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Febrero 14, 2011

Anonimato - Miguel Á. Hernández-Navarro

Originalmente en No (ha) lugar

anonymous.JPG En estas semanas, por varios motivos, la cuestión del anonimato en Internet ha sido uno de los temas sobre los que han girado algunas de las discusiones en este blog. En uno de los últimos post, concluía yo que iba a hablar aquí con nombres y apellidos, dando la cara y siendo responsable de las palabras escritas, frente al uso irresponsable del anonimato, que alimenta el rumor y el ruido. Algún comentario a este post sugería que los únicos que reclaman la visibilidad pura son los regímenes policiales y casi me venía a acusar de cierto fascismo por rechazar la fuerza del anonimato y reclamar un mínimo de civismo en el uso responsable de Internet. Desde luego, nada más alejado de mi postura que reclamar una docilización de los individuos y una transparencia absoluta.

El anonimato es una posición, y en sí misma no es buena ni es mala. De hecho, puede ser una opción de cobardía e irresponsabilidad, o puede ser una postura vital encomiable y una posición política relevante y efectiva. Esto último es lo ocurre, por ejemplo, con el colectivo “Anonymous”, cuyo símbolo más conocido es la máscara del protagonista de “V de Vendetta”, que ya ha protagonizado toda una serie de protestas y movilizaciones importantes contra la autoría y contra la opacidad de gobiernos e instituciones. Como ha señalado agudamente Fernando Savater (y recordaba algún comentarista del blog), Anonymous reclama una transparencia absoluta del mundo y, sin embargo, se instala en una oscuridad e invisibilidad del sujeto demandante, alterando las lógicas contemporáneas de mostración/ocultación. En un momento en el que los individuos nos hacemos más transparentes y exponemos nuestra intimidad a través de la Red, Anonymous solicita la estrategia de la invisibilidad.

Los términos de la lucha política están cambiando. En lugar de buscar una visibilidad como pretenden teóricos como Rancière, para quien la política se produce en el reparto de lo sensible –en la igualdad de los sujetos en términos visuales–, hoy, cuando todos somos excesivamente visibles –y, por tanto, controlables y fácilmente dominables–, el anonimato se convierte en un arma de la lucha política. Y la red de redes es, sin duda, el territorio privilegiado para esa estrategia. Las protestas de Túnez y de Egipto han demostrado la fuerza de Internet y del anonimato. Es una pena que esta potencia política, se desperdicie en la irresponsabilidad de otros muchos internautas para los que el anonimato no es más que una excusa para tirar la piedra y esconder la mano, para propagar rumores, insultar, banalizar, hacer ruido y, en definitiva, contribuir a desactivar la verdadera fuerza de la colectividad sin forma de la nueva multitud.

Enviado el 14 de Febrero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Anonimato o no anonimato, he ahí la cuestión.
Si la hazaña es derrocar una dictadura, nada mejor que organizarse desde una forma anónima. Así no hay jefes ni imposición de ningún tipo: DEMOCRACIA PURA: Anonymous no es nada muy distinto, sólo que el objetivo es humanitario y moral y no son terroristas como se hace creer que son. Ese es el futuro de la defensa de la democracia y el futuro del control de pueblo de su propia libertad. Esta es la gran aportación de internet. Antes había que escribir cartas que tardaban siglos si llegaban, ahora se puede organizar una fiesta en cuestión de segundos. Los colegas quedan para tomar una cerveza mediante mensajes de móvil, etc. Es el presente.
Dar la cara también está bien según qué cosas. Desde luego, es ser valiente, pero para otras determinadas es mejor esconderse ya que todos tenemos unos motivos por los que determinada faceta de nuestro ser o mentalidad es mejor que se quede en segundo plano, por ejemplo, para no tener afán de protagonismo, para dar relevancia al grupo, etc.

Cada uno que crea lo que quiera. Espero que no parezca un cabeza pensante que diga que para tener acceso a internet tengamos que poner nuestra huella dactilar o similar, que seguro que alguno ya lo está pensando viendo el panorama que le espera. ¿Pero saben qué? Hasta para eso hay trampa.


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