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Octubre 04, 2011

Capitalismo de ansiedad - Peio Aguirre

Originalmente en Crítica y metacomentario

vlslx-crtr-brssn.jpg “Otra vez has trabajado demasiado”, le dice la mitad de la pareja a la otra, y lo que parece ser un cumplido más que un reproche que conduzca al descanso merecido se convierte en desazón. Nunca algo es lo suficiente. El descanso ya no lo es. Vivimos en una sociedad donde a pesar de los avances en la información, la comunicación global, se nos exige constantemente que actuemos, se nos pide un acto presencial. Estar allí, desplazarnos a este o aquel lugar para auto-representarnos. Los efectos de esta demanda son corporales, quedan grabados en el cuerpo y en la psique. La misma idea de actividad y trabajo se han visto afectados, no por la falta de trabajo o el desempleo, sino por la búsqueda de sustitutos o ficciones que aparenten ser trabajo y que, en última instancia, nos alivian de la ansiedad de la performance, auto-representación. Adorno llamaba a esto “pseudoactividad”, esto es, “la actuación que se atiza a sí misma en honor a su propia publicidad, sin admitir en qué medida es un sucedáneo de satisfacción, se erige en un fin en sí mismo”.[1] Adorno escribió esto en “Resignación” (texto imprescindible sobre las relaciones entre teoría y praxis), en una crítica a la pseudorrealidad en la que el activismo de la época se movía (y que también fue objeto de denuncia por Habermas).

La pseudoactividad y la publicidad (o publicity) comparten el hecho de la necesidad de la autorrepresentación. La conciencia de que no es tanto necesaria la producción, sino la necesidad de ser reconocido socialmente en tanto que autor, sujeto de esa producción. Hablando del Do-it-yourself (tanto en “Resignación” como en “Tiempo libre”) Adorno afirma que “la pseudoactividad se ha extendido terriblemente, incluso y especialmente entre los que protestan contra la sociedad. Podemos presumir en la pseudoactividad una necesidad atascada de cambiar una situación petrificada. La pseudoactividad es una espontaneidad mal dirigida, y no por casualidad, sino porque las personas presienten que les resultará muy difícil cambiar lo que grava sobre ellas. Así que prefieren dedicarse a unas actividades aparentes, ilusorias, a unos sucedáneos institucionalizados de la satisfacción, en vez de tomar consciencia de que la posibilidad está cerrada hoy”.[2]

Pero además, la pseudoactividad adorniana tiene en la exigencia social del hobby su otro caballo de batalla, ahí donde la división entre tiempo de trabajo y tiempo libre es un hecho consumado. Los hobbies son pseudoactividades, espontaneidad mal dirigida, maneras de escapar de aquello que nos agobia siendo conscientes de la imposibilidad de cambio. Adorno habla de la comercialización del “camping” su conversión en un modo de consumo. Pues al tiempo del descanso, el de renovar las fuerzas productivas para su posterior empleo, se lo cubre con el tiempo de consumo. No sabemos qué hubiera dicho de las redes sociales y del tiempo que la gente pasa actualizando sus perfiles y diseñando su representación, pero la idea de pseudoactividad cobra aquí su máxima expresión, su grado último. No ésta solamente el efecto placebo, sino la finalidad en sí misma, que es el fármaco contra la ansiedad, en la necesidad de existir para los demás (a través de la publicity). Lo rutinario de la jornada laboral encuentra en esta pseudoactividad una escapatoria sino una segunda vida. A esto conviene contrarrestar la utopía de Fourier, o su noción de la gratificación pemanente, ejemplificada en la pasión mariposa, cuya idea fundamental es la convicción de que los seres humanos no pueden realizar una actividad rentable y placentera durante más de dos horas, lo cual conlleva una variedad de actividades y una complejidad en la organización. La alerta y la alegría del trabajo dura pues, dos horas, y más allá el trabajar se convierte en una condena. Algo de esto inspiró a Marx y Engels en La ideología alemana, cuando hablaban de aquello de cazador por la mañana y crítico por la tarde, como el sustento de una sociedad y un individuo libres de la división del trabajo y un sujeto dueño de su destino y de sus fuerzas productivas.

El capitalismo de ansiedad ya está aquí y ha llegado para quedarse.

[1] Theodor W. Adorno, “Resignación”, Crítica de la cultura y la sociedad II, Intervenciones, Entradas, Akal, Madrid, p. 709.
[2] Adorno, “Tiempo libre”, op.cit. 580-581.

Enviado el 04 de Octubre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

se agradece el texto


Fantástica reflexión!
Las redes sociales no han tenido éxito así porque si....lo que subyace en su "Función" es seguro todas las tesis de Adorno y muchas más...
Una frase de Debord sobre el Espectáculo y las publicaciones..." lo que está (publicado) existe y lo que no esta no es"

El mundo que heredamos es un mundo que nos hace sentir así... inexistentes si no estamos publicados..también reflexionando sobre el tema DIY.... claro... Adorno lo compara al Hobby... mmm... pero lo revolucionario del DIY al que yo también conozco y que me ha salvado de esa "posibilidad cerrada" que me presionaba y ahogaba... los blogs entran en ese terreno. Cuánta gente se ha liberado del mundo cerrado, que les rodeaba y que les ostratizaba y negaba ( gente en el poder que decide por nosotros etc)? la promesa de Existir en un mundo sin sentido y manejado por unos cuantos... es una gran tentación...y también una trampa segun nos pille!!


sí, pero hay que tener en cuenta que el DIY del que Adorno habla no es el que sale a partir del punk y su espiritu. Adorno escribia esas cosas en la década de los 60, poco antes de morir, el DIY del que el habla tiene que ver con el espíritu nortemericano que él vivió durante su exilio, tiene más que ver con el boyscoutismo, la navaja multiusos suiza, y los nuevos gadgets o electrodomésticos, y sobre todo en su diana el "camping"-ismo, ese espiritu de salir a dormir a la intemperie pasando primero por el supermercado... por todo eso chocan las criticas de Adorno al Do-it-yourself, más que al DIY punk, porque se refiere a lo primero... como pseudoactividad la ambivalancia de las redes sociales también está ahí, en tanto producto del capitalismo, god and/or bad, pues puede ser una pseudoactividad o manera de perder el tiempo o puede ser una arma...


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