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Diciembre 20, 2011

Uno contra todos - Ezequiel Alemian

Originalmente en Ñ

profesor_Y.jpg Louis Ferdinand Céline se definía a sí mismo como un lírico cómico. En ese sentido, algunos han dicho que su estrategia, finalmente, era la estrategia de un bufón: alguien que se ocupa de ridiculizar al mundo entero, como si éste no fuese más que una escena administrada por charlatanes, canallas y minusválidos mentales.

En su transitado volumen sobre la novela francesa de posguerra, Maurice Nadeau atribuye el odio que Céline suscitó desde la publicación, en 1932, de su primer libro, el Viaje al fin de la noche, a la idea de que "nadie tiene el derecho, si no es superior a la humanidad, a restregarnos la nariz con nuestra propia porquería, hasta la asfixia. Si Céline se arroga ese derecho, debe pagar las consecuencias".

Así, el problema de Céline (o el problema con Céline), la indigestión que, a cincuenta años de su muerte, sigue provocando cuando se lo lee, seguramente tenga más que ver con otra cosa que con su concepción del mundo. El problema con Céline está en su escritura; no es su moral sino su estilo.

Céline demostró como nadie que moral y estilo son una misma cosa. Que en el estilo se puede juzgar la moral de quien escribe y, lo que es peor, que el estilo de quien escribe es además un cuestionamiento directo a la moral de quien lee. A todos nos gusta juzgar lo que leemos, pero no que lo que leemos nos juzgue a nosotros. Como si dijéramos: "ya querríamos verlo a Céline pidiendo perdón". Pero eso no sucederá jamás. Céline nunca se defiende, está siempre pasando al ataque.

En 1954, hace dos años que está de nuevo en Francia, indultado de la condena a muerte dictada por colaborar con los nazis. Jean Paulhan, director de la Nouvelle Revue Française, le propone que escriba un artículo sobre su propia obra. Céline está terminando Normance, que publicará la editorial Gallimard (el "Templo del Buen Gusto"), que además de ser la dueña de la NRF, ha empezado a reeditar las novelas anteriores de Céline. Este imagina una serie de artículos que le servirán para promocionar y defender su trabajo. Publica el primero, y se pelea con Paulhan. Publicará luego un segundo y un tercero.

Reformulados como uno solo, bajo la forma de una conversación ficcional entre el mismo Céline y un profesor timorato e incapaz de controlar sus micciones, enviado por Paulhan a hacerle una entrevista, a la que Céline, como quien no quiere la cosa, ha accedido, esos artículos se transformarán rápidamente en Conversaciones con el profesor Y, publicado originalmente en 1955.

Es un texto breve, de no más de cien páginas. Señala Mariano Dupont en el prólogo a la flamante edición del libro, que "en el lapso de un año, lo que había comenzado como una nota sobre el estilo, y que luego había mutado a una entrevista imaginaria, termina convirtiéndose en una novela que es, al mismo tiempo, el arte poética de Céline".

Céline, que se considera el único escritor importante del siglo XX, presenta en Conversaciones con el profesor Y sus grandes hallazgos: el despliegue de un estilo emotivo, la obtención, a través de lo escrito, de un lenguaje hablado, y el gran invento técnico del uso constante de los tres puntos.

Dice, por ejemplo, a lo largo del libro: "¡no hay lirismo sin yo! ¡el yo cuesta muy caro!... ¡hay que pagar!... ¡el yo no trata con consideración al hombre al cual pertenece!... ¡los franceses son tan vanidosos, que el "yo" del otro los saca de quicio!... ¿algunos lectores se empacan? ¡un garrotazo!... ¡ninguna consideración!... ¡afuera los incrédulos, los dialécticos!... ¡mi metro (subte) no se detiene ante nada!... ¡el metro emotivo! ¡le doblo los rieles al metro, yo!... ¡expresamente perfilados!... sus frases bien torneadas… ¡ya no son necesarias! ¡sin detenerse en ningún lado! ¡no! ¡a destino! ¡directo a la emoción!... ¡por la emoción! sólo el destino: la completa emoción… a flor de piel, nunca al costado ¡de punta a punta!... ¡mi genialidad es no descarrilar nunca!... ¡contra las frases bien torneadas!... ¡los tres puntos son el gran hallazgo, los durmientes sobre los que colocar los rieles del metro!"

Céline se la agarra con las ideas ("se las dejo a los charlatanes"), con el cine (que "ha transformado las novelas que se escriben en guiones más o menos comerciales"), con las frases proustianas, con los escritores que dictan sus textos, con los editores que no leen…

Conversaciones con el profesor Y, que sobre el final da a la entrevista un pequeño giro argumental, es también un libro sobre la relación de Céline con Gastón Gallimard, que a principio de los 30 no se había decidido a publicar el Viaje al fin de la noche, que Céline finalmente publicó por Denoel. Esa vacilación de Gallimard, dicen los críticos, habría dejado una marca indeleble en el escritor: si Gallimard lo hubiese legitimado al comienzo…

En Conversaciones con el profesor Y está claro que Céline sueña hasta el final con hacer una literatura que haga que los lectores se asqueen con lo que escriben sus contemporáneos. No espera que le paguen, él mismo hace el gasto. Y jamás retira a la escritura de su condición de origen más concreta, que es la de la pobreza.

Enviado el 20 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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