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Junio 19, 2011

Visualizar la revolución: baja fidelidad y estéticas relacionales - Miguel Á. Hernández-Navarro

thepartyisover.jpg A estas alturas de la película, no voy a descubrir a nadie la potencia política del movimiento 15M y todo lo que de éste se deriva. En la historia de la democracia española, es quizá el único movimiento que ha sido capaz de hablar de tú a tú a los aparatos institucionales del Estado sin la necesidad de formalizarse o constituirse a través de los canales establecidos para ello (partidos políticos, sindicatos, asociaciones…). Sin forma clara y sin líderes reconocibles, a través de la red y de un sistema de organización horizontal, el movimiento cuestiona y hace repensar el modo en el que se construye la democracia. Y, por supuesto, propone vías de salida a un sistema perverso y absolutamente alejado de la participación ciudadana.

En estos días se ha reflexionado mucho acerca de las reivindicaciones concretas, de las propuestas y de los modos de acción política del 15M. Así que no voy a entrar en ello. Me faltan herramientas de análisis y, sobre todo, son numerosos los intelectuales competentes que se que se han adentrado en estas cuestiones con bastante mayor diligencia de lo que yo podría hacer aquí a destiempo.

Como ciudadano, claro está, tengo mi visión del asunto. Y me fascina el despertar de la conciencia política que está teniendo lugar en gran parte de la ciudadanía, que parece haber comenzado a salir de un letargo que parecía infinito. Pero ahora me gustaría reflexionar sobre lo que el movimiento supone para el ámbito de la cultura visual –entendiendo, por supuesto, que la focalización en la visualidad del movimiento está siempre vinculada con su potencia política.

El modo en el que el movimiento ha visualizado y creado una “imagen social” para una situación de desigualdad en el “reparto de lo sensible”, articulando una serie de demandas comunes clave lo convierte en un caso de análisis paradigmático y ejemplar para los estudios de cultura visual, sobre todo si estos se entienden según la clásica definición de W.J.T. Mitchell, de acuerdo con la cual los estudios visuales no sólo se encargan de la construcción social de lo visual sino también de la construcción visual de lo social. En este sentido, las acampadas, las protestas, las pancartas, las imágenes, los modos de organización y articulación del movimiento… son la forma visible –forma amorfa– de ideas, situaciones y relaciones de poder que emplazan concepciones del mundo, deseos, sueños, miedos, modelos, identificaciones, proyecciones… es decir, lo que habitualmente hemos venido llamando ideología.

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La cuestión de lo visible es central a todos los niveles. Y no puede ser, de ningún modo, separada de la cuestión política. Y es que, sin lugar a dudas, uno de los mayores éxitos del movimiento 15M ha sido la visibilización de una situación –un sentimiento y unas convicciones– que no tenían una imagen establecida en el imaginario común de la ciudadanía. El 15M ha hecho visible una serie de realidades que estaban en el aire. Les ha dado forma. Las ha articulado. Las ha aglutinado y las ha concretado en una serie de demandas concretas apostando por la fuerza de lo común.

Como sostiene Jacques Rancière, la política se desarrolla en el ámbito de lo visible. El sujeto político debe “hacerse ver”, lograr una cierta visibilidad. Sin embargo, no todos los sujetos forman parte de esa arena visible. Junto a los que son parte integrante, están “los sin parte”, aquellos que no pueden decir ni hacerse ver políticamente. La posibilidad de una politización de esos invisibles, una especie de “política de los sin parte” sólo es posible a través de un proceso de creación de comunidad y de universalidad de los conflictos. El “sin parte” sólo puede constituirse como sujeto político si consigue visibilizar el conflicto y hacerlo extensible a una comunidad. Es así como tuvo lugar el movimiento de los sans-papiers, que el propio Rancière utiliza como ejemplo. Los inmigrantes ilegales en se apropiaron de esa invisibilidad y la reclamaron como una posición al grito de “soy un sin-papeles”. Nombrándose a sí mismos como lo innombrable, lograron establecer una cierta visibilidad que no era la visibilidad controlable por la policía, sino la que reclama un lugar visible en la política.

Sin duda, “los indignados” –un término que, reconozco, no acaba de gustarme, aunque la clave está al final en hacerse fuerte en el lenguaje– reclaman su parte política del mismo modo que los “sin papeles”, a través de formas y modos de organización que no son fácilmente controlables por los mecanismos de ordenación de la police. Sin duda, el 15M es un ejemplo de cómo la constitución de visibilidad supone una entrada en la política. Lo que ha conseguido –y esto es algo de cuya importancia quizá no llegamos aún a ser conscientes– es la entrada de una situación y unas demandas en un ámbito reservado a la “administración”, más que a la política real.

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El movimiento se ha hecho visible y se ha mostrado para constituirse políticamente. Y ese mostrarse ha tenido lugar a través de la generación de visibilidad a varios niveles, articulando de un modo magistral, nunca visto hasta el momento con esa intensidad, el ámbito de lo inmaterial con el ámbito material: el trabajo con los mecanismos y plataformas de enunciación a través de la red 2.0.; y el trabajo con las visibilidades corporales por medio de la ocupación y reapropiación simbólica y real del espacio urbano, tomando la calle y la plaza.

Una de las claves de la potencia del movimiento y de su entrada en la política, por tanto, se encuentra en la utilización sabia de estos dos regímenes de relación: el virtual y el corporal. La revolución está siendo la revolución de las ideas, de la comunicación y la red inmaterial; pero no está dejando de ser la revolución de los cuerpos. Quizá esto ha sido –y sigue siendo– el fundamento de todo, el haber entendido la potencia de la tecnología, en su vertiente emancipadora, pero haber mostrado la presencia de los cuerpos como un resto ineludible que mancha la virtualidad pura, y que al mismo tiempo constituye aún un criterio de visibilidad necesario en un mundo creado sobre la utopía del borramiento y la desmaterialización de los sujetos.

Esta doble articulación virtual/real o mejor, inmaterial/material –porque todo es real– presenta uno de los aspectos más relevante de la visualización del movimiento en la sociedad. Algo que se produce a través de una suerte de convergencia tecnológica donde se dan la mano tecnologías avanzadas con tecnologías precarias, la acertada mezcla de Twitter y los programas de diseño con el cartonaje y la cinta aislante.

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Algo que llama poderosamente la atención del movimiento es su “apariencia” –su forma visual, o, si se quiere, su estética–. Uno podría haber imaginado que un movimiento que se origina en las redes sociales y el mundo de Internet se iba a construir como una revolución de diseño. Y sin embargo, las formas de la protesta, los campamentos, las pancartas, responden a una estética completamente diferente. Una estética que recuerda casi inmediatamente a las formas de lo que Nicolas Bourriaud llamó “estética relacional”. Y no sólo por el sentido primario del término –la contribución al encuentro y a la producción de comunidades intersticiales–, sino sobre todo por la apariencia precaria de sus formas, que recuerdan bastante a las obras de artistas como Thomas Hirschhorn, Gabriel Orozco o Rirkrit Tiravanija. Construcciones efímeras, perecederas, que sin embargo se cargan de un gran potencial simbólico para desafiar a las grandes estructuras rígidas del mundo contemporáneo.

Aunque evidentemente es al revés –son los artistas quienes se inspira para su obra en la realidad precaria–, uno no puede borrar de su mente las instalaciones que ha visto de artistas relacionales y observar los campamentos, al menos momentáneamente, como si fueran una gran obra de arte, una gran performance donde, por fin, la reunión, la comunidad, la relación... (todo eso que predicaba Bourriaud) hubiera llegado a la calle real. Una estética precaria –de cartones, cinta aislante y fanzine– que, como he mencionado, convive con la tecnología más avanzada a nivel de usuario –ordenadores, móviles de última generación, transmisión en streaming de las asambleas, etc. Lugares de convergencia de regímenes tecnológicos distintos, que sin embargo se amoldan y se dan la mano con una naturalidad pasmosa en todas las direcciones; de lo tecnológico a lo precario o de lo precario a lo tecnológico, como, por ejemplo, los diseños por ordenador, los banners en los blogs, las imágenes de perfil de Twitter de muchos usuarios, que adquieren la apariencia y el toque retro vintage del esténcil y la pancarta artesanal. Es curioso cómo, en la era del photoshop y la High Definition, la imagen de la revolución se produce y construye en Low-Fi.

*

La “relacionalidad” del movimiento sucede al nivel de la forma, pero también a un nivel mucho más profundo, el de la relación, la creación de comunidad y pensamiento en torno a una forma que propicia el encuentro y la reunión. En este sentido, las acampadas han constituido el mejor ejemplo de estética relacional. Después de lo que hemos visto este mes, difícilmente podremos volver a clase y explicar la obra de Tiravanija, Hirschhorn, Orozco o cualquier otro artista del canon relacional sin ruborizarnos y dar cuenta de su esterilidad en el mundo real. Y es que lo que ha sucedido deja a los artistas a la altura del betún, y nos hace ver el discurso pseudopolítico del cierto arte avanzado como lo que realmente es, mera pose, puro discurso vacío.

En las calles y en las plazas hemos visto realmente formas de relación. Esto sido el verdadero triunfo de la estética relacional. Y no la deriva bienalista institucionalizada del arte contemporáneo.

Releyendo estos días a Bourriaud, entendía mucho mejor algunas cosas. El comisario francés se ha llevado críticas por todos los lados. Yo entono también el mea culpa, porque alguna se me ha escapado. Su laxitud, su generalización y su falta de profundidad en ocasiones, creando discursos fáciles de asumir y de utilizar como marcas, lo ha convertido en una diana fácil para muchos. Sin embargo, y a pesar de los pesares, creo que es necesario volver a leer Estética relacional. Y hacerlo con la mente puesta en lo que está sucediendo. No en los artistas que nombra Bourriaud. Y es que la vida ha ganado la batalla al arte. Hemos estado hablando de las cosas en el sitio equivocado. Y en la calle nos han dado una lección.

O quizá no. Quizá esas cosas que se han anunciado y profetizado en los museos han contribuido a algo. Quizá.

¿De qué nos ha servido el arte? Esa es una cuestión para plantearse ahora. Lo que hemos visto en las calles no es “estetización de la política” –aunque una lectura perversa podría verlo así–, pero tampoco llega a ser tampoco “politización del arte”, aunque muchos artistas estén “al servicio” de la revolución. No. Esto ha sido otra cosa. Aunque, desde luego, en un sentido amplio, hay arte, hay creación, poiesis política. Y eso nos hace creer algo, aunque sea poco, en eso a lo que nos dedicamos.

De todos modos, no tardarán mucho algunos artistas en acampar en los museos y proponer asambleas y protestas en las bienales. Y enseguida saldrán en los libros.

Enviado el 19 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

aqui tb hablan de esto en consonancia con Bourriaud
http://www.somosmalasana.com/vecinos-de-malasana/hazlo-tu-mismo-etica-y-estetica-de-la-autogestion/


Magnífico artículo. Aunque, como dice el autor, analiza el movimiento desde el punto de vista de la cultura visual, también rebate a los que dicen que el 15M es un movimiento amorfo, que no se sabe qué pretende. Despertar la conciencia ciudadana, tratar, como se dice aquí, a las instituciones de tú a tú, movilizar a los ciudadanos, todo ello es parte del movimiento. Que obedece, como todas las grandes revoluciones, a unas aspiraciones muy básicas de las personas: el reparto justo de la riqueza, resolver la precariedad en la que está sumida la mayoría; y denunciar que la clase política, secuestrada por la clase financiera, se ha convertido en una casta por encima y al margen de los ciudadanos, que no nos representa ni resuelve nuestras necesidades. Por una democracia directa, contra la corrupción, por la participación. Los ciudadanos hemos tomado las plazas, recuperadas como foros o ágoras, y empezamos a ser conscientes que el espacio público es de todos, un espacio compartido en el que se alcanza el consenso para la creción de una esfera común de convivencia.


miguel ángel: estoy de acuerdo contigo en varios puntos de tu análisis. pero hay algunos que me parecen insuficientes o incluso errados. apunto sucintamente alguno:

1) lo que el movimiento 15m visualiza no proviene de la ideología. puede que el movimiento consista en la visibilización de sueños, proyecciones colectivas... pero su impulso mayor tiene su origen en la propia constitución material de las dinámicas productivas de nuestras sociedades. el grado de competencia relacional y comunicativa de las últimas generaciones es altísimo, y su capacidad de producir "política" a través tanto de la afectividad como del desarrollo técnico ha adquirido un salto cualitativo ahora porque esa potencia se encuentra comprimida y limitada de forma ya insufrible por el corset que le imponen tanto las relaciones sociales de producción como las formas democráticas instituidas. de ahí su lema: no somos mercancía en manos de políticos y banqueros. somos quienes producimos la riqueza material e inmaterial de nuestras sociedades, y estamos hartos de ser expropiados por parásitos que toman decisiones sobre aquello que producimos. en definitiva: el 15m es nuestra sociedad reventando por las costuras.

creo que al poner el énfasis sobre el carácter "ideológico" del movimiento se corre el peligro de convertirlo en la expresión de un conjunto de buenas intenciones y deseos. sin duda esa componente existe; pero lo que el movimiento expresa fundamentalmente, a mi modo de ver, es el alto grado de conflicto que se ha alcanzado en este punto de la historia a propósito de la composición material de nuestras sociedades.

2) afirmar que el movimiento se agita a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías es acertado, pero insuficiente. lo que las nuevas tecnologías permiten no es solamente un uso práctico u organizativo, sino que suponen la herramienta central para la subjetivación del movimiento. el movimiento no es meramente un conjunto de sujetos que hacen uso de las tecnologías para comunicarse u organizarse. las tecnologías de comunicación, repito, son la herramienta clave para que el movimiento pueda producir un nuevo tipo de subjetividad política. el movimiento se subjetiva por medio de la herramienta comunicativa. twitter es un maelstrom este último mes. determinados mensajes u objetivos se van conformando por la escalada de intensidad que adquieren en las redes sociales. internet no solamente canaliza información o facilita conectividad. literalmente es el instrumento para la modulación afectiva del movimiento, que se traduce inmediatamente en acción política.

al loro que no te estoy disputando por un mero matiz ni te propongo enroscarnos en una paja mental. afinar en este punto es crucial, porque de lo contrario provocamos literalmente una segmentación en la propia constitución del movimiento, por decirlo simple: twitter + manis y acampadas. la plaza del sol o pl de catalunya o las plazas de toda españa no son solamente lo que se ve. son espacios materiales+virtuales complejos donde los cuerpos no son meros individuos que tiran de móvil+internet, sino una subjetividad abierta y en conformación afectada tanto por la convivencia concreta en un espacio-tiempo como por el vértigo comunicativo que se produce a través de tecnologías de fácil acceso. no sé si suena abstracto. cuando uno tiene el cuerpo puesto ahí en pleno torbellino lo experimenta de manera muy clara.

3) fuck bourriaud. el movimiento 15m no solamente no confirma, sino que refuta definitivamente a bourriaud. el muy canalla se dedicó a llenar la cabeza de mierda a muchas personas que tenían un deseo real de relacionalidad, convenciéndolas de que una relacionalidad no mediada por el capitalismo casi sólo podía darse en el interior del sistema artístico galería/museo. bourriaud no es la confirmación de nada de lo que ahora sucede, sino que su pensamiento ha supuesto uno de los principales mecanismos de captura y despotenciación del que los sectores avanzados del sistema del arte se han servido en los últimos 10 y pico años.

un comentario sobre tu comparación entre las formas expresivas adoptadas por el movimiento en la calle y las estéticas asimilables a la relacionalidad bourriaudiana. a mi modo de ver, esa apreciación sólo sirve para desviar la atención. la capacidad asombrosa de producir expresividad que tiene este movimiento creo que no se encuentra ahí donde tú señalas, en la "apariencia". vengo ahora mismo de la mani en barna. alrededor de 200.000 personas se han autoorganizado en bloques semiautónomos pero siempre abiertos a reconfiguración, en una ósmosis colectiva brutal que contenía modulaciones diversas de la intensidad afectiva. el cuerpo pasaba de bailar a gritar a los medios de comunicación oligárquicos, de abrazarse con el desconocido de al lado a discutir de política con otro, de dejarse pintar la cara a colocarse una máscara prestada. dispositivos experimentales de resubjetivación colectiva: hay que volver a leer con ganas a guattari, no al trilero de bourriaud. experimentar con espacios existenciales. eso hace este movimiento, en las plazas, en las calles, en twitter y en los centenares de encuentros grupales y colectivos que tienen lugar de manera invisible para la mayoría.

4) no me parece cierto, para acabar, que este sea el primer movmiento que habla de tú a tú a los aparatos institucionales del estado, en lo que respecta al estado español. hay que hacer memoria: los movimientos de desobediencia civil de los años noventa lo hicieron, aunque obviamente a menor escala (remember la insumisión). el movimiento 13m tumbó al gobierno de aznar, cuando todo apuntaba a que ganaría las elecciones generales. el movimiento contra la guerra no paró la intervención en irak, pero una ciudad como barcelona fue tomada por la multitud y provocó una verdadera crisis de gobierno institucional (reconocida por el propio ayuntamiento). los movimientos contra la globalización capitalista lograron la cancelación de la visita del bm a bcn en 2001, entre otras victorias. y el nunca máis puso en más que serios aprietos a los gobernantes cínicos. lo que el movimiento 15m ha supuesto es sin duda un salto cualitativo asombroso de complejidad en el actual ciclo de conflicto. pero por favor no perdamos de vista que estamos viviendo un largo ciclo de conflicto que se abre, por dar una fecha tentativa, durante los años noventa, superando el desierto de los ochenta tras el colapso del ciclo del 68. no quiero plantearte aquí una discusión de tipo genealógico ni mucho menos historicista. sí quiero subrayar que la opinología mediática tiene siempre memoria corta; los análisis más serios no deberían permitírselo. en cualquier caso, en momentos de crecimiento como es el actual, lo importante no es si los individuos singulares tenemos memoria, sino que el movimiento la tenga. y el movimiento 15m alberga una gran memoria de los conflictos y las luchas previas de este ciclo histórico. se podrían aportar muchos argumentos en este sentido, pero no quiero abusar de tu paciencia ni de la de lxs lectorxs de este blog.

para acabar: lo que está sucediendo es grande. se nos viene encima una segunda transición democrática en españa. será larga, será complicada, habrá pasos adelante y pasos atrás. pero se nos viene sí o sí una refundación de la democracia. esperemos que en este caso no se produzca de nuevo un mero cambio formal en un sentido relativamente progresista del marco de libertades dándose la mano con una reafirmación renovada del mando capitalista. porque esta crisis es simultáneamente económica y política, es en estos dos planos que el movimiento, inteligentemente, se confronta ("políticos y banqueros"). la nueva constitución democrática tendría que surgir de la misma base social, de la fuerza de trabajo compleja que produce realmente esta sociedad y que es la que está diciendo ahora ¡ya basta!

te mando muchos abrazos y gracias por tu aportación a poder pensar juntxs.


Querido Marcelo,
Qué quieres que te diga. Por supuesto, estás en lo cierto en todo lo que dices. Como sostenía al principio del artículo, mi visión aquí es casi "formalista" en muchos aspectos, y desde luego no aspira –por pura incompetencia– a la complejidad de lecturas como la tuya. Más que un análisis, lo que intentaba presentar era una serie de apreciaciones que rondaban más en el espectro de la pura sugerencia a pensar que otra cosa. Algunas de ellas, como la cuestión de la estética relacional, se encontraba más bien, de hecho, en el ámbito de asociación visual de fenómenos que quizá sean incluso, como tú bien dices contrapuestos en muchos sentidos. Vamos, eso que Panofsky llamó "pseudomorfosis" y que, para entendernos, podemos denominar "falsos amigos": cosas que parecen lo mismo pero cuyo sentido último difiere de modo considerable (tanto en sentido como en origen). Así que, como digo, te agradezco enormemente tus puntos de vista. El sentido último del texto era más bien el provocar (en el buen sentido) y sugerir.

Sobre los puntos concretos, creo que estoy también de acuerdo en todos.
1) por supuesto, mi propuesta del término "ideología" sirve para una lectura representacional, casi un vicio o un tic de los estudios de cultura visual. Y debajo de todo, claro está, hay una situación real y un grado de conflicto tangible en un sentido literal y material. Tanto que, como dices, explota por las costuras. Costuras, que no son más que eso, modos artificiales de suturar los conflictos. Y quizá cuando hablamos de ideología no hablemos de otra cosa que de las costuras, de las arquitecturas sobre las que se parapeta la realidad.

2) también toda la razón. Desde luego, no se quiere decir que la cosa sea Twitter + mani + acampada. Los flujos entre la corporalidad y la incorporalidad van en todas las direcciones. Te agradezco especialmente que puntualices aquí. Sobre todo porque puede haberse entendido mi postura de modo simplista. Y no se trata, claro está, de que Internet sirva a los cuerpos, sino que el entrecruzamiento hace surgir nuevas modalidades, como dices, afectivas. Se ha entrado de lleno en nuevas dinámicas comunicativas que reconfiguran nuestro sentido del espacio/tiempo, del ahora, del aquí y del allí.

3) Bourriaud. Aquí es donde más se ha cebado todo el mundo. Y es sin embargo, la parte casi anecdótica. La parte que tiene que ver casi más que con otra cosa con una mera analogía. Al observar la biblioteca de la #acampadamurcia y los muros-tablones, y la "estética" –el modo de "aparecerse"– del campamento y en general de las movilizaciones, casi ipso facto, se me vino a la mente Hirschhorn. Como digo, quizá esto se debe a que uno tiene ya deformación profesional y, muchas veces, proyecta sus obsesiones a todo lo que ve. Aun así, no pude evitar ver en el cartonaje, la cinta aislante y la estética de lo precario a los artistas relacionales que acababa de explicar en clase. Y me di cuenta también entonces de que todo aquello que había explicado en realidad se quedaba en mera pose, como también tu dices, casi obscena, ante el sentido real de todo lo que allí se veía. Quizá la cuestión de lo relacional sea un mero "término mana", una marca y nada más. Pero, desde luego, lo que vimos en las acampadas respondía a eso que en la formulación de los artistas y de Bourriaud es mero discurso vacío. Por eso hablaba al final de releer a Bourriaud. No, por supuesto, como ideólogo de lo que está pasando. Faltaría más. Pero sí para darnos cuenta de algunas cosas que el arte dice y que en el arte no pasan (sino que incluso las pervierte) y que, sin embargo, suceden, de algún modo, en lo real. Pero, por supuesto, long life to Guattari. Las comparaciones siempre son odiosas. Y aquí no hay color.

y 4) es cierto que tenemos poca memoria. Los movimientos de oposición en el Estado español –qué te voy a contar yo a ti– han tenido un largo historial de "éxitos relativos". Pero el nivel de repercursión del 15M creo que, aunque en la línea genealógica de todos ellos, posee un diferencial importante. Y éste, creo, se encuentra fundamentalmente en la potencia de la enunciación, en la capacidad para decir, adquirida sobre todo a través de las tecnologías de comunicación, que han puenteado los canales establecidos y han logrado proyectar un imaginario que, según lo veo yo, nunca había sido tan potente y a la vez tan plurimorfo como para literalmente "acojonar" a las instituciones de gobierno. Y, relacionado con este empoderamiento a través del control de plataformas de enunciación, algo también que constituye un diferencial es la recontextualización de esa genealogía del conflicto –que, es cierto, proviene en el fondo de una transición que se está reformulando– en el marco de las revoluciones recientes que, con menor o mayor éxito, están teniendo lugar a nivel internacional, desde las de los países árabes hasta las del norte de europa. Creo que esta universalización de las demandas específicas –sólo posible a través de la reconfiguración de los regímenes de espacio/tiempo– constituye un salto de intensidad respecto a los movimientos que mencionas. Por supuesto, habría que ver el modo en el que se articulan estas geneaologías del conflicto con los nuevos contextos y escenarios globales. Y nos llevaríamos más de una sorpresa.

En cualquier caso, Marcelo, mil gracias por todas las puntualizaciones. Aprendo, como siempre, de ti, de tu experiencia y de tus puntos de vista.

Abrazos de vuelta.


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