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Enero 29, 2012

Je est un autre (o cómo el artista contemporáneo sueña con ser ficción auto trascendente) - Luis Francisco Pérez

pierro.jpg Uno de los momentos más hilarantes, e intelectualmente productivos, de toda la filmografía de Godard es cuando Jean-Paul Belmondo, en Pierrot le Fou, mientras conduce un descapotable junto a una amiga, ésta le pregunta extrañada: “¿Con quien hablas?”, a lo que Pierrot, contrariado, responde, “con el espectador ¿no lo ves?”, para seguidamente girarse hacia la cámara y, mirándonos, exclamar: “ya les decía yo, nunca se entera de nada...”. Probablemente ésta situación relatada -por lo que tiene de desplazamiento y conquista (casi un gran angular ideológico) de los límites de la ficción en tanto que representación de una dialéctica de lo históricamente contingente- sea la más inteligente y audaz de todas aquellas acciones que, directa o transversalmente, inciden en la idea de cómo construir una realidad afirmativa (culturalmente, queremos decir) bajo el disfraz artístico (divertido o grave, tanto da) de una práctica discursiva crítica, e, insistimos, “afirmativa”, aquí adoptando nosotros la concreta entonación de Marcuse al respecto, cuando éste observa que todo el arte y la cultura tienden a ser, incluso a pesar de ellos mismos, afirmativos.

Para el argumento que en este texto pretendemos desarrollar nos vamos a servir de un segundo ejemplo cinematográfico, o de cine, para no alejarnos demasiado de la delgada línea roja que separa ficción y verdad. Aquí no es tanto la imagen, y la implicación de la misma con el espectador en tanto que sujeto activo en el desplegamiento de la dramaturgia, sino en la letanía de doble expresión, afirmativa una, acusatoria y negativa la otra, que los dos personajes principales de la película de Alain Resnais, Hiroshima, mon amour, el superviviente japonés y la profesora de francés, se lanzan mutuamente: “He visto todo / No has visto nada”, y a donde, a diferencia de la escena de Godard, Resnais se diría más interesado en mantener al espectador en una pasividad, si bien crítica y cuestionadora, con respecto a lo mostrado. Podríamos decir, entonces, que, en Resnais, las empalizadas de la alta cultura aún mantienen su antigua soberbia afirmativa, pero Godard está más interesado en filmar a través de los desgarrados huecos que el tiempo y la historia han dejado en la antaño noble superficie de esa alta y soberbia empalizada.

He visto todo / No has visto nada. Cul de sac, efectivamente, de una dialéctica privada e íntima condenada a desvanecerse en la contingencia materialista de la Historia. Con una infinita (mejor decir: insalvable) dosis menor de complejidad, gran parte del último arte contemporáneo escupe al espectador el mismo y miserable argumento: “No has visto nada”. Mientras tanto, el que mira, sujeto de Historia, es decir: de tiempo y memoria, se defiende del acoso compungido y lagrimeando: “He visto todo”. Y es que el arte siempre lleva las de ganar (que no el artista: siempre es conveniente hacer separación de bienes), en la medida que su arma más poderosa no es el ejercicio formal (brillante, noble, inteligente, banal, pueril o patético) ni la tiranía visual ejercida con el espectador, sino la insistencia incansable en la afirmación positiva de su acción, en su voluntad irrenunciable por y hacia la auto-trascendencia, en la arrogante seguridad de que siempre, siempre, nos vamos a creer el dispositivo mistificador de su representación. El artista, para hacer creíble su dramaturgia, se auto-trasciende como Otro, porque en caso contrario se plantearía un conflicto de intereses con la Diferencia que él mismo esgrime como carta de presentación. Pero a su vez ello le lleva a una triste paradoja. No puede avanzar un paso más luego de ese primer e inicial Otro, pues como bien decía Lacan, no existe el Otro del Otro. Ni siquiera para el artista, que todo lo puede.

Lo que sí existe es la ceremonia (estética) de la confusión. Por nuestra propia salud mental sería muy interesante no confundir creación artística con “creación de sentido”, correlato lógico éste último en la patológica obsesión del artista (que no del arte, de nuevo insistimos en ello) por afirmarse en la verdad de su creación. Toda “producción de sentido”, al igual que esos aviesos periodistas siempre preocupados por “comunicar con la audiencia” va en detrimento de la cualidad del arte en tanto que instrumento liberador de la capacidad intelectual y crítica del espectador. Ahora mismo resulta desalentador, en verdad, que haya tantos “creadores de sentido” y, desgraciadamente, tan pocos “artistas”. Conviene no engañarse un paso más allá de lo que dictan las buenas formas -estéticas, por supuesto. En cuanto a la moral de la forma, ni sabe ni contesta. Al respecto conviene recordar estas lúcidas palabras de Adorno: “El giro hacia la objetividad, que en todas partes es justificado como un progreso del arte moderno, ha dejado atrás el momento de juego. El sujeto, que sabe que ha dejado de ser el creador y la sustancia de la obra de arte, para ser el órgano ejecutor de la necesidad de la cosa, ya no se pone a sí mismo en el sentido tradicional de la misma obligatoriedad, pues ya no puede expresarse con la antigua ingenuidad”. ¿Que ya no puede expresarse con la antigua ingenuidad? Por supuesto que sí, faltaría más, aunque esa (falsa) “ingenuidad” viene revestida de ricas (y también apócrifas) telas conceptuales. Es la excelencia de ser postmodernos: además de póstumos, también se encuentra siempre a mano cualquier tipo de herencia que moralmente te saca del apuro -por supuesto, para los que nos dedicamos a escribir sobre arte sirven los mismos recursos, estrategias y artimañas.

Sería, ciertamente, muy saludable que definitivamente nos demos por enterados que el artista es, esencialmente (ahora mismo), un productor de cosas que ya no puede seguir utilizando la ingenuidad propia de un bebé con sus primeros juguetes. Ya no es más un creador, sino “el órgano ejecutor de la necesidad de la cosa”. Y “la cosa”, y quien la contempla, exige, como mínimo, inteligente valentía formal y alta moral profesional. El que “la cosa” sea tanto “bonita” como “horrible” no posee ningún valor e importancia. Por supuesto, en el mundo son millones los que se siguen teniendo a sí mismos como “Artistas”. Son simplemente “creadores de sensaciones visuales”. Productores de sentido de burda y banal prosa. Adorno, que como es bien sabido detestaba a Stravinsky tanto como reverenciaba a Schönberg, intuía perfectamente que los artistas preferirían con mayor agrado al ruso (más narrativo y fácil de otorgar un sentido) que los áridos pentagramas del austriaco. No en vano cuando el artista inaugura o presenta su obra se contempla a sí mismo como La Consagración de la Primavera. Los días de diario, más humildemente, se conforma con ser Petrushka.

Con toda seguridad el problema radica en el autor que escribe este texto. Pero lo cierto es que me identifico plenamente con la amiga de Pierrot le Fou: nunca me entero de nada, ni de qué va la función. Creo haberlo visto todo, y los artistas siempre me recriminan que no he visto nada.

Enviado el 29 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Me veo obligado a contestar al autor de este texto, tan contradictorio en la superficie del planteamiento como claro en lo profundo de su motivación. Resulta curioso que, después de todo el camino recorrido a lo largo de la teoría crítica del pasado siglo, aun pueda sostenerse que sea posible un acto humano desprovisto de sentido. ¿A que tipo de acto se referiría? Y aunque, efectivamente, su emisión careciera de sentido, al tratarse de un acto (difícilmente imaginable) no codificado, ¿acaso su recepción no implicaría automáticamente su inscripción en un sistema codificado, y por lo tanto dotado de sentido?, ¿a qué tipo de arte más allá del sentido puede referirse el autor, cuando espera pasivamente la llegada de la obra de arte perfecta, mientras descalifica los patéticos intentos del común de los mortales que se dicen artistas por construir sentido?

Evidentemente los sentidos pueden ser muchos, por que algo que parece escapársele al autor es que el patético intento de construir sentidos, a día de hoy, suele tener conciencia de que el sentido construido siempre es solo una posibilidad entre muchas.

Las labores de la crítica también pueden ser muchas, pero personalmente creo que una de sus labores más útiles (siempre para el sentido que el autor denosta) es precisamente contribuir a esclarecer, no ya el sentido, sino la ideología que sustenta la construcción de un sentido determinado. En este sentido, y aplicando la critica al propio texto critico, no se me ocurre otro sentido para la deslegitimación de los sentidos (de los otros), que recurrir al viejo tópico del “l'art pour l'art”, de la mística trascendencia (mas allá del sentido) del arte, y su legitimación de ideologías un tanto elitistas, al menos en lo que se refiere al discurso estético. Desgraciadamente, demasiadas veces hemos comprobado ya como este tipo de trascendencias y retiradas del arte a su torre de marfil, surgen en periodos históricos en los que el arte abandona la intención de transformar la realidad, con lo que habitualmente se alinea con una realidad ya transformada, que da por consoli[da]do el sistema establecido.

El problema no es, por lo tanto, que el artista se autodenomine artista (no vamos a volver ahora a las discusiones de principios del siglo xx ni a la teoría institucional del arte) ni siquiera, muy a pesar del autor, que le de por crear sentidos (no veo, ya lo he dicho, como podría dejar de hacerlo). El problema es a qué ideología sirve el sentido que el artista pretende establecer, y como mucho, la adecuación del lenguaje al sentido pretendido y en última instancia a la ideología a la que sirve. Eso es lo que muchos entendemos por labor crítica (sin desmerecer el “sentido” que le puedan dar otros tantos), el esclarecimiento de esas relaciones y el juicio, siempre subjetivo (¿es necesario especificarlo?), a cerca de lo adecuado o inadecuado del lenguaje formal.

En este sentido es esclarecedor el olvido o el escotoma del autor a la hora de continuar percibiendo las categorías de artista, espectador y objeto artístico de una forma tan convencional como tradicional y conservadora, al tiempo que en la superficie del planteamiento pretende aliarse con una tradición critica consolidada, al citar a Adorno, sin reparar en que, precisamente, el descalabro de Adorno, desde un punto de vista critico, consiste en la parte de su teoría estética en que el autor se apoya para intentar barnizar la presentación de su reflexión de una patina que distraiga del profundo elitismo (y por lo tanto clasismo) al que apela.

Dicho esto, entiendo que puedo haber construido un sentido algo diferente del que el autor pretendía comunicar, pero es que ahí está el quid de la cuestión, en que es imposible la comunicación sin un sentido, y dado que es imposible no comunicar, siempre habrá al menos un sentido, siempre revisable y siempre modificable, y en el mejor de los casos, negociable en comunidad.


Hola Daniel,

aunque no soy la autora del texto... y quizás por ello, puesto que "je est un autre" me animo a contestar a tu comentario. El cual es oportuno y se te agradece, sin embargo creo que tu pregunta sobre la ideología no viene al caso, como tampoco el clasismo al que aludes. Quizás esto se encuentra más en la mirada del lector que en el texto mismo.

Un saludo,

María Virginia


Amigo Daniel,

muchas gracias por haber hecho una lectura tan intensa de mi texto, pero considero que (más que defensa) tu comentario exige algunas puntualizaciones por mi parte:

1) Por supuesto, ningún acto humano puede estar desprovisto de sentido. Lo lamentable es que, como sucede en gran parte del arte de ahora mismo, ese "sentido" esté tan falto de alto vuelo intelectual y conceptual, y disfrazando esa miserabilidad con un formalismo, o exhuberancia visual, que difícilmente puede contrarestar, o aliviar, la primera ausencia. Para mí, en tanto que espectador, la que más necesito. Aquella que logra una devastación de parámetros propios para adoptar, luego de esa noble impresión, los nuevos presupuestos estéticos (y críticos) que han conseguido "cambiarme" y cuestionar mi lugar dentro de una determinada sociedad.

2) No se me escapa que, hoy/ahora, "construir un sentido" puede resultar patético en tanto una posibilidad entre muchas. ¿Cómo no estar de acuerdo? Ocurre que yo "exijo" que quien pretende hablarme (la obra) tenga la inteligencia y consideración de "hacerse entender". Por desgracia, muchas obras me hablan en un idiolecto que no entiendo, "que no me dice nada".

3) Pretender entender a quien te habla, o quien pretende hablarte, así la obra de arte, no denota un interés de "l'art pour l'art", ni una ideología conservadora, ni exacerbada conciencia de clase, ni elitismo alguno, críticas todas ellas que rechazo (sin acritud) por falsas y equivocadas.

4) Llevas mucha razón cuando dices que el asunto esencial es "a qué ideología sirve el sentido que el artista pretende establecer". De ahí mi crítica (no bien leída, si me permites, por tu parte, toda vez que un lenguaje "radical" (y entendamos por ello lo que creamos más oportuno) no presupone una acción, o conciencia, crítica, autónoma y libre. Mi crítica insistía en la necesidad de una "separación de poderes" que nos permitiera calibrar el objeto de arte y su ideología a él fijada, por supuesto, sin otro apriori que la capacidad del artista para descubrir(nos) nuevos territorios, menos formales que liberadores. Un ejemplo práctico: ¿Cual crees que es la ideología de Damian Hirst? artista que detesto profundamente, en tanto que perfecto epítome de la perversión alcanzada en función de esa burda "producción de sentido" que yo tanto critico: ¿Verdad que el mundo entero entiende mi divina calavera de brillantes?, se pregunta el panoli de Hirst. Sirve este único ejemplo, si bien la lista sería interminable.

5) No utilizo a Adorno (o sí, pero no en el sentido que tú le das) como referente crítico, ni como pátina, para disfrazar mi elitismo y mi clasismo. He de confesarte, Daniel, que esto último es lo que me ha puesto más de los nervios. La frase, o idea, que utilizo de Adorno (hay cientos del mismo autor)me sirve para "enmarcar" determinadas falsas ideas en torno a la autonomía del arte, ideas que Adorno lanzó, como bien sabes, contra el excesivo optimismo de Benjamin, cuando éste proclamó que la reproductibilidad de toda obra de arte, o documento, contribuirían a la liberación de la clase obrera. Adorno nos previene de ese optimismo, pero también nos dice que la conquista de la objetividad extrema en arte lleva aparejada su contracara más banal, miserable y burda. Ello lo podemos comprobar cada día visitando las galerías de arte de Madrid, y no creo estar cometiendo ningún anatema, ni mucho menos pretender una vuelta, como tú sospechas, a la ortodoxia artística, o a un "retour a l'ordre". Tampoco pretendo limpiar de ruidos e ingerencias la normal comunicación entre emisor y receptor. Simplemente pretendo que los artistas me pongan deberes más complejos y difíciles. Ya está bien de "Barrio Sésamo".

6) Acabo mis notas con el mismo comentario con que las finalizas tú: es imposible la comunicación sin un sentido. Más cierto, imposible. Pero que ese sentido tenga la suficiente inteligencia para que la visión de esa obra sea el mejor revulsivo contra mi propia "esclavitud". Que esa obra sea mi "Espartaco", el que me libera. ¿Estoy pidiendo mucho, Daniel?

Recibe mi más sincero saludo.


El tema que se plantea me parece apasionante. Y creo que tanto Daniel como Luis Francisco habéis puesto sobre la mesa varios de los problemas más complejos a los que se enfrenta el arte actual. La adecuación de la forma y el contenido en la obra de arte está derivando a una renuncia de la forma frente a la justificación de la obra. De ahí que el artista creador sea cuestionado sistemáticamente, cuando la Historia del Arte es tan antigua como el propio ser humano y no es posible entender el arte sin creación. Si a eso le añadimos la presión que ejerce un sector del arte que vive con la máxima actualidad los planteamientos artísticos de principios del siglo pasado, no tanto de Duchamp como del duchampianismo, no es de extrañar que el artista pase a ser un organizador sin más e incluso que el organizador por excelencia, el comisario, pase a ser el artista.
Es verdad que hay artistas que usan el sentido para jugar en esta competición. Pero no todas las imágenes poderosas son un juego. La Historia está llena de ellas y hablan más de la realidad que del arte.


Amigo Luís Francisco, vaya por delante mi agradecimiento y reconocimiento tanto al texto propuesto como a la disponibilidad para el diálogo.
Entiendo y comparto muchos de los argumentos que planteas, sobre todo en la respuesta a mi comentario, pero en lo fundamental, aunque respete tu postura, continuo disintiendo profundamente. Evidentemente no se trata de llegar a anular la diferencia mediante el acuerdo, pero al menos me gustaría resaltar los puntos de la divergencia, que han podido quedar algo difuminados tras el empleo (seguramente desafortunado) de algunos términos, quizás vividos de manera algo ofensiva.
Cuando dices: “Por nuestra propia salud mental sería muy interesante no confundir creación artística con “creación de sentido”, correlato lógico éste último en la patológica obsesión del artista (que no del arte, de nuevo insistimos en ello) por afirmarse en la verdad de su creación.”, me manifiesto en desacuerdo al entender que, de hecho, la salud mental pasa por la posibilidad de crear sentidos alternativos, labor que considero indistinguible de la creación artística, por lo que no puedo tampoco estar de acuerdo con afirmaciones del tipo: “Ahora mismo resulta desalentador, en verdad, que haya tantos ‘creadores de sentido’ y, desgraciadamente, tan pocos ‘artistas’.”
Por no extenderme tampoco mucho, uno de los puntos cruciales de la disensión es el hecho de habitar dos mundos “artísticos” diferentes. En el tuyo: “Sería, ciertamente, muy saludable que definitivamente nos demos por enterados que el artista es, esencialmente (ahora mismo), un productor de cosas que ya no puede seguir utilizando la ingenuidad propia de un bebé con sus primeros juguetes”, mientras que en el mío, la producción de cosas es mucho menos importante que la inscripción activa en una red relacional a consensuar, para lo cual, nunca está demás, no ya “la ingenuidad de un bebé con sus primeros juguetes”, pero sí una capacidad para recrear un espacio transicional (y es que prefiero a Winnicot que a Lacan, sin quitarle ningún mérito a éste) plagado de objetos transicionales.
Quizás mi desafortunada comprensión de tu texto se debe a que, atacando a la institución del arte, a mí más bien me ha parecido que hacías un alegato a favor, con su exaltación de la categoría “arte” por encima de la de los “artistas”, con su defensa de la “obra” por encima (o al margen) de su situación como signo en una estructura de poder determinada, históricamente situada, políticamente connotada, etc. En este contexto, el ejemplo de Hirst traería mucha más discusión que la que nos permiten estas líneas, y entiendo tu enfado al respecto, porque de hecho creo que su calavera funciona como un síntoma (al más puro estilo freudiano) de nuestra cultura, y como tal, se beneficia del conflicto de intereses.

En fin, de nuevo muchas gracias por tu respuesta, y hasta siempre.

Respecto al comentario de Maria Virginia, hola Maria Virginia. No consigo entender en qué contexto (del mundo que llamamos “real”) podría no venir al caso una pregunta a cerca de la ideología. Respecto al clasismo, siempre es cuestión de opiniones, pero de cualquier modo, sí… es cierto, mi “mirada de lector” está siempre ligada a la ideología. Podría ser una debilidad por mi parte, no lo dudo, pero insisto, no veo cómo podría alguien ejercer una mirada no ideológica.


Wow me encanta este debate! yo tampoco entiendo nada de nada, solo se que que hace unos días estuve en una charla en Londres sobre el trabajo de Assier Mendizabal, donde junto a Asier, estuvo un escritor crítico, curador y el director de la galería donde su trabajo reposaba...

Asier me dejó alucinada con su habilidad discursiva, no paró de hablar, incluso no dejaba hablar al galerista, interrumpía y soltaba monólogos larguísimos, a nadie le apeteció preguntarle nada después de tal inundacion de supuesto "sentido" explicado en retórica aprendida usando todos los tics contingentes y adecuados para los oídos de los que manejan el discurso y la política que hay detrás de los que deciden a quien le dan la beca y el premio...

Nos dejó a todos noqueados, y sobre todo hizo evidente una cosa muy preocupante y es que a estas alturas Adorno y muchos otros... están más que cooptados... se puede hablar de Adorno, como de punk como de Oteiza, y hacer un mix supuestamente muy cool y a la vez ser solo y unicamente un vendedor de elixir mágico osea un charlatán...

El artista de hoy en día es un personaje que ha ido a escuela y que se ha aprendido de memoria lo que se debe decir y cómo decirlo, cuando digo escuela no me refiero a la de su pueblo, si no a la de perfeccionamiento en zonas del primer mundo, en nuestro país aun no existe una digna desde la famosa residencia de Madrid... ese personaje va a Estados Unidos, UK, Alemania, Bélgica u Holanda, paga cantidades astronómicas de dinero (ya ahi hay un tema de fondo para hablar de clasismo y de elitismo brutal) y sale armado con todos los modismos y todas las estrategias, de forma que si, todos vemos cuán burdo y transparente es Damien pero a nadie se le ocurre que esos artistas tipo Asier que llenan bienales y museos son exactamente lo mismo... solo que vestidos y disfrazados de discurso y de intelectualismo y politismo y tópico tan patético, tan obvio que es un insulto a la sensibilidad y la inteligencia, se que muchos se callan por no perder el favor de quienes también apoyan a gente como Asier, estamos en un mundo casi Estalisnista donde, caer en desgracia da mucho miedo, asi que las mejores críticas son siempre off the record, porque todos están atemorizados... en cambio nadie verbaliza este estado de las cosas, nadie comenta que el artista hoy por hoy no existe si no es parte de una corporacion y formato que incluye cómplices como curadores (comisarios), críticos y galeristas...

... da mucho que pensar en todo este engranaje en el que el mundo del arte se ha convertido...

se alude constantemente al tema, se olvida que este discurso bipolar como el del artículo y del que lo cuestiona esta paseee! hace mucho que las cosas han mutado en un simulacro mas allá de todo este clásico dilema y que todo es mentira... eso si que es lo unico que si que se!


Gracias a todos por sus comentarios y sus respuestas. Aunque no estoy de acuerdo con algunas de sus opiniones y puntualizaré tanto al último comentario de Daniel como el de Esther. A ambos les agradezco su participación.

Daniel:
No creo que sea necesario explicar porqué el tema de la ideología no ha sido abordado. Pero si quieres que lo puntualice más, te diré que el arte (si algo como eso, aún existe) es libre, o debe serlo, de toda ideología (no hay servidumbre más peligrosa que la del arte a la ideología). Y por lo tanto damos por supuesto como se hace evidente en el texto que ese no es el tema. Si hay lectores a los que le interesa, como a ti, nos parece muy bien; en ese caso, debes hacer crítica a otras producciones en donde esto esté puesto a debate o donde sí esté planteado.

Querida Esther:
Creo que el texto de Luis Francisco Pérez abre una reflexión que sólo tendría-tiene sentido dentro de la práctica artística. Aunque sea cierto que toda la institución arte está en crisis y que hay muchos temas sobre los cuales reflexionar, aquí se trata de que el artista se cuestione a sí mismo y a su práctica.

Un abrazo a los dos

María Virginia


Y dado este panorama del artista polarizado entre la obra-espectáculo (forma vacía de sentido) y la obra-ilustración de una teoría ajena (concepto vacío de forma), una confrontación mantenida oportunamente y con la que el artista aspira a ser visible en los circuitos del arte (mercado, de las instituciones y de la crítica)
¿no sería necesario que fuese la industria cultural se cuestionase a si misma y a sus prácticas?


Acertadísimo comentario de Esther Planas, da en el clavo de las cosas que nunca se dicen o hacen y ahí están.

Me perdonaréis pero creo que hablar de "ideología" es algo muy difícil y complicado, desde luego fuera de lugar en esta discusión y que, visto lo visto aquí, haría sonreir a cualquier profesional de la Filosofía.
Hay algo que creo puede ser mucho más cercano y es el asunto Hirst. Según Luis Francisco Pérez: "Un ejemplo práctico: ¿Cual crees que es la ideología de Damian Hirst? artista que detesto profundamente, en tanto que perfecto epítome de la perversión alcanzada en función de esa burda "producción de sentido" que yo tanto critico: ¿Verdad que el mundo entero entiende mi divina calavera de brillantes?, se pregunta el panoli de Hirst."

Vale ya sabemos que detestas a Hirst (menuda reflexión) que puede ser cualquier cosa menos un panoli. ¿Podrías decirnos el nombre de algunos artistas que te interesen? lo digo más que nada porque no acabo de pillarte, soy nueva en estas cosas, no así en filosofía y filosofía política.

Y otra cuestión ¿Algún teórico, crítico o filósofo serio de cualquier universidad seria preguntaría por la ideología de Hirst? La respuesta es NO.


Hola Maria Virginia!
Gracias por el apoyo Salomé!

@MV: precisamente el artista sabe que no es nadie sin esa trilogía de poder y consenso.. y lo que haga el artista, lo que pervierta, lo que falsee, lo que decida dejar atras en pos de un éxito y un "estar" a base de discurso de "charlatán" (todos sabemos que una vez leídos los"textos sagrados" se puede hacer con ellos todo tipo de "melting pot" y de usar palabras "del momento" metidas "engarzadas" para dar efecto...un efecto ilusorio pero que le basta al agente cultural de hoy en día, agente que lee en diagonal, sin tiempo, abarrotado de opciones y posibilidades y de ofertas de tantos y tantos artistas esperando su turno y acariciando su oído con terminología y palabreja de artist statement y de propuesta de proyecto...

El daño que hace el exceso de "sentido" o el daño que hace el simulacro sobre "el sentido" ....
osea.. el famoso sentido del que habla LFP, el ejemplo sobre Asier, no es gratuito, es ilustrativo.. y sí, ojalá el Artista se cuestionara más, pero que cuestiones? hoy en día el tipo de personaje que se mete a artista difiere un monton del tipo de mi generación y mas en España... como decía Mike Kelley, a propósito de su ser artista y es algo a lo que también subscribo: "I chose to become an artist because I wanted to be a failure. When I was young, if you wanted to really ostrazice yourself from society, you became an artist." Mike K.

Me temo que las jóvenes generaciones son personas muy diferentes , y desde luego mucho más mentirosos, falsos, parte del simulacro del que habla Baudrillard en su "Conspiración del Arte"...

Creo que no hay forma y menos esperanza, es más.. la profesión Artista hace ya demasiado que pertenece mas a la de "encantador de serpientes" y "vendedor de elíxir mágico" que de "filósofo" o " medium"...


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