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Diciembre 30, 2011

Brevísimo diccionario de una impostura - Avelina Lésper

Originalmente en Replicante

6798797987_6.jpgArte burgués.
Es un anti-arte burgués y ocioso que desprecia el trabajo. Artistas que no trabajan, no estudian, no hacen. Roban, copian, designan, sobrevalúan sus objetos por un capricho de la moda, exaltan el consumismo. Es el gran elogio a la decadencia del capitalismo.

Arte conceptual o contemporáneo.— Las obras a las que se denomina arte contemporáneo son conceptuales porque en todas son las ideas y el discurso el único peso intelectual que poseen, y es el concepto lo que les da sentido como arte. La acepción cronológica, al ser siempre inestable, es inexacta. Cualquier obra —desde el ready made hasta las que tienen algún tipo de factura— que hace de las ideas su gran valor real es conceptual. Si una obra despojada de esas ideas pierde su sentido como arte, entonces no es arte.

Arte contemporáneo y otras artes.
La música, el teatro, la literatura, la danza, el cine llevan lo de ser contemporáneos con otra perspectiva. Son artes que requieren de un involucramiento más real del público, que debe pagar para entrar al teatro o a la sala de conciertos, sentarse y presenciar durante una o más horas una obra y con sus aplausos o abucheos manifiesta su opinión. En cambio, el arte contemporáneo se ve en cinco minutos y el público se larga. Los críticos de estas disciplinas son feroces, el cine soporta toda clase de análisis y nadie se rasga las vestiduras. Leer un libro exige tiempo y concentración y el escritor ve cómo sus libros se quedan en la bodega o se convierten en un éxito. El artista contemporáneo vive en una burbuja, no tiene contacto con el público, niega la crítica que no es favorable y si el público no va a la sala es porque no entiende, nunca porque su obra deje insatisfecho al espectador o porque se perciba como una farsa. Este anti-arte no es para el público ni para el museo, es una práctica endogámica para sus curadores, críticos y artistas.

Arte que nadie se roba.
El criterio del ladrón es el del sentido común, la realidad de que todas las obras son lo que son: una pintura es una pintura, un dibujo es un dibujo, una lata vacía es una lata vacía y un escusado es un escusado. Y algo tan real como un robo, tan inmediato, lo pone en evidencia. Nadie se roba un montón de ropa sucia o unas cajas de cartón. Los nuevos museos no requieren de alarmas, medidas de seguridad o guardias, y lo que llegaran a robarse puede ser reemplazado en un instante y sin la presencia del artista.

Arte tradicional y arte contemporáneo.
La distinción entre arte tradicional y arte contemporáneo es una deformación estética. Los “contemporáneos” tienen cien años haciendo lo mismo, un tiempo suficiente para crear una tradición. En cambio, la pintura que se hace hoy no detiene su evolución, y sus preocupaciones, estética y estilos están completamente inmersos en nuestra actualidad. Los artistas contemporáneos no son modernos, tienen cien años sin evolucionar.

Artista.
Todos son artistas y todo lo que el artista designe como arte es arte, es el estatus actual. Hoy tenemos a la mayor población de artistas de la historia del arte, por lo tanto ninguno es indispensable. Ser artista contemporáneo es una moda elitista, pues antes querían poner un bar nice, luego ser “diseñadores de imagen”, después DJ's y hoy, finalmente, son artistas contemporáneos. La actitud de arrogancia y de fatuidad de los artistas es justificable: venden sus ocurrencias elementales y los coleccionistas demuestran su poder adquisitivo con estas compras caprichosas y exhibicionistas.

Artista, requisito para ser…
El requisito es no saber hacer las cosas para hacerlas. No saber hacer arte para ser artista.

Aspiraciones.
Los artistas quieren ser millonarios y los millonarios quieren ser artistas. Si declarar que algo es arte te hace artista, aceptarlo, motivarlo y pagar por eso, también te hace artista. Pagar el precio convierte al coleccionista en un artífice más del objeto; sin su aprobación y su inversión la obra nunca hubiera trascendido como arte, así, el comprador forma parte esencial en el montaje de esta farsa. Comparar algo de valor “teórico” te define como moderno y actual. El precio en estas obras es su validación real: si es caro entonces es arte.

El artista contemporáneo vive en una burbuja, no tiene contacto con el público, niega la crítica que no es favorable y si el público no va a la sala es porque no entiende, nunca porque su obra deje insatisfecho al espectador o porque se perciba como una farsa. Este anti-arte no es para el público ni para el museo, es una práctica endogámica para sus curadores, críticos y artistas.

Células espejo.
Éstas crean un proceso cognitivo mediante el cual nos ponemos en la situación del Otro; sin ellas no existe la imitación, que es fundamental para el aprendizaje, y se activan al ver una acción o cómo se realiza y tratan de recrearla. Estas neuronas también trabajan cuando tú, al ver una obra de supuesto arte, te ubicas en el sentido del creador y piensas que esa obra no requirió de un talento sobresaliente; analizas rápidamente tus habilidades y comparas lo que tú sabes hacer con el resultado de la obra y deduces que no tiene rastro de inteligencia creadora. Al no reconocer inteligencia o emoción en el trabajo, decides que es algo sin la calidad para poseer el estatus de arte. Al ubicarte en el papel del artista lo identificas como un estafador que suplanta la verdad del arte por una mentira. El arte tiene entre sus objetivos ayudarnos a comprender la realidad a través de la representación y lo hace con la herramienta de las células de espejo: si eliminan el objetivo de representar, las células no trabajan en ayudarnos a ordenar nuestra realidad y la existencia. Este anti-arte va en contra de los procesos de la inteligencia y nos encamina a disminuir habilidades formadas durante decenas de miles de años. Este arte volverá estúpida a la humanidad.

Concepto.
Si lo único que tiene valor en la obra es el concepto, y despojada de esto pierde su valor, entonces no es arte. El concepto es un enunciado arbitrario que pretende cambiar la naturaleza de un objeto sin conseguirlo, exigiendo una comprensión que no requiere; un objeto es lo que es, nada más.

Crueldad.
Ejercer la crueldad no tiene que ver con recrearla y eso es patente en la literatura. Asesinar animales, explotar la muerte de otros, alardear del racismo no es arte porque, como todo en el arte contemporáneo, no es resultado del talento ni del trabajo del creador o “ideador”. Su función es escandalizar para llamar la atención. En una corrida de toros la crueldad es parte del espectáculo, pero el torero asume riesgos que no asume ningún artista contemporáneo. Si Guillermo Vargas Habacuc, que dejó morir de hambre a un perro, amarrara al curador y al galerista para matarlos de hambre no habría existido jamás el performance criminal que hizo. Muchos toreros han muerto en el ruedo, pero ¿quién ha muerto haciendo una obra? Nadie. Estas obras tienen una lógica elemental: si hablan de que dejaron morir de hambre a un perro, entonces funciona dejar morir de hambre a un perro. Si hablan de que pusieron suásticas, entonces funciona poner suásticas. Si hablan de un asesinato, entonces funciona asesinar. Estoy esperando el suicidio colectivo de estos mediocres para que cierren su ciclo de obras, ya que trabajan con las herramientas de su época. Adelante, la violencia es la gran herramienta actual para acceder al poder y la fama.

Curador.
El curador es un vendedor, un publicista, un dictador y es, al final, el verdadero creador de la obra. Las exposiciones no son anunciadas con el nombre del artista, lo principal es el nombre del curador. El curador vende la idea de su colectiva, decide qué artistas van en la exposición y con su texto inventa los valores subjetivos e invisibles de su producto, es decir, los artistas y sus obras. El curador le dicta al artista lo que tiene que hacer, lo que significa y decide el valor que tiene en la exposición. Como todos son artistas, todos debieran ser curadores, pero no es así. Éstos y los teóricos son los entes pensantes de la obra. El artista es sustituible, el curador, como los dictadores, no lo es. Al dar sentido a la reunión de objetos y llevarlos al recinto expositivo el curador es el artífice real de la obra. Desháganse de los artistas. Para poner una piedra con una patineta rota o una tina de aceite quemado en el museo basta un curador, no se requiere a nadie más.

Entender.
“Si no te gusta es que no entiendes”. Confunden creer con entender. Cuestionar a la obra es no entender. No piden que se entienda, piden que se crea que eso es arte. En el momento en que dejen de creer que eso es arte dejará de serlo. Si no crees en el milagro, el milagro no existe. Esta actitud elitista: “Tú no entiendes”, margina al público, lo expulsa de los museos y le quita al artista la responsabilidad de las consecuencias de la obra. Si el público no ve en la obra lo que el concepto y el significado dictan es que es ignorante. El artista es infalible, nunca se equivoca. La sensibilidad del espectador es inoperante, el artista es intocable.

Escuelas de arte.
Las escuelas de arte ya no son necesarias, ser artista es una actitud que se adquiere, como ponerse unos zapatos, y el arte se designa. El arte no tiene valores de calidad ni técnicas específicas, por ello tampoco requiere ser enseñado en una escuela.

Imaginar la obra.
Decir que estas obras nos invitan a que imaginemos a partir de ellas es también un mito. Nos imponen qué es lo que debemos imaginar, lo ordenan claramente en las cédulas explicativas del curador. ¿Dónde está la libertad del ejercicio imaginativo si te dictan la reflexión? Instrucciones de obras imaginarias: la gente mira una pared y se supone que tendría que imaginarse la obra. ¿Por qué el autor no imaginó la obra y la realizó en vez de dejar ese trabajo al público? Un escritor no deja el libro en blanco para que te imagines la novela. Pedir que el público se imagine la obra encubre el vacío que el artista deja ante su incapacidad de terminar algo.

Juventud.
Su nombre oficial es “artistas emergentes”. Ser joven o emergente es un requisito para estar en exposiciones, es la adicción a lo nuevo del marketing del arte contemporáneo. Caras nuevas aunque las obras sean iguales. La virtud no es el talento, es la fecha de nacimiento. Las obras emergentes son de temática intrascendental, relacionadas con falta de inteligencia, irrelevancia, banalidad y sin un compromiso social o estético serio. Es arte niñato al que no le importa lo que suceda en el mundo, y aunque en la cédula hablen de la “decepción que les causa esta época” no existe una obra que describa esa decepción o un sentimiento de rebeldía ante lo que sucede. Estos artistas reflexionan sobre su ropa, la televisión, las redes sociales; son decorativos, conformistas, consumistas y políticamente correctos. Son un producto del sistema y trabajan para el sistema. Estos artistas sin arte son ciegos al hecho de que las grandes obras del Caravaggio o Lucian Freud también son obras de juventud.
Su nombre oficial es “artistas emergentes”. Ser joven o emergente es un requisito para estar en exposiciones, es la adicción a lo nuevo del marketing del arte contemporáneo. Caras nuevas aunque las obras sean iguales. La virtud no es el talento, es la fecha de nacimiento. Las obras emergentes son de temática intrascendental, relacionadas con falta de inteligencia, irrelevancia, banalidad y sin un compromiso social o estético serio.

Mal gusto.
Si el buen gusto carece de prestigio en esta época, como lo carece la belleza, lo que ya tiene prestigio universal como expresión contemporánea es el mal gusto. No se trata de acabar con obras terribles, que golpean a la mirada con la agresividad de la realidad —ya lo demostró Otto Dix con sus grabados sobre la Primera Guerra que tienen la virtud de enfrentar al espectador. Lo que hacen los artistas contemporáneos es tratar de llamar la atención con rabietas visuales y chistes monumentales para provocar de forma artificial y pretenciosa. Objetos que siempre pasaron por kitsch, detestables y desechables, hoy son la apoteosis de las subastas. Los objetos de feria de Koons son llamados esculturas; los animales en formol de Hirst son reflexiones sobre la existencia; las llantas y los coches de carnaval de Betsabé Romero están en los museos. El mal gusto es el pase de entrada a la instantánea posteridad de este efímero capricho de la vulgaridad al que llaman arte contemporáneo.

Mediocridad.
Pretender que el talento, la disciplina y la técnica en el arte son cosas del pasado es tratar de imponer la mediocridad como signo de distinción de nuestra época. La “democracia del arte” y “la muerte de la tiranía del genio” son la dictadura de los mediocres. Hoy existen artistas completos, que trabajan en su obra, desarrollando e investigando en la constante revolución de la pintura, la escultura y el grabado, que se ven marginados para que la falta de talento y la mediocridad tenga “derecho a crear”. El imperio de gente sin obra, que designa sus orines como arte, se ha apropiado de las galerías y los museos, amparados por curadores y críticos que lo explican y lo aplauden, convirtiendo el arte en una trama especulativa, en un negocio vulgar. Son libres de hacer con su detritus, con la basura que recolectan y con su pose de artistas lo que quieran, pero rebajar el nivel del arte al capricho de los mediocres es otra cosa.

Muerte y cadáveres.
El robo de cadáveres para obras era un canon en la Antigüedad. Leonardo pintó cuerpos, la modelo de Caravaggio para su Muerte de la Virgen es el cadáver de una prostituta. Para el Caravaggio el propósito de la obra no era llevarse un cadáver, pues su objetivo fue que la imagen de la virgen se viera muerta, desprotegida, inerme, que los colores de la piel fueran los de un cuerpo por el que ya no circula la sangre. En el anti-arte y sus pseudo-obras el propósito es la exhibición morbosa y descarada de algo que aseguran es el cadáver de alguien o la sangre de un crimen. La sangre, el cadáver, es un ready-made que hace del amarillismo la obra y de las aficiones patológicas el único talento del artista.

Museo.
Anunciaron y clamaron hace cien años la muerte del museo y hoy se dan cuenta de que sin este contexto la obra no puede demostrarse como arte. Por eso a los artistas del anti-arte les urge entrar al museo, porque sólo parasitando el contexto del museo legitiman sus obras como arte y les dan trascendencia y valor en el mercado. Fuera del museo estas obras —cadenas de bicicleta, urinarios, bloques de concreto, agua sucia— no existen, regresan a su situación original de objetos sin valor y no son arte.

No objetual.
Derribemos mitos: el arte contemporáneo no es abstracto ni es no-objetual. Si existe algo objetual, concreto, adicto a las referencias cotidianas y a las formas más costumbristas es este anti-arte, que depende en su totalidad de objetos prefabricados, que no inventa ni crea. “Objeto encontrado”, “objeto intervenido”, “objeto pateado”, “objeto recuperado”, “objeto reciclado”… decenas de categorías, una para cada cosa. Es el arte de la pepena que parasita la costumbre y la familiaridad con el objeto para relacionarse con el espectador. Carece de la abstracción de la recreación, rémora de las cosas hechas; es el arte del consumismo y la acumulación. ¿No objetual, no retinal? Entonces no depreden, hagan, recreen.

Oportunismo.
El arte contemporáneo se aprovecha de un problema grave para, en un acto oportunista, vender una patraña como arte, y sucede la reacción lógica, pues criticar a la obra es estar en contra de la supuesta “denuncia”.

Performance.
El performance es cobarde con el público, no permite la interacción. Si un espectador le dice algo al artista éste se indigna y pide que saquen del recinto al espectador. Hay una diferencia enorme entre la transgresión y el exhibicionismo. El performance es la versión políticamente correcta y decente de lo que hacen en los clubes de shows porno. En esos antros los actores que se desnudan, se cagan o se masturban aguantan al público, soportan sus insultos y ni ellos ni ningún cliente consideran que lo que hacen sea arte; saben que es exhibicionismo y que explotan la necesidad morbosa de ver un espectáculo escabroso. Los performanceros, sin llegar a lo que se hace en un burlesque o en un antro XXX, se hacen llamar artistas, quieren escenarios cultos y además exigen respeto del público y becas estatales.

Proceso.
El proceso de la obra se supone más importante que el resultado. Vemos obras inconclusas porque esto “abre posibilidades”. Primar el proceso evita que se haga un análisis de la obra ya que al no estar terminada no podemos emitir un juicio crítico. Es parte de la irresponsabilidad de este anti-arte. Es evidente que estas obras no tienen una relación tiempo-calidad, procesos de meses arrojan obras que en realidad tomó instantes pensarlas y hacerlas. Hacer énfasis en que el proceso es largo y complicado sólo disfraza la falta de calidad de los pobres resultados para hacernos creer que hay un rastro de inteligencia y esfuerzo en ello. Los resultados y la banalidad de las obras contradicen la importancia de su proceso. Para que esta contradicción no sea puesta en evidencia el texto curatorial explica las intenciones del artista. El proceso es intención. El arte verdadero no es intención, son hechos.

Reflexión.
La gran bandera de este anti-arte es la “reflexión”; las obras, por banales que sean, exigen una reflexión superior a lo que ellas representan en sí mismas. La reflexión es un proceso que sustituye a la contemplación. La obra, al no motivar que el público permanezca observándola, impone una tarea ajena a ella misma, impone un pensamiento en el que debemos entretenernos porque la obra no provoca ideas. Esta reflexión es además parte del significado, debemos “reflexionar” en lo que significa y esto es una idea que se suma a la obra para darle un valor intelectual del que carece y que no justifica con su presencia. Dice Danto que “el artista haga la obra, la filosofía y los teóricos le daremos significado”. El artista es un ser que no piensa, designa algo como arte y un teórico le da un peso intelectual. Reflexionemos en eso.

Todos son artistas.
La falsa democratización del arte, el “todos son artistas”, se convirtió en una tiranía. El problema es: si todos son artistas y todo es arte, no hay espectadores; el que mira puede ser creador en ese instante, así, para qué ver algo que tú como creador potencial puedes hacer y hasta superar. El segundo problema: al margen de la calidad artística —que por lo general es nula— no hay nada que observar porque todo es arte, no hay objetos que requieran de nuestra dedicación especial para contemplarlos. Desde los temas que abordan hasta los materiales que usan, esta actitud totalizadora está dirigida a que la experiencia estética pierda sentido. La decisión, puramente dogmática, que de que todas las aptitudes son iguales —y eso le da a cualquiera la capacidad de hacer arte— implica que no hay nada admirable o valioso en hacer arte, porque se convierte en una operación común, corriente e intrascendente. Lo que hace innecesario un recinto tan costoso y pretencioso como un museo. ¿Para qué alojar, exhibir y resguardar algo que todo el mundo puede hacer? Si todos son artistas y todo es arte, por lo tanto hasta el último centímetro cuadrado de la realidad es arte y es un museo al mismo tiempo. Pues afuera con sus obras, a la calle y que dejen los museos para lo extraordinario.

Transustanciación.
Es una superstición religiosa que afirma que un objeto puede cambiar de sustancia sin alterar su forma. El objeto es algo más de lo que representa, es otra cosa. En eso se sostiene el fraude del arte contemporáneo y sus ideas conceptuales, la figura, o sea lo evidente, no cambia, cambia lo que no vemos, el significado. Los conceptos de los artistas, sus curadores y críticos son como la publicidad que nos habla virtudes del producto que no son evidentes pero basta creer en ellas para que existan. La galería, el museo y la iglesia son incuestionables, y todo lo que está dentro es verdadero porque lo ampara una idea mal redactada incapaz de ser comprobada. Ante la exposición de adjetivos de las reseñas de los críticos que apoyan este anti-arte cuesta enterarse de si hablan de una instalación o de un performance, pero de lo que sí nos enteramos es de que la obra es genial, transgresora, que invita a la reflexión, que rompe con esquemas y hace denuncia social —y detrás de este edificio retórico hay un video pornográfico de Santiago Sierra o unos espaguetis en una silla. Por ello la duda, que es el primer rasgo de inteligencia, nunca es bienvenida en la publicidad, la religión o el arte contemporáneo, porque cuestiona esas verdades fabricadas, y es en este proceso en el que se derrumban todos los mitos. Estas ideas supersticiosas han penetrado como la publicidad y por eso las instituciones y fundaciones creen que apoyar a estas obras es apoyar al arte, restando apoyo al arte verdadero.

Enviado el 30 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Sé que Avelina Lésper pertenece al Hartismo, al mismo movimiento artístico que me apunté yo y que promulga con razón que "el arte es de todos".
Yo también me apunté pero por una serie de cuestiones (mi carácter en parte) hemos roto relaciones, espero que temporalmente, porque lo cierto es que me he sentido bastante...no escribiría la palabra adecuada pero hay unas cuantas. El caso es que ya no mantengo correspondencia con este movimiento nacido en la misma ciudad en la que vivo.
Mis preocupaciones fueron la falta de obra hartista y la falta de acciones hartistas efectivas ya que hasta el momento sólo habían hecho alguna "quedada" para pintar delante del CGAC y alguna que otra aparición en los medios de comunicación.
Es complicado organizar algo con gente de lugares muy remotodos (por todo el mundo) pero lo cierto es que lo que propugna este movimiento es también mi sentir.
Lo que siento disentir es con este diccionario, con el que comparto alguna idea, pero no el tono o talante con el que ha sido escrito.
Mi arte es una mecla de arte conceptual y arte no conceptual, es decir, es arte con cierta dosis de intelectualidad, con una temática: me puede inspirar un sentimiento como la guerra, el 15M o la educación escolar, y eso ha quedado reflejado, cosa que no se apreció en el movimiento hartista pues cuando pregunté si alguien tenía algçun cuadro de temática hartista sólo una persona me presentó una obra.
Creo que en el arte debe haber un equilibrio, como decía Vitruvio de la Arquitectura. Lo mismo en la pintura, etc. Ahora mismo estamos viviendo una etapa lastrada por el despilfarro económico, lo que ha hecho que, por la simple regla de "a más dinero, más arte", se haya creado una cantidad inmunda de basura, una con el beneplácito de las instituciones y otra fomentada por intereses oscuros y mercantilistas. Lo bueno es que estos últimos pasarán a la historia, por su sinrazón, como la peor etapa del arte de todos los tiempos, con artistas que han creado las peores pero más caras obras de arte.
Si existiese una fórmual matemática podríamos comprobar, con los ojos cerrados, que a más dinero, peor arte. Sin duda alguna.
Y no sólo eso sino que el dinero no ha sido simplemente desperdiciado en contenidos, en obras de arte sino que también, como obras de arte que son, en los contenedores, en una lucha fraticida entre ciudades por la captación del primer recurso económico de este país: el turismo. Así se han creado barbaridades como la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela. Barbaridades no por la obra en sí, que ya lo es, sino por el presupuesto y sus desfases. Un verdadero despropósito. si comparásemos todos estos museos de autor, o como yo les llamo, de "casautores", como son la mayoría, con la Sagrada Familia, por ejemplo, veríamos lo que es arte y lo que no lo es. Además la mayoría de estos nuevos arqutiectectos no tienen conocimientos estructurales y simplemente son diseñadores, al contrario de loque ocurre u ocurría hasta ahora en España, país en el que los arquitectos son, además de diseñadores, ingenieros. Arquitecturas efímeras. El tiempo lo dirá. Dirá si son rentables, porque esa es su finalidad y no otra, no nos engañemos.
Centrándonos en el diccionario, creo que ha sido realizado con un tono sarcástico que no me parece el adecuado en una situación tan grave como la que estamos viviendo: la invasión de los artefactos, llámense artistas, obras de arte o museos al efecto.
La respuesta debería ser más seria y contundente, así como las acciones, pero si no hay arte que refleje esto y sólo hay palabras....¿dónde está el movimiento?. Pues la respuesta es sencilla: comenzando. Yo lo reflejé ya en 1996 y para mí es un orgullo que ahora todo esto salga a la luz, no soy un oportunista como alguno ha tratado de insinuar y ser autodidacta es una cosa tan seria o más que tener un título celulósico (o celulítico).
Pero esta es a respuesta, ahí está, sólo que creo que mal enfocada, enfocada de una forma que no es efectiva y además atrincherándose en un fortín cerrado, sin posibilidad de intercambio de información, sólo basándose en el odio. Esta no es mi postura (sí, ya sé que en un principio lo parecía).
Creo que no sólo basta con ser historiador de arte, crítico, curador o lo que sea afín al arte para decir si algo es arte o no lo es porque ahí está la historia para demostrarnos cuánto nos hemos equivocado, todos. Pero el camino se puede enderezar...
...todo depende de las personas y sus voluntades.
Por otra parte, no todos los artistas desean ser millonarios...TODAS las personas lo desean, así como ser famosos y admirados, tener poder para hacer esto o aquello, etc.
Decía Freud que los artistas sólo buscaban dinero, fama y mujeres. Esto creo que es aplicable a muchas personas, no sólo hombres, sino también a mujeres, cambiando o no los sexos, pero hay a quién esto le interesa poco o lo justo y crea arte por amor al arte, que es lo que debiese ser e incluso sin tanta preocupación por el estado del arte, que no es tan malo como lo pintan, sólo que no está en su sitio y eso hay que denunciarlo de la misma forma que se denuncia a un político corrupto, por ejemplo.


Muy interesante micro diccionario de antídoto para "entender" lo que pasa hoy por hoy en el contexto del Arte...lástima que se vaya demasiado hacia zonas tan tópicas en la crítica y también con sabor a "hace cien años que se cuentan " cada vez que al viejo orden se queja del nuevo...

Lástima, porque mucho sobre lo perverso y el simulacro y el capitalismo y el consumismo....es cierto, pero Caravaggio también era parte de una Corte en una época de lo mas criticable (léase Baltasar Gracián, El Criticón y Las Vidas de Artistas de Vasari)

El arte y su mundo siempre ha sido un circo. La crítica debe ser aun mas concisa y abrir grietas por las que el diálogo y la evolución puedan pasar. Hay elementos muy positivos e interesantes en muchas de las cosas aparentemente siniestras de lo mas criticado, entonces sería fantástico desarrollar ya no la crítica, ahi estamos de acuerdo, si no una alternativa que sea de veras revolucionaria y no suene retro.....


ps o after thought...
Todos los artistas desde tiempos inmemoriales han querido estar en la corte, vivir lujosamente , ser famosos y privilegiados.
Este patrón puede encontrarse en siglos y en países diferentes, por ejemplo en China.
Lo "interesante" solo se ha producido cuando un se ha intentado despojar/liberar a la profesión y su contexto de ese peso materialista y en el fondo clásico. Porque no vamos a negar que la imagen de un pintor de esos que se mencionan por aquí, no va ligada a la alta sociedad y al privilegio. En el caso más cercano de Lucian Freud, un total socialista y exquisito ser rodeado siempre de bellas mujeres de la aristocracia inglesa y los mas famosos y ricos amigos, porque para retratar a Kate Moss señores y a la Reina de Inglaterra hay que tener ganas!

En China había un grupo de poetas y excéntricos que decidieron "pasar de esos intereses" tan clásicos y tópicos del "ser artista" y apostar por una forma diferente de pintar y de vivir. Lo mismo hicieron otros en Europa, es obvio que algunos románticos lo intentaron, aunque lo cierto es que ha sido cooptado casi 100 años después..heheeee " esos famosos 100 años aparentemente estáticos y en loop, Marcel Duchamp hizo un gesto, y ese gesto lo hizo en 1914...pero también hizo más, por ejemplo vivió en la pobreza y renuncio al éxito fácil.. y eso que vivía en Nueva York... si pensamos en Picasso y Dalí, que se hicieron mega millonarios... en fin... para ser breve..por favor..no tiremos al bebé junto con el agua del baño...


Muy buen artículo, aunque ligeramente azotado. Desconfío de los "artistas" que tienen más cascarón que sustancia, pero también desconfío de quienes se quejan de que ya no hay arte, que el arte está muerto, y demás comentarios que, al menos en mi opinión, hablan más de un aburrimiento burgués que de un hecho contundente. Y no porque aquí se lamente la muerte del arte, pero como sea el tema es reminiscente de esa clase de comentarios.


A mi juicio, lo característico del arte nuevo, desde el punto de vista sociológico, es que divide al público en estas dos clases de hombres: los que lo entienden y los que no lo entienden. Esto implica que los unos poseen un órgano de comprensión negado, por tanto, a los otros, que son dos variedades distintas de la especie humana. El arte nuevo, por lo visto, no es para todo el mundo, como el romántico, sino que va, desde luego, dirigido a una minoría especialmente dotada. De aquí la irritación que despierta en la masa. Cuando a uno no le gusta una obra de arte, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no ha lugar a la irritación. Mas cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se la ha entendido, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí mismo frente a la obra. El arte joven, con sólo presentarse, obliga al buen burgués a sentirse tal y como es: buen burgués, ente incapaz de sacramentos artísticos, ciego y sordo a toda belleza pura. Ahora bien: esto no puede hacerse impunemente después de cien años de halago omnímodo a la masa y apoteosis del "pueblo". Habituada apredominar en todo, la masa se siente ofendida en sus "derechos del hombre" por el arte nuevo, que es un arte de privilegio, de nobleza de nervios, de aristocracia instintiva.
Dondequiera que las jóvenes musas se presentan, la masa los cocea.
J. O.y Gasset.


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