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Septiembre 21, 2011

¿Las cámaras ven más que los ojos? - ROBERTA SMITH

Visto en Ñ

vstnts.jpg Los científicos aún no han determinado qué porcentaje de la observación del arte se hace en la actualidad a través del visor de una cámara o un teléfono celular, pero es evidente que la cifra va en aumento.

Es por eso que Ruth Fremson, la fotógrafa del New York Times que cubrió la Bienal de Venecia este verano, volvió con tantas imágenes de gente que hacía más o menos lo mismo que ella: sacar fotos de obras de arte o de personas que miraban obras de arte. Más o menos.

Sólo dos de esas personas utilizaron una cámara tradicional (similar a las que usó Fremson) y la sostuvieron antes sus ojos. Los demás contaban con un celular o una minicámara y miraban una pequeña pantalla, lo que tiende a hacer mucho más casual el proceso de enmarcado y está cambiando el aspecto de la fotografía.

La omnipresencia de cámaras en las exposiciones puede ser desalentadora, sobre todo cuando se la toma como demostración de que la mayor parte del arte se ha convertido en una prueba fotográfica más de la presencia de alguien. En términos más generosos, la cámara es una forma de conectarse, participar y coleccionar experiencias efímeras.

Para bien o para mal, ha pasado a ser algo inherente a las respuestas estéticas de mucha gente. (Por la cantidad de fotos que tomo Fremson de personas que fotografiaban la estatua de Urs Fischer de tamaño natural del artista Rudolf Stingel como una vela encendida, es una de las piezas más populares de la Bienal, que dura hasta el 27 de noviembre.) Por otra parte, la presencia de la cámara en una imagen puede parecer parte de su carácter extraño, como en el caso de la foto de Fremson de los hombres que fotografiaban un mural fotográfico de Cindy Sherman que da la impresión de que Sherman, vestida como malabarista de circo, está posando para cada uno de ellos. Parece más real que en la instalación.

Por supuesto, una foto de una persona que fotografía la foto que se tomó una artista en determinado papel supone una serie especular, tal vez del tipo que sólo se encuentra entre quienes sacan fotos en una exposición.

Enviado el 21 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Como autor de documentales siempre recordaré una lección aprendida por Alberto Giacometti quien, eterno visitador del Louvre, cuenta que más que mirar a las obras, terminó por mirar a la gente que miraba las obras. Y es cierto. En muchos de mis rodajes a menudo era para mí más interesante el observador casual que lo observado, y además era precisamente el observador el que confería valor a "la pieza". Ahora es la cámara quien observa, en una ráfaga in situ que luego, en la intimidad del ordenador personal, alcanzará su verdadero y efímero valor. Es así. Puede ser triste, demoledor o el adjetivo que se quiera; pero "es así".


Penso na /miniaturização/ tal como propôs Benjamin, em sua Pequena História da Fotografia, uma forma de "assegurar sobre as obras um grau de domínio sem o qual elas não mais poderiam ser utilizadas". Daí, não me entristece totalmente: desejo ver nesse fenômeno uma espécie de resistência (pequena, mínima) à /disciplina/ do aparato expositivo, às condutas involuntárias que nos impomos ao participar nesse aparato. Talvez a necessidade de uma memória (voluntária, colecionista) não seja apenas um sintoma de regressão, mas uma outra intenção participativa, mais prospectiva.


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