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Julio 03, 2011

BESTIARIO Y BIBLIOTECA - Armando Montesinos

10_esperabausted.jpg Acababa de leer una reseña crítica, más virulenta que instructiva, y me quedé molesto, con una sensación rara que no tardé en relacionar con una frase hecha, “tener la mosca detrás de la oreja”. Nombrar la sensación la apartó como de un manotazo, y me vino a la mente –a sus ojos, pues fue una imagen nítidamente visual- una obra Zaj del gran Walter Marchetti, que minuta y traza los recorridos fugitivos de una mosca sobre un cristal. Miré a la ventana, como si buscara en el vidrio no muy limpio restos, motas, de alguna. Tras una pausa en la que no se produjo ningún pensamiento, otro dicho común, “mosquita muerta”, me llevó a uno de los estantes de la librería de la habitación, del que saqué The Society of the Spectacle, de Guy Debord. Y allí estaba, diminuta, en la página 95, prácticamente una con la pasta de papel, menor que el tamaño de una letra, junto a esta frase, su verdadera tumba: “so, here, in order to remain human, men had to remain the same.”

Busqué en otro libro. Una arañita íntegra aparece en la página 46 de The Exiles of Marcel Duchamp, de T. J. Demos, pegada en la cabecera del sillón, a dos o tres milímetros del rostro del padre del artista, en una reproducción fotográfica del cuadro pintado en 1910 incluida en su maleta-museo portátil. Inevitable establecer la relación con “Torture Morte”, la tardía pieza con moscas pegadas a la planta del vaciado del pie del artista. Moscas, recordamos, de Cadaqués, las que hacían las delicias de Dalí cuando a la esponjosa hora de la siesta, contemplando descansadamente en la televisión a los esforzados del Tour, atrapaba alguna en la comisura de los labios y disfrutaba con el cosquilleo de sus aterrorizados aleteos. En la hoja de enfrente, un leve rastro de fluido corporal marca la siguiente frase: "serving as a family album, La boite-en-valise offered an archive to which Duchamp could freely return, 'a sort of umbilical cord' between him and his past."

Las páginas 270 y 271 de Museo de la Novela de la Eterna, la exigente obra de Macedonio Fernández, siempre por empezar tras su impenetrable aluvión de prólogos, y tan definitivamente inacabada como “El Gran Vidrio” del inmortal francés -¿qué súbito gozo es este que me invade al utilizar ese rimbombante tópico decimonónico para referirme a quien siempre ha sido, para mis adentros, Marcel a secas?-, contienen el fósil frágil de un maravilloso insecto verde, cuyas alitas, conformadas como sutiles vidrieras articuladas con nervaduras casi microscópicas, no han perdido nada de su fascinante transparencia. Velando al liviano fósil, mediada la página izquierda, estas líneas: “Dotar a una obra de arte del personaje necesario para que los otros ostenten su existencia.” No hay ningún residuo visible en la otra página.

En Poesía de J. E. Cirlot, 1966-1972, un mínimo bichito, imposible determinar si volátil o no, seco como los pétalos que también se conservan entre sus hojas, marca dos frases, vasos comunicantes entre el exterior y el interior del mundo del intenso poeta: “Mi cuerpo se pasea por la habitación llena de libros y espadas y con dos cruces góticas”, en la página 128, y en la contigua, “y es que el ángel, en mí, siempre está a punto de rasgar el velo del cuerpo”.

Un rastro amarillento oscurísimo y una leve protuberancia negruzca, restos de un insecto tal vez barrido de un manotazo distraídamente automático al posarse o revolotear en la página, manchan las numeradas 216 y 217 de Mosaicos, la edición póstuma de los escritos, el lenguaje persiguiéndose a sí mismo hasta producir las burbujas de su ebullición, del refinado y complejo Edison Simmons. La marca permite, aunque cubre algunas letras, leer sin mayor dificultad las palabras en ambas páginas. A la izquierda, “el anhelo es una pausa brusca”; a la derecha, “ventana azul / mis entrañas: / negación del espejo”.

En The Songlines, el libro de Bruce Chatwin que recoge sus nomadeos por los invisibles senderos australianos que cuentan –cantan- el mundo, es, muy apropiadamente, una hormiguita anaranjada de potente cabeza y abdomen pequeño la que señala “Myth proposes, action disposes” en la numerada 242, y su mancha especular en la 243 acompaña a la frase “heroes in moments of crisis are said to hear 'angel voices' telling them what to do next”.

La cabeza, con una antena rota, de una especie de breve ciempiés está pegada a estas palabras de Hugo Mújica en Flecha en la niebla: “Es el silencio con que una obra de arte no termina: se cumple” (página 180). La aplanada carcasa cárdena de su parte inferior, terminada en una estrecha pinza, parece subrayar este párrafo de la página siguiente: “La conciencia no tiene voz. / Esfinge sin habla, no dice, desdice. / Desmiente.

El Héroe y el Único guarda, entre la 394 y la 395, un trocito de insecto indeterminado, tal vez mera larva, que no consigue distraer de la lectura de las palabras de Rafael Argullol a las que está adherido: “Los ojos de Ligelia son el vértice mortal hacia el que conducen los estragos del conocimiento y de la sensualidad”, en la hoja izquierda. Enfrente, una mota violácea apenas entinta estas líneas: “En el sonámbulo se proyectan los espacios oníricos que, insospechados e incontrolados, están negados a la perceptividad racional-empirista”.

Al cerrar el libro, algo en la intensidad del aire puso fin a la expedición, al activo ensimismamiento en el que había estado largo rato siguiendo las pistas de los insectos, el sendero de las citas marcadas por sus rastros. En la habitación no se oía una mosca.

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Guy DEBORD, The Society of the Spectacle, Zone Books, New York, 1997.
T. J. DEMOS, The Exiles of Marcel Duchamp, MIT Press, Cambridge, MA., 2007.
Macedonio FERNÁNDEZ, “Museo de la Novela de la Eterna”. Edición crítica de Ana Mª Camblog y Adolfo de Obieta, coordinadores. ALLCAXX, Madrid et al., 1997.
Juan Eduardo CIRLOT, Poesía de J. E. Cirlot, 1966-1972. Edición de Leopoldo Azancot, Editora Nacional, Madrid, 1974.
Edison SIMMONS, Mosaicos, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Madrid 2009.
Bruce CHATWIN, The Songlines, Picador, London, 1988.
Hugo MÚJICA, Flecha en la niebla: Trotta, Madrid, 1997.
Rafael ARGULLOL, El Héroe y el Único. Editorial Destino, Barcelona, 1990.

Enviado el 03 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

¿Quizá espesaba el aire el famoso matainsectos BLOOM (como Leopold)...?


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