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Febrero 19, 2011

EL CINE ESPAÑOL - David García Casado

Un_chien_andalou.jpgEl cine español; estas tres palabras se han convertido en los últimos tiempos en una especie de eslogan o nombre de entidad, tipo La seguridad social, que hace referencia a una serie de productos culturales cinematográficos subvencionados por el estado en su apuesta por sacar algún tipo de beneficio tangible de la Cultura: cifras, índices de audiencia, ingresos. No en vano se le dota del segundo mayor presupuesto nacional, después del dedicado a los museos –que gracias al turismo se puede considerar un valor seguro.

Observamos también como, en su apuesta por otorgar identidad nacional al medio, de alguna manera se nos quiere hacer pensar que el cine español es algo importante, algo que nos ayuda, en lo que debemos de creer y que debemos fomentar porque es nuestro, nuestra manera de contar las cosas, nuestra idiosincrasia y nuestra cultura. Algunos van más allá aún y pronuncian las tres palabras como si tuvieran la relevancia intelectual de otras tres palabras mucho más inolvidables, pero no por ello menos comerciales: La nouvelle vague.

Pero el cine español no es un movimiento, nunca lo ha sido y dudo seriamente que se pueda poner esa etiqueta a algo que no sea la fría denominación de un sector del presupuesto dedicado a la cultura, altamente privilegiado por cierto. Es más bien en esa responsabilidad –la económica- en la que quizá deberían de pensar los cineastas a la hora de hacer las películas y no en la que Alex de la Iglesia se refiere en el discurso pronunciado en los últimos premios Goya: “Tenemos que pensar en nuestros derechos, por supuesto, pero no olvidar NUNCA nuestras OBLIGACIONES. Tenemos una RESPONSABILIDAD MORAL para con el público.”

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Discurso/integro/Alex/Iglesia/entrega/Goya/elpepucul/20110213elpepucul_9/Tes

“La responsabilidad moral” Si Luis Buñuel estuviese vivo no se como actuaría ante tal afirmación pero me lo imagino. Estoy seguro que la responsabilidad moral no era precisamente lo que les preocupaba a él y a Salvador Dalí cuando trabajaron en la realización de Un perro andaluz, que sigue siendo una de las obras claves del cine internacional y de cuyas rentas sigue viviendo “el cine español”.

Buñuel realizó buena parte de sus películas en el extranjero con financiación extranjera pero sigue siendo cine español. La cultura de España parece que no acaba de entender que intentar crear una identidad por la fuerza resulta algo perjudicial y que es sin embargo la diversidad y la condición nómada de las ideas las que otorgan riqueza al patrimonio cultural.

Enviado el 19 de Febrero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Recordar el rechazo al premio nobel de SARTRE.
La cultura no debe ser intervenida por el sistema.
No a las subvenciones estatales. Tu artículo está muy bien pero agregaría la siguiente pregunta ¿POR QUÉ EL CINE ESPAÑOL ACTUAL ES TAN MALO?


El cine español (o los que hacen películas en España) es un sector permanentemente desorientado. Como no ha funcionado el modelo francés: cine de autor + películas industriales taquilleras, se apuesta por un modelo claramente industrial que produzca dinero a toda costa en detrimento de un cine creativo. Después de más de un siglo de su aparición el cine, ni como industria ni como hecho cultural, ha encontrado su sitio en España.


No estoy tan segura que Luis Buñuel pensara que hacía cine español, simplemente creo que hacía cine donde conseguia la financiación y poco le importaban las identidades.

De invención e imposición de identidades sabemos mucho los catalanes y mucho más sabemos de la intervención del sistema en la cultura a base de dinero público situación realmente peligrosa que ha provocado hechos kafkianos en la cultura que insisten en llamar catalana.


¿CINE ESPAÑOL?

Escribo estas notas a partir del texto aparecido recientemente en Salonkritik y firmado por David García Casado. Ignoro cuál es su proximidad con el cine español más allá de la de espectador o crítico de la cultura, o como ambas cosas a la vez, pero su análisis plantea, cuando menos, algunas cuestiones de un modo sesgado: su mirada hacia el cine español se centra fundamentalmente en un cine español, me temo, el que aparece en los medios resonantes de la cultura, pero el cine español no sólo es el que se conmemora anualmente los premios Goya, el cine español, por suerte, y lo digo sin descalificar el cine de la Academia, es mucho más, en su amplitud y diversidad. El cine español no es los Goya como el arte español no es Arco. Aunque tenga poca o ninguna visibilidad una gran parte del cine independiente que se hace en España es también cine español. Y este cine se hace, lo hacemos, en condiciones muy duras, con un apoyo muy escaso y con una gran dosis de rigor y responsabilidad. Es preciso hacer una crítica institucional al modelo de gestión del cine pero es preciso respetar también a una profesión y al trabajo de mucha gente, me refiero a técnicos y creadores que reciben poco o ningún apoyo público y que han de inventarse literalmente sus películas. Gente que pasa, además, de ceremonias narcisistas, de ombligismo y de star-system de broma, conscientes de que el cine español es una historia y una tradición que no se pueden negar porque sea preciso crear un modo mejor de producir sin que sea tan dependiente de subvenciones públicas. Hay que tener en cuenta que los más importantes cines nacionales en Europa están subvencionados desde sus comienzos, en los años veinte, y hoy siguen necesitando apoyo económico público para subsistir. El programa europeo Media es un ejemplo de voluntad política común para ayudar a las cinematografías nacionales en Europa. Si el argumento de la subvención al cine es el que más contradicciones despierta en la crítica de muchos medios y en la voz de algunos analistas, tienen razón en parte, insisto, y David Casado también, sin embargo parece razonable tener en cuenta que esta reserva no tiene porqué llevar a pensar o sacar conclusiones como se expresan en algunos pasajes el texto. El cine español no es un movimiento ni debe serlo, pero en el cine español ha habido manifestaciones estéticas, apuestas importantes desde la autoría, desde luego no tan trascendentes como Nouvelle Vague, pero el cine francés es mucho más que Nouvelle Vague, afortunadamente. Quiero decir: ¿por qué el cine español no es nuestra cultura, no es nuestra idiosincrasia y no cuenta nuestras cosas como las demás artes? Hay un cine español que sí lo es, a mi modo de ver, pero ¿quién lo ve? Si el modelo de presentarse o de producirse el cine en España no es el adecuado respecto a su dependencia de altas subvenciones (a veces escandalosas y perfectamente injustas) esto no puede significar la negación de su valor como manifestación cultural que nombra a una sociedad y a una época. Responsabilidad económica es, desde luego, una buena recomendación en este texto, muy necesaria por cierto en estos momentos, pero la responsabilidad moral es otro asunto que pertenece al discurso -muy respetable- de un cineasta que en no puede extenderse al cine español en su conjunto. La identidad cultural no se fabrica, en efecto, desde las instituciones, y esto lo sabemos bien quienes trabajamos en los márgenes del llamado “sistema” del cine español. Su última frase lo dice: “diversidad”. El cine español es amplio y diverso, aunque esa diversidad no se vea, y este es el drama, pero eso no quiere decir que no exista, que no haya otras miradas, que no haya un compromiso ético con esta profesión, y que muchos de nosotros estemos de acuerdo en que hay que cambiar las cosas, pero sin negar el cine español, sin negarnos a nosotros mismos.

Escribo estas lisiadas y desiguales notas de un modo rápido y sólo con el ánimo de contribuir al debate, en ningún modo contra el texto que las ha inspirado; por el contrario, agradezco a David Casado sus palabras y su crítica, repito, muy certera en muchos casos.


Gracias Ignacio por el extenso comentario y también a los demás comentaristas. Tengo mis dudas sobre que "La identidad cultural no se fabrica desde las instituciones". Por otro lado me parece lamentable que no se le haya sabido sacar provecho a la institucionalización del medio, del mismo modo que no se le sabe sacar provecho a las prácticas artísticas nacionales a nivel internacional. Pienso que no es una cuestión de capital cultural, que es rico y diverso, sino de inteligencia empresarial para sacar rendimiento a ese capital.


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