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Diciembre 31, 2011

Khôra/Luz y desierto. Revelación de lo oscuro* - Safaa Fathy

SF6879879876.jpg Si yo permaneciera de pie frente al mar, vería que el agua cambia de color, que el viento se acelera, que las olas se alzan y que corro peligro. Iría entonces en busca de la tierra y de un refugio, descubro que el mar está en todas partes.

Esta es la imagen de mi sentir en este mismo momento, una imagen en el sentido poético y retórico. El afecto que me produce la inminencia de un desastre del que cada noticia de la radio evoca la eventualidad. ¿Acaso no hay en el aire un perfume con olor a fin de mundo y a apocalipsis que sentimos de manera inminente y casi deseada? ¿Acaso hay otra imagen colectiva, espectral, de desastre, oculta en relación al archivo de aquello que ha tenido lugar en un contexto similar, el de la crisis del 29 y sus consecuencias. Una imagen poblada de ejércitos de desempleados, de sin techo, de hambrientos, de milicias, de terroristas, de deportados y de muertos y de sobrevivientes. Para poder pensar en ese estado de afecto propongo pensarlo dentro de la deconstrucción.

Tres puntos de suspensión, un alto, una pausa para la respiración, la meditación y el repliegue. Para permitirme meditar dentro de la deconstrucción debo dejar constancia de lo siguiente. Creo que la deconstrucción es un pensamiento único al que no se le iguala ningún otro dentro de la corriente europea u occidental en el impacto sobre la cultura más allá del marxismo. También creo que es el momento, que es imperativo tomar en cuenta este inmenso pensamiento original, este otro pensamiento del mundo, y de reflexionar sobre él, de darle una oportunidad, no diría de nuevo sino más bien por primera vez. No en el sentido del ya bien fijado “Derrida político”[1] sino en el de preguntarse cuál es la experiencia política de la deconstrucción en el actual contexto histórico e incluso más allá del mismo. Aunque el conjunto de libros a los que hago referencia aquí, en esta reflexión, fueron publicados en 1993, por tanto muy lejanos a La voz y el fenómeno y a De la gramatología, intentaré centrar mis lecturas no tanto en los fundamentos filosóficos de la deconstrucción sino aprehender, en este espacio, ese momento preciso del pensamiento de la deconstrucción, el momento más discreto: el momento en el que khôra es pensada, el momento del pensamiento llamado khôra.

¿Cuál es la experiencia de lo ahistórico per se? –una experiencia si duda cargada de sentido político. ¿Cuál podría ser la imagen de esa experiencia? ¿Una imagen de la retórica, que pertenece al lenguaje, o bien una imagen figurada en siluetas y en formas y playas de luz comprometida con la lógica del archivo. Pues bien, esto plantea un sistema binario a deconstruir con el fin de hacerle un lugar a lo desconocido, con el fin de esperar aquello que no sabemos que existe. Esto se podría llamar tercera vía o tercer género. El pensamiento de la experiencia del tercer género que no es ni logos ni mythos quiere decir también ni imagen retórica de la lengua ni imagen de representación. Debemos hablar más bien de la no-imagen situada antes de toda representación pero que da lugar a la posibilidad de representar, de un archi-lugar que da lugar. Para hablar de ello, de esta esperanza y de esta experiencia voy a hablar precisamente de khôra. Voy a intentar meditar desde Khôra y vivir una nueva experiencia desde khôra.

El pensamiento de khôra está enunciado ya en La farmacia de Platón. Sin embargo ella no es objeto de un estudio teórico formal sino hasta 1986. En Cómo no hablar, Derrida propone leer Khôra de Platón junto y acompañada de la teología negativa. En 1993 regresa con tres publicaciones en las que repiensa Khôra, su nombre y su lugar. Derrida escribe así tres ensayos (Passions, Sauf le nom y Khôra) sobre el nombre, el sobrenombre, el desierto negro, el desierto en el desierto en tanto figura de lo político que no se revela o no aparece sino en la nada que da lugar. Trataría aquí de meditar sobre los temas abordados en esos tres libros en relación con otro texto más tardío de Derrida, Fe y saber.

De esta manera, Derrida va del nombre (escritura y voz, llamada, respuesta e inscripción) de nombre o de sobrenombre Khôra y de regreso a Khôra en Fe y saber. También va a señalar la imagen y su lugar que da lugar a una figura inédita de la revelación. El tiempo suspendido. El no tiempo que no precede ni sucede el aparecer de la imagen como acontecimiento.

Tres libros, tres respiraciones que se suceden en tiempo cronológico y que por lo tanto se responden en el tiempo y en el espacio que habrían sido creados por los mismos libros: Khôra, Passions, Sauf le Nom de Jacques Derrida. Trato de traer aquí la emoción que sentí al leer esos libros a finales de los años 1990. Una conmoción que me llegaba simplemente de una verdad, de una desnudez enceguecedora, la revelación de un más allá y de un antes de la decostrucción. Y todo ello en el seno mismo de la deconstrucción.

Un espacio se abre en la desconstrucción que la atraviesa en silencio, sin mucho ruido ni comentarios. Un espacio que precedería a la deconstrucción y sería el espacio mismo en dónde la deconstrucción no se ejerce. Como si, por la vía de Derrida, la deconstrucción no existiera sino cuando un contexto es construido y que, entonces la deconstrucción puede soñar con un archi espacio tiempo inaugural. Comienzo por lo que Derrida ha podido trazar en esos tres libros y más tarde en Fe y saber, una cierta línea poética y mesiánica. Esta línea se inicia en la deconstrucción misma, ella también despega del pensamiento de khôra en la tadición occidental, desde Sócrates y Platón pasando por Hegel y Heidegger.

“Esta increíble e improbabe experiencia es también, entre otras dimensiones, política.”[2] Pero más allá de la política y de lo político en virtud de otra figura de la política de lo por venir. La experiencia política de khôra es también la experiencia de lo indecible, de lo innombrable, lo irrepresentable. Puesto que se trata de una experiencia de comienzo antes del comienzo, una experiencia más antigua que la experiencia. Por lo tanto es señalando la posibilidad de esta experiencia que Derrida abre un espacio, deja entrar la luz, la luz del desierto en el desierto, la luz no reflejante de un lugar entre logos/mitos. Un tercer género se abre a través de khôra.

Khôra es pensada. Ella es pensada en una lengua, la francesa, que nos obliga a resaltar el femenino del khôra, puesto que es la khôra. La tradición filosófica a partir de Platón que está de acuerdo en atribuir una esencia femenina al pensamiento de khôra será retomada por Derrida en una deconstrucción que se disemina en los tres libros. Ella reina desde entonces como complemento y es indispensabe en la introducción de los tres libros que llevan el nombre Prière d’insérer. Khôra, es un nombre “al mismo tiempo maternal y virginal …por tanto, es una experiencia que intenta ser pensada, que llama en silencio el sobrenombre que se le da y se mantiene más de allá de toda figura materna, femenina o teológica.” [3]

Se trata de un pensamiento anterior al pensamiento, anterior a la lengua y en consecuencia anterior al nombre, al nombramiento, a la designación por medio del llamado y la voz, a la inscripción misma. Es al espacio antes de Babel al que la deconstrucción nos remite. Un pensamiento que remite a lo impensado cuya posibilidad misma rige el pensamiento de la deconstrucción. La deconstrucción y el pensamiento de khôra desdoblan en lo sucesivo los pasos, y el pensamiento de khora surgirá ocasionalmente en armonía perfecta con la deconstrucción. Puesto que ahí se aloja y a ahí reside.

¿Cómo llegar a la no definición de khôra, a librarla de la historia del pensamiento occidental, a retomar a Platón al pie de la letra y a sorprenderlo despojando de todo atributo a khora? Comenzando por los atributos femeninos de la tradición filosófica. Matriz, madre, nodriza, receptáculo. La deconstrucción emprende sacar la experiencia de khôra de cualquier imagen, de reconocerla en lo informe y en lo amorfo. Deshacerse de esos atributos de feminidad, a la fuerza figurativos, con el objeto de hacer aparecer en esa extraña aporía a posibilidad misma de la no aparición, de lo no figurativo, de lo informe. En el pensamiento de khôra, dice Derrida, o en su experiencia o en sus pruebas. Pensar figurativamente lo no figurativo lo no representable en un tono serio y mesiánico. De una salvación sin mesianismo que proviene no sólo del futuro sino que también proviene de un comienzo más antiguo que el comienzo. Anterior a cualquier imagen y en consecuencia anterior a la metáfora, un pensamiento que piensa antes de la lengua y de la retórica. Un pensamiento que piensa un espacio sin caída y sin pecado original, en suma sin génesis. Una oportunidad. ¿Es posible medir la audacia, la fuerza que irrumpe de tal pensamiento? Me parece que modestamente sólo podemos aprehender su amplitud.

Empezando por el final, cito a Derrida: “una vez más: para pensar Khôra es necesario regresar a un comienzo más antiguo que el comienzo, a saber, el nacimiento del cosmos…”[4] Se trata de pensar khôra y de cómo pensarla a partir de un comienzo más antiguo que el comienzo. Antes de la fecha. La inscripción, la lengua y el nombre. Desde antes de que el archivo fuera mitológico. Antes de los dos géneros, creando un tercero. Entretanto en Fe y saber el pensamiento de khôra es un pensamiento del futuro. Por lo que pertenece al comienzo y al futuro. “Sobre el fondo sin fondo de una impasibilidad siempre virgen, khôra del mañana en lenguas que ya no sabemos o que todavía no hablamos. Ese lugar es único, es el Uno sin nombre. Él da lugar, quizás, pero sin la más mínima generosidad, ni divina ni humana.” [5]

Quizás me atrevería a asociar otra intuición a propósito del espacio llamado khôra, ahí, me parece que el tiempo alcanza su relatividad absoluta, dentro del no tiempo. El tiempo cronológico del calendario se ve a sí mismo abolido en un espacio tiempo de khôra. ¿Es posible que este pensamiento se incline hacia un pensamiento de la cuarta dimensión o incluso ese tímido gesto es en sí mismo una aberración? Es posible que lo aberrante sea buscar establecer una dimensión de la física cuántica a un no lugar filosófico, sin embargo también puede ser poéticamente razonable inscribir la pregunta. Por ejemplo, ¿Einstein se acercó a este espacio? Derrida insiste en el hecho de que la experiencia y el pensamiento de Khôra se sitúa mucho antes de la filosofía y antes de la ciencia. Antes del mundo, para resumir. Por tanto es en el mundo y en el pensamiento que el pensamiento de Khôra se piensa. ¿Existen otros lugares en cuyo seno podría pensarse el pensamiento de Khôra? Existen, dice Derrida, posibles analogías.

Entre un khôra del archi comienzo y un khôra de mañana no hay cronología. Del mismo modo que ese lugar y ese espacio llamado khôra vuelve anacrónico. La khôra es anacrónica, “es” la anacronía en el ser, o más bien, la anacronía del ser. Vuelve anacrónico el ser”[6] El presente que vive de la voz de la ontoteología, en tanto deconstruido, se metamorfosea y se pulveriza en una figura aforma y sin contorno que lleva un nombre prestado, un nombre que no denomina y por tanto Derrida le da el nombre de Khôra ahí donde “… las formas que lo informan.”[7] Además, “Ella no es y ese no-ser sólo puede anunciarse, no se deja asir o concebir, a través de los esquemas antropomórficos del dar o el recibir.”[8]

Aquí no se trata de un pensamiento de dios. Cuando Derrida evoca el desierto en el desierto, realmente uno puede ver resplandecer el espejismo de la revelación abrahámica. Pero es un espejismo que no refleja nada. La proximidad es formidable, pero no nueva. Eso sería en realidad como siempre, la filosofía de la deconstrucción que se ejerce precisamente en esa aporía que abre una tercera vía. ¿Accederemos al pensamiento de la khôra aún si nos fiamos de la alternativa logos / mythos? ¿Y si este pensamiento designara incluso un tercer género de discurso? ¿Y si, quizás como en el caso de la khôra, esta apelación al tercer género no fuera más que el tiempo de una desviación que indica un género más allá del género? [9]

El desierto en el desierto no es visible, puesto que no refleja nada. Sin embargo, se puede hablar de un lugar. El poder de nombrar un lugar, un tópico. Derrida habla de “una textura tópica”[10] que está compuesta por elementos cuyo nombre khora a su vez se inclina hacia el espacio, sitio, región, comarca o figuras. De esta forma, hay una suerte de desplazamiento del nombre hacia el nombre del lugar. El pensamiento del desierto en el desierto no proviene de una lógica religiosa. Logos. Sino que proviene de una lógica de lo propio, de aquello que le es propio puesto que ella es la condición misma de lo propio. ¿El desierto en el desierto es impensable? He ahí la pregunta que enfrenta el pensamiento de khôra. Más allá de la creencia y el compromiso. Un desierto que todos los ateísmos se disputan “Pero los dos deben tratar con aquello que pretenden evitar: lo intratable. El deseo de Dios, Dios como el otro nombre de deseo trata en el desierto con el ateísmo radical.” [11]

Algo. En esta línea de no aparición, de no revelación hay un instante llamado tiempo. Un entremedio del tiempo de Babel y del tiempo antes de Babel. Un instante o un lugar o ambos a la vez se hacen sitio dentro de un corpus filosófico. Un instante o un lugar, no lo sabremos nunca. Lo ahistórico per se. El fragmento que voy citar sitúa, me atrevería a afirmar, la otra cara de la deconstrucción, la posibilidad de lo indeconstructible. “Pero el relato de Babel (construcción y deconstrucción a la vez) todavía es una historia. Demasiado llena de sentido. Aquí el límite invisible pasará menos por el proyecto de Babel y su deconstrucción, que entre el lugar de Babel (acontecimiento, Ereignis, historia, revelación, escatoteleológica, mesianismo, dirección, destino, respuesta y responsabilidad, construcción y deconstrucción) y “una cosa” sin cosa, como una indeconstructible Khôra, la que se precede a sí misma en la prueba, como si ellas fueran dos, ella y su doble: el lugar que da lugar a Babel sería indeconstructible, no como una construcción cuyos fundamentos estarían seguros, protegido de toda deconstrucción interna o externa, sino como el espacio mismo de la dé-construction. Es ahí donde ocurre y donde hay esas “cosas” que llamamos por ejemplo teología negativa y sus análogos, la deconstrucción y sus análogos.

El pensamiento, la prueba o la experiencia de Khôra de Derrida, es una experiencia que se presta a la analogía, a la mutiplicidad, a lo no exclusivo. Un pensamiento no fenomenológico de la posibilidad de la fenomenología. Es también la experiencia del dar nada. Mucho antes que la de la letra y el logos, muy anterior también a toda imagen. Antes de toda revelación. Está claro que nosostros vemos sin ver que la experiencia o el pensamiento de Khôra problematiza la imagen, ya que ninguna imagen puede signifcarla. Derrida, ya lo hemos visto, se deshace de cierta imagen atribuida a khôra en la tradición filosófica, la imagen de la madre, de la nodriza, de la virgen que ya encierra esta experiencia en el logos. Ahora bien, hemos visto que precisamente este pensamiento abre un espacio, un abismo entre todas las dualidades comenzando por la pareja logos/mythos pero también entre las parejas imagen y no imagen. Ubicándonos en la analogía con Derrida, con el desierto en el desierto, desierto negro antes de toda revelación abráhmica, creo que sería imaginable hablar de imagen antes de la imagen. Tomando a Platón al pie de la letra, Derrida ve en el Timeo un libro en el que se abre un precipicio abierto en medio y por el que todas las parejas filosóficas se hundirían en el abismo (sensible/inteligible, ser/nada, logos/mythos) pero “…entre todas esas parejas y otro que no sería siquiera su otro.” Derrida también piensa ese precipicio a partir de Platón como “…la apertura de un lugar “en” el que todo vendría a ocupar lugar y reflexionarse (puesto que son imágenes las que ahí se inscriben)…”[13]

En esta configuración o coreografía de sitios y de nombres de sitios, hay algo, una figura política que es lo otro de la política. Ahí donde la deconstrucción se ejerce cuando Derrida, relee el Timeo a partir de ese precipicio y ahí donde Derrida apunta esa puesta en abismo y esos síntomas a lo largo del Timeo de Platón. Por tanto no se trata de una política de sitio, sino de los efectos de esa puesta en abismo. “¿Es insignificante que esta puesta en abismo afecte las formas de un discurso sobre los sitios, particularmente dominada por la consideración de los lugares (puestos en la sociedad, región, territorio, país), como lugares asignados a tipos o a formas de discurso?” [14]

Sin configuración, sin formas no habría imagen. Más allá de lo sensible y lo inteligible. Khora no se presta a la imagen ya que el icono, según Derrida, remite a cierto lugar de Dios inteligible. Mientras que el desierto en el desierto no contiene una imagen pero las da a lugar. O será entonces que nos encontramos mucho antes de la imagen, antes de Babel, y bastante después de Babel. Antes de la lengua, la lengua que es voz y escritura, antes de la revelación. Siendo la revelación un término en francés asociado a la revelación de la imagen a partir del negativo. Revelar el Dios abrahámico en el desierto, revelar la imagen a partir de una inscripción latente de luz y regresar antes o bien después de que sea creíble apele a la credibilidad, o a la creencia a través del sentido, la inteligibilidad, la sensibilidad.

Todos esos tropos atraviesan y forman fe y saber, luz, desierto, imagen, revelación. Derrida habla de luz. La revelación es guía y origen de nuestras religiones, como la instantánea fotográfica cuando la indecibilidad de la imagen estaba en la lógica de su revelación. Indecible en el sentido en el que ella se arriesga a la desaparición sin rastro de que ella fue tomada. Así, los puntos de suspensión que retenían la imagen en la imposibilidad de nunca existir en tanto que tal. Esta latencia, ese riesgo, esa vida nocturna se articula más que nada en su revelación a la luz. Adviene sólo cuando reacciona a la luz. La foto esta vez, no la imagen sino la toma fotográfica y cinematográfica. El negativo de una posibilidad de imagen y de una imposibilidad de imagen. El espacio negro, el lugar que hace posible la luz.

Apartir de los tres ensayos sobre el nombre hasta Fe y saber y hasta el final, Derrida regresa a la pureza del concepto como hospitalidad, perdón, soberanía. La deconstrucción está sostenida a fin de hacer un gesto hacia ese lugar indeconstructible llamado Khôra, que no puede ser alcanzado sino por ella, o por vías análogas. No fenomenología absoluta, abstracción extrema, ese lugar es heterogéneo a la imagen. Y si me atrevo a pensar en la voz, la voz entre voz/escritura, la voz del logos, de la ontoteología, de la historia de la filosofía y de la historia simplemente. Otra voz, es vía que también puede abrirse en el espacio llamado khôra. Ahí se encuentra uno de los zócalos del pensamiento de la deconstrucción ya que ella abre al infinito el texto de este mundo.

Luz nocturna, por tanto, cada vez más oscura. Aceleremos el paso para terminar: con miras a un tercer lugar que bien podría haber sido más que el archioriginario, el lugar más anárquico e inarchivable, no el desierto de la revelación, sino un desierto en el desierto, el que hace posible, abre, horada o infinitiza al otro. Éxtasis o existencia de la extrema abstracción.


* Traducción del francés de María Virginia Jaua

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Notas

1 "Derrida-politique" fue un coloquio organizado por René Major y Marc Crépon en L’École National Supérieure de París el 7 y 8 de diciembre que reunió a investigadores europeos y norteamericanos y un japonés, en torno al pensamiento y la política de Derrida.
2 Derrida, Prière d’insérer. Sauf le nom, Galilée, Paris, 1993.
3 Prière d’insérer. P. 3.
4 Derrida, Khôra, Galilée, Paris, 1993, p. 96.
5 Derrida, Fé y saber en la religión.
6 Derrida, Khôra p. 25.
7 Derrida, Khôra p. 26.
8 Derrida, Khôra p. 28.
9 Derrida, Khôra p. 17.
10 Derrida, Khôra. 23.
11 Derrida, Sauf le nom, p. 103.
12 Derrida, Khôra. Ibíd, 46.
13 Ibídem.
14 Derrida, Khôra. Ibíd, 47.

Enviado el 31 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Buenísimo!!


Sinergias, tal vez. No están tan alejados arte, ciencia, escritura y pensamiento. Es de agradecer la traducción de textos escritos por mujeres, pues no hay tantos y suelen ser terriblemente envolventes, casi táctil su escritura... Y no puedo dejar de nombrar así a Cristina de Peretti y sus seminarios permanentes de traducción e interptretación de Derrida -estrena web el Grupo DECONTRA, UNED Madrid-; y por supuesto me gustaria también honrar, si cabe, la herencia intelectual de la página -activada de nuevo- de Horacio Potel que sufrió las consecuencias de d i s e m in a r el legado impagable en su "DERRIDA en castellano". A todos, gracias.

Un buen comienzo la lectura de Safaa Fathy.


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