamou


;-)
Se hace lo que se puede, ¿verdad?
Mon cher ami,
nous nous devons à la musique et son ailleurs


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