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Marzo 24, 2011

David Foster Wallace: fragmentos póstumos de una obra imposible

Originalmente en Ñ

DavidFosterWallace1.jpg La madre de Kurt Cobain le dijo a su hijo unos meses antes de su suicidio en 1994 (percibiendo el espíritu autodestructor que le había poseído al líder de la banda de los 90, Nirvana): “No te vayas a unir a ese estúpido club.” La suplicación fue en vano. Con 27 años de edad el ídolo grunge se fue del mundo con un escopetazo a la boca, estilo Hemingway. Otro ilustre y más reciente miembro de ese club es el novelista David Foster Wallace, quien se suicidió el 12 de septiembre del 2008 con 46 años de edad —de una manera muy teatral: según un extenso reportaje publicado en la revista The New Yorker titulado, "Lo inconcluso: la lucha de David Foster Wallace para superar Gesta infinita", el novelista de se ahorcó en el patio de su casa en un momento que su esposa había salido a hacer unos recados. A unos pasos, en el garaje que Wallace había trasformado en un gran escritorio, dejó unas 200 páginas de lo que hubiera sido su tercera novela —prolijamente amontonadas e iluminadas en la temprana noche por las luces elécticas que el suicido dejó prendidas— como una ofrenda. El 15 de abril ese manuscrito, junto con apuntes varios sobre el libro, se publicará en los Estados Unidos con el título, The Pale King: an unfinished novel (El rey pálido: una novela no terminada).

El primer anticipo sobre el libro es una crítica en la revista estadounidense Publishers Weekly. Allí Jonathan Segura escribe: “…esto no es la obra monumental que todos estábamos esperando, la que define una era como lo hizo Gesta Infinita cuando apareció para alterar el paisaje de ficción Americana…Es, sin embargo, un asombroso documento y un tributo valiente al fallecido Wallace, siendo una hipnotizante y híper-literato descenso a una desesperación inescapable y sin tregua y un aburrimiento que aniquila el alma.”

Después de esta introducción castigadora el crítico reconoce lo obvio: esto se trata de una obra inconclusa y por ende es injusto evaluarla como una novela. En todo caso, es un esqueleto incompleto de una novela. La trama, bastante compleja por lo que se ve, esta ubicada en una oficina de recaudación de impuestos en Peoria, Illinois en el año 1985. David Foster Wallace mismo es un personaje: un chico de 20 años desfigurado por el acné. Según el ensayo del New Yorker ya mencionado, Wallace estaba torturado por superar su inesperado éxito con Gesta infinita, una obra de más de mil páginas llena de pies de páginas, discursos barrocos, tramas dentro de tramas y cientos de personajes.

El hecho de que salga el 15 de abril no es casual. Esa es la fecha límite en los Estados Unidos para entregar los impuestos. Que el lector decida si esto suena a un chiste macabro o un noble tributo.

Más interesante que la critica de Publishers Weekly —que tiene un acceso adelantado a obras por publicar, es el descubrimiento del blog The Millions, que publica la primera frase de El rey pálido que apareció publicada por primera vez en el numero otoñal de la revista Triquarterly. Es así:

Past the flannel plains and blacktop graphs and skylines of canted rust, and past the tobacco- brown river overhung with weeping trees and coins of sunlight through them on the water downriver, to the place beyond the windbreak, where untilled fields simmer shrilly in the a.m. heat: shattercane, lamb’s-quarter, cutgrass, sawbrier, nutgrass, jimsonweed, wild mint, dandelion, foxtail, muscadine, spinecabbage, goldenrod, creeping charlie, butter- print, nightshade, ragweed, wild oat, vetch, butcher grass, invaginate volunteer beans, all heads gently nodding in a morning breeze like a mother’s soft hand on your cheek.

Una traducción justa supera las habilidades de este columnista, con lo que ofrece una descripción de la frase. Es un retrato verbal de un paisaje matutino que funciona como un largo zoom en una sola toma que comienza en las afueras bucólicas de una ciudad, pasando por un río color de tabaco, y pasando campos poblados con toda especie de malezas y hierbas salvajes meticulosamente nombrados (hasta un buen lector ingles seguramente tendría que recurrir a un diccionario o un manual botánico) hasta llegar a una extraña imagen: “todas las cabezas mansamente adormitadas en la brisa matutina como la mano suave de una madre sobre tu mejilla.”

A primera vista, por la extensión y cadencia suena muy similar a la magistral primera frase de la novela autobiográfica de Cormac McCarthy, Suttree, publicada en 1979:


Dear friend now in the dusty clockless hours of the town when the streets lie black and steaming in the wake of the watertrucks and now when the drunk and the homeless have washed up in the lee of walls in alleys or abandoned lots and cats go forth highshouldered and lean in the grim perimeters about, now in these sootblacked brick or cobbled corridors where lightwire shadows make a gothic harp of cellar doors no soul shall walk save you.

(Querido amigo ahora en las horas polvorientas sin reloj del pueblo donde las calles yacen negras y humeantes en la estela de los camiones de agua y ahora cuando los borrachos y sin techo han quedado varados en el sotavento de paredes y callejuelas o predios abandonados y los gatos avanzan con los hombros alzados y se apoyan sobre los macabros perímetros desamparados, ahora en estos corredores adoquinados manchados de negro ceniza donde sombras de rayos de luz hacen una harpa gótica de puertas de sótanos ninguna alma caminará salvo tu.)

Que a su vez puede ser una especie de homenaje a la primera frase de ¡Absalón, Absalón! (1936) de William Faulkner…

From a little after two weeks o’clock until almost sundown of the long still hot weary dead September afternoon they sat in what Miss Coldfield still called the office because her father had called it that-a dim hot airless room with the blinds all closed and fastened for forty-three summers because when she was a girl someone had believed that light and moving air carried heat and that dark was always cooler, and which (as the sun shone fuller and fuller on that side of the house) became latticed with yellow slashes full of dust motes which Quentin thought of as being flecks of the dead old dried paint itself blown inward from the scaling blinds as wind might have blown them.

(Desde las dos, aproximadamente, hasta la puesta del sol, permanecieron sentados, aquella sofocante y pesada tarde de septiembre, en lo que la señorita Coldfield seguía llamando «el despacho» por haberlo así llamado su padre: una habitación cálida, oscura, sin ventilación, cuyas ventanas y celosías continuaban cerradas desde hacía cuarenta y tres veranos, porque, allá en su niñez, alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor, mientras que la penumbra resulta siempre más fresca.)

La literatura es, entre todas las cosas que es, un palimpsesto y una cadena. Autores contemporáneos hacen ecos —intencionales y no— de sus ilustres predecesores, como si todos estuvieran intentando de escribir la obra perfecta: como si todos estuvieran reescribiendo el borrador de una obra ideal que nunca llega a la añorada perfección.

Este juego le terminó rompiendo el espíritu a David Foster Wallace. Apuntó hacía la perfección, pero su imposibilidad en vez de reconfortarlo lo llevó a la desesperación. En consecuencia nos deja una vida troncada y solamente los pedazos —realmente imperfectos— de un intento de escribir la novela perfecta.

Enviado el 24 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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