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Marzo 15, 2011

Corta y pega - Ernesto Castro

Originalmente en de-nota(s)

linea1.jpg Retoques (paranoico-críticos) sobre el cuerpo de Regina José Galindo

La artista guatemalteca Regina José Galindo intervino en el Primer Festival de Arte Corporal de Caracas (2005) con un performance titulado Recorte por la línea, en el cual uno de los más cotizados cirujanos plásticos de Venezuela, dr. Billi Spence, marcó sobre su cuerpo aquellas áreas que habrían de ser intervenidas quirúrgicamente en orden a obtener un “cuerpo perfecto”. Aquí –al igual que en muchas otras partes de su obra- Galindo pone sobre la mesa una cuestión central del debate post-colonial: la posibilidad de articular una belleza contracultural que parta de una fisonomía étnica distinta al ciborg occidental operado estéticamente. Este performance exhibe el estadio fallido en que se encuentra este proyecto de una estética no prostética de lo bello. La intención de Galindo: llevar a cabo una crítica del canon prostético occidental impuesto planetariamente a través del sistema de la moda sobre los cuerpos de otras etnias y otras culturas; articular esa crítica desde la debilidad de quien es dibujada por la mano del gran Otro del Capital Global. El cuerpo de la artista es el chivo expiatorio amerindio abandonado a su suerte en las manos del esteta-cirujano, un dibujante cartesiano de geometría implacable y precisa. Nuevos dioses, nuevos sacrificios.

El resultado obtenido en una parte del cuerpo de la artista obliga a replantearnos las implicaciones simbólicas de la pieza, haciendo que el discurso crítico subyacente se repliegue sobre sí, desdoblándose en nuevas direcciones de significado hasta el punto de rozar la ambivalencia. Las líneas realizadas por Spence en el rostro de Galindo, lejos de ofrecer una figura de la modernidad realizada tecnológicamente, nos recuerdan a las pinturas rituales de los indígenas. En el mentón, sobre los pómulos y alrededor de la boca, reconocemos en estas líneas de colores el ornato dermoestético de los amerindios. Dos puntos sobre el tabique de la nariz sugieren incluso algún tipo de piercing nativo, originario, auténtico, profundo. Siguiendo a Eloy Fernández Porta, podríamos decir que nos encontramos ante un fenómeno UrPop claro y distinto, hasta la médula: en la era del apropiacionismo sampler la regresión al atavismo se lleva a cabo haciendo un uso no-convencional de los instrumentos arrojados y dejados en el camino por el desarrollo hipermoderno de la tecnología. Ya saben: si la cabaña de Heidegger tenía un diseño interior con influencias de la Bauhaus, ello muestra como el regreso al Heimat, al claro del bosque como espacio para la Autenticidad, está siempre mediatizado por los síntomas de la época moderna y su realización última, la tecnología. Dentro de este esquema, Recorte por la linea plantea un nuevo horizonte para plantear la realidad Latinoamericana más allá de los dualismos indígena/ foraneo, explotación/ explotado, etc; más allá de la demonización del Capitalismo –cultural o de cualquier tipo-; un modelo estético-político que llamaremos hibridación intervenida: la operación capitalista sobre el cuerpo híbrido, lejos de suponer un avance hacia la meta de la perfección occidental, obtiene como resultado una perfección diferida con resonancias regresivas al origen perdido. La hibridación intervenida se quita de un plumazo la letanía del victimismo, la vieja cantinela acerca de los olvidados de la Historia, el llanto y crujir de dientes benjaminiano. Regina José Galindo sería cómplice de una regresión fake al origen en un performance que, en otro plano del discurso, vehicula cierto potencial crítico contra el capitalismo siliconado.

Esta interpretación sigue siendo excesivamente parcial.

Por un motivo: traiciona la propuesta ética de Regina José Galindo y la especificidad del arte latinoamericano.

En el proceso de reconocimiento de la imagen del indígena por parte del espectador juegan una serie de estereotipos puestos en marcha por una estética mainstream que va desde el western clásico –Toro Sentado acude a la guerra, acompañado de tam-tams, cubierto de plumas, bañado en pintura bélica- hasta Pocahontas y la fábrica de sueños de papel pintado (Disney). Una estética que el marketing de las reservas federales americanas mantiene y reaviva (acuda a nuestro Hotel y fumaremos todos juntos la pipa de la paz, entre otras). La imagen del indígena en América del Sur es otra muy diferente a la propuesta por la Cirugía Estética; cuando nos enfrentamos a la historia del trato con el amerindio en Latinoamérica, no estamos ante el implante prostético, tampoco ante el ornato dermostético, sino ante la sustracción de corpus delicti, la tabla rasa de la memoria. El horizonte estético-político a partir del cual los artistas latinoamericanos se han aproximado a la memoria de los cadáveres desaparecidos es la del siluetazo, nunca el triunfo holliwoodiense del maquillaje.

Ahora bien, si de verdad queremos pensar la realidad post-colonial desde la perspectiva de la hibridación intervenida, la propuesta de Galindo muestra ciertas deficiencias. No hay que olvidar que los herederos mestizaje no es gente que se pinte la cara. Los desechos humanos [sic] que arroja la sociedad global en la actualidad llevan camisetas de Coca-Cola dos tallas más grandes de lo normal. Pensar la hibridación intervenida conlleva replantearla en el horizonte de la marca junto con el ornato. Una propuesta tentativa: poner en relación siempre la imagen y el texto. Quién, dónde y cómo.

“El arte y la política comienzan cuando se perturba el juego cotidiano que hace deslizarse continuamente las palabras bajo las cosas y las cosas bajo las palabras. Comienzan cuando las palabras toman figura, cuando devienen realidades sólidas, visibles.”
(Jacques Rancière)

Enviado el 15 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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