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Marzo 08, 2012

Naturalezas del artificio - Patricio Pron

Originalmente en El Boomeran(g)

AtDetail.jpg Quizás de manera involuntaria pero rigurosamente coherente consigo misma y con su autora, la obra de María Moreno tiene una doble naturaleza: relativamente poco conocida fuera del estrecho círculo de los interesados en la crítica cultural y la crónica latinoamericana pero ineludible para los interesados en ellas; para esos interesados, el nombre de María Moreno es parte del paisaje de la literatura argentina de los últimos treinta años, pero incluso esos interesados se sorprenderán con la lectura de Teoría de la noche*, la antología de textos realizada por Julieta Marchant y publicada en marzo del año pasado por la soberbia editorial de la Universidad Diego Portales.

Teoría de la noche reúne y normaliza una producción posiblemente irregular y, sobre todo, muy extendida en el tiempo y lleva al lector a recuperar para sí el asombro y el entusiasmo que sintió cuando leyó por primera vez a María Moreno (en mi caso, en Argentina; alguna vez y en otra parte). El libro reúne una treintena de textos agrupados alrededor de cinco epígrafes temáticos y/o formales; el más antiguo de esos textos está fechado en 1980; el más reciente, en 2011. Buena parte de los intereses que María Moreno ha cultivado a lo largo de esos treinta años de producción aparece representado en ellos: la inasible naturaleza femenina, la dificultosa relación de los argentinos con sus figuras destacadas (Carlos Gardel, Isabel Sarli, Diego Armando Maradona, Eva Perón), las sexualidades alternativas, el crimen y la muerte como unificadores de las clases sociales, el alcohol.

"Escribo sobre lo que no sé: si lo supiera ¿para qué lo escribiría?" (9) afirma la autora en los preliminares del libro; sin embargo, es difícil no ver en estas tentativas de conocimiento un saber más profundo que el que ofrece el periodismo habitualmente ("el ganapán" lo llama Moreno irónicamente); uno de esos saberes es el de la mejor prosa escrita en Argentina en los últimos años, narrada con un lenguaje que "pretendía ser como un foulard empapado en purpurina barroca con un fleco de jerga psicoanalítica, otro de materialismo dialéctico pop y otro de feminismo fashion, más algunas motas de argot farandulero y tartamudeo histérico" (15).

Moreno no elude el exceso verbal y el amaneramiento, y estos dos rasgos de su literatura (que la vinculan estrechamente con el gesto camp de sus amados Copi, Manuel Puig y Néstor Perlongher) son el revés formal de un interés temático por las sexualidades excéntricas y por realizar una historia alternativa de las mujeres, "alineadas en número de ganado del lado de la barbarie, la naturaleza, la pasividad y el hogar" (18) o reducidas a su caracterización mediante "Detalles" como las hombreras, la gorra de goma, la bicicleta fija o el changuito; un interés también por ofrecer una mirada que, siendo deliberadamente artificiosa, pone en entredicho la naturalización de identidades construidas socialmente (y, por lo tanto, también artificiales) y el artificio detrás de las figuras más populares de nuestros tiempos (los jefes de Estado, el modisto Gianni Versace, Diana Spencer) y nuestros hábitos más recurrentes (el intercambio en el chat y la higiene íntima, por mencionar sólo dos).

No parece necesario decir que la misma mirada que desnaturaliza lo tomado por corriente naturaliza lo que se considera raro, y Teoría de la noche trae a colación y normaliza a algunos de los grandes raros de la cultura del Cono Sur: el luchador de catch y actor Martín Karadagian, la artista plástica Marta Minujín, la gélida y onerosa antigua belleza chilena Cecilia Bolocco y el escritor Pedro Lemebel, entre otros. No es una mirada provocadora ni agresiva y no está exenta de ternura; de hecho, dos de los mejores textos del libro son singularmente conmovedores: "Yergue el Ande", la historia de un viaje al Chile de Salvador Allende y de "un amor que, remozado por unas vacaciones a la socialista, ignoraba su próximo fin" (161), y "La pasarela del alcohol" ("a veces pienso en que el mundo se divide en abstemios, bebedores, alcohólicos y británicos", 94).

María Moreno se llama en realidad María Cristina Forero y nació en Buenos Aires; ha publicado la novela El affair Skeffington (1992), los ensayos A tontas y a locas (2001) y El fin del sexo y otras mentiras (2002), las no ficciones El petiso orejudo (1994) y Banco a la sombra (2007) y el libro de entrevistas Vida vivos: Conversaciones incidentales y retratos sin retocar (2005). No deja de ser curioso que unos lectores tan interesados en la literatura argentina como los españoles (y tan periódicamente desengañados por sus jóvenes promesas incumplidas) no hayan descubierto aún a la autora, cuya obra permanece inédita en España; con todo, no deja de ser digno de celebrar, ya que ahora tienen la oportunidad de descubrirla, con una fascinación y un entusiasmo que yo sentí cuando era un adolescente pobre en un barrio pobre de una ciudad pobre en ese país sin importancia que nadie ha narrado tan bien como la autora de esta Teoría de la noche.

* María Moreno
Teoría de la noche: antología de textos
Ed. Julieta Marchant
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2011

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