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Octubre 22, 2011

Melancolía. El encanto fatal de la desaparición - David García Casado

melancholia-l-v-t.jpg "He sentido de verdad que rompíais la atmósfera a mi alrededor, que hacíais el vacío para permitirme avanzar, para dar el lugar de un espacio imposible a lo que en mí estaba aún sólo en potencia, a toda una germinación virtual y que debía nacer atraída por el lugar que se le ofrecía". El pesanervios. Antonin Artaud

Sólo nos queda la imaginación. Se aferra al mundo como un parásito a la sangre para llevársela fuera de él. Sangre imaginaria que brota en el hipocampo donde la memoria rompe en éxtasis, en delirio, en dulce locura, como un órgano post-humano que respira en un mundo que no existe.

El gran fin –la muerte del mundo- resulta intolerable. Ni la religión puede hacer mínimamente soportable no sólo nuestra propia desaparición sino la del mundo. Solo algo tan desquiciado y sin remedio puede dar origen a todas las imágenes de algo exterior a nuestro mundo y lo puede llegar a eclipsar: “Melancolía”, un planeta que se acerca aceleradamente en un viaje amenazante por su peligrosa cercanía orbital.

Preludio de Tristan e Isolda de Wagner.

Melancolía no es una película sobre la depresión quizá ni siquiera sobre la misma melancolía. En una entrevista Lars Von Trier, su director, declaró que las imágenes del film de algún modo se hicieron a sí mismas, él sólo puso a trabajar su experiencia y sus ideas pero en lugar de resultar un film sobre la depresión, éstas cobraron un carácter romántico en el sentido clásico; en la puesta en escena de un amor imposible y que transgrede el sentido común. Como el amor de Ann por King Kong, Justine se enamora de algo mucho más grande, tan enorme y tan desproporcionado que hace de la relación algo inhumano, o que va más allá de lo humano. Se trata nada más y nada menos que de un planeta que se acerca a la Tierra, el planeta Melancolía. Un baño de luna melancólica es el único gesto amatorio que éste puede ofrecer, el resto es promesa: destrucción definitiva.

Es la tragedia de un amor imposible, enloquecedor como el amor hacia un mundo imaginado, inventado por una mente nerviosa e hipersensible, ese hermoso fracaso que tantas páginas ha escrito de la literatura y del arte de todos los tiempos. Alonso Quijano, pero también Werther, Lenz, Lord Chandos… fascinados por la eléctrica cualidad del lenguaje que delira y se escurre del mundo, sin poder hallar nunca reposo sino brotando incesantemente como una lava que emerge y abrasa la conciencia.

Una melancolía -el mundo de la imaginación- más grande, más poderosa y seductora que la realidad mundana y común. Una experiencia construida por imágenes en flujo, imágenes afección, oleadas de calor y de frío, que nadie más padece, dolor donde debería de haber placer, goce donde debería de haber sufrimiento.

El planeta Melancolía se acerca a la Tierra: un lugar cuya atmósfera es favorable para los nervios hipersensibles, el lugar inhabitable que en última instancia engulle lo real y se instaura como única nada, único paraíso donde la conciencia se evapora como un ideal que nunca tuvo lugar y la pura energía que nos mantiene en pie regresa al cosmos, el hogar del anti-lenguaje -el rugido enloquecedor del tiempo. Sin poder hacer otra cosa al respecto: solo nos queda sentarnos a esperar lo que nunca podremos ver: la colisión.


“Entonces todo esto parecerá bien,
y ya no tendré necesidad de hablar”
El pesanervios. Antonin Artaud


Enviado el 22 de Octubre. << Volver a la página principal << | delicious

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